Un Puente Al Amor
- Автор: Spencer LaVyrle
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Un Puente Al Amor». Краткое содержание книги:
Sin embargo, cuando el otro hijo de la pareja, Randy, casi muere a causa de una sobredosis, los sentimientos de Bess y Michael dan un vuelco inesperado que les abre los ojos a una verdad que siempre había estado allí pero que ellos se obstinaban en no ver…
– Esto es todo -dijo Michael.
– Debo reconocer que estoy impresionada -afirmó Bess.
– Gracias.
Regresaron al amplio comedor.
– El edificio está muy bien integrado en el paisaje -explicó Bess-, y es admirable el modo en que el arquitecto aprovechó los árboles, la orilla del lago y el pequeño parque contiguo… Es preciso tener todos estos elementos en cuenta para realizar el diseño interior. En realidad, el exterior se traslada al interior a través de estas magníficas cristaleras, al tiempo que los árboles otorgan privacidad.
Bess midió el largo de la habitación mientras admiraba la vista a través de las ventanas y Michael permanecía de pie junto a la chimenea, con las manos en los bolsillos del pantalón.
– Es curioso -meditó Bess en voz alta-. Los clientes a menudo se sorprenden al saber que los arquitectos y los diseñadores de interiores raras veces nos llevamos bien. El motivo es que ellos no toman en consideración el espacio interior y en consecuencia, nosotros debemos resolver los problemas que no se solucionaron durante la edificación. En este caso no es así. Este hombre sabía muy bien lo que hacía.
– Le comentaré que lo has dicho -repuso Michael sonriente-. Trabaja para mí.
Bess lo miró desde el extremo opuesto del salón.
– ¿Tu construiste el edificio?
– No exactamente. Urbanicé la propiedad. El municipio de White Bear Lake me contrató y me encargó la construcción.
Bess arqueó las cejas en un gesto de aprobación.
– No tenía idea de que te ofrecieran proyectos tan importantes. ¡Felicidades!
Michael inclinó la cabeza en una simpática muestra de humildad y orgullo combinados.
Bess supuso que el edificio debía de valer varios millones de dólares, y si el ayuntamiento le había propuesto el trabajo, debía de ser porque se había ganado una brillante reputación. De modo que los dos… Michael y ella… habían hecho grandes progresos desde su separación.
– ¿Te importaría enseñarme el resto de las habitaciones mientras charlamos? -preguntó Bess.
– En absoluto.
– De esa manera me familiarizo con las distintas piezas, me fijo en cómo incide la luz y qué espacio debe ser llenado.
Se miraron sonriendo y se dirigieron a la galería, donde se detuvieron debajo de la araña. Bess apoyó su carpeta contra la cadera.
– Ahora pasemos a las preguntas. Me temo que he hablado demasiado cuando tendría que ser al revés. Estoy aquí para escucharte.
– Adelante, pregunta.
– ¿Elegiste tú la moqueta?
Bess había notado que era igual en todas las salas, salvo en la cocina y los baños. Le sorprendía que Michael hubiera escogido ese color.
– No, estaba aquí cuando me instalé. Lo que sucedió fue que vendieron este piso a un matrimonio mayor llamado Sawyer. La señora Sawyer eligió la moqueta y la hizo colocar, pero antes de que se mudaran el marido murió y ella decidió quedarse donde estaba.
– ¿Te gusta?
– No está mal -respondió Michael.
– No pareces muy convencido.
Michael apretó los labios y examinó el suelo.
– Puedo vivir con ella.
– Asegúrate de que así sea antes de que diseñemos el interior, y ten presente que el color influye en tu energía, en tu productividad, en tu capacidad para relajarte, al igual que influye en la luz y el espacio. Tienes que rodearte de colores con los que te sientas cómodo.
– Puedo vivir con ella -repitió él.
– Si lo deseas es posible suavizar el tono, hacerlo más masculino resaltando el gris sobre rosa, o bien intercalando algunos tramos en negro. ¿Qué te parece?
– De acuerdo.
– ¿Tienes alguna muestra de la moqueta que pueda llevarme?
– En el armario de la entrada, sobre el estante. Te la daré antes de que te vayas.
– ¿Te gustan las paredes revestidas de espejos?
– ¿Aquí?
Michael alzó la mirada. Todavía estaban en la galería octogonal.
– Un espacio como éste ganaría mucho con espejos -explicó Bess-. El reflejo de la araña en cuatro paneles crearía un efecto espectacular.
– Sin duda. Déjame pensarlo.
A continuación entraron en la habitación con la mesa de dibujo.
– ¿Aquí es donde trabajas?
– Sí.
– ¿Cuándo?
– En especial por las noches. Durante el día estoy en la oficina.
Bess se acercó a la mesa.
– ¿Trabajas…? -De pronto se interrumpió. Pegada con cinta adhesiva a un flexo había una fotografía de sus hijos, tomada en el patio trasero de la casa cuando contaban siete y nueve años, después de una batalla con agua. Los dos tenían pecas y sonreían con los ojos entrecerrados bajo el intenso sol del vera no. A Randy le faltaba un diente incisivo y el cabello de Lisa estaba mojado.
– ¿Me preguntabas si trabajo…? -recordó Michael. Bess sabía muy bien que había notado su reacción, pero su visita era profesional y no había lugar para los comentarios personales.
– ¿Trabajas todas las noches?
– Últimamente, sí.
No agregó que lo hacía desde que Darla y él se separaron, pero no tuvo necesidad de mencionarlo. Era evidente que se sentaba en esa habitación y lamentaba algunas cosas.
– ¿Necesitarás tener un escritorio en esta habitación? -preguntó Bess.
– Sería conveniente.
– ¿Archivadores?
– No hace falta.
– ¿Estanterias?
– Quizá -contestó Michel.
– De acuerdo… Sigamos.
Entraron en la otra habitación de invitados, luego en el aseo; volvieron a la galería, pasaron a la cocina y regresaron al salón.
– ¿Te gusta el art déco, Michael?
– Lo encuentro un poco adusto, pero he visto algunas cosas que me han atraído.
– ¿Y el vidrio? Por ejemplo, mesas con superficie de vidrio en lugar de madera.
– Cualquiera de las dos está bien.
– ¿Celebrarás fiestas en la habitación?
– Tal vez.
– ¿A cuántas personas invitarías, más o menos?
– No lo sé -respondió Michael.
– ¿Tal vez doce?
– No lo creo.
– ¿Seis?
– Supongo que sí.
– ¿Serán fiestas formales o informales?
– Informales, probablemente.
– Comidas…
Bess fue hasta el extremo de la habitación, donde estaba la lámpara de araña, estudió el cambio de luz sobre la alfombra e imaginó el espacio amueblado.
– ¿Organizarás comidas para seis? -inquirió.
– ¿Por qué no? Antes solía hacerlo.
– ¿Utilizarás la chimenea?
– Sí.
– ¿Verás la televisión en esta sala?
– No.
– ¿Te gustaría tener aquí un equipo de música?
– Sería mejor en el comedor contiguo a la cocina.
– ¿Prefieres las líneas verticales o las horizontales?
– ¿Qué?
Bess lo miró y sonrió.
– Por lo general esta pregunta siempre desconcierta a mis clientes. Las líneas horizontales resultan relajantes, y las verticales, estimulantes.
– Verticales.
– Ah… estimulante. ¿Acostumbras levantarte temprano o tarde?
– Temprano.
Bess ya lo sabía, pero tenía que preguntar.
– ¿Y qué sueles hacer al acabar el día? ¿Ves la televisión?
– Pues… -Michael vaciló.
– ¿Sueles salir de noche?
Él se rascó la nuca y sonrió con picardía.
– Hubo una época en que trasnochaba con frecuencia, pero es curioso cómo te cambian los años.
Bess sonrió y a continuación observó el techo.