Un Romance Imposible
- Автор: Д'Алессандро Джеки
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Un Romance Imposible». Краткое содержание книги:
Al quedar viuda como consecuencia de un escandaloso duelo, lo único que le resta a Alberta Brown es un alijo de objetos mal habidos. Decidida a reparar las ofensas de su inescrupuloso marido, Allie se embarca hacia Inglaterra en busca del dueño de un anillo masculino adornado con un misterioso sello. Una serie de extraños episodios a bordo la convencen de que se encuentra envuelta en un juego peligroso. Sin embargo, nada será más peligroso -y tentador- que el atractivo desconocido que la espera en el muelle.
Lord Robert Jamison deseaba contraer matrimonio con una mujer que despertara en él algo especial, pero nunca imaginó encontrarla en esa americana de belleza peculiar y espíritu independiente que le habían encomendado llevar a una espléndida mansión en la campiña inglesa. Allie, por su parte, se había jurado a sí misma no volver a casarse…
El corazón de Alex dio un vuelco mientras la joven luchaba por mantenerse impasible.
– ¿Cómo dice?
El hombre se inclinó hacia delante, inmovilizándola con su poderosa mirada.
– Creo que utiliza «madame» para aumentar su credibilidad al echar las cartas, y porque le proporciona unas libertades que no tendría como mujer soltera, entre ellas la de venir a mi casa sin compañía, así como una barrera entre usted y los admiradores no deseados. Admiro su ingenio. Es justo lo que yo haría en su situación.
Alex, perpleja, consiguió sostenerle la mirada mientras buscaba la mejor forma de responder a su acusación. Sin embargo, antes de que pudiese decidir, el hombre continuó hablando.
– También sospecho que no está casada porque no puedo imaginar que un hombre tenga la suerte de ser su marido y sin embargo permita que otro hombre la lleve a casa al terminar las fiestas a las que asiste. Si fuese mía, puede estar segura de que la acompañaría a casa yo mismo y no dejaría la tarea en manos de lord Sutton ni de nadie más.
La muchacha sintió mariposas en el estómago al oír que aquel hombre mencionaba a lord Sutton, una reacción que ocultó enarcando una ceja.
– Es posible que no todos los hombres sean tan posesivos como usted.
– Cuando se trata de su mujer, todos los hombres son posesivos. Por supuesto, siempre que la relación no sea insatisfactoria o infeliz. Entonces, madame, ¿estoy en lo cierto? Permítame asegurarle que, si confirma mis sospechas, no se lo contaré a nadie.
Una parte de sí le advirtió que reconocer la verdad era muy poco sensato, que una vez que se contaba un secreto dejaba de ser un secreto. Además, contárselo solo serviría para alentar sus atenciones. Y ella no quería eso.
¿O sí?
Las atenciones de un hombre riquísimo, guapísimo e inteligente, susurró su voz interior, incrédula. ¿Estás loca? ¿Qué mujer no querría la atención de un hombre así?
Sin embargo, ¿cómo podía arriesgarse?
– Tenga en cuenta -dijo él, al ver que la joven seguía dudando. -que le permitiré decidir hasta dónde llega nuestra relación. Y no olvide que yo no tengo ni un gran deseo de seguir siendo soltero ni un título arrogante que deba proteger de cualquiera que no pertenezca a los escalones más altos de la sociedad inglesa -añadió, tomándola de la mano-. Como mínimo, me gustaría ofrecerle mi amistad y contar con la suya a cambio.
Una imagen de lord Sutton surgió en su mente… un hombre que nunca jamás podría ser suyo. Logan Jennsen no solo era muy atractivo, sino que estaba disponible. Y tal vez era justo lo que necesitaba para ayudarla a olvidar a lord Sutton.
– No sé qué decir. Me siento… intrigada.
El hombre sonrió a medias.
– Y espero que tentada.
Incapaz de negarlo, Alex asintió. Luego llegó a un compromiso con su conciencia.
– Lo estoy. Lo suficiente para reconocer que no se me ocurre nadie que pueda poner objeciones a mi amistad con usted.
Él sonrió complacido.
– No reconoce que no está casada, pero aun así es la mejor noticia que he oído en mucho tiempo -respondió con mirada cálida, antes de besarle las puntas de los dedos-. La amistad es un excelente punto de partida.
Al llegar a casa después de su extraordinario encuentro con Logan, Alex cerró la puerta, y luego, con el corazón desbocado, atisbo por la ventana hacia la calle. No podía evitar la sensación de que alguien la observaba, aunque nada parecía ir mal.
La joven se apartó de la ventana, se quitó la capa y el gorro, y a continuación se puso a caminar de un lado a otro. Quería concentrarse en Logan, un hombre que la quería y era libre de hacerlo, pero su mente obstinada no dejaba de volver a lord Sutton y al extraordinario beso que habían compartido.
Nada en su experiencia la había preparado para él ni para aquel beso arrollador. Todo lo que sabía de lo que ocurría entre mujeres y hombres lo había observado en las calles de Londres. Citas secretas en callejones, caracterizadas por gruñidos animalescos y sonidos ásperos, manos inquietas y lenguaje grosero. Era imposible escapar a aquellas visiones y sonidos, que habían impreso en ella la certeza de que, pese a su curiosidad natural y a los anhelos susurrados de su propio cuerpo, el acto en sí -y todo lo que conducía a él- no era nada en lo que quisiera participar.
Pero aquellos breves e intensos minutos en sus brazos la habían dejado aturdida y encantada, aunque confusa. Lo que sintió en nada se parecía a los actos procaces y realizados a toda prisa que había presenciado. Con aquel único beso, el hombre había abierto puertas que Alex no sabía que estuviesen cerradas. La joven había saboreado y tocado. Y ahora quería más.
¿Por qué, si debía albergar tales sentimientos, tales anhelos, no podían dirigirse hacia alguien que no perteneciese a una clase social tan superior a la de ella que lo situase por completo fuera de su alcance? Alguien que no buscase esposa, una dama elegante de impecable cuna. Una mujer que nunca podría ser ella.
Por su propia paz de espíritu debía evitar verlo, mantenerse alejada de él, no acercarse a una tentación que no estaba segura de poder resistir. Concentrarse en otra persona, como Logan Jennsen. Pero ¿cómo hacerlo, si lord Sutton ocupaba toda su mente?
Por desgracia, evitarlo era imposible, al menos de momento. Alex no podía renunciar a los ingresos que le proporcionaría su trabajo en las fiestas a las que sin duda asistiría él mientras buscaba a su esposa. Necesitaba demasiado el dinero. Emma y ella tenían planes para Robbie y todos los demás niños, cuyas vidas eran tan miserables como lo fue la de ella. Quería y necesitaba ayudarlos, y no podía tirar por la borda todo lo que había conseguido a base de trabajo, todo lo que por fin estaba a su alcance, porque se había encaprichado de un hombre que al cabo de una semana no recordaría su nombre.
Por supuesto, Logan Jennsen era un hombre rico…
Deshecho la idea antes de que pudiese arraigar. Demonios, perseguir a un hombre por su dinero no era mejor que robar, y ella ya no era una ladrona. Y tampoco estaba en venta. Alex no dudaba que, si obtenía fondos de Logan para su causa, el hombre esperaría un pago, de una clase que ella no estaba dispuesta a dar. No, ganaría su dinero echando las cartas y conservaría su alma y su dignidad en el proceso.
Pero por lo que se refería a lord Sutton… estaba también la cuestión del peligro que había visto en sus cartas. No podía darle la espalda a aquello sin tratar de determinar si estaba en lo cierto. Si la tirada de ese día no indicaba el peligro y traición que había visto, evitaría más tentaciones y no programaría más tiradas privadas con él, por más dinero que se ofreciese a pagar. Pero, si las tiradas eran las mismas, debía tratar de ayudarlo; intentar averiguar quién lo amenazaba, dónde y cuándo. Si no lo hacía, no podría vivir consigo misma.
Con un poco de suerte, la tirada de ese día no mostraría nada que no fuese un brillante y radiante futuro, con una esposa encantadora y un montón de niños. Entonces podría alejarse y olvidar que lo había conocido. Volver a dedicar sus energías a construir un futuro para los ángeles perdidos y destrozados de las calles sórdidas de Londres. Dejar que lord Sutton la besara había sido un error, un desvarío. No volvería a pensar en ello, y desde luego no se repetiría.
Llena de determinación, consultó la hora. Al ver que eran más de las dos, se despabiló. Antes de salir a vender sus naranjas, Emma ya había llenado la mochila que Alex debía entregar. Tras ponerse los guantes, Alex se disponía a coger la mochila cuando oyó el familiar chirrido ahogado de la trampilla que se abría. Cruzó la habitación, apartó la cortina y vio cómo Robbie entraba en el cuarto. La joven se sintió aliviada. El niño no había dormido allí la noche anterior y, aunque no acudía todas las noches, aun así estaba preocupada.
Después de cerrar la trampilla, el chico la miró con seriedad.
– Hola, señorita Alex -dijo.