Un Puente Al Amor
- Автор: Spencer LaVyrle
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Un Puente Al Amor». Краткое содержание книги:
Sin embargo, cuando el otro hijo de la pareja, Randy, casi muere a causa de una sobredosis, los sentimientos de Bess y Michael dan un vuelco inesperado que les abre los ojos a una verdad que siempre había estado allí pero que ellos se obstinaban en no ver…
Bess miró en derredor y tiritó. Después alzó la vista hacia la hilera de ropa colgada.
– No creo que ninguna de las dos pueda llegar. En el lavadero hay una escalerita. ¿Te importaría traerla, Lisa?
Cuando Lisa salió, Bess empezó a apartar cajas y muebles pequeños, una red de bádminton, una funda con una guitarra de veinticinco dólares que habían comprado a Randy cuando tenía doce años, antes de que descubriera su pasión por los instrumentos de percusión. Algunas cajas de cartón tenían etiquetas: ropa de bebé, muñecas de Lisa, juegos, cuadernos escolares. Representaban muchos años de recuerdos acumulados.
Lisa volvió y, mientras Bess colocaba la escalerita en el estrecho espacio, aquélla abrió una caja.
– Oh, mamá, mira…
De una caja de puros sacó una foto escolar en la que aparecía ella; le faltaban los dos incisivos y llevaba el pelo peinado con la raya al lado y sujeto con un pasador.
– Segundo curso, con la señorita Peal. Donny Carry decía que estaba enamorado de mí y todas las mañanas dejaba sobre mi pupitre unos caramelos en forma de corazón, con un mensaje diferente cada vez. «Quiero que seas mía, preciosa.» Era una verdadera conquistadora, ¿eh, mamá?
Bess miró la foto.
– Oh, recuerdo ese vestido. La abuela Dorner te lo regaló por Navidad y te lo ponías siempre con calcetines colorados y zapatos de charol.
– Papá solía llamarme su pequeño duende cuando lo llevaba.
– Hace mucho frío aquí -observó Bess-. Busquemos el vestido y subamos.
Bess cogió el traje de novia, y Lisa, la caja de cigarros. Mientras ascendían por la escalera, Lisa ojeaba los boletines, las viejas fotos dobladas y las notas de sus amigos de la infancia. Bess retiró del vestido la polvorienta bolsa de plástico y lo sacudió. Lo llevó arriba y encontró a Lisa en su antigua habitación, sentada sobre la cama con las piernas cruzadas.
– Mira esto…
Bess tomó asiento a su lado, con el traje doblado sobre su regazo.
– Es una nota de Patty Larson -continuó Lisa-. «Querida Lisa, te espero en el descampado después del almuerzo; trae tu muñeca Melody y todas tus Barbies y organizaremos un concierto.» ¿Te acuerdas de que Patty y yo acostumbrábamos hacer eso? Teníamos unas linternitas de bolsillo y simulábamos que eran micrófonos, colocábamos a las muñecas como si fueran nuestro público y cantábamos.
Abrió los brazos, chasqueó los dedos y entonó un par de estrofas de Don’t go breaking my heart. Cuando hubo terminado, se echó a reír y añadió:
– Recuerdo que una vez organizamos un espectáculo para ti y papá. Nos vestimos con algunos trajes de baile de su hermana, fabricamos unos pequeños boletos y les cobramos la entrada.
Bess también se acordaba. Sentada junto a Bess, desabrochó los botones de la espalda de su vestido de novia al tiempo que evocaba esos días felices, antes de que empezaran los problemas entre ella y Michael. Aunque en ocasiones le embargaba la nostalgia, era una persona realista que sabía que no eran más que relámpagos pasajeros. Ella y Michael nunca volverían a ser marido y mujer, por mucho que Lisa lo deseara.
– ¿Por qué no te pruebas el vestido? -sugirió con dulzura.
Lisa dejó a un lado la caja de cigarros y se puso en pie. Minutos después Bess pasó veinte presillas de raso alrededor de veinte botones de perla mientras Lisa se miraba en el espejo del tocador.
– Me queda bien -comentó Lisa.
– Yo usaba entonces la talla treinta y ocho, tú gastas la treinta y seis. Aunque en estas pocas semanas que faltan te aumente un poco la tripita, no habrá ningún problema.
Las dos estudiaron la imagen de Lisa en el espejo. El vestido tenía un cuello levantado recamado con mostacilla, sobre un corpiño de encaje en forma de V que terminaba con una punta sobre el estómago. Las mangas eran abombadas, largas hasta el codo, y de la amplia falda de raso partía una cola ribeteada con bordados de cuentas y lentejuelas. A pesar de llevar tanto tiempo guardado, no estaba descolorido.
– Es precioso, ¿verdad, mamá?
– Sí, lo es. Recuerdo lo contenta que me puse cuando mi madre dijo que podía comprarlo. Por supuesto, era uno de los más caros en la tienda, y pensé que diría que no, pero ya conoces a tu abuela. Le caía tan bien tu padre que habría accedido a cualquier cosa cuando se enteró de que iba a casarme con él.
Sin previo aviso, Lisa se apartó del espejo y se dirigió a la puerta.
– ¡Espera un minuto! -exclamó mientras salía.
– ¿Adónde vas?
– Enseguida vuelvo. ¡Quédate ahí!
Bajó por la escalera a toda prisa y regresó un minuto después. Entonces se dejó caer sobre la cama con un álbum de fotos sobre la falda.
– Estaba donde siempre, en la estantería del salón -explicó casi sin aliento.
– ¡Lisa, no revuelvas esas cosas del pasado!
Lisa había traído el álbum de la boda de Bess y Michael.
– ¿Por qué no? Quiero verlas.
– A mí no me apetece.
– Quiero ver cómo te quedaba el vestido.
– Tú deseas ver las cosas tal como solían ser, pero esa parte de nuestra vida terminó. Papá y yo estamos divorciados y así vamos a seguir.
– ¡Oh, mira…!
Lisa había abierto el álbum. Allí estaban Michael y Bess en un primer plano, mejilla contra mejilla; el velo de ella formaba una aureola alrededor de los dos.
– Estabas maravillosa, mamá, y papá… ¡guau, míralo!
Bess se conmovió. Se había mostrado intransigente durante años y empezaba a comprender el daño que su actitud había causado a sus hijos. En este punto decisivo de su vida, Lisa necesitaba evocar el pasado. Prohibirle explorar en él era negarle una parte de su herencia. Por otro lado, hacerle creer que existía una posibilidad de reconciliación entre sus padres era un verdadero desatino.
– Lisa, querida… -Bess le tomó la mano. Lisa la miró a los ojos-. Tu padre y yo tuvimos algunos años maravillosos.
– Lo sé. Los recuerdo.
– Me gustaría que las cosas hubieran ido mejor entre nosotros, pero no fue posible. Quiero que sepas, sin embargo, que me alegra que nos hayas obligado a relacionarnos. Aun cuando tu padre y yo no volvamos a estar juntos, es mejor que no exista animosidad entre nosotros.
– Papá dijo que estabas espléndida la noche de la cena.
– Lisa, querida, estás prendiendo los alfileres de tus esperanzas en el vacío.
– Bueno, ¿qué piensas hacer? ¿Casarte con Keith?
– ¿Quien piensa en casarse? Soy feliz así, como estoy. Tengo buena salud, el negocio marcha bien. Me mantengo ocupada, os tengo a ti y a Randy…
– ¿Y qué ocurrirá cuando Randy decida crecer? ¿Cuando se independice? -Señaló las paredes y agregó-: ¿Te vas a quedar sola en esta enorme casa vacía?
– Lo decidiré cuando llegue el momento.
– Mamá, prométeme una sola cosa… Si papá trata de acercarse a ti, te invita a salir o algo parecido, no te pongas furiosa ni lo humilles, por favor. Creo que intentará algo. Vi cómo te miraba mientras cenábamos.
– Lisa…
– Eres aún una mujer atractiva, mamá.
– ¡Lisa!
– Y en cuanto a papá, es uno de los hombres más apuestos de los alrededores.
– No quiero seguir hablando del asunto -zanjó Bess.
Después de esta conversación, Lisa se marchó pronto y se llevó el vestido para llevarlo a la tintorería. Bess subió al primer piso para apagar las luces de la antigua habitación de Lisa. Allí, sobre la cama, estaba el álbum de su boda, encuadernado en cuero blanco y con unas letras doradas que rezaban: bess y michael curran, 8 de junio de 1968.