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El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino

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El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino
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»Ambos sabemos que a veces no hay más remedio que matar y que en esos casos es lo correcto. No obstante, no es necesario que te diga que matar a alguien es siempre una experiencia terrible. Tienes que vivir siempre con eso y, una vez hecho, ya no se puede enmendar. En tu interior debes pagar un precio: tú mismo te rebajas por haber causado una muerte.

El joven asintió; aún le turbaba haber matado a aquel hombre en el Despeñadero Mocho. No es que lamentara haberlo hecho, porque no había tenido otra elección ni tiempo para pensar, pero en su mente seguía viendo el rostro del hombre cuando cayó al vacío.

—Cuando matas con laEspada de la Verdades diferente, porque es mágica. —La mirada de Zedd era penetrante—. La magia hace lo que le pides, pero te cobra un precio. La bondad y la maldad absolutas no existen, al menos no en la mayoría de las personas. Incluso las personas más bondadosas albergan pensamientos malignos o cometen acciones viles, e incluso las más perversas poseen alguna virtud. Un adversario no es alguien que realiza actos odiosos porque sí; siempre tiene una razón para justificarse. Mi gato come ratones. ¿Es malvado por eso? Yo no lo creo, y el gato tampoco, pero supongo que los ratones no opinarían lo mismo. Todos los asesinos piensan que era necesario que mataran a su víctima.

»Sé que no quieres creerlo, Richard, pero debes escucharme. Rahl el Oscuro hace las cosas que hace porque le parecen justas, del mismo modo que tú haces lo que haces porque crees que es lo justo. Ambos os parecéis más de lo que crees. Tú quieres vengarte de él porque mató a tu padre, y él quiere vengarse de mí porque yo maté al suyo. A tus ojos él es malvado, pero a los suyos lo soy yo. Todo es una cuestión de percepción. Quien gana cree que llevaba la razón, y el perdedor siempre está convencido de que se ha cometido una injusticia con él. Es lo mismo con la magia del Destino: el poder simplemente está ahí, un uso gana sobre el otro.

—¿Que nos parecemos? ¿Has perdido la cabeza? ¡¿Cómo puedes pensar que nos parecemos en algo?! ¡Él ansía el poder y se arriesgaría a destruir el mundo por conseguirlo! ¡Yo no busco poder, sólo que me dejen en paz! ¡Él asesinó a mi padre! ¡Le arrancó las entrañas! ¡Y trata de matarnos a todos! ¿Cómo puedes decir que somos iguales? ¡Al oírte casi parece que ni siquiera fuese un tipo peligroso!

—¿No has prestado atención a lo que acabo de enseñarte? He dicho que os parecéis en que ambos creéis que tenéis razón. Y esto lo hace más peligroso de lo que puedas imaginarte, porque en todo lo demás sois distintos. Rahl el Oscuro disfruta asesinando cruelmente a otras personas. Ansía causar dolor. Tu sentido de lo que es justo tiene límites; el suyo no. A él lo devora un incontenible deseo de acabar con toda oposición por medio de la tortura y considera que cualquiera que no corre a postrarse a sus pies se le opone. No tuvo remordimientos de conciencia después de usar sus manos desnudas para extraer las entrañas de tu padre, mientras éste aún respiraba. Le gustó, porque su distorsionado sentido de lo que es justo le da carta blanca. En esto no tiene nada que ver contigo, y es justamente lo que lo hace tan peligroso. ¿Acaso no prestabas atención? ¿No viste lo que Kahlan fue capaz de hacer con la espada? —preguntó, señalando a la mujer—. Y en cambio tú no pudiste. ¿Verdad?

—Percepción —repuso Richard con voz mucho más calmada—. Kahlan pudo hacerlo porque creyó que tenía razón.

—¡Ajá! —Zedd alzó un dedo en el aire—. La percepción es lo que hace la amenaza incluso más peligrosa. —El mago bajó la mano y reforzó cada palabra golpeándole el pecho con un dedo—. Justo... como... la... espada.

Richard metió un pulgar bajo el tahalí y suspiró profundamente. Se sentía como si estuviera sobre arenas movedizas, pero conocía demasiado a Zedd para desechar lo que le decía sólo porque era difícil de comprender. Sin embargo, deseó que todo fuera más sencillo.

—¿Quieres decir que es peligroso no sólo por lo que hace sino porque cree que tiene una justificación?

Zedd se encogió de hombros.

—Deja que lo diga de otro modo. ¿De quién tendrías más miedo: de un hombre de más de cien kilos que tratara de robarte una barra de pan, y que tú sabes que está haciendo algo malo, o de una mujer de apenas cincuenta kilos que está convencida de que le has robado a su bebé, aunque no sea cierto?

—De la mujer, desde luego —repuso Richard con los brazos cruzados en el pecho—. Ella no se rendiría y no atendería a razones. Sería capaz de todo.

—Pues así es Rahl el Oscuro. —La mirada de Zedd era feroz—. Es especialmente peligroso porque cree que tiene la razón.

—Soy yo quien la tiene —afirmó Richard, también con expresión feroz.

El mago dulcificó el gesto.

—Los ratones también piensan que la razón está de su parte, pero incluso así mi gato se los come. Estoy tratando de enseñarte algo, Richard. No quiero que te atrape entre sus garras.

—No me gusta lo que dices, pero lo entiendo —dijo Richard, descruzando los brazos y suspirando—. Como sueles decir, no hay nada sencillo. Todo esto es muy interesante, pero no va a asustarme e impedirme hacer lo que debo, lo que creo que está bien. ¿Qué es eso del precio que hay que pagar por usar laEspada de la Verdad?

—El precio es que sufres el dolor de contemplar tu lado oscuro —contestó Zedd, llevando un dedo al pecho del joven—, todos tus defectos, todas esas cosas que no nos gusta ver en nosotros mismos ni admitir que están ahí. Y asimismo ves el lado bueno de quien has matado y sufres la culpa de haberlo hecho. —Zedd sacudió la cabeza tristemente—. Por favor, créeme, Richard, el dolor no proviene únicamente de ti mismo sino, en primer lugar, de la magia. Es una magia muy poderosa que causa un dolor muy intenso. No lo subestimes. Es real y castiga el cuerpo tanto como el alma. Ya viste qué le hizo a Kahlan, y eso que sólo mató un árbol. De haberse tratado de una persona, hubiera sido realmente intenso. Por eso la cólera es tan importante. La única armadura que tendrás contra el dolor, y que podrá protegerte hasta cierto punto, será la cólera. Cuando más fuerte sea el enemigo, más intenso será el dolor. Pero cuanto más intensa sea la cólera, más fuerte será el escudo. Hace que no te importe tanto la verdad de lo que has hecho. En algunos casos basta para no sentir el dolor. Por eso le dije esas cosas tan terribles a Kahlan, cosas que le dolieron y que despertaron su cólera. Era para protegerla cuando usara la espada. ¿Ves ahora por qué no hubiera permitido que aceptaras la espada si no fueras capaz de encolerizarte? Estarías desnudo ante la magia, y ésta te haría pedazos.

A Richard le asustaba un poco esto, como le había asustado la mirada de Kahlan después de usar la espada, pero no se dejó amilanar. Entonces alzó la vista hacia las montañas del Límite que destacaban por su pálido color rosa a la luz del ocaso. Detrás de ellas, la oscuridad se aproximaba por el este. La oscuridad caía sobre ellos. La espada ayudaría y eso es todo lo que importaba. Había demasiado en juego. En la vida todo tenía su precio, y él pagaría el de la espada.

Su viejo amigo le puso las manos sobre los hombros y lo miró fijamente a los ojos. La expresión de Zedd era de severa advertencia.

—Y ahora tengo que decirte algo que no te va a gustar. —Richard sintió la intensa y casi dolorosa presión de los dedos de Zedd—. No puedes usar laEspada de la Verdadcontra Rahl el Oscuro.

—¡Qué!

—Es demasiado poderoso. —El mago lo zarandeó—. La magia del Destino lo protege durante el año de búsqueda. Si tratas de usar la espada, morirás antes de alcanzarlo.

—¡Esto es una locura! ¡Primero quieres que sea el Buscador y acepte la espada y ahora me dices que no puedo utilizarla! —Richard estaba furioso. Se sentía estafado.

—¡Sólo contra Rahl, contra él no funcionará! Richard, yo no he hecho la magia; yo sólo sé cómo funciona. Y Rahl el Oscuro también lo sabe. Es posible que trate de incitarte a que levantes la espada contra él, porque sabe que eso te matará. Si te entregas a la cólera y usas la espada contra él, Rahl ganará. Tú estarás muerto y él tendrá las cajas.

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