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Choque de reyes [A Clash of Kings - es]

Электронная книга - «Choque de reyes [A Clash of Kings - es]». Краткое содержание книги:

Un cometa del color de la sangre hiende el cielo cargado de malos augurios. Y hay razones sobradas para pensar así: los Siete Reinos se ven sacudidos por las luchas intestinas entre los nobles por la sucesión al Trono de Hierro. En la otra orilla del océano, la princesa Daenerys Targaryen conduce a su pueblo de jinetes salvajes a través del desierto. Y en los páramos helados del Norte, más allá del Muro, un ejército implacable avanza impune hacia un territorio asolado por el caos y las guerras fraticidas.
George R.R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fraticidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina.
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Pero lo que ponía nervioso a Ser Cleos Frey no era la espada, sino la fiera. Viento Gris, como lo llamaba su hijo. Un lobo huargo más grande que ningún cánido, esbelto, color humo oscuro, con ojos que eran como oro fundido. Cuando la bestia se adelantó para olfatear al caballero cautivo, todos los presentes captaron el olor del miedo. Ser Cleos había caído prisionero durante la batalla del Bosque Susurrante, donde Viento Gris había destrozado las gargantas de media docena de hombres.

El caballero se puso en pie a toda prisa y se apartó con tal presteza que algunos de los presentes soltaron una carcajada.

—Muchas gracias, mi señor.

—Alteza —rugió Lord Umber, el Gran Jon, como siempre el más vociferante de los vasallos norteños de Robb… y también el más fiel y sincero, como él mismo aseguraba. Había sido el primero en proclamar Rey en el Norte a su hijo, y no toleraba que se hiciera el menor desaire al honor de su novísimo soberano.

—Alteza —se apresuró a corregirse Ser Cleos—. Disculpadme.

«Este hombre no es valiente», pensó Catelyn. Sin duda tenía más de Frey que de Lannister. Su primo, el Matarreyes, se habría comportado de manera muy diferente. De los labios perfectos de Ser Jaime Lannister jamás habrían conseguido arrancar el título honorífico.

—Te he sacado de tu celda para que le lleves un mensaje a tu prima Cersei Lannister, en Desembarco del Rey. Viajarás amparado bajo un estandarte de paz, y treinta de mis mejores hombres te darán escolta.

—Será para mí un honor llevar a la reina el mensaje de Su Alteza. —El alivio de Ser Cleos era evidente.

—Quede claro que no te dejo libre —siguió Robb—. Tu abuelo, Lord Walder, me ha dado su apoyo y el de la Casa Frey. Muchos de tus tíos y primos cabalgaron con nosotros en el Bosque Susurrante, pero en cambio tú optaste por luchar bajo el estandarte del león. Eso te convierte en un Lannister, no en un Frey. Quiero que jures por tu honor de caballero que, tras entregar el mensaje, volverás con la respuesta de la reina y seguirás siendo nuestro cautivo.

—Lo juro —se apresuró a responder Ser Cleos.

—Todos los presentes te han oído —le advirtió Ser Edmure Tully, hermano de Catelyn, que representaba a Aguasdulces y a los señores del Tridente en lugar de su padre moribundo—. Si no regresas, el reino entero sabrá que has abjurado.

—Seré fiel a mi palabra —replicó Ser Cleos, rígido—. ¿Qué mensaje debo transmitir?

—Una oferta de paz. —Robb se levantó con la espada en la mano. Viento Gris se situó a su lado. El silencio se hizo en la sala—. Dile a la reina regente que, si se aviene a mis términos, envainaré esta espada y pondré fin a la guerra que nos enfrenta.

Catelyn se fijó en una figura alta y esbelta al fondo de la sala; era Lord Rickard Karstark, que se abría camino entre los guardias para salir por la puerta. Nadie más se movió. Robb hizo caso omiso de la interrupción.

—Olyvar, el papel —ordenó. El escudero se hizo cargo de su espada y le tendió un pergamino enrollado. Robb lo desenrolló—. En primer lugar, la reina deberá liberar a mis hermanas y proporcionarles un medio de transporte por mar desde Desembarco del Rey hasta Puerto Blanco. Quede claro que el compromiso entre Sansa y Joffrey Baratheon se cancela. Cuando mi castellano me haga saber que mis hermanas están de vuelta sanas y salvas en Invernalia, liberaré a los primos de la reina, al escudero Willem Lannister y a tu hermano Tion Frey, y les proporcionaré escolta hasta Roca Casterly o hasta el lugar que ella indique.

Catelyn Stark habría dado lo que fuera por poder leer los pensamientos que se ocultaban tras cada rostro, tras cada ceño fruncido, tras cada par de labios apretados.

—En segundo lugar, nos serán devueltos los huesos de mi padre, para que descanse en paz junto a sus hermanos en las criptas de Invernalia, tal como él habría deseado. También nos serán devueltos los restos de los hombres de su guardia que murieron a su servicio en Desembarco del Rey.

Al sur habían viajado hombres vivos, y regresarían huesos fríos.

«Ned tenía razón —pensó—. Su lugar estaba en Invernalia, él me lo dijo, pero ¿le hice caso? No. “Ve —le dije—, tienes que ser la Mano de Robert, hazlo por el bien de nuestra casa, por el bien de nuestros hijos…” Es culpa mía, mía y de nadie más…»

—En tercer lugar, Hielo, el espadón de mi padre, me será devuelto directamente aquí, en Aguasdulces.

Catelyn miró a su hermano, Ser Edmure Tully, que estaba de pie, con los pulgares enganchados del cinto del que le colgaba la espada, y el rostro inexpresivo como la piedra.

—En cuarto lugar, la reina ordenará a su padre, Lord Tywin, que libere a mis caballeros y señores banderizos que fueron hechos prisioneros durante la batalla del Forca Verde en el Tridente. Una vez lo haga, yo liberaré a los prisioneros que tomamos en el Bosque Susurrante y en la Batalla de los Campamentos, con excepción de Jaime Lannister, que permanecerá como rehén para garantizar el buen comportamiento de su padre.

Estudió la sonrisa astuta de Theon Greyjoy, sin saber qué deducir de ella. Aquel joven tenía una expresión extraña, como si supiera un chiste que sólo él entendiera; a Catelyn nunca le había caído bien.

—Y por último, el rey Joffrey y la reina regente renunciarán a todo derecho sobre el Norte. De ahora en adelante no somos parte de su reino, sino un reino libre e independiente, como en los viejos tiempos. Nuestros dominios comprenderán todas las tierras de los Stark al norte del Cuello y las tierras regadas por el río Tridente y sus afluentes, delimitadas por el Colmillo Dorado al oeste y por las Montañas de la Luna al este.

—¡El Rey en el Norte! —rugió Gran Jon Umber, agitando en el aire un puño del tamaño de un jamón—. ¡Stark! ¡Stark! ¡El Rey en el Norte!

—El maestre Vyman ha dibujado un mapa en el que están marcadas las fronteras que exigimos —dijo Robb mientras volvía a enrollar el pergamino—. Se te entregará una copia para la reina. Lord Tywin deberá retirarse al otro lado de estas fronteras y cesar de inmediato sus actividades de saqueo, incendio y pillaje. La reina regente y su hijo no podrán recaudar impuestos ni solicitar servicios de mi pueblo, liberarán a mis señores y caballeros de cualquier juramento de lealtad, deuda, promesa y obligación con el Trono de Hierro y las Casas Baratheon y Lannister. Además, como prenda de paz, los Lannister entregarán a diez rehenes de noble cuna, que se designarán de mutuo acuerdo. Los trataré como huéspedes de honor, tal como corresponde a su condición. Mientras se respeten los términos de este pacto, liberaré cada año a dos rehenes y los devolveré sanos y salvos a sus familias. —Robb tiró el pergamino enrollado a los pies del caballero—. Éstos son los términos. Si la reina se aviene a ellos, habrá paz. De lo contrario… —Silbó, y Viento Gris se adelantó con un gruñido—. Le daré otro Bosque Susurrante.

—¡Stark! —rugió de nuevo el Gran Jon, y en aquella ocasión se sumaron más voces al grito—. ¡Stark, Stark, Rey en el Norte!

El lobo huargo echó la cabeza hacia atrás y aulló.

—La reina recibirá vuestro mensaje, mi se… Alteza. —El rostro de Ser Cleos se había puesto del color de la leche cortada.

—Muy bien —asintió Robb—. Ser Robin, encargaos de que le den bien de comer y se le proporcionen ropas limpias. Deberá partir con la primera luz del alba.

—Como ordene Su Alteza —respondió Ser Robin Ryger.

—En ese caso, hemos terminado.

Los caballeros y vasallos reunidos en la estancia hincaron una rodilla en tierra cuando Robb se volvió para marcharse, seguido de cerca por Viento Gris. Olyvar Frey se levantó para abrirle la puerta. Catelyn y su hermano lo siguieron.

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