Enamorado de Gracie
- Автор: Mallery Susan
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Enamorado de Gracie». Краткое содержание книги:
¿Y cómo podría olvidarlo si a cada momento se encontraba con Riley? El que en otro tiempo había sido el chico rebelde del pueblo había regresado buscando el respeto de los demás, pero las chispas que saltaban cada vez que se veían eran demasiado salvajes. Gracie había decidido guardar las distancias, pero cuando alguien se empeñó en arruinar la reputación de ambos, descubrieron que, a veces, el primer amor mejoraba con los años…
– Exactamente.
Gracie suspiró y se dispuso a seguir a la secretaria hasta el último piso del edificio del banco Una vez allí, la secretaria la acompañó al despachó de Riley.
– ¿Es tu tío? -preguntó, señalando el cuadro que dominaba la estancia.
– Sí. Me han dicho que me parezco mucho a él.
– Eso no puede ser bueno -observó ella, tras contemplar más detenidamente el cuadro-. Sé lo que estás pensando.
– Lo dudo.
– No te estaba acosando ni vigilando ni nada por el estilo. Simplemente me sentía algo nerviosa por el hecho de venir a verte, por lo que estaba tratando de reunir el valor suficiente.
– ¿Qué decidiste?
– Que sería mejor que te llamara por teléfono.
– Ahora ya estás aquí.
– Ya lo sé.
Tomó asiento y se colocó el bolso en el regazo. Rebuscó en él hasta que encontró el tubo de antiácidos y se metió un par de ellos en la boca.
Pensó que Riley estaba muy guapo. No sabía si era por el elegante traje, el contraste entre el cabello oscuro y la camisa blanca y la corbata, pero no podía apartar los ojos de él.
– Tomas muchos de esos -observó él, señalando el tubo.
– Tengo un estómago muy sensible que reacciona fácilmente al estrés.
– ¿Has ido a ver a un médico?
– ¡Ni hablar! -exclamó ella, tras volver a meter el tubo en el bolso-. Los médicos querrían hacer un montón de desagradables pruebas. Además, ¿y si hay algo malo? No quiero saberlo.
– Sin embargo, así te lo podrían solucionar.
– Mira, no he venido a hablar de mi salud. ¿Te importa que hablemos? -preguntó ella, cambiando rápidamente de tema.
– Por supuesto que no.
– Yo… -susurró ella. Dado que ya contaba con la atención de Riley, no sabía por dónde empezar-. Yo… Bueno, se trata de un par de cosas. En primer lugar, de mi hermana. He descubierto que tiene una cierta tendencia a exagerar las cosas, especialmente en lo que se refiere a Zeke. No estoy segura de que él esté haciendo algo.
– Por supuesto que lo está haciendo.
– ¿Cómo lo sabes? -preguntó ella, muy sorprendida por aquella respuesta,
– Él mismo me lo ha dicho. Cuando le dije que me contara lo que estaba haciendo, admitió que había algo, pero me juró que no tenía nada que ver con su matrimonio y que no se trataba de nada ilegal. Me dijo que no había otra mujer.
– Oh… Bueno, eso significa que ya no tenemos que seguir vigilándole. Al menos, yo no quiero seguir haciéndolo. Si tú sí lo deseas, depende de ti Espero que no se esté acostando con Pam. Eso sería… Demasiado desagradable. Y, hablando de Pam, ella vino a visitarme hoy y me ofreció alquilarme su nueva cocina industrial en el hotel que está a punto de abrir. Aunque no me gusta estar implicada con ella en nada, me imaginé que podría utilizarla y así ver qué hace ella. Desde la distancia, por supuesto.
Riley se puso de pie y rodeó el escritorio. Entonces se sentó sobre la mesa, muy cerca de Gracie
– ¿Qué es lo que te ha dicho?
– Bueno, sabe que hago pasteles y me ha ofrecido sus hornos por un precio, por supuesto. Fui a verlos y me parecieron fabulosos, por lo que acordamos que yo se los iba a alquilar para poder trabajar allí.
– Me parece un buen plan. Entonces, ¿por qué no me pareces demasiado contenta?
– No me pasa nada. Estoy bien.
– Mira, Gracie, a mi no me engañas. Sé que ha ocurrido algo.
– Yo… -susurró ella, tragando saliva-. Bueno, mi madre vino a verme hace un par de días. No estaba muy contenta con la foto del periódico ni con el artículo. Me dijo que yo iba a hacer que volvieran a empezar las habladurías. Que lo que había hecho durante la adolescencia era malo, pero que ahora resultaba patético. Yo creo que sería mejor que no siguiéramos investigando juntos -añadió, sin dejar dé mirar el suelo-. Así, la gente no hablará de nosotros. Yo puedo afrontar muchas cosas, pero que me llamen patética no es una de ellas. Entre haber regresado, los pedidos que tengo que hacer, mis hermanas y todo lo demás…
Riley la contempló durante un instante. Entonces, le tomó las manos y la hizo ponerse de pie. Antes de, que ella pudiera hablar, la tomó entre sus brazos.
– Las familias lo fastidian todo -murmuró contra el cabello de Gracie-. Mira lo que mi tío me está haciendo a mí.
– Jamás me había parado a pensarlo antes y no lo quiero pensar ahora, pero tal vez tengas razón.
– Por supuesto que la tengo.
Por mucho que a Riley le gustara tenerla en brazos, la soltó y le enmarcó el rostro entre las manos.
– Tú no eres patética -afirmó-. Nadie cree que lo seas. Si tu madre te ha dicho eso, se equivoca. No sé que le ha llevado a decir eso pero no es tu problema. ¿Me comprendes?
Gracie asintió. A Riley le dio la sensación de que ella estaba a punto de echarse a llorar. Trató de ser fuerte, pero, como todos los hombres, sería capaz de hacer cualquier cosa para evitar que una mujer se echara a llorar. Por lo tanto, hizo lo único que se le ocurrió para distraerla.
La besó.
Capítulo 8
Mientras abrazaba a Riley, Gracie pensó que aquello no era tan buena idea. Se suponía que debía apartarse de él, ser fuerte y…
“Al diablo”, pensó. Cerró los ojos y se entregó en cuerpo y alma a aquel beso. Riley olía tan bien… Sabía tan bien… ¿Qué idiota sería capaz de apartarse de alguien así?
Sin dejar de acariciarle el rostro con los dedos, él profundizó el beso. Gracie abrió los labios. Dejaba que él la reclamara por completo de un modo que la hiciera olvidarse del resto del mundo. La lengua de él danzaba con la suya y le provocaba deliciosos escalofríos por la espalda.
La calidez que emitía su cuerpo le hizo desear fundirse con él para no volver a sentir el frío. Era tan fuerte, tan sólido… El deseo se apoderó de ella. Las llamas de la necesidad empezaron a consumirle el sentido común y la hacían pensar en otras posibilidades. El escritorio era muy grande y se apostaba algo a que la puerta tenía pestillo. Sin duda, una hora o dos en brazos de Riley le curarían todas sus penas.
Se acercó un poco más a él y se frotó contra su cuerpo. Deseaba que sus cuerpos se rozaran por todas partes. Sentía los senos henchidos. Quería que él se los tocara, allí y entre las piernas, donde la necesidad era más intensa.
Riley lanzó un juramento en voz baja y la agarró por las caderas para unirla más a él. Tenía una potente erección. Al notarlo, Gracie se excitó aún más. Cerró los labios para aprisionarle la lengua y sorbió suavemente.
Cuando lo soltó, Riley se apartó lo suficiente para poder besarle la mandíbula y luego el cuello. Las sensaciones le pusieron la piel de gallina y las piernas empezaron a temblarle. Si no hubiera estado abrazada a él, la necesidad que sintió en aquellos momentos habría hecho que se desmoronara al suelo.
Entonces, lo sintió y comprendió lo único que les había faltado a sus anteriores relaciones. Chispas
Surgieron como una andanada de fuegos artificiales, abrasándole el cerebro y cegándola por completo
¿Chispas? ¿Con Riley?
Gracie no estuvo segura si fue ella la que se apartó o Riley quien la soltó. De repente, había una buena distancia entre ellos. La mente de Gracie se sentía completamente desorientada, como si se hubiera drogado o como si hubiera dormido demasiado durante el día y no pudiera despertarse.
– ¿Gracie?
– Estoy bien -respondió ella, buscando frenéticamente el bolso. Al fin, lo vio debajo de la silla-. Esto ha sido una mala idea -añadió, mientras se agachaba para recogerlo-. Una idea muy mala. Muy mala, pero que muy mala.
– Ya lo he comprendido. Pareces disgustada.
– Estoy estupenda -respondió Gracie, esperando que la creyera-. Genial. Ahora tengo que marcharme. Que tengas un buen día
Prácticamente salió corriendo del despacho. No quería reconocer la verdad. Chispas. Brillantes y relucientes. “Con Riley no”, se dijo, mientras salía corriendo hacia el coche y prácticamente se arrojaba al interior. Con cualquiera menos con Riley. No era justo. Ni siquiera era razonable.