La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Fue aproximadamente en este momento, en el momento culminante del combate, cuando Joseph hizo su entrada. Aunque nadie supo de cierto por d�nde entr�, y tal como dijo Pauly, parec�a que alguien hubiera hechizado la l�mpara y de ella hubiera salido Joseph. En la medida que luego se pudo concretar, Joseph entr� por la izquierda, procedente de la playa. El caso es que apareci� bruscamente, con su chaqueta rayada de m�ltiples colores y su gorrilla de golf echada hacia adelante, llevando en la mano el pasaporte de Alastair, su billetero y su billete de avi�n, todo lo cual, al parecer, Joseph hab�a recogido del suelo, junto a los pelda�os de la taberna. Sin expresi�n en el rostro, un poco pasmado a lo sumo, Joseph contempl� la escena de la lucha entre los dos amantes, y, como un distinguido mensajero, esper� que le prestaran atenci�n. Entonces, dej� lo hallado sobre la mesa. Pieza por pieza. De repente, en la taberna imper� un absoluto silencio solamente roto por el leve sonido producido por cada uno de los objetos al chocar contra la mesa. Por fin, Joseph habl�:
-�Les ruego me disculpen, pero he pensado que alguien iba a echar en falta esos objetos muy pronto. Debiera ser posible vivir sin ellos, supongo, pero mucho me temo que en los presentes tiempos ha de ser bastante dif�cil.
Hasta el presente momento, nadie, salvo Lucy, hab�a o�do la voz de Joseph, y Lucy, cuando la oy�, estaba tan afectada por la marihuana que no pudo percibir acento o inflexi�n alguna en aquella voz. En consecuencia, no hab�a o�do el ingl�s liso y llano, bien ordenado, del que hab�a quedado eliminado el m�s leve rastro extranjero. Hubo un momento de pasmo, y luego risas en las que Joseph, ruboriz�ndose, particip�. Luego hubo gratitud. Le pidieron que se sentara con ellos. Joseph se excus� y la familia insisti� estridentemente. Joseph se hab�a convertido en Marco Antonio ante la muchedumbre clamorosa. Le obligaron a sentarse con ellos. Joseph los estudi�. Sus ojos se fijaron en Charlie, miraron a los otros y regresaron a Charlie. Por fin, con una sonrisa de aceptaci�n, Joseph capitul�:
-�Si tanto insisten�
Lucy, como si fuera una vieja amiga de Joseph, le abraz�. Pauly y Willy hicieron los honores. Por riguroso turno, cada miembro de la familia se enfrent� con la recta mirada del reci�n llegado, hasta que, de repente, el enfrentamiento fue entre los duros ojos azules de Charlie y los casta�os de Joseph, entre la furiosa confusi�n de Charlie y la perfecta compostura de Joseph, de la que toda expresi�n de triunfo hab�a sido cuidadosamente eliminada, a pesar de lo cual a Charlie le constaba que no era m�s que una m�scara para ocultar otros pensamientos y otros motivos.
Con calma, Joseph dijo:
-�Mucho gusto, Charlie.
Y se estrecharon la mano. A continuaci�n se produjo un instante de teatral silencio e inmovilidad. Y, luego, como si al fin hubiera sido liberada de su cautividad y volara libremente por vez primera, en el rostro de Joseph apareci� una ancha sonrisa, joven como la de un colegial y dos veces m�s contagiosa. Joseph dijo:
-�Pensaba que Charlie era un nombre de chico.
Charlie dijo:
-�Pues soy una chica.
Y todos rieron, incluida Charlie, antes de que la luminosa sonrisa de Joseph se retirara bruscamente a los estrictos l�mites de su confinamiento.
Durante los pocos d�as de libertad que a la familia le quedaban, Joseph se convirti� en su mascota. Con el alivio de la partida de Alastair aceptaron cordialmente a Joseph. Lucy le hizo proposiciones, pero Joseph declin� cort�smente la oferta, e incluso cabe decir que declin� con renuencia. Lucy comunic� tan triste noticia a Pauly, quien tambi�n hizo proposiciones a Joseph, s�lo para recibir otra negativa un poco m�s firme que la dirigida a Lucy, lo cual era otra confirmaci�n de que Joseph hab�a hecho votos de castidad. Despu�s de la partida de Alastair, la familia comenz� a pensar en la posibilidad de relajar un poco las normas de su convivencia. Sus breves matrimonios se estaban rompiendo y las nuevas combinaciones que idearon de nada sirvieron para salvarlos. Lucy cre�a que probablemente estaba embarazada, aunque esto era algo que Lucy cre�a a menudo, y casi siempre con toda la raz�n del mundo. Los grandes debates pol�ticos se hab�an extinguido por falta de fuerza impulsora de ellos, ya que lo �nico que los miembros de la familia sab�an era que el Sistema estaba en contra de ellos y que ellos estaban en contra del Sistema. Pero en Mikonos es un poco dif�cil encontrar al
Sistema, principalmente cuando el Sistema le ha enviado a uno all�, en avi�n, pagando el Sistema. Por la noche, en la casa de campo, mientras cenaban con pan, tomate, aceite de oliva y retsina, comenzaron a hablar nost�lgicamente de la lluvia y de los fr�os d�as de Londres, y de las calles en las que se ol�a al desayuno dominical de tocinilla. La partida de Alastair y la incorporaci�n de Joseph les dio una nueva perspectiva. Aceptaron a Joseph �vidamente. No contentos con recabar la compa��a de Joseph en la playa y en la taberna, le ofrecieron una velada en la casa de campo, una Joseph-Abend, como la llamaron, y Lucy en su papel de futura madre sac� platos de papel, taramasalata, queso y fruta.
Charlie, sinti�ndose a merced de Joseph, en m�ritos de la partida de Alastair, y atemorizada por sus propios y desordenados sentimientos, fue el �nico miembro de la familia que se mantuvo alejado de Joseph, diciendo:
-��Es que no veis, idiotas, que es un falsario de cuarenta a�os? �No lo veis? Claro, es que no pod�is verlo. Sois un hatajo de falsarios drogados y por esto no lo pod�is ver. No lo pod�is ver literalmente.
El comportamiento de Charlie les dej� a todos intrigados. �Qu� hab�a sido de su antigua generosidad espiritual? Arg��an: �C�mo puede ser un falsario si no pretende nada? �Vamos Chas, dale una oportunidad! Pero Charlie no quer�a. En la taberna se estableci� de forma espont�nea un orden de lugares en la mesa. Joseph, por voluntad popular, presid�a la alargada mesa, sent�ndose en medio, siempre discreto, con la mirada atenta, y diciendo muy poco. Pero Charlie, en el caso de que acudiera a la taberna, se sentaba, nerviosa o atontada, lo m�s lejos posible de Joseph, a quien despreciaba por ser demasiado accesible a todos. Charlie dijo a Pauly que Joseph le recordaba a su padre. Y lo dijo como si ello fuera un dram�tico descubrimiento. Joseph ten�a el mismo encanto hipocrit�n que su padre: �Aunque retorcido, Pauly, retorcido, pero no lo digas a nadie.� Si, Charlie se hab�a percatado de ello con una sola mirada.
Pauly jur� que nada dir�a a nadie.
Aquella misma noche, Pauly explic� a Joseph que a Charlie le hab�a dado una de sus man�as en contra de los hombres. No, no era nada personal, era antes bien pol�tico. La asquerosa madre de Charlie era una maldita conformista, y su padre era un chorizo, dijo Pauly.
Joseph, con una sonrisa que indicaba que conoc�a bien a los chorizos, dijo:
-��Su padre es un chorizo? Me parece maravilloso. H�blame del padre de Charlie.
As� lo hizo Pauly, a quien le gust� mucho poder hacer confidencias a Joseph. En lo tocante a confidencias, Pauly no fue el �nico en hac�rselas a Joseph, ya que despu�s del almuerzo o de la cena, siempre hab�a dos o tres miembros de la familia que se quedaban para hablar de su talento teatral con su nuevo amigo, o bien hablaban de sus amor�os o de los grandes sufrimientos que ser artista comporta. Si sus confesiones corr�an peligro de carecer de picante inter�s, les a�ad�an datos imaginarios, con el fin de que Joseph no se aburriera. Joseph los escuchaba gravemente, efectuaba graves movimientos afirmativos con la cabeza, e incluso re�a un poco, gravemente. Pero jam�s les daba consejos, ni tampoco, cual no tardaron en descubrir con gran pasmo y admiraci�n, difund�a lo que le comunicaban. Guardaba dentro de s� todo lo que le dec�an. Mejor a�n, Joseph jam�s contestaba con sus mon�logos los mon�logos de los dem�s, ya que prefer�a estimular soterradamente el habla de los otros mediante cautelosas preguntas acerca de ellos mismos, e incluso acerca de Charlie, ya que �sta estaba muy presente en los pensamientos de los miembros de la familia.