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El castillo de lord Valentine [Lord Valentine's Castle (part I) - es]

Электронная книга - «El castillo de lord Valentine [Lord Valentine's Castle (part I) - es]». Краткое содержание книги:

Miles de años después de nuestra era, en el planeta Majipur existe un arcaico imperio feudal en el que, no obstante persisten restos de una avanzada tecnología. En este marco Valentine, un juglar itinerante, descubre a través de sueños y portentos su verdadera identidad: él es Lord Valentine, la Corona. Su cuerpo y su trono han sido ocupados por un usurpador.
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Valentine asintió.

—Con el calor del día me parece notar las frías manos del Rey de los Sueños que aprietan mis sienes. Y cuando cierro los ojos, los dedos del Rey penetran en mi alma.

El sobresalto brilló fugazmente en los ojos de Carabella.

—¿Estás seguro de que son envíos del Rey?

—No, seguro no. Pero creo que…

—Tal vez la Dama…

—La Dama envía sueños dulces, más suaves. Así lo creo —dijo Valentine—. Mucho me temo que estos envíos son del Rey. ¿Pero qué quiere él de mí? ¿Qué crimen he cometido?

Carabella arrugó la frente.

—En Falkynkip, Valentine, consulta a un oráculo, tal como prometiste.

—Lo haré, sí.

Autifon Deliamber intervino de un modo inesperado.

—¿Me permite una recomendación? —dijo. Valentine no había visto acercarse al diminuto y enjuto vroon. Bajó los ojos, sorprendido.

—Perdóneme —dijo espontáneamente el vroon—. Le he oído por casualidad. Le preocupan esos… ¿envíos, opina usted?

—No pueden ser otra cosa.

—¿Está seguro?

—No estoy seguro de nada. Ni siquiera de mi nombre, o del suyo, o del día de la semana.

—Los envíos raramente son ambiguos. Cuando habla el Rey, o la Dama, lo sabemos con certeza —dijo Deliamber. Valentine sacudió la cabeza.

—Mi mente está nublada estos días. Nada me parece seguro. Pero estos sueños me angustian, y necesito respuestas, aunque apenas sé cómo formular las preguntas.

El vroon extendió un miembro y cogió la mano de Valentine con uno de sus tentáculos, delicado y complejamente ramificado.

—Confíe en mí. Su mente puede estar nublada, pero no la mía, y veo claramente. Me llamo Deliamber, usted es Valentine, hoy es Día Quinto de la novena semana de verano, y en Falkynkip vive una intérprete de sueños, Tisana, que es mi amiga y aliada, y que le ayudará a encontrar la senda correcta. Vaya a verla y dígale que yo le mando saludos y cariño. Ha llegado la hora de que empiece a recobrarse del daño que le atormenta, Valentine.

—¿Daño? ¿Daño? ¿Qué daño es ése?

—Vaya a ver a Tisana —insistió Deliamber.

Valentine buscó a Zalzan Kavol, que estaba hablando con un habitante del pueblo. El skandar acabó por fin, y atendió a Valentine.

—Te pido que me dejes pasar la noche del Día Estelar lejos de la compañía, en Falkynkip.

—¿También es un asunto de honor familiar? —preguntó irónicamente Zalzan Kavol.

—Es un asunto de índole privada. ¿Podré hacerlo?

El skandar encogió sus cuatro hombros en un complejo gesto.

—Hay algo extraño en ti, algo que me molesta. Pero haz lo que deseas. De todas formas actuaremos en Falkynkip mañana, en la feria del mercado. Duerme donde te plazca, pero deberás estar listo para partir a primeras horas de la mañana del Día Solar. ¿De acuerdo?

12

Falkynkip no era nada comparada con la inmensa extensión de Pidruid, pero igualmente distaba mucho de ser insignificante. Era cabeza de partido, la metrópoli de una región ganadera de gran amplitud. Aproximadamente setecientos cincuenta mil habitantes vivían en Falkynkip y sus alrededores, y cinco veces más en la zona rural fronteriza. Pero el ritmo de la ciudad era distinto al de Pidruid, observó Valentine. Ello podía estar relacionado con la situación de Falkynkip en una meseta seca y calurosa, no junto a la templada y húmeda costa. Pero la gente se movía de un modo pausado, imperturbable, sin prisas.

El zagal, Shanamir, brilló por su ausencia el Día Estelar. La noche anterior se fue a escondidas hacia la granja de su padre, varias horas de camino al norte de la ciudad, donde —según explicó a Valentine la mañana siguiente— dejó el dinero que había ganado en Pidruid y una nota explicando que se iba en busca de aventuras y sabiduría. Después regresó con el mismo sigilo. Pero Shanamir no esperaba que su padre se tomara a la ligera la pérdida de un trabajador tan diestro y útil, y temiendo que le buscaran los agentes municipales, propuso ocultarse en el vagón durante el resto de su estancia en Falkynkip. Valentine explicó la situación a Zalzan Kavol, que manifestó su aprobación con la acre benevolencia que le caracterizaba.

Esa tarde, en la feria, los malabaristas protagonizaron una airosa marcha encabezada por Carabella y Sleet, él tocando un tambor y ella agitando una pandereta y cantando una rítmica copla:

Vale la pena gastar un real, Nobles amigos, vengan a observar Milagros, prodigios en el aire, ¡Vean nuestros juegos malabares! Vale la pena que anden un poco, Nobles amigos, aquí habrá gozo. Tazas y platos, bolas y sillas… ¡Contemplen la aérea maravilla! Vale la pena perder unas horas, Aquí haremos rodar su congoja. Una moneda bien invertida, ¡Y tendrán sorpresas y alegría!

Pero hacer prodigios en el aire y causar admiración era una pretensión muy alejada del humor que Valentine tenía aquel día, y actuó mal. Se sentía tenso e intranquilo tras muchas noches de agitado sueño, y estaba inflamado por ambiciones que no correspondían a su actual pericia, detalle que le llevó a sobrepasarse. Las mazas cayeron al suelo dos veces, pero Sleet le había enseñado maneras de fingir que el error formaba parte del número, y el gentío se mostró indulgente. Mostrarse indulgente con uno mismo era mucho más arduo. Valentine se alejó tristemente hacia un puesto de vino mientras los skandars ocupaban el centro del escenario.

Observó la actuación desde lejos. Las seis enormes e hirsutas criaturas agitaron sus veinticuatro brazos con gestos precisos y perfectos. Cada skandar hizo malabares con siete cuchillos sin dejar de lanzar unos y recibir otros, y el efecto fue espectacular, la tensión extrema, durante el silencioso intercambio de afiladas armas. Los plácidos vecinos de Falkynkip quedaron fascinados.

La visión de los skandars hizo que Valentine lamentara sobremanera su defectuosa actuación. Al salir de Pidruid había ansiado volver a actuar ante el público, sus manos se habían retorcido deseosas de mazas y bolas, y acababa de tener una oportunidad y se había comportado torpemente. Daba igual. Habría otras plazas del mercado, otras ferias. La compañía recorrería Zimroel entero, año tras año, y él deslumbraría a los espectadores, la gente aclamaría a Valentine el malabarista, le pedirían que repitiera sus números, hasta que el mismísimo Zalzan Kavol estuviera desesperadamente celoso. Sería rey de los malabaristas, sí, un monarca, la Corona de los artistas. ¿Por qué no? Tenía talento. Valentine sonrió. Su malhumor estaba abandonándole. ¿Gracias al vino, o porque estaba reafirmándose su buen carácter natural? Al fin y al cabo, sólo hacía una semana que practicaba el arte, ¡y qué logros había alcanzado! ¿Quién sabía los prodigios de vista y tacto que realizaría con un par de años de práctica?

Autifon Deliamber se hallaba junto a él.

—Tisana estará en la Calle de los Aguadores —dijo el menudo brujo—. Está esperándole.

—Así, pues, ¿le ha hablado de mí?

—No —dijo Deliamber.

—Pero ella me espera. ¡Ja! ¿Magia?

—Algo así —dijo el vroon al tiempo que contorcía las extremidades en un típico gesto vroon que equivalía a un encogimiento de hombros—. Vaya a verla inmediatamente.

Valentine asintió. Contempló el escenario: los skandars habían terminado y Sleet y Carabella estaban haciendo malabares con una sola mano. Qué elegancia de movimientos, pensó Valentine. Qué calma, qué confianza demuestran, qué gestos tan precisos… Y qué guapa es ella. Valentine y Carabella no habían hecho el amor otra vez desde la noche de la fiesta, pese a que de vez en cuando habían dormido uno al lado del otro. Había pasado una semana, y Valentine se había sentido lejos, separado de ella, aunque Carabella no le había ofrecido otra cosa más que calor y apoyo. Los sueños eran el problema. Los sueños dejaban vacío a Valentine, le distraían. Por lo tanto, iría a ver a Tisana para obtener una interpretación, y luego, tal vez mañana, abrazaría de nuevo a Carabella…

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