La guerra de la paz [The Peace War - es]
- Автор: Виндж Вернор (Вернон) Стефан
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-0022-1
- Переводчик: Jose Maria Garcia
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «La guerra de la paz [The Peace War - es]». Краткое содержание книги:
“La guerra de la paz” es la primera obra de la serie de las “burbujas” en la que un brillante autor de sólida formación científica nos narra un futuro posible y la rebelión contra una autoridad despótica en medio de una intriga política de gran alcance. Una interesante y dinámica exploración de cómo un nuevo y maravilloso artilugio científico todavía incomprendido puede alterar el destino del mundo.
—Señor, ¿ha dicho antes que la Tierra hubiera podido ser un Edén?
En su voz se apreciaba timidez, casi miedo, pero mucha curiosidad. Hay que tener en cuenta que Jeremy era el que se atrevía a desafiar a la Autoridad con sus vehículos autopropulsados.
Jeremy era el que siempre hablaba de que la ciencia habría de reconstruir el mundo.
—Usted dijo el Edén. ¿Qué pueden hacer, además de curar unas pocas enfermedades?
El supervisor se dio cuenta de que no había rastro de burla en la pregunta. Se detuvo debajo de un panel luminoso del techo e indicó a Jeremy Sergeivich que se acercara.
—Hay muchas cosas, hijo. Pero aquí tienes una… ¿Qué edad crees que tengo? ¿Qué edad crees que tienen los demás de la bodega?
Sin tomar en consideración la luz verdosa que hacía parecer que todos estaban muertos, intentó adivinarla. Su piel era suave y tersa, con sólo un inicio de arrugas alrededor de los ojos. El cabello pareció ser natural y abundante. Antes había supuesto que debería tener unos cuarenta años. Ahora quizá diría que era más joven.
¿Y los otros que había visto? Casi igual. Pero en cualquier grupo normal de adultos, más de la mitad estaban por encima de los cincuenta años. Y entonces el muchacho recordó que cuando el supervisor había hablado de la Guerra, lo había hecho como un veterano, como si lo de aquel tiempo correspondiera a su memoria personal. «Nosotros» decidimos esto y «nosotros» hicimos aquello.
¡Era ya un adulto cuando estalló la Guerra! Era tan viejo como Naismith o Kaladze.
La mandíbula inferior de Jeremy se abrió, y después de un momento movió la cabeza afirmativamente. Su pregunta ya había obtenido una respuesta.
El supervisor sonrió al muchacho.
—Ya lo ves. El señor Rosas habla de riesgos, y puede ser que sean tan grandes como dice. Pero lo que se puede ganar es también algo grande.
Se dio la vuelta y anduvo la corta distancia que le separaba de la puerta de la escalera…
…que se abrió en su misma cara. Quien entró era uno de los trabajadores de la habitación del barril.
—Juan —el hombre empezó a hablar muy de prisa—. Este sitio está siendo analizado con sondas de profundidad. Hay helicópteros volando sobre los campos, y luces por todas partes.
16
El supervisor retrocedió, bajando los escalones, y el hombre apareció por la escalera.
—¿Qué? ¿Por qué no nos han avisado antes? Bueno, no se preocupe. Ya lo sé. ¿Se ha desconectado todo el equipo Prohibido?
El hombre contestó afirmativamente.
—¿Donde está la jefe?
—Se ha quedado en la oficina principal. Como los demás. Va a intentar salir del paso representando su papel.
—Humm —el supervisor dudó un momento—. En realidad es lo único que se puede hacer. Nuestra cobertura debería ser eficaz. Pueden registrar la habitación de los barriles tanto como quieran.
Miró a los tres norteños.
—Nosotros dos, vamos a ir arriba a saludar a las fuerzas de la ley y el orden mundial. Si nos preguntan por ustedes, les diremos que se han marchado por la ruta de la playa.
La curación de Wili podía aún ser posible.
El supervisor hizo algunos rápidos ajustes en un panel de la pared. Las lámparas fueron reduciendo su actividad gradualmente hasta dejar sólo una línea de luz apenas perceptible. Pero que parecía señalar un camino.
—Sigan el resplandor y podrán llegar hasta la playa, señor Rosas. Confío en que aprecie usted el riesgo que corremos al dejarles marchar. Espero que, si sobrevivimos, mantendrán ustedes su parte del trato.
Rosas asintió y, algo violento, aceptó la linterna que el otro le ofrecía. Se dio la vuelta e hizo que Jeremy y Wili se apresuraran a internarse en la oscuridad. Wili alcanzó a oír que los dos biocientíficos subían por la escalera para enfrentarse a su destino.
La estrecha faja de luz se desvió dos veces, y el corredor se fue estrechando hasta llegar a tener la anchura de sus hombros. La piedra era irregular y estaba húmeda bajo la mano de Wili. Entonces, el túnel empezó a descender y quedó completamente a oscuras. Mike encendió la linterna y les hizo ir más aprisa, casi corriendo.
—¿Sabéis lo que la Autoridad hará con el laboratorio?
Jeremy iba pegado a los talones de Wili, y a veces chocaba con el muchacho, aunque nunca con bastante fuerza para hacerle perder el equilibrio. ¿Qué iba a hacer la Autoridad? La respuesta de Wili fue más un jadeo que otra cosa:
—¿Encerrarlo en una burbuja?
¡Desde luego! ¿Por qué iban a correr los riesgos de un asalto convencional? Cuando tenían sospechas bien fundadas, lo más seguro era encerrarlo todo en una burbuja, matando a todos los científicos y al mismo tiempo aislando toda semilla de mal que pudiera haber allí. Aunque sólo sirviera para confirmar la reputación que tenía la Autoridad de castigar duramente la investigación Prohibida, tal actitud tendría sentido. A partir de entonces, en cualquier momento podían encontrarse dentro de un gran esfera plateada. ¡Dentro!
¡Dios!, tal vez ya había sucedido. Wili casi dio un traspié al pensarlo y casi se le cayó el tarro que había sido la causa de aquella aventura. Lo sabrían seguro cuando fueran a dar contra la misma pared de la burbuja. Podrían vivir durante horas, quizá días, pero cuando se acabara el aire morirían como todos los miles que antes de ellos habían muerto, en Vandenberg, en Punta Loma, en Huachuca, en tantos sitios.
El techo del túnel se fue haciendo más bajo hasta que sólo quedaba a escasos centímetros por encima de la cabeza de Wili. Jeremy y Mike seguían hacia adelante, agachados pero intentando correr a la máxima velocidad posible. Las luces y las sombras danzaban irregularmente alrededor de ellos.
Wili miraba hacia adelante esperando ver tres figuras corriendo. El primer síntoma, si estaban en una burbuja, sería su propia reflexión, que verían delante de ellos. Y allí cerca había algo que se movía. Muy cerca.
—¡Esperad! ¡Esperad! —chilló.
Los tres se detuvieron en seco, delante de una puerta, una puerta casi normal. Su superficie era metálica, lo que explicaba lo de la reflexión. Descorrió el cerrojo, la puerta se abrió hacia afuera y pudieron oír el ruido de las olas. Mike apagó la luz.
Empezaron a bajar por una escalera, pero lo hicieron demasiado de prisa. Wili oyó que alguien tropezaba e instantes después fue golpeado desde atrás. Los tres rodaron por la escalera. Las piedras hirieron salvajemente sus brazos y su espalda. Los dedos de Wili se abrieron espasmódicamente y su frasco voló por los aires. Su caída fue acompañada por el ruido del vidrio cuando se rompe.
Su posibilidad de vivir estaba desperdigada por la escalera.
Se dio cuenta de que Jeremy gateaba a su lado…
—La linterna, Mike, rápido.
Al cabo de un segundo, la luz bañaba la escalera. Algún guardia de la Paz podía estar mirando desde la playa hacia aquel lugar y podía ver el resplandor.
Era un riesgo que debían correr.
Jeremy y Wili recogieron todo lo que había por los escalones, sin preocuparse de los posibles cortes con los trozos de cristal. En unos pocos segundos habían recogido las tabletas y una considerable cantidad de suciedad y cristales. Lo metieron todo revuelto en la mochila impermeable de Jeremy. El muchacho metió también un pedazo de papel.
—Serán las instrucciones, supongo.
La cerró y la entregó a Wili.
Rosas mantuvo la luz encendida un segundo más para que todos pudieran memorizar el camino que iban a seguir. Los escalones eran apenas algo más que unas ondulaciones desbastadas por el agua. En la cueva no se apreciaba ninguna otra intervención humana.
Otra vez la oscuridad. Los tres empezaron a descender cuidadosamente, aunque todavía demasiado aprisa para que resultara fácil. ¡Si hubieran podido contar con un visor de noche! Esta clase de equipo no estaba Prohibido, pero los Quincalleros no disponían de ellos. La única cosa de alta tecnología que habían llevado a La Jolla era el procesador de ajedrez Flecha Roja.