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Enfriar El Miedo

Электронная книга - «Enfriar El Miedo». Краткое содержание книги:

Quentin Hayes, agente de la Unidad de Crímenes Espeluznantes del FBI, sigue atormentado por el misterioso asesinato de Missy, ocurrido hace veinte años en El Refugio, un hotel de Tennessee al que vuelve una y otra vez en busca de nuevas pistas.
Diana Brisco ha ido a El Refugio para participar en una terapia con la que espera resolver su pasado. Pero desde que está allí le asaltan terribles pesadillas y extrañas visiones de un niño desaparecido hace años. Además, un agente del FBI se empeña en convencerla de que no está loca, sino que posee un don especial para contactar con el más allá.
Quentin sabe que es su última oportunidad para resolver el homicidio de Missy y que necesita la ayuda de Diana, pero ¿cómo persuadir a la joven para que traspase el umbral y entre en el mundo del frío y la muerte?
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– Mierda. -Nate acompañó aquel exabrupto cansino añadiendo-: ¿Y cómo dice que lo encontró?

Quentin miró a un lado, hacia donde, sentada en un banco hecho con planchas de granito, Diana veía cómo se desarrollaban los trabajos, a unos pocos pasos de distancia de ella. No había querido regresar a su cabaña, salvo un momento para coger una chaqueta, cuando él insistió, y seguía visiblemente alterada, aunque apenas había abierto la boca.

– Ya la oíste -le dijo Quentin al policía-. Estaba paseando por aquí, se apoyó contra la roca… y miró por casualidad. Puede que la tormenta de esta mañana o las de la semana pasada arrastraran la tierra y la gravilla y dejaran al descubierto lo que estaba enterrado. La parte superior del cráneo era distinta al resto de las piedras y le llamó la atención. A mí también me la habría llamado, desde luego.

– Y entonces fue a buscarte.

– Sabía que soy agente del FBI.

Nate sacudió la cabeza, pero aquel gesto indicaba más cansancio que negación.

– Qué cosas. Sé que siempre has sospechado que al menos algunos de los niños desaparecidos de esa lista tuya habían sido asesinados, pero ésta es la primera vez que encontramos algo que apoye esa suposición.

– Según mi lista, ha habido tres desapariciones de niños sin resolver en esta zona en los últimos veinte años. Cuatro, si se cuenta una supuesta fuga.

– Está bien, entonces puede que tengas razón al creer que aquí estaba pasando algo.

– ¿Puede?

– Quentin, tuvimos un asesinato indudable hace veinticinco años, y nunca cogimos al culpable. Eso es incuestionable. Y tenemos este esqueleto, que tal vez sea identificado como uno de los niños desaparecidos o tal vez no. Pero…

– Hay otros niños desaparecidos. Y adultos también.

– Eso dices tú. Y no digo que no te crea… Es sólo que, en la mayoría de los casos antiguos que has desenterrado, nunca se presentó denuncia. O, si la hubo, había razones de sobra para creer que las desapariciones tenían una explicación normal. Padres resentidos que se llevaban a sus hijos. Fugas. Y luego están las montañas. Tú sabes tan bien como yo que es condenadamente fácil perderse ahí arriba… y prácticamente imposible encontrar a quien se haya perdido.

– Sí, lo sé. Sé que ha habido fugitivos buscados por la justicia, fugitivos federales, que desaparecieron en esas montañas durante años, a pesar de que se hicieron esfuerzos exhaustivos para encontrarlos. Y a algunos de ellos nunca se les volvió a ver, ni se volvió a oír hablar de ellos. Pero hay algo más. Aquí, en El Refugio, está pasando algo más.

Nate sacudió la cabeza de nuevo, pero dijo:

– Bueno, después de esto puede que tengas mejores argumentos para persuadir a la gerencia del hotel de que te deje echar un vistazo a sus archivos. Pero no creo que un juez vaya a obligarles si se niegan, sobre todo sí no podemos relacionar a este niño con El Refugio.

– El niño, o la niña, fue enterrado aquí. A mí me basta con esa relación.

– Sí. Tenía la impresión de que ibas a decir eso. -Nate suspiró mientras miraba trabajar a su gente. Se subió la cremallera de la cazadora y añadió mascullando-: ¿Desde cuándo hace tanto frío?

Quentin podría haber contestado: «Desde hace veinticinco años». Pero no lo hizo, naturalmente.

Se limitó a esperar en silencio mientras los hombres de Nate se esforzaban por sacar a la luz aquellos huesos enterrados hacía años.

Madison sabía que no debía estar en el jardín. En ninguno de los jardines, ahora que la policía estaba allí. A su madre no le gustaría, ella lo sabía. Pero sentía demasiada curiosidad para marcharse.

Y era tan pequeña que pudo deslizarse sin que la vieran por los jardines, hasta que logró ver lo que ocurría.

– Han encontrado a Jeremy -dijo Becca.

Madison abrazó con fuerza a Angelo para asegurarse de que no empezaba a gimotear y dijo a su amiga:

– Están desenterrando huesos.

– Aja. Es Jeremy.

Madison la miró con el ceño fruncido.

– Si sólo son huesos, ¿cómo es que lo conoces?

– No son sólo huesos. Pero es lo único que ven ellos. Todos, menos ella. -Becca señaló con la cabeza a una señora muy guapa que estaba sentada en un banco de piedra, a un lado.

– ¿Ella vio a Jeremy cuando no era sólo huesos?

– Aja. Él quería que lo encontraran, así que le enseñó dónde estaba. -Becca asintió como para sí misma, y añadió pensativamente-: Espero que estuviera listo para marcharse.

– ¿Para marcharse de El Refugio?

– Llevaba aquí mucho tiempo.

Madison preguntó:

– ¿Tú llevas mucho tiempo aquí, Becca?

– Sí, supongo. -Becca miró hacia los agentes de policía que trabajaban a la luz brillante de los focos y añadió con aire melancólico-: Antes estaba bien, de verdad. Y ahora también, a veces. Pero ahora casi siempre sólo da miedo.

– ¿Por lo… por lo que me dijiste? ¿Por lo que está a punto de llegar?

Becca asintió con la cabeza.

– Ha estado aquí otras veces. Y siempre vuelve.

– ¿Por qué?

– Porque ellos no saben cómo pararlo. No pueden parar algo que no ven. Algo en lo que no creen.

– Pero tú sí lo crees.

– No me queda más remedio, ¿no?

Madison se quedó pensando un rato mientras abrazaba distraídamente a su perrito y observaba trabajar a los mayores. Luego, lentamente, dijo:

– La señora que ha visto a Jeremy seguramente podría ver esa cosa. Seguramente ella sí lo creería. ¿No crees?

– Puede ser. Puede que sí. -Becca volvió la cabeza y miró a Madison-. Quizá por eso esté aquí. Pero tendrá que darse prisa.

– Seguir el rastro de un chiquillo después de años… ¿No nos haría falta mucha suerte para descubrir qué condujo a su muerte? -Nate soltó un exabrupto en voz baja-. Y empezamos desde cero, sin una maldita pista.

– Así es. -Quentin no pudo evitar mirar a Diana mientras hablaba.

Nate le estaba prestando atención.

– ¿O quizá hay algo más? ¿Qué es lo que pasa, Quentin? ¿De veras se tropezó Diana con el cráneo por casualidad?

– Sobre eso no me ha dicho más de lo que te dijo a ti.

– ¿Sobre eso? ¿Qué mas te dijo?-Nate bajó la voz-. ¿Ella también tiene un don? ¿Tiene facultades extrasensoriales?

A Quentin le sorprendió un poco que el policía hiciera abiertamente aquella pregunta, pero apenas vaciló antes de contestar.

– En su caso, es más una maldición que un don. Y ni le gusta, ni sabe cómo utilizarlo eficazmente. Tal vez pueda ayudarnos, pero también es probable que se una al puñado de huéspedes que ya están haciendo las maletas para marcharse.

Momentáneamente distraído, Nate dijo:

– Oí a uno decirle a la directora del hotel que él no se podía permitir esa clase de publicidad, y parecía hecho un manojo de nervios. Supongo que los demás van a marcharse por la misma razón, porque temen encontrarse en medio de una tormenta mediática. Sobre todo, si tienen secretos o… indiscreciones que esconder.

– Probablemente. La reputación de discreción de El Refugio es un aliciente importante para mucha gente que quiere pasar unas vacaciones íntimas y sin estrés. Y esto, sobre todo si averiguamos algo más, es una de esas cosas que lo echan todo a perder. Cuando se corra la voz de que dos niños fueron asesinados aquí, aunque fuera con años de diferencia, la prensa no hará oídos sordos. Claro que este sitio está tan apartado y los vecinos de por aquí están tan acostumbrados a ocuparse sólo de sus asuntos, que no estoy seguro de que llegue a correrse la voz. Por lo menos, enseguida. Además…

– Además, El Refugio es una de las empresas que más trabajo dan en esta zona -concluyó Nate-. La gente de por aquí tiene mucho interés en ocuparse sólo de sus asuntos. Es lo que siempre has creído, ¿no? -Hablaba en tono pragmático, más que ofendido, en gran medida porque compartía aquella opinión y porque, habiendo crecido en Leisure, comprendía la mentalidad del pueblo.

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