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Choque de reyes [A Clash of Kings - es]

Электронная книга - «Choque de reyes [A Clash of Kings - es]». Краткое содержание книги:

Un cometa del color de la sangre hiende el cielo cargado de malos augurios. Y hay razones sobradas para pensar así: los Siete Reinos se ven sacudidos por las luchas intestinas entre los nobles por la sucesión al Trono de Hierro. En la otra orilla del océano, la princesa Daenerys Targaryen conduce a su pueblo de jinetes salvajes a través del desierto. Y en los páramos helados del Norte, más allá del Muro, un ejército implacable avanza impune hacia un territorio asolado por el caos y las guerras fraticidas.
George R.R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fraticidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina.
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—Sois demasiado amable. ¿Más vino?

—No. No, de veras, no… Bah, por los dioses, sí, ¿por qué no? ¡Un hombre osado bebe hasta hartarse!

—Cierto. —Tyrion llenó hasta el mismísimo borde la copa de Lord Slynt—. He echado un vistazo a los nombres que habéis propuesto para ocupar vuestro lugar como comandante de la Guardia de la Ciudad.

—Buenos hombres. De lo mejor. Cualquiera de los seis lo haría bien, pero yo elegiría a Allar Deem. Mi brazo derecho. Un buen hombre, sí. Leal. Elegidlo, no lo lamentaréis. Si al rey le parece bien.

—Claro. —Tyrion bebió un sorbito de su copa—. Yo había pensado más bien en Ser Jacelyn Bywater. Hace tres años que es capitán de la Puerta del Lodazal, y sirvió con gran valor durante la Rebelión de Balon Greyjoy. El rey Robert lo nombró caballero en Pyke. Pero su nombre no aparece en vuestra lista.

Lord Janos Slynt bebió un largo sorbo de vino y le dio unas vueltas en la boca antes de tragarlo.

—Bywater. Bueno. Es valiente, claro, pero… es muy rígido, ese tipo es muy rígido. Y muy raro. A los hombres no les cae bien. Y encima está tullido, perdió la mano en Pyke, por eso lo nombraron caballero. Mal negocio, en mi opinión, una mano por un título. —Se echó a reír—. Ser Jacelyn tiene una opinión demasiado elevada de sí mismo y de su honor, os lo digo yo. A ése mejor lo dejáis donde está, mi se… Tyrion. El hombre ideal es Allar Deem.

—Según me han dicho, el pueblo no quiere demasiado a Deem.

—Le tiene miedo, que es mejor.

—¿Qué otra cosa me han contado de él? No sé qué de problemas en un burdel…

—Ah, eso. No fue culpa suya, mi se… Tyrion. Para nada. No tenía intención de matar a la mujer, ella tuvo la culpa. Deem le dijo que se apartara y le dejara cumplir con su deber.

—Ya, pero… una madre… tendría que haberse imaginado que intentaría salvar a su bebé. —Tyrion sonrió—. Probad este queso, va de maravilla con el vino. Y decidme, ¿por qué elegisteis a Deem para tan ingrata tarea?

—Un buen comandante conoce a sus hombres, Tyrion. Unos valen para unas cosas y otros, para otras. Para cargarse a una cría de teta hace falta un hombre muy concreto, no lo hace cualquiera. Aunque se trate sólo de una puta y su mocosa.

—Claro, ya me imagino —dijo Tyrion, que al oír lo de «sólo una puta» no podía dejar de pensar en Shae, en Tysha y en todas las otras mujeres que habían recibido su dinero y su semilla a lo largo de los años.

—Así es Deem —siguió hablando Slynt sin darse cuenta—, un hombre duro para un trabajo duro. Hace lo que se le dice y no vuelve a mencionarlo. —Se cortó una loncha de queso—. Está muy bueno. Es fuerte. Yo con un cuchillo afilado y un queso fuerte soy feliz.

—Disfrutad mientras podáis —dijo Tyrion encogiéndose de hombros—. Las tierras de los ríos se encuentran en llamas, y Renly se ha nombrado rey en Altojardín, así que pronto será difícil conseguir buen queso. Y decidme, ¿quién os ordenó acabar con la bastarda de la prostituta?

Lord Janos miró a Tyrion con desconfianza, se echó a reír y lo señaló con su trozo de queso.

—Sois astuto, Tyrion. Creíais que me ibais a engañar, ¿eh? Hace falta algo más que vino y queso para tirar de la lengua a Janos Slynt. Me enorgullezco de eso. Nunca cuestiono una orden, ni hablo de ello después. Así soy yo.

—Y Deem es igual.

—Igual. Nombradlo comandante cuando me vaya a Harrenhal y no lo lamentaréis.

Tyrion cogió un trocito de queso. Desde luego era fuerte, muy curado, con vetas de vino. Un gran queso.

—No sé a quién nombrará el rey, pero le va a costar estar a vuestra altura, eso seguro. Lord Mormont tiene el mismo problema.

—¿No era una mujer? —Lord Janos lo miraba asombrado—. Lady Mormont. La que se acuesta con osos, ¿no?

—Yo me refería a su hermano, Jeor Mormont, el Lord Comandante de la Guardia de la Noche. Hablé con él en el Muro, y me mencionó que estaba muy preocupado porque no encontraba a nadie que pudiera ocupar su lugar. Pocos son los hombres de valía que llegan a la Guardia en estos tiempos que corren. —Tyrion sonrió—. Seguro que dormiría más tranquilo si contara con un hombre como vos. O como el valiente Allar Deem.

—¡Pues seguirá durmiendo mal! —soltó Lord Janos con una risotada.

—Eso parecería a primera vista —asintió Tyrion—. Pero la vida da muchas vueltas. Como le pasó a Eddard Stark, ¿recordáis, mi señor? Seguro que nunca pensó que su vida terminaría en los peldaños del Sept de Baelor.

—Pocos lo pensaban —concordó Lord Janos con una risita. Tyrion rió también.

—Lástima, me habría gustado verlo. Dicen que hasta Varys se llevó una buena sorpresa.

—La Araña —dijo Lord Janos, que se reía con tantas ganas que se le sacudía la barriga—. Se rumorea que lo sabe todo. Bueno, pues eso no lo sabía.

—¿Cómo iba a saberlo? —Tyrion permitió que su voz transmitiera el primer atisbo de frialdad—. Había contribuido a convencer a mi hermana de que perdonara a Stark, con tal de que vistiera el negro.

—¿Eh? —Janos Slynt miró a Tyrion, y parpadeó.

—Mi hermana, Cersei —repitió Tyrion un poco más fuerte, por si a aquel imbécil le quedaba alguna duda acerca de a quién se refería—. La reina regente.

—Sí. —Slynt bebió un trago—. En cuanto a eso, bueno… lo ordenó el rey, mi señor. El rey en persona.

—El rey tiene trece años —le recordó Tyrion.

—Ya. Pero sigue siendo el rey. —Slynt frunció el ceño, y sus mofletes temblaron—. El señor de los Siete Reinos.

—Bueno, al menos de uno o dos —dijo Tyrion con una sonrisa amarga—. ¿Me dejáis que eche un vistazo a vuestra lanza?

—¿Mi lanza? —Lord Janos parpadeó, confuso.

—El broche con el que os sujetáis la capa —señaló Tyrion. Titubeante, Lord Janos se quitó el adorno y se lo entregó—. Los herreros que tenemos en Lannisport hacen trabajos de más calidad —opinó—. Si me perdonáis que os lo diga, la sangre de esmalte rojo es un poco excesiva. Decidme, mi señor, ¿fuisteis vos mismo el que le clavó la lanza por la espalda, o sólo disteis la orden?

—Di la orden, y volvería a darla. Lord Stark era un traidor. —La calva de la coronilla de Slynt se había puesto de un tono rojo remolacha, y la capa de hilo de oro se le había resbalado de los hombros para caer al suelo—. Ese hombre intentó comprarme.

—Sin saber que ya estabais vendido.

—¿Estáis borracho? —Slynt dejó de golpe la copa de vino—. Si creéis que me voy a quedar aquí sentado mientras cuestionáis mi honor…

—¿Qué honor? Aunque tengo que reconocer que hicisteis mejor trato que Ser Jacelyn. El título de lord y un castillo a cambio de una lanzada por la espalda, y ni siquiera tuvisteis que clavar la lanza en persona. —Tiró el adorno de oro a Janos Slynt. El broche le rebotó contra el pecho y cayó al suelo tintineando, mientras él se levantaba.

—No me gusta vuestro tono de voz, mi se… Gnomo. Soy el señor de Harrenhal y miembro del Consejo del rey, ¿quién sois vos para reprenderme de esa manera?

—Demasiado bien sabéis quién soy. —Tyrion inclinó la cabeza hacia un lado—. ¿Cuántos hijos tenéis?

—¿Qué te importan a ti mis hijos, enano?

—¿Enano? —La rabia lo invadió—. No debiste pasar de Gnomo. Soy Tyrion de la Casa Lannister, y algún día, si tienes el mismo sentido común que los dioses concedieron a una babosa marina, caerás de rodillas para dar gracias por habértelas visto conmigo, y no con mi señor padre. ¡Te he preguntado que cuántos hijos tienes!

—T-tres, mi señor. —De repente, los ojos de Janos Slynt se habían llenado de miedo—. Y una hija. Por favor, mi señor…

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