Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Juegos De Azar». Краткое содержание книги:

Agatha es una joven sombrerera que vive marcada por una vida sombría y sin amor. Un accidente ocurrido durante la infancia la ha dejado lisiado, pero eso no le ha impedido luchar por una vida mejor. Las circunstancias la han llevado a convertirse en adalid de la moral y defensora de la Ley Seca.
Scot, dueño de una taberna en la que el juego y el alcohol son el pan de cada día, oculta tras su vida de libertinaje un corazón destrozado y un espíritu apasionado, capaz de albergar una increíble grandeza…
1 ... 23 24 25 26 27 28 29 30 31 ... 118
Перейти на страницу:

La historia deprimió a Agatha. Escuchando la música y la jarana que llegaban de abajo, trató de imaginar a Gandy como una especie de Simon Slade, pero no pudo. Mientras leía, imaginaba a Slade como un tipo de patillas, mal hablado y codicioso. Gandy no era nada de eso. Tenía buenos modales, era pulcro hasta la exageración y aparentemente generoso. Aunque fuese difícil luchar contra un hombre tan encantador, tenía que hacerlo.

Pero no sin las armas adecuadas. Los próximos días se suspendieron las actividades abstencionistas hasta que Joseph Zeller pudiera imprimir los panfletos. Cuando estuvieron listos, Agatha mandó a Violet, como tesorera oficial de la U.M.C.T, a buscarlos a la oficina de la Gazette. También telegrafió pidiendo al editor más volúmenes de «Diez noches en un bar». Leyó la última edición de The Temperance Banner, y tomó notas en busca de ideas para la organización local. Escribió dos cartas: una al gobernador John P. St. John, apoyando la introducción del proyecto de prohibición ante la Legislatura del Estado de Kansas; la otra, a la Primera Dama de Estados Unidos, de América, Lucy Hayes, agradeciéndole el sólido apoyo al movimiento por la templanza y la prohibición de que se sirvieran bebidas alcohólicas en la Casa Blanca mientras su esposo, Rutherford, estuviese en el cargo.

Después de eso, Agatha se sintió mucho mejor. Se sentía impotente ante las nuevas atracciones que había llevado el dueño del Gilded Cage Saloon. Pero los panfletos ayudarían. Y cualquiera que leyese un ejemplar de «Diez noches…» no podría menos que conmoverse. También las cartas le dieron una fuerte sensación de poder: era la voz del pueblo norteamericano.

Pasaron tres días sin que viese a Gandy. También los negocios en la sombrerería se habían incrementado un poco. Un par de vaqueros encargaron sombreros de paja de ala ancha adornados para sus «madres»… se burló Agatha, recordando lo serios que parecían al explicarle para quiénes eran los sombreros. ¿Acaso creerían que era tan ingenua? Ninguna «madre» usaría un sombrero de paja adornado con cintas de gro que cayeran desde el centro del ala por la espalda. Estaba segura de que pronto vería sus creaciones por las calles, bamboleándose en las cabezas de un par de mujeres de principios dudosos.

Unos golpes en la puerta de atrás la sacaron de sus pensamientos.

Antes de que pudiese abrir, Calvin Looby, el mozo de la estación, asomó la cabeza. Llevaba una gorra de ferroviario a rayas azul marino y blanco, y gafas redondas de marco metálico. Parecía que hubiese puesto la barbilla en un yunque y la hubiese hecho retroceder unos centímetros. Los dientes eran como agujas, y los labios, casi no existían. Siempre le dio pena la fealdad del pobre Calvin.

– Una entrega para usted, señorita Downing.

– ¿Una entrega?

– Sí. -Controló la boleta de carga-. Desde Filadelfía.

– Pero yo no encargué nada a Filadelfía.

Calvin se sacó la gorra y se rascó la nuca.

– Qué raro. Aquí dice, tan claro como un molino de viento en la pradera: Agatha Downing. ¿Ve?

Examinó el papel que le tendía Calvin.

– En efecto. Pero debe de haber un error.

– Bueno, ¿qué quiere que haga con esto? El ferrocarril lo entrega en destino. Hasta aquí llega nuestra responsabilidad. Si quiere que lo lleve otra vez a la estación, tendré que cobrárselo a usted.

– ¿A mí? Pero…

– Me temo que sí. Ésas son las normas, ¿sabe?

– Pero yo no lo pedí.

– ¿Y la señorita Violet? ¿Puede ser que lo haya pedido ella?

– Casi seguro que no. Violet no encarga las cosas en mi nombre.

– Bueno, es un misterio. -Calvin miró sobre el hombro hacia el patio-. Entonces, ¿qué quiere que haga con esto?

– ¿Sabe qué es?

Agatha fue hasta la puerta trasera.

– La tarjeta dice: «Máquina de Coser patentada por Isaac Singer».

– Máquina…

El corazón de Agatha comenzó a golpear con fuerza. Ansiosa, salió afuera. Ahí estaba la vieja yegua soñolienta enganchada al carro verde del ferrocarril. Sobre el carro, un embalaje de tablas de gran tamaño se erguía contra el fondo del cobertizo y el «imprescindible».

– Pero, ¿cómo… quién…?

De pronto, lo supo. Dirigió una mirada a la parte de atrás del edificio. En el rellano no había nadie, pero tuvo la sensación de que estaba en algún lado, riéndose de su confusión. Miró hacia la ventana de la oficina que daba al patio de atrás, pero estaba vacía. Se volvió hacia Calvin.

– Si se lo lleva de vuelta, ¿qué pasará?

Atraída contra su voluntad, se acercó más a la caja.

– Lo pondremos en el próximo tren que salga para Filadelfia. No se puede dejar un bulto tan grande ocupando lugar en la estación.

La mujer fue hasta el carro y se estiró para apoyar la mano sobre el costado de la caja. El sol del mediodía la había entibiado. Sintió una punzada de ambición. Deseaba esa máquina con una intensidad que no habría creído posible el día anterior. Gracias a Gandy, tenía el dinero, pero gastarlo era demasiado definitivo. Acordar con el enemigo. El cielo sabía en qué medida reviviría su alicaído negocio con una máquina.

Se volvió hacia Calvin, retorciéndose las manos.

– ¿Cuál es el costo exacto de los gastos de envío?

Calvin examinó otra vez el papel.

– Aquí no dice. Sólo dice dónde entregarlo.

Agatha tenía el catálogo en la pared desde hacía mucho tiempo… ¿y si el precio había aumentado mucho?

Tomó una rápida decisión.

– ¿Puede entrarla a la tienda, señor Looby? Quizá, si abro el embalaje, los papeles estén dentro.

– Seguro, señorita Downing.

Calvin subió al carro, empujó y empujó hasta descargar el voluminoso cajón en una carretilla plana con ruedas, con la que lo transportó hasta la puerta trasera de la sombrerería. En el taller, sacó la tapa de madera con un martillo tenaza. Encima del envoltorio, estaba la factura. Un nítido sello blanco decía: Completamente pagado.

Confundida, Agatha miró la factura, y después a Calvin.

– No entiendo.

– En mi opinión, alguien le hizo un regalo, señorita Downing. ¡Cómo saberlo!

Agatha miró fijamente el papel.

¿Gandy? ¿Por qué? ¿Por tres vestidos de cancán? Quizá. Pero en esa mente retorcida podía haber otros motivos. Soborno. Encubrimiento. Subversión.

Si era soborno, no quería tomar parte en él. Ya se sentía incómoda por haber aceptado la generosa suma que le pagó por la funda roja de la jaula.

Y si tenía la intención de encubrir sus juegos nocturnos secretos, le resultaba extraño que gastara tanto dinero para lograrlo.

¿Subversión? ¿Sería tan cruel como para minar los esfuerzos de Agatha en la U.M.C.T. insinuándoles a las funcionarias que ella hacía negocios con el enemigo? Era extraño, pero no quería creerlo de él.

Tal vez aún se sintiera culpable por haberla empujado al barro. No seas tonta, Agatha. Claro, ese día se mostró arrepentido, pero era un apostador, tenía práctica en adoptar cualquier expresión que le conviniera.

Desde luego, había otra posibilidad: la libre empresa. No cabía duda de que Jubilee y las muchachas mantendrían el bar lustroso por el roce de los pantalones, en especial con las faldas rojas de cancán. Quizás, a Gandy se le había despertado el espíritu de competencia ante la perspectiva de hacer todo lo que estuviera en sus manos para llenar la taberna con tantos hombres que estuviesen incómodos. Que quisiera sobrepasar a los otros diez propietarios de bares por puro espíritu de contradicción.

La idea la hizo sonreír, pero se puso seria enseguida. Fuesen cuales fueran los motivos, Agatha no quería formar parte de ellos.

1 ... 23 24 25 26 27 28 29 30 31 ... 118
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)