Gris de campaña
- Автор: Керр Филипп
- Язык: испанский
- Жанр: Другие детективы
Электронная книга - «Gris de campaña». Краткое содержание книги:
Cantamos las tres estrofas, y cuando acabamos estábamos de un humor tan alegre que Heydrich le pidió a Bettina que nos trajese brandy. Unos pocos minutos más tarde estábamos brindando por la caída de Francia, y entonces Heydrich me explicó la verdadera razón de mi presencia en su despacho. Me entregó un expediente, esperó a que lo abriese y me dijo:
– Recordará el nombre en el expediente, por supuesto.
– Erich Mielke -asentí-. ¿Qué pasa con él?
– Usted le salvó la vida, y luego él y un cómplice asesinaron a dos policías. Después, su arresto fue entorpecido por el judío que estaba a cargo de la investigación.
– Se refiere al Kriminal-Polizeirat Heller -dije-. Sí, lo recuerdo. ¿No fue Heller quien investigó con éxito el asesinato de aquel joven miembro de las SA en Beussellkeitz? Aquel que fue apuñalado mortalmente por unos matones comunistas. ¿Cuál era su nombre? ¿Herbert Norkus?
– Gracias por la lección de historia, Günther -manifestó Heydrich, con paciencia-. Ninguno de nosotros olvidará a Herbert Norkus.
Esto no tenía nada de sorprendente, porque el asesinato de Norkus había sido el tema de la primera película de propaganda nazi, sobre la juventud hitleriana. No la vi, pero me parecía poco probable que el guión aludiera a la participación de Heller. En cualquier caso, me pareció conveniente no insistir más en ese detalle.
– Le agradará saber que el Servicio de Inteligencia Extranjera consiguió seguirle el rastro a Mielke desde que usted y Heller le permitieron escapar -continuó Heydrich-. Walter, ¿porque no pones al inspector jefe al día de lo que hemos sabido de él hasta ahora?
– Con mucho gusto, señor -dijo Schellenberg-. En Moscú averiguamos que Mielke asistió a la Escuela Lenin con el nombre de Walter Scheuer. Luego le dieron el nombre de Paul Bach, y suponemos que es el mismo Paul Bach que prestó declaración contra muchos de los cuadros comunistas alemanes después de la purga estalinista en el Hotel Lux en mayo de 1935. Como es natural, la Gestapo, al mismo tiempo, vigilaba la casa de la familia Mielke; y poco después de los asesinatos de Anlauf y Lenck la familia se trasladó del apartamento en la Stettiner Strasse a una nueva dirección en la Grünthaler Strasse, donde, en septiembre de 1936, la hermana menor de Mielke, Gertrud recibió una tarjeta postal de Madrid. Esto pareció confirmar lo que ya sospechábamos, que Mielke había sido enviado a España como chekista. Durante la guerra civil utilizó el nombre de capitán Fritz Leissner y fue asignado al servicio de un tal general Gómez, a quien conocemos mejor como Wilhelm Zaisser, otro comunista alemán. Al parecer estos cabrones dedicaron más tiempo a eliminar a otros republicanos que a matar nacionalistas, y no fue ninguna casualidad que la decimotercera Brigada Internacional, también conocida como la Brigada Dabrowski, se amotinase poco después de la batalla de Brunete, en julio de 1937, debido a las tremendas bajas sufridas como resultado de la incompetencia de sus oficiales.
»Tras la derrota republicana en enero de 1939, Mielke fue uno de los miles de refugiados que cruzaron la frontera a Francia. Los franceses comenzaron a encerrarlos casi de inmediato. En octubre de 1939 uno de nuestros agentes -que se hacía pasar por miembro del Partido Comunista francés y estuvo internado en los mismos campos de concentración que los comunistas alemanes- conoció a un hombre que podría ser Erich Mielke en el estadio del Buffalo Sports, en el sur de París, unas instalaciones que los franceses utilizaron como centro provisional para internar a los extranjeros indeseables. Informó de que Mielke le había dicho que lo habían transferido allí desde otro centro provisional, el campo de tenis Roland Garros. Poco después de aquello, Mielke fue trasladado a uno de los dos campos de concentración permanentes del sur de Francia: el campo de Le Vernet, en Ariège, cerca de Toulouse, o tal vez en Gurs, en la región de Aquitania. Creemos que aún sigue internado en uno de esos campos. Sabe que lo estamos buscando, así que, como es lógico, estará usando un nombre falso. Si bien las condiciones en los campos suelen ser abominables, desde que la Unión Soviética firmó el pacto de no agresión con Alemania, puede que no sean para él un lugar seguro. Stalin ya ha enviado de vuelta aquí a varios comunistas alemanes, para demostrar su buena voluntad hacia el Führer. Y es muy probable que haga lo mismo con Erich Mielke. Por lo tanto, ahora que Francia está en poder del Tercer Reich, es nuestra mejor oportunidad para capturarlo desde hace casi una década.
– Usted es el único hombre de la Sipo -intervino Heydrich- que ha tenido el placer de haber conocido a Mielke, lo cual le convierte en el más cualificado para ir a Francia y detenerlo. Los franceses ya se están mostrando más dispuestos a cooperar. Están tan ansiosos de librarse de algunos indeseables alemanes, como nosotros de atraparlos. Desde luego, verá que no es usted el único oficial de policía que viajará hasta allí para arrestar a fugitivos de la justicia alemana, pero sí es uno de los más importantes. Porque, no se equivoque, Günther; Erich Mielke es el número uno en nuestra lista de los más buscados.
– Tengo algunas preguntas, señor -dije.
Heydrich asintió.
– En primer lugar, no hablo francés.
– Eso no es ningún problema. En París se reunirá con el Hauptmann Paul Kestner, a quien creo que conoce porque trabajaron juntos en la Kripo. Kestner es de Alsacia y habla un francés fluido. Tiene órdenes de ofrecerle toda la ayuda que usted requiera. Ustedes dos informarán a mi propio delegado, el general Werner Best, de la Gestapo. Junto con Helmut Knochen, que es el comandante supremo de la seguridad en París; les asignará algunos policías franceses para que les ayuden en el cumplimiento de su misión, cuyo nombre de código es FAFNIR.
Asentí.
– FAFNIR, muy bien, señor. Me alegro de que no dijese Hagen.
Heydrich se mostró intrigado, lo cual no ocurría muy a menudo.
– En el ciclo de El anillo del nibelungo, señor -expliqué-, Hagen mata a Günther.
Heydrich sonrió.
– Bueno, yo le mataré a usted si no encuentra a Mielke -dijo-. ¿Comprendido?
Me alegró verle sonreír.
– Sí, Herr general.
– Necesitará un uniforme, señor -intervino Schellenberg.
– ¿Tiene uniforme, Günther?
– No, Herr general. Todavía no.
– Ya me lo pensaba. Bien. Eso nos da una oportunidad para hablar en privado. Venga conmigo. Y traiga el expediente de Mielke con usted. Lo necesitará.
Se levantó, cogió su gorra y caminó hacia la puerta. Lo seguí hasta el despacho exterior, donde él ya le estaba diciendo a Bettina que llamase a su coche para que lo recogiesen en la puerta principal y cogió el maletín de las manos de Schellenberg. Me quitó el expediente y lo guardó dentro del maletín.
– ¿Vamos a alguna parte? -pregunté.
– A mi sastre -respondió, y caminó hacia las enormes escaleras de mármol.
Al salir del edificio, los guardias de Prinz Albrechstrasse lo saludaron, y esperamos unos momentos a que llegase el coche. Heydrich me permitió encenderle el cigarrillo y me entregó el maletín.
– Todo lo que necesita saber de la operación FAFNIR está en este maletín -dijo-. Dinero, pases, documentación de viaje y más cosas. Muchas más. Por eso quería hablar con usted en privado. -Miró a los dos guardias de las SS como si quisiese asegurarse de que no podían oírnos y luego me dijo la cosa más extraordinaria:
– Verá, Günther, usted y yo tenemos algo en común. Años atrás ambos fuimos denunciados como Mischlings porque, supuestamente, tenemos algún abuelo judío. Se trata de una tontería, por supuesto. Pero está relacionada con lo que le dije antes.
– Se refiere a que alguien está intentando matarle.
– Sí. Después de fracasar en mi intento de convencer al Führer de que no había nada de verdad en esos malvados rumores, creo que Himmler tiene la intención de asesinarme. Por supuesto, no carezco de recursos propios. Ciertos registros pertenecientes al pasado de mi familia en Le Halle, que pueden dar lugar a malas interpretaciones, han sido borrados. Y la persona que me denunció, un cadete naval que conocí en la academia en Kiel, sufrió un desafortunado accidente. Murió en el bombardeo del Deutschland en 1937, cuando la fuerza aérea republicana atacó el puerto de Ibiza. Ésa es al menos la versión oficial.