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Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:

Walter Pettibone llegó a su casa a las 7:30 p.m. para encontrarse con su familia y un centenar de amigos que le recibieron con el grito de <<¡Sorpresa!>>. Era su fiesta de cumpleaños. Y, aunque no tenía idea de la fiesta que le habían organizado, la verdadera sorpresa estaba por llegar. A las 8:45 p.m., una mujer con ojos del color de las esmeraldas y cabello rojo le entregó una copa de champán. Y un sorbo del burbujeante líquido después… Walter estaba muerto.
El nombre de la mujer es Julia Dockport y nadie en la fiesta sabe quién es. Pero la detective Eve Dallas la recuerda muy bien. Diez años atrás, Eve fue la responsable de la encarcelación de Julie. Y ahora, liberada por buena conducta, sigue teniendo las mismas intenciones de antaño. Parece que quiere encontrarse de nuevo con Eve… en una reunión que ninguna olvidará…
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– Tú consigue el horario. Quiero que mantengas esto en reserva. Maria Sanchez, -empezó, y le dio la información que él necesitaba. -Te agradezco esto, Charles.

– No, estás avergonzada, y eso es muy dulce de tu parte. Dale mi amor a Peabody, y yo le dará tus saludos a Louise. Mi cliente para almorzar y rebotar está entrando. Si no hay nada más, es mejor que no me vea hablando con un policía cuando llegue a la mesa. Esta es una de las cosas que pueden empañar el delicado balance de una tarde romántica.

Sus labior se curvaron cuando lo dijo, e hizo a Eve sacudir la cabeza. -déjame saber cuando consigas la cita y la fecha y si tienes algún inconveniente con los arreglos en Dockport. El director es un cretino.

– Lo voy a tener en cuenta. Nos vemos, Teniente Azúcar.

Cuando terminó la transmisión, ella hizo la siguiente llamada en su lista. Dirigiéndose decididamente al correo de voz de Nadine Furst, Eve dejó un tajante mensaje.

– Te doy un mano a mano, mi oficina, a las cuatro. En punto. No en vivo. Si llegas tarde, tengo algo mejor que hacer.

Abandonó el escritorio, salió y giró hacia el cubículo de Peabody. -Conmigo. -Fue todo lo que dijo.

– Ahora mismo estaba tratando de seguir la pista de un proveedor para el cianuro a través de las fuentes comunes. -Peabody entró agitada al elevador detrás de Eve. -Incluso considerando la cantidad de fuentes legales para ese tipo de sustancias controladas, es necesario mostrar una autorización impresa. Las impresas se dan después de una rigurosa búsqueda y control. Dunne está en archivo y podría haber saltado.

– Fuentes ilegales?

– Estuve corriendo envenenamiento con cianuro a través de IRCCA. El asunto es más popular de lo que tú piensas, pero la mayoría de sus proveedores pasan por un fuente legal. El tipo en East DC donde Dunne compró previamente era el mayor en el planeta, y ha muerto. Los otros registrados son de hace poco tiempo, y la mayoría de ellos están haciendo principalmente distribución de ilegales, con venenos como línea lateral. La investigación indica que los venenos no tienen un costo muy alto, escaso margne de beneficios y no son generalmente una especialidad.

– Posiblemente ella encontró una forma de pasar a través de una fuente legal pero vamos a tratar por la otra ruta. -Eve fue hacia su vehículo, se detuvo. -Mucho de eso se habla en prisión, y ella pudo haber conseguido un contacto ahí. Más, ella puso el dedo en el mundo a través de las computadoras. Todo el tiempo para búsqueda e investigación. Su fuente puede no estar en New York, pero la gente conoce gente que conoce gente. Vamos a ir al subterráneo.

Peabody, un soldado incondicional, palideció. -Oh, Dios.

Debajo de New York había otro mundo, una ciudad al margen para los perdidos y los viciosos. Algunos iban abajo para jugar con ese interesante costado, en la forma en que un niño juega con un cuchillo afilado, sólo para ver como puede deslizarse. Otros disfrutaban la elemental mezquindad, el hedor de la violencia que permitía al aire espeso y que apestaba a basura y mierda.

Y algunos simplemente se perdían ahí.

Eve dejó su chaqueta en el auto. Quería su arma completamente a la vista. Su pieza de repuesto estaba abrochada a su tobillo, y puso un cuchillo de combate en su bota.

– Toma. -Le pasó a Peabody unn pequeño bate aturdidor. -Sabes usar esto?

Ella tuvo que tragar una vez, pero asintió. -Sí, señor.

– Engánchalo a tu cinturón, déjalo a plena vista. Pasaste el mano a mano?

– Si. -Ella lanzó un suspiro. -Puedo manejarlo sola.

– Está bien. -Eve no sólo quería que ella lo dijera, esperaba que lo creyera. -Y cuando bajes ahí, recuerda que eres una mala puta policía y que bebes sangre para el desayuno.

– Soy una mala puta policía, y bebo sangre para el desayuno. Yuck.

– Vamos.

Bajaron por mugrientos escalones y giraron desde la entrada del subterráneo entrando en el agujero de ratas de un túnel que se alejaba del subterráneo. Las luces brillando en un rojo apagado y azul sucio en una especie de gruñente carnaval de sexo, juegos y entretenimiento acomodado entre el frío y la crueldad.

Eve sintió el hedor del vómito y bajó la mirada para ver un hombre caído apoyado en manos y rodillas, vomitando horriblemente.

– Estás bien?

El no levantó la mirada- Jódete.

Sintiendo otros ojos sobre ella, se puso en el pasillo detrás de él, y le dio un sólido empujón con su bota que lo envió de cara en su propio vómito. -Oh, no -dijo tranquilamente, -jódete tú.

Su cuchillo estaba fuera de su bota con su afilada punta en la mugrienta garganta de él antes de que pudiera maldecirla otra vez. -Soy policía, cretino, pero no creas que no puedo deslizártelo por tu inútil garganta de oreja a oreja solo por diversión. Donde puedo encontrar a Mook hoy?

Sus ojos eran rojo fuego, su aliento increíble. -No conozco a ningún jodido Mook.

Ella se arriesgó a toda clase de alimañas, tomando un manojo de cabellos y tirando su cabeza hacia atrás. -Todo el mundo conoce al jodido Mook. Quieres morir aquí o vivir para vomitar otro día?

– No tengo cuentas con el lameculos. -Sus labios se abrieron en el momento que la punta del cuchillo presionó contra su yugular. -Tal vez VR Hell, maldito si lo se!

– Bueno. Vuelve a hacer lo que estabas haciendo. -Ella lo liberó con la suficiente fuerza para enviarlo deslizando en la mugre otra vez. Luego hizo una exhibición de sacudir el borde aserrado del cuchillo en su bota para beneficio de los espectadores acechando en las sombras.

– Si alguien aquí quiere problemas, estaré feliz de ayudarlo. -Levantó la voz lo suficiente para hacer eco, que se abrió paso a través de la repentina inundación de víboras bombeadas a través de las puertas. -De todas maneras mi asunto es con Mook, quien ha sido bien descripto por este buen ejemplo de humanidad como un jodido lameculos.

Hubo un sigiloso movimiento, de sombra en sombra, hacia su izquierda. Puso la mano en su arma, y el movimiento se detuvo. -Cualquier inconveniente para mí o mi uniformada, y empezamos a patear culos, y no seremos particularmente delicadas sobre cuantos de esos culos pateados terminan en la morgue de la ciudad, no es así, Oficial?

– No, señor, teniente. -Peabody rogó que su voz no se quebrara y las avergonzara a ambas. -De hecho, esperamos ganar el fondo de la apuesta de la morgue esta semana.

– En cuanto está, de todas formas?

– Doscientos treinta y cinco dólares. Y sesenta centavos.

– No es tan malo. -Eve acomodó una cadera, pero sus ojos estaban afilados como un acero. -Podemos ganarlos. Cuando terminemos de sacarle la mierda a patadas a todos los que quieran molestarnos, -agregó tranquilamente – vamos a traer un escuadrón aquí abajo para sacudir lo que queda. Aunque realmente me irritaría tener que compartir el premio con ellos. Mook. -dijo otra vez, y esperó diez segundos tarareando.

– VR Hell -dijo alguien en la oscuridad. -Bailando con las máquinas S amp;M. Imbécil.

Eve apenas asintió, decidiendo atribuir el comentario de imbécil a Mook antes que a si misma. -Y donde encuentro VR Hell en este delicioso e intrincado paraíso que muchos de ustedes llaman hogar?

Hubo otro movimiento, y ella giró, controlando, sintiendo a Peabody totalmente alerta junto a ella. Primero lo tomó por un niño, luego vió que era un enano. Estaba haciendo señas con un dedo, llamándola.

– Espalda contra espalda. -ordenó Eve, y empezaron a seguir uno de los goteantes túneles, guardándose una a otra las espaldas.

El enano se movía rápido, parodiando a lo largo de los humeantes y malolientes túneles como una cucaracha con zapatos que batían contra el húmedo piso de piedra. El atajó a través de los bares, los clubes, los cruces y los baches, girando y volviendo a través del laberinto del mundo subterráneo.

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