El Caso De La Señora Murphy
- Автор: Браун Фредерик
- Язык: испанский
- Жанр: Другие детективы
Электронная книга - «El Caso De La Señora Murphy». Краткое содержание книги:
A ambos los había roto la noche anterior, bajando las escaleras, en camino a una reunión de aficionados: unos cuantos tipos a quienes había conocido y a los que les gustaba juntarse una noche cada dos semanas para producir ruido. La punta del pie tropezó en una rotura de la alfombra de la escalera, agujero que no estaba allí antes, a unos cuantos peldaños de la parte inferior, y me eché en clavado hacia un aterrizaje de tres puntos, el primero de los cuales había sido el extremo de la caja del trombón. Me había cortado la respiración por un momento y me había dolido, pero no mucho peor que cuando uno se lastima un dedo o se golpea el tobillo contra algo. La señora Bardy, la patrona, oyó la caída y llegó corriendo desde su apartamento al fondo del primer piso; llegó y comenzó a ocuparse de mí, como una gallina de sus polluelos, aun antes de que me levantara. Mi primer pensamiento no fue para mí ni para el trombón (yo no me lastimo con facilidad y la caja debía haber protegido al instrumento), sino para el tapete. Alguien pudo haberse roto el cuello a causa de él.
»El nombre y la dirección de la agencia en donde la consiguió la señora Anderson, en el Loop. Dice que ya había tomado a otras de ahí. Quizá le muestren su solicitud. Si no están dispuestos a cooperar, llamen al capitán Brandt y dejen que él les hable, entonces con seguridad los de la agencia se mostrarán anuentes. La señora Anderson dice que no comprobó las referencias; aceptó las seguridades de la agencia de empleos. Si ustedes pueden obtenerlas de su solicitud, comprueben si son locales; aun cuando la agencia les diga que ellos las investigaron, acaso no lo hayan hecho. ¿Esta claro? – Asentí con la cabeza y continuó -: bien, Ed, ésa es su tarea para esta tarde. Puede comenzar en cuanto nos separemos.
»Am, su trabajo consiste en seguirla y vigilarla. No en su día libre; la voy a despedir hoy mismo, ya tarde. Una de las cosas que hice esta mañana fue juntar los siete juegos de llaves, y ella no tenía el suyo. Por tanto, no estoy deseando correr ningún riesgo.
»Cuando la mandé a buscar las llaves en su bolso, para enseñármelas, regresó y me dijo que habían desaparecido. Dice que las tenía todavía el lunes, la última vez que salió, y no tiene la menor idea de cómo las pudo haber perdido.
»Puede ser que sí, pero no voy a correr el riesgo de conservarla después de hoy. Ni siquiera esta noche. Si dio o prestó esas llaves a alguien, también es capaz de dejar que alguien entre del exterior y los cerrojos no significarán nada. Para el caso de que la esté despidiendo injustamente, la resarciré pagándole dos semanas adelantadas, y eso es equitativo, puesto que no trabajó para nosotros más que dos semanas y media.
– Sí lo es – aprobé -, pero ¿por qué no la despide inmediatamente? ¿Para qué esperar?
– Para dar a usted la oportunidad, Ed, de comprobar en la dirección sin encontrársela allá, puesto que lo conoce. Y la agencia de empleos también; podría dirigirse allí de nuevo para registrarse. Digo, pudiera, si la dejara que se fuera temprano esta tarde, cuando estuviese abierta la agencia todavía.
Volvióse ahora al tío Am.
– Le diré lo que voy a hacer, Am. Lo dejaré para después de la cena; cenamos temprano y habremos terminado para las siete. La llamaré a mi estudio entonces y arreglaré el asunto. Le daré alguna razón para esto (no sé cuál; ya pensaré en alguna); pondré como condición de las dos semanas de sueldo el que se vaya inmediatamente. Tendrá que empacar, por supuesto; sin embargo, eso no le tomará mucho tiempo; la señora Anderson dice que llegó con una sola maleta. Así que usted puede contar con que salga por la puerta del frente como unos diez minutos después de las siete y media; nadie sale por el callejón de atrás después de anochecer.
»No puedo garantizar que se vaya a pie hasta la calle Clark a tomar un autobús o que llame por teléfono un coche de alquiler. ¿Podrá usted estar listo para cualquier caso?
El tío Am asintió con un ademán.
– Esto en lo relativo a Elsie. Ahora, vamos a Robert Sideco. Como se lo avisé ya, mañana es su día libre. La señora Anderson me informa que sus costumbres del día libre son regulares y podemos contar con ellas. Duerme un poco más tarde que de costumbre y baja a la cocina a desayunarse como a las nueve. Después del desayuno sale, por la puerta del frente, y regresa ya bastante tarde.
»¿Puede arreglar para que un operador de Starlock aguarde para seguirlo como a las nueve y media, mañana en la mañana?
El tío Am hizo otro movimiento de cabeza.
– ¿Estoy libre desde ahora hasta las siete? O, ¿cree usted que debo de quedarme aquí, en espera?
– Umm… supongo que no hay necesidad de eso.
– Bien, si algo llegare a presentarse, probablemente me encontraré en la oficina. Prefiero pasarme la tarde allá en lugar de aquí; hay algunas cosas que puedo hacer.
– Muy bien – concluyó Dolan levantándose -. Si alguno de ustedes dos se encuentra con algo importante o sospechoso, llámenme en cuanto puedan comunicarse conmigo. De otro modo… bueno, les hablaré mañana por la mañana para recibir sus informes. Probablemente después de las diez; seguiré adelante hoy y esta tarde, pero tal vez desee dormir hasta tarde, mañana.
– Entendido – convino el tío Am -; y este trabajito con la sirvienta, ¿se trata de esta noche tan sólo, o he de continuarlo de nuevo mañana? Es posible que ahora se vaya directamente a su casa y allá se quede; si hace eso, no averiguaré mucho.
– Buena idea. Sí, continúe mañana, especialmente si no averigua mucho esta noche.
– Si logra eso – interpuse -, tendré su informe sobre esta noche, listo para dárselo cuando nos llame. ¿Desea que espere aquí cuando nos hable mañana, o en la oficina?
– Supongo que no importa, Ed. Como quiera. Si no me comunico en un número, lo haré en el otro. Bien, ¡buena suerte!
Se retiró, lo acompañé hasta la escalera y luego volví.
– Resulta muy bien, Ed. Podré hasta pagar la multa del estacionamiento y enviar el informe de la Phoenix; me figuré que tendría que dejar ambas cosas hasta el lunes por lo menos. Llamaré a Starlock y arreglaré la vigilancia de Sideco para mañana. Y por lo menos iniciaré las gestiones para un servicio de respuestas.
– ¡Vámonos!
– Espera un minuto, tomemos las pistolas.
– ¿Por qué? No las necesitaremos hoy con las tareas que hemos de hacer.
– Chico, de aquí para adelante, mientras estemos en este caso será mejor que las portemos. De otro modo, si nos encontramos en la oficina y las necesitamos, estarán aquí en casa, y si las necesitamos aquí (como aconteció anoche) estarán en la oficina. Algún día, cuando nos sintamos suficientemente ricos, tendremos dos en cada sitio; por ahora vamos a llevarlas para que no nos pesquen desprevenidos otra vez.
Se había estado poniendo el cinturón y la funda mientras hablaba, y yo me quité la chaqueta para hacer lo mismo con la mía, de axila. Entonces salimos.
Caminamos hacia el garaje le sugerí:
– Tú no necesitarás el coche por lo menos hasta las siete. Así que…
– Yo no lo necesitaré ni entonces, Ed – me interrumpió -. Para un trabajo de seguir a alguien como el de esta noche, prefiero utilizar a Harry Main u a otro chofer.
Harry Main es un chofer a quien conocemos, y siempre utilizamos, si está libre y lo podemos conseguir par la clase de tareas de vigilancia en donde un coche de alquiler sirve mucho mejor que uno propio. Si va uno siguiendo a alguien que se baja de un automóvil de alquiler, en medio del Loop, tendría una probabilidad en cien de conseguir sitio en donde estacionarse a tiempo de no perderlo. Por supuesto que puede uno abandonar el coche en mitad de la calle, pero eso no le agrada a la policía. No hay problema si se le va siguiendo en auto alquilado.
– Tú te llevas el coche, me dejas en el palacio municipal y continúas tu camino. Yo me ocuparé de la infracción y volveré a la oficina.
Así lo hicimos. Eso me acercó a la agencia de empleos. Di vuelta a la manzana tres veces, buscando un lugar para estacionarme, hasta que renuncié a ello y lo metí en un sitio de paga. Mi tiempo valía cien dólares diarios del dinero de Dolan, y no era justo que perdiera media hora por economizar cincuenta centavos.
La dificultad en la agencia fue que el gerente se había ido a almorzar y nadie quería tomar la responsabilidad de enseñarme la solicitud, con lo que tuve que aguardar cuarenta minutos. Cuando por fin regresé estuvo muy amable y envió a buscar la solicitud de Elsie Aykers, a mediados de mayo, tres semanas antes.
La tarjeta en el expediente no mostraba nada, excepto el hecho de que la habían enviado a la casa de Dolan y cuánto le habían cobrado por el servicio. La solicitud sí mostraba más, y copié de allí los hechos que no conocía aún. Había tenido otros tres trabajos como doncella de servicio, en los dos años anteriores, y daba las referencias. Era más joven de lo que yo había calculado; tenía solamente veinte años y se graduó en una escuela superior. Una inicial en la tarjeta indicó al gerente cuál de las mujeres la había entrevistado, y la llamó; no se acordaba de Elsie personalmente, Así que eso no nos llevó a ninguna parte. Le pregunté si comprobó las referencias y me contestó que sí, que siempre llamaban al que las había ocupado más recientemente, y luego escogían a cualquier otro, porque algunas daban una lista de nombres de casi una página.