Un Amor Escondido
- Автор: Д'Алессандро Джеки
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Amor Escondido». Краткое содержание книги:
Su guardián es Andrew Stanton, el mejor amigo de su hermano, un plebeyo.
Pero, sin saberlo, está obligando a la hermosa e independiente Catherine, que reniega del amor, a reconsiderar su posición. Así los secretos, pasiones y un amor escondido están convirtiendo al hombre que ha prometido proteger a la vizcondesa, en el más dulce de los peligros…
Andrew se rió.
– En ese caso, será para mí un honor unirme a ustedes otro día. -Tras una breve inclinación de cabeza de agradecimiento, se dirigió a la parte del coche que ocupaba Catherine y levantó la mano-. ¿Quiere que la ayude, lady Catherine?
Catherine clavó la mirada en su mano y tragó saliva. No quería tocarle. La brutal sinceridad de su voz interior la calificó inmediatamente de mentirosa, y tuvo que apretar los dientes. Maldición. Muy bien, deseaba tocarle, pero temía sobremanera hacerlo. Temía su propia reacción, sobre todo si era algo semejante a lo que había experimentado cuando el señor Stanton había tropezado contra ella en el pasillo…
«Oh, déjate de ridiculeces», se reprendió. No era más que su mano, una mano que la ayudaría para evitar que cayera ignominiosamente al suelo desde el asiento. Además, tampoco era exactamente que tuviera que tocarle, pues ambos llevaban guantes. Esbozando lo que, según esperaba, pudiera pasar por una sonrisa despreocupada y tranquila, puso su mano en la de él.
Los dedos de Andrew envolvieron los suyos con fuerza y firmeza, y el calor traspasó el tejido de sus guantes, subiéndole por el brazo. Un calor adicional le arrobó las mejillas y Catherine rezó para que nadie se diera cuenta de ello. En cuanto sus pies tocaron el suelo, retiró la mano como si Andrew la hubiera quemado.
– Gracias. -Se protegió los ojos contra la luz del sol que se colaba entre los árboles y sonrió a Spencer-. Disfruta de la excursión.
– Así lo haré, mamá.
El señor Stanton se volvió, como si estuviera a punto de volver a subir al coche. Sin embargo, en vez de hacerlo, se inclinó hacia ella.
– No se preocupe -dijo en voz baja para que sólo ella pudiera oírle-. Cuidaré bien de él.
Subió de un salto al asiento del coche y, dedicando una sonrisa y una leve inclinación de cabeza a Genevieve y a ella, indicó a Spencer que podían marcharse. Segundos después, el coche se alejaba hacia el pueblo.
Catherine siguió mirando el vehículo hasta que desapareció tras la esquina al fondo de la calle. Luego se volvió hacia Genevieve y dijo:
– Tengo novedades. -Sacó la carta de su padre de su retícula y se la pasó a Genevieve.
Tras leer la carta, Genevieve se la devolvió con una sonrisa de alivio.
– Entonces no hay de qué preocuparse.
– Así es. Bueno, salvo del investigador contratado por lord Markingworth y sus amigos, aunque no veo modo de que pueda descubrir nuestra identidad.
– Excelente. -Genevieve miró de nuevo a la calle por donde había desaparecido el coche de dos caballos-. Así que ese es el señor Stanton -dijo con la voz colmada de… algo-. Es muy distinto a como lo había imaginado después de oír tu descripción.
– ¿Ah, sí? ¿Y cómo lo habías imaginado?
Genevieve se rió.
– Desde luego no como ese hombre alarmantemente atractivo con esa sonrisa devastadora y esos ojos conmovedores. Querida, tu descripción no le hace en absoluto justicia. Podría describir a ese glorioso hombre en dos palabras: absolutamente divino.
Un sentimiento semejante al de los celos hizo presa en Catherine.
– Nunca dije que fuera feo.
– No, pero tampoco dejaste entrever en ningún momento que fuera tan… -dejó escapar un suspiro soñador- tan absolutamente divino. Masculino y fuerte. ¿Es que no te has fijado en esos maravillosos hoyuelos cuando sonreía?
«Dios, sí.» Le había costado Dios y ayuda apartar los ojos de ellos.
– Lo cierto es que no había reparado en ellos, aunque ahora que lo mencionas, sí, supongo que tiene hoyuelos.
– Parece haber intimado mucho con Spencer.
– Sí. Están preparando juntos cierta sorpresa que quieren darme.
– ¿Es eso cierto? ¿Qué clase de sorpresa?
– Si lo supiera, ya no sería una sorpresa -dijo Catherine con una sonrisa, haciéndose eco de las palabras que el señor Stanton le había dirigido poco antes-. Cuando el señor Stanton ha pedido a Spencer que le acompañara al pueblo, estaba segura de que nos enfrentaríamos a un instante incómodo. Y cuál ha sido mi sorpresa cuando Spencer ha aceptado. Hace años que dejé de pedirle que me acompañara porque sabía que se negaría a salir de los jardines de la casa. -Una sonrisa tímida asomó a sus labios-. De no haber estado tan satisfecha con el cambio de ánimo de Spencer, estaría molesta con el señor Stanton por haber conseguido en apenas veinticuatro horas lo que yo no he podido conseguir en todo este tiempo.
– Obviamente, el motivo que se esconde tras la inusual decisión de tu hijo hay que buscarlo en el señor Stanton. La presencia de tu invitado está sin duda teniendo un efecto positivo sobre Spencer.
– Sí. -Desgraciadamente, no sólo estaba provocando un claro efecto sobre Spencer.
La mirada de Genevieve buscó la suya, y todo rastro de diversión desapareció al instante.
– Siente algo por ti.
Catherine sintió que el fondo del estómago se le caía a los pies. Adoptó un tono desenfadado para decir:
– Por supuesto que siente algo por mí. Es mi hijo.
Genevieve la observó con una mirada tan penetrante que Catherine a punto estuvo de estremecerse.
– No me refería a tu hijo.
Catherine ordenó los rasgos de su rostro hasta esbozar con ellos una expresión que rezó para que pasara por sorpresa.
– Ah. Bueno, cualquier sentimiento que el señor Stanton pueda tener por mí no va más allá de una mera demostración de cortesía hacia la hermana de su mejor amigo.
– Te equivocas, Catherine. No entiendo cómo no te das cuenta. ¿Es que no ves cómo te mira? Créeme si te digo que no se trata sólo de una muestra de cortesía.
Las mejillas de Catherine se ruborizaron.
– Me temo que necesitas anteojos, querida.
– Te aseguro que no. ¿No te ha dicho lo que siente por ti?
– Ahora que lo mencionas, sí. Me cree testaruda y fastidiosa. «Y hermosa.»
Genevieve se rió.
– Oh, sí, está total y perdidamente prendado. Querida, puede que te considere testaruda, lo que es cierto, y fastidiosa, algo que puede decirse de cualquiera en ocasiones. Aún así, te desea.
– Bah -se mofó Catherine, poniendo todo su empeño en hacer caso omiso del repentino pálpito que asaltó su corazón. Cielos, ¿estaría en lo cierto Genevieve? Y, de ser así, ¿por qué la posibilidad de que el señor Stanton la deseara le aceleraba el corazón en vez de horrorizarla?
– Puedes soltar cuantos «bah» desees, pero, como bien sabes, tengo gran experiencia en estas lides, Catherine. Ese hombre siente una gran atracción hacia ti. Y el hecho de que te niegues a ver lo que tienes ante los ojos no hace más que sugerirme que también a ti te importa él.
– ¡Te aseguro que no! Como ya te he dicho, es un hombre absolutamente irritante.
– Aunque muy atractivo.
– Testarudo y obstinado.
– Algo que ambos tenéis en común -dijo Genevieve con una sonrisa burlona.
– Discutidor.
– Aunque bondadoso con tu hijo.
Esas palabras dejaron helada a Catherine.
– Sí -concedió suavemente, desconcertada.
– Y no creo haber visto a un hombre con una boca más atractiva.
Una afirmación que la desconcertó aún más. La imagen de la atractiva boca del señor Stanton parpadeó en su mente. Esa atractiva boca que con gran suavidad había rozado su piel… ¿o no era así? Había sido tan rápido, tan dulce… La sensación de percibir el contacto de su cuerpo contra su espalda le detuvo el corazón en seco. Dejándola sin aliento. Lanzándole por todo su ser rayos de ardiente deseo que le debilitaron las rodillas.
Y todo había ocurrido en el plazo de dos simples segundos.
Dios santo, ¿qué habría ocurrido si en vez de dos, los segundos hubieran sido tres? ¿O media docena?
– ¿Catherine? ¿Estás bien? Te has ruborizado.
Sin duda, pues se sentía como si alguien hubiera prendido fuego a la falda de su vestido. Parpadeó para alejar de sí sus errantes pensamientos y dijo: