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Sentido y Sensibilidad

Электронная книга - «Sentido y Sensibilidad». Краткое содержание книги:

Reglas y emociones. Deberes y devociones. Ubicada en la Inglaterra de principios del siglo XIX, Sentido y sensibilidad presenta las alegrías y sinsabores de las hermanas Dashwood. Desamparadas tras la muerte de su padre y a merced de su medio hermano, Elinor y Marianne deberán enfrentarse a los contrastes del amor y a las exigencias de la sociedad, siempre acompañadas de su madre y su hermana menor. Están ya en edad casadera y sin embargo, ni su carácter ni sus habilidades las ayudan a concretar una relación. El tiempo sigue pasando y todo parece indicar que no lograrán una estabilidad emocional.
Esta novela examina la estructura social de la época donde el papel de la mujer se limitaba al de mera compañía, por no decir objeto decorativo. Para ellas estaba negada la posibilidad de ejercer una profesión o de poseer bienes. Sólo debían de tener y saber lo necesario. En consecuencia, para muchas su mayor ilusión era encontrar a su príncipe azul, aunque éste no siempre viniera acompañado de dicha.
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– Por cierto -respondió Elinor, sin saber lo que decía; pero tras un instante de reflexión, agregó con una renovada seguridad en el honor y amor de Edward, y en la falsedad de su compañera-: ¡Comprometida con el señor Ferrars! Me confieso tan absolutamente sorprendida frente a lo que dice, que en verdad… le ruego me disculpe; pero con toda seguridad debe haber algún equívoco en cuanto a la persona o el nombre. No podemos estar hablando del mismo señor Ferrars.

– No podemos estar hablando de ningún otro -exclamó Lucy sonriendo-. El señor Edward Ferrars, el hijo mayor de la señora Ferrars de Park Street, y hermano de su cuñada, la señora de John Dashwood, es la persona a la cual me refiero; debe concederme que es bastante poco probable que yo me equivoque respecto del nombre del hombre de quien depende toda mi felicidad.

– Es extraño -replicó Elinor, sumida en una dolorosa perplejidad- que nunca le haya escuchado ni siquiera mencionar su nombre.

– No; considerando nuestra situación, no es extraño. Nuestro principal cuidado ha sido mantener este asunto en secreto… Usted no sabía nada de mí o de mi familia, y por ello en ningún momento podía darse la oportunidad de mencionarle mi nombre; y como siempre él estaba tan temeroso de que su hermana sospechara algo, tenía motivo suficiente para no mencionarlo.

Guardó silencio. Zozobró la seguridad de Elinor, pero el dominio sobre sí misma no se hundió con ella.

– Cuatro años han estado comprometidos -dijo con voz firme.

– Sí; y sabe Dios cuánto tiempo más deberemos esperar. ¡Pobre Edward! Se siente bastante descorazonado -y sacando una pequeña miniatura de su bolsillo, agrega: Para evitar la posibilidad de error, tenga la bondad de mirar este rostro. Por cierto no le hace justicia, pero aun así pienso que no puede 'equivocarse respecto de la persona allí dibujada. Estos tres años lo he llevado encima.

Mientras decía lo anterior, puso la miniatura en manos de Elinor; y cuando ésta vio la pintura, si había podido seguir aferrándose a cualesquiera otras dudas por temor a una decisión demasiado apresurada o su deseo de detectar una falsedad, ahora no podía tener ninguna respecto de que si era el rostro de Edward. Devolvió la miniatura casi de inmediato, reconociendo el parecido.

– Nunca he podido -continuó Lucy- darle a cambio mi retrato, lo que me fastidia enormemente; ¡él siempre ha querido tanto tenerlo! Pero estoy decidida a que me lo hagan en la primera oportunidad que tenga.

– Tiene usted toda la razón -respondió Elinor tranquilamente. Avanzaron algunos pasos en silencio. Lucy habló primero.

– Estoy segura -dijo-, no me cabe ninguna duda en absoluto, de que guardará fielmente ese secreto, porque se imaginará cuán importante es para nosotros que no llegue a oídos de su madre, pues, debo decirlo, ella nunca lo aprobaría. Yo no recibiré fortuna alguna, y creo saber que es una mujer notablemente orgullosa.

– En ningún momento he buscado ser su confidente -dijo. Elinor-, pero usted no me hace sino justicia al imaginar que soy de confiar. Su secreto está a salvo conmigo; pero excúseme si manifiesto alguna sorpresa ante tan innecesaria revelación. Al menos debe haber sentido que el enterarme a mí de ese secreto no lo hacía estar más protegido.

Mientras decía esto, miraba a Lucy con gran fijeza, con la esperanza de descubrir algo en su semblante… quizá la falsedad de la mayor parte de lo que venía diciendo; pero el rostro de Lucy se mantuvo inmutable.

– Temía haberla hecho pensar que me estaba tomando grandes libertades con usted -le dijo- al contarle todo esto. Es cierto que no la conozco desde hace mucho, personalmente al menos, pero durante bastante tiempo he sabido de usted y de toda su familia por oídas; y tan pronto como la vi, sentí casi como si fuera una antigua conocida. Además, en el caso actual, realmente pensé que le debía alguna explicación tras haberla interrogado de manera tan detallada sobre la madre de Edward; y por desgracia no tengo un alma a quien pedir consejo. Anne es la única persona que está enterada de ello, y no tiene criterio en absoluto; en verdad, me hace mucho más daño que bien, porque vivo en el constante temor de que traicione mi secreto. No sabe mantener la boca cerrada, como se habrá dado.cuenta; y no creo haber tenido jamás tanto pavor como el otro día, cuando sir John mencionó el nombre de Edward, de que fuera a contarlo todo. No puede imaginar por las cosas que paso con todo esto. Ya me sorprende seguir viva después de lo que he sufrido a causa de Edward estos cuatro años. Tanto suspenso e incertidumbre, y viéndolo tan poco… a duras penas nos podemos encontrar más de dos veces al año. No sé cómo no tengo destrozado el corazón.

En ese instante ' sacó su pañuelo; pero Elinor no se sentía demasiado compasiva.,

– A veces -continuó Lucy tras enjugarse los ojos-, pienso si no sería mejor para nosotros dos terminar con todo el asunto por completo -al decir esto, miraba directamente a su compañera-. Pero, otras veces, no tengo la fuerza de voluntad suficiente para ello. No puedo soportar la idea de hacerlo tan desdichado, como sé que lo haría la sola mención de algo así. Y también por mi parte…, con lo querido que me es… no me creo capaz de ello. ¿Qué me aconsejaría hacer en un caso así, señorita Dashwood.? ¿Qué haría usted?

– Perdóneme -replicó Elinor, sobresaltada ante la pregunta-, pero no puedo darle consejo alguno en tales circunstancias. Es su propio juicio el que debe guiarla.

– Con toda seguridad -continuó Lucy tras unos minutos de silencio por ambas partes-, tarde o temprano su madre tendrá que proporcionarle medios de vida; ¡pero el pobre Edward se siente tan abatido con todo eso! ¿No le pareció terriblemente desanimado cuando estaba en Barton? Se sentía tan desdichado cuando se marchó de Longstaple para ir donde ustedes, que temí que lo creyeran muy enfermo.

– ¿Venía de donde su tío cuando nos visitó?

– ¡Oh, sí! Había estado quince días con nosotros. ¿Creyeron que venía directamente de la ciudad?

– No -respondió Elinor, dolorosamente sensible a cada nueva circunstancia que respaldaba la veracidad de Lucy-. Recuerdo que nos dijo haber estado quince días con unos amigos cerca de Plymouth.

Recordaba también su propia sorpresa en ese entonces, cuando él no agregó nada más sobre esos amigos y guardó silencio total incluso respecto de sus nombres.

¿No pensaron que estaba terriblemente desanimado? -repitió Lucy.

– En realidad sí, en especial cuando recién llegó.

– Le supliqué que hiciera un esfuerzo, temiendo que ustedes sospecharan lo que ocurría; pero le entristeció tanto no poder pasar más de quince días con nosotros, y viéndome tan afectada… ¡Pobre hombre! Temo le ocurra lo mismo ahora, pues sus cartas revelan un estado de ánimo tan desdichado. Supe de él justo antes de salir de Exeter -dijo, sacando de su bolsillo una carta y mostrándole la dirección a Elinor sin mayores miramientos-. Usted conoce su letra, me imagino; una letra encantadora; pero no está tan bien hecha como acostumbra. Estaba cansado, me imagino, porque había llenado la hoja al máximo escribiéndome.

Elinor vio que era su letra, y no.pudo seguir dudando. El retrato, se había permitido creer, podía haber sido obtenido de manera fortuita; podía no haber sido regalo de Edward; pero una correspondencia epistolar entre ellos sólo podía existir dado un compromiso real; nada sino eso podía autorizarla. Durante algunos instantes se vio casi derrotada… el alma se le fue a los pies y apenas podía sostenerse; pero era obligatoriamente necesario sobreponerse, y luchó con tanta decisión contra la congoja de su espíritu que el éxito fue rápido y, por el momento, completo.

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