Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Другие детективы » La otra cara de la verdad
La otra cara de la verdad - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La otra cara de la verdad

Электронная книга - «La otra cara de la verdad». Краткое содержание книги:

Cuando el comisario Brunetti conoce a Franca Marinello, esposa de un hombre de negocios veneciano, descubre que está lejos de ser la rubia superficial que el vestuario caro y el notorio lifting facial hacían prever. Su evidente operación estética pasa a un segundo plano cuando en su conversación alude a Cicerón y Virgilio. Varios días más tarde, Filipo Guarino, jefe local de los carabinieri, acude a Brunetti para investigar la muerte del dueño de una compañía de camiones, presuntamente relacionada con el transporte ilegal de residuos y la llamada ecomafia. Las pesquisas del comisario demuestran que la deslumbrante Franca Marinello ha estado en contacto con el principal sospechoso, un hombre siniestro con un violento pasado. Pero la verdad siempre tiene un lado oculto.
1 ... 23 24 25 26 27 28 29 30 31 ... 60
Перейти на страницу:

Brunetti fue a la información local. Un pescador de Chioggia, arrestado por agredir a un vecino con arma blanca, tras llegar a casa en estado de embriaguez. Más protestas por el daño causado por los cruceros en el canal de la Giudecca. Cierre de otros dos puestos en el mercado de pescado. Inauguración de otro hotel de cinco estrellas, anunciada para la semana siguiente. El alcalde denuncia el aumento del número de turistas.

Brunetti señaló los dos últimos artículos:

– Qué bien: el Ayuntamiento no se cansa de conceder licencias para la construcción de hoteles y luego se queja del número de turistas -dijo a Sergio.

– Vottá á petrella, e tira á mamila -dijo el hombre levantando la mirada del vaso que estaba secando.

– ¿Qué es, napolitano? -preguntó Brunetti, sorprendido.

– Sí -respondió Sergio, y tradujo-: Tira la piedra y esconde la mano.

Brunetti soltó una carcajada:

– No sé por qué uno de esos nuevos partidos políticos no lo elige como lema. Es perfecto: haz lo que quieras y esconde las pruebas. Genial -seguía riendo, le había gustado la simplicidad de la frase.

Notó movimiento a su izquierda y oyó roce de zapatos en el suelo cuando los dos hombres se levantaron de las banquetas. Volvió otra página, atento a la noticia de la fiesta de despedida ofrecida en Giacinto Gallina a una maestra de tercero que se jubilaba después de dedicar cuarenta años a la enseñanza, en la misma escuela.

– Buenos días, comisario -dijo Alvise a su espalda, con voz fina.

– Buenos días, Alvise -respondió Brunetti apartando la mirada de la foto de la fiesta y volviéndose hacia el agente.

Scarpa, como si quisiera hacer patente su rango superior, equiparándose al comisario, se limitó a mover la cabeza hoscamente, gesto al que Brunetti correspondió antes de volver a centrar la atención en la fiesta. Los niños habían llevado flores y galletas hechas en casa.

Cuando los dos policías se fueron, Brunetti dobló el diario y preguntó:

– ¿Vienen a menudo?

– Un par de veces a la semana, diría yo.

– ¿Siempre están así? -preguntó Brunetti señalando a los dos hombres, que volvían a la questura andando uno al lado del otro.

– ¿Quiere decir como si fuera su primera cita? -dijo Sergio volviéndose para colocar el vaso cuidadosamente boca abajo en la repisa que tenía a su espalda.

– Más o menos.

– Están así desde hará unos seis meses. Al principio, el teniente se mostraba distante, y el pobre Alvise tenía que sudar para complacerle -Sergio asió otro vaso, lo miró a contraluz en busca de manchas y se puso a secarlo-. El infeliz no se daba cuenta de lo que hacía Scarpa -cambiando de tono, apostilló-: Menudo gusarapo, el teniente.

Brunetti acercó la taza al barman, que la puso en el fregadero.

– ¿Tienes idea de qué hablan? -preguntó Brunetti.

– No creo que eso importe. No realmente.

– ¿Por qué?

– Lo único que quiere Scarpa es poder. Quiere que el pobre Alvise salte cada vez que él dice «rana» y que le ría los chistes.

– ¿Por qué?

Sergio se encogió de hombros con elocuencia.

– Por eso, porque es un gusarapo. Y porque necesita alguien a quien manipular, alguien que lo trate como a todo un teniente importante, no como todos ustedes, que tienen el buen juicio de tratarlo como el mal bicho de mierda que es.

En ningún momento de la conversación se le ocurrió a Brunetti que estaba incitando a un civil a hablar mal de un miembro de las fuerzas del orden. A decir verdad, también él consideraba a Scarpa un mal bicho de mierda, de manera que el civil no hacía sino reafirmarse en la opinión que ya se había creado, con la información recibida de las propias fuerzas del orden.

Cambiando de tema, Brunetti preguntó:

– ¿Ayer me llamó alguien?

Sergio denegó con la cabeza.

– Las únicas personas que llamaron ayer fueron mi mujer, para decirme que si no estaba en casa a las diez tendría problemas, y mi gestor, para decirme que ya tenía problemas.

– ¿Por?

– Por el informe del inspector de Sanidad.

– ¿Por qué?

– Porque no tengo un aseo para inválidos; quiero decir, disminuidos físicos -aclaró la taza y el plato y los introdujo en el lavaplatos situado detrás de él.

– Nunca he visto aquí a un inválido -dijo Brunetti.

– Tampoco yo. Ni el inspector de Sanidad. Pero eso no cambia la ordenanza que dice que he de tener un aseo para ellos.

– ¿Y eso supone?

– Pasamanos. Taza especial, pulsador en la pared para descargar la cisterna…

– ¿Por qué no lo acondicionas?

– Porque me costará ocho mil euros, por eso.

– Parece mucho dinero.

– Incluye los permisos -dijo Sergio enigmáticamente.

Brunetti optó por no seguir preguntando y se limitó a decir:

– Espero que puedas resolver el problema -puso un euro en el mostrador, dio las gracias a Sergio y volvió a su despacho.

Capítulo 14

Griffoni salía de la questura cuando llegaba Brunetti. Al verla, él apretó el paso, alzando la mano en amistoso saludo, pero, al acercarse, vio que algo andaba mal.

– ¿Qué ocurre?

– Patta quiere verle. Me ha llamado preguntando dónde estaba. Me ha dicho que no encontraba a Vianello y me ha pedido que le buscara a usted.

– ¿De qué se trata?

– No me lo ha dicho.

– ¿Cómo estaba?

– Sonaba peor que nunca.

– ¿Enfadado?

– No; no precisamente enfadado -respondió la mujer, como si ello le sorprendiera-. Es decir, en cierta manera, pero daba la impresión de que sabía que no debía enfadarse. Parecía asustado, más que enfadado.

Brunetti fue hacia la puerta, y Griffoni entró con él. Al comisario no se le ocurría qué preguntar. Patta era mucho más peligroso asustado que enfadado, ambos lo sabían. Generalmente, los enfados de Patta estaban provocados por la incompetencia ajena, pero sólo lo asustaba la idea de que el fallo pudiera serle atribuido a él, lo cual suponía una amenaza para cualquier otra persona que pudiera estar involucrada.

Juntos subieron el primer tramo de la escalera, y Brunetti preguntó:

– ¿También quiere verla a usted?

Griffoni movió la cabeza negativamente y, con expresión de franco alivio, entró en su despacho mientras Brunetti iba hacia el de Patta.

No se veía a la signorina Elettra, que probablemente ya se habría ido a almorzar, por lo que Brunetti llamó a la puerta con los nudillos y entró.

Patta tenía el gesto adusto, los antebrazos apoyados en la mesa y los puños apretados.

– ¿Dónde estaba usted? -inquirió al ver a Brunetti.

– Interrogando a un testigo, vicequestore -mintió Brunetti-. La comisaria Griffoni me ha dicho que quería usted verme. ¿De qué se trata? -imprimía en su voz un tono en el que la ansiedad y la diligencia se mezclaban a partes iguales.

– Siéntese, siéntese. No se quede ahí plantado.

Brunetti tomó asiento frente al vicequestore, pero no dijo nada.

– He recibido una llamada telefónica -empezó Patta. Miró a Brunetti, quien procuró adoptar una expresión de ávida atención, y prosiguió-: Acerca del hombre que estuvo aquí el otro día.

– ¿Se refiere al maggiore Guarino?

– Sí; Guarino o como se llame -la voz de Patta se hizo más estridente después de pronunciar el nombre: Guarino, el causante de su enojo-. Estúpido hijo de puta -masculló Patta, sorprendiendo a Brunetti con esta palabra malsonante, insólita en su jefe, que no aclaró si la aplicaba a Guarino o a la persona que le había llamado para hablarle de él.

1 ... 23 24 25 26 27 28 29 30 31 ... 60
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)