Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Эпическое фэнтези » Los Portales de Piedra
Los Portales de Piedra - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Los Portales de Piedra

Электронная книга - «Los Portales de Piedra». Краткое содержание книги:

Los sellos de Shayol Ghul se han debilitado y la presencia del Oscuro se hace cada vez más evidente.En Tar Valon, Min es testigo de hechos portentosos que vaticinan un horrible futuro. Los Capas Blancas buscan en Dos Ríos a un hombre con los ojos dorados y siguen el rastro de Dragón Renacido. Mientras tanto, Rand al’Thor se dedica a tomar sus propias y sorprendentes decisiones.
1 ... 213 214 215 216 217 218 219 220 221 ... 341
Перейти на страницу:

—La Filosofía de la Hoja no es para todo el mundo —arguyó Faile suavemente, pero Ila volvió a sacudir la cabeza.

—Es para todos —contestó con idéntica suavidad y un leve dejo de tristeza— si la conocieran.

Entonces se marchó y Faile tomó asiento al borde de la cama; le enjugó el rostro con un paño doblado. Por alguna razón, transpiraba abundantemente.

—He cometido un grave error —dijo Perrin al cabo de un rato—. No, eso es demasiado suave. No sé la palabra exacta para calificar lo que he hecho.

—No cometiste ningún error —lo contradijo con firmeza—. Hiciste lo que te pareció indicado en ese momento. Y lo era. No imagino cómo pudieron atacarnos por detrás. Gaul no es de los que se equivocan respecto a la posición de un enemigo. Ihvon tenía razón, Perrin. A cualquiera pueden sorprenderlo los acontecimientos cuando surgen cambios imprevistos. Mantuviste unido a todo el mundo. Nos sacaste de allí.

El joven sacudió enérgicamente la cabeza, con lo que el dolor del costado empeoró.

—Ihvon nos sacó. Lo único que hice yo fue conseguir que mataran a veintisiete hombres —dijo amargamente mientras intentaba sentarse para mirarla a la cara—. Algunos de ellos eran amigos míos, Faile, y murieron por mi culpa.

Faile apoyó el peso sobre sus hombros para obligarlo a tenderse otra vez. Prueba de lo débil que estaba fue la facilidad con que lo consiguió.

—Habrá tiempo de sobra para eso por la mañana —argumentó con firmeza, mirándolo a los ojos—, cuando tengamos que subirte otra vez a tu caballo. No fue Ihvon quien nos sacó de allí. Aparte de él y tú, me parece que le importaba poco si los demás salíamos con vida o no. Esos hombres se habrían desperdigado en todas direcciones de no ser por ti y les habrían dado caza a todos. No se habrían mantenido juntos por Ihvon, un extraño. En cuanto a tus amigos… —Suspirando, volvió a sentarse—. Perrin, mi padre dice que un general puede ocuparse de los vivos o llorar por los muertos, pero nunca las dos cosas.

—Yo no soy un general, Faile. Soy un estúpido herrero que creyó que podía utilizar a otras personas para que lo ayudaran a hacer justicia o quizá para cobrarse venganza. Y todavía lo deseo, pero ya no quiero usar a nadie más.

—¿Acaso crees que los trollocs van a marcharse sólo porque has decidido que tus motivos no son puramente desinteresados? —Su tono indignado le hizo levantar la cabeza, pero la joven lo obligó a recostarse de nuevo en la almohada casi con rudeza—. ¿Son por ello menos viles? ¿Necesitas una razón más altruista para luchar contra ellos que el simple hecho de que sean unas bestias sanguinarias? Hay otra cosa que dice mi padre: el peor pecado que puede cometer un general no es decidir una táctica equivocada ni perder una batalla, sino abandonar a los hombres que dependen de él.

Alguien llamó a la puerta y un gitano joven y apuesto, vestido con una chaqueta a rayas rojas y verdes, asomó la cabeza. Lanzó una sonrisa a Faile que rebosaba encanto personal y luego miró a Perrin.

—El abuelo me dijo que eras tú y me pareció recordar que Egwene comentó que procedía de esta comarca. —De repente frunció el entrecejo, desaprobadoramente—. Tus ojos. Por lo que veo has emulado a Elyas y corres con lobos, después de todo. Estaba seguro de que nunca adoptarías la Filosofía de la Hoja.

Perrin lo conocía; era Aram, el nieto de Raen y de Ila. Sonreía igual que Wil.

—Vete, Aram. Estoy cansado.

—¿Ha venido Egwene?

—Egwene es ahora una Aes Sedai, Aram —gruñó—, y te arrancaría el corazón con el Poder Único si le pidieras que bailara contigo. ¡Vete!

El joven gitano parpadeó y cerró la puerta con premura. Perrin dejó caer la cabeza en la almohada.

—Sonríe demasiado —rezongó—. No soporto a los hombres que sonríen cada dos por tres.

Faile hizo un ruido ahogado, y Perrin la observó con desconfianza. Se estaba mordiendo el labio inferior.

—Tengo algo en la garganta —se disculpó ella con voz estrangulada al tiempo que se incorporaba raudamente. Se dirigió hacia la ancha repisa que había a los pies de la cama, donde Ila había estado preparando el ungüento, y permaneció de espaldas mientras vertía agua de una jarra roja y verde en un cubilete azul y amarillo—. ¿Te apetece beber algo? Ila ha dejado estos polvos que alivian el dolor. Te ayudarían a dormir.

—No quiero polvos —replicó—. Faile, ¿quién es tu padre?

Notó que la espalda de la joven se ponía rígida. Al cabo de un momento, se dio media vuelta con el cubilete en las dos manos y una expresión inescrutable en los rasgados ojos.

—Mi padre es Davram de la casa Bashere, lord de Bashere, de Tyr y de Sidona, Guardián de la Frontera de la Llaga, Defensor de la Tierra Interior, mariscal de la reina Tenobia. Y su tío.

—¡Luz! ¿Y todo eso que contaste sobre que era un mercader de maderas o un tratante de pieles? Si no recuerdo mal, en otra ocasión era un criador de ovejas.

—No mentí —replicó, cortante, aunque su tono se suavizó al añadir—: Únicamente callé parte de la verdad. Las haciendas de mi padre producen buenas maderas, pieles y ovejas y varias cosas más. Y sus administradores venden los productos, así que es verdad que comercia. En cierto modo.

—¿Y por qué no me lo contaste abiertamente? Ocultaste cosas. Mentiste. ¡Eres una noble! —La miró ceñudo, acusadoramente. No se había esperado algo así. Que su padre fuera un pequeño mercader o un soldado retirado, tal vez, pero no esto—. Luz, ¿qué haces viajando de aquí para allí como una cazadora del Cuerno? Y no me vengas con que el señor de Bashere y todos los demás títulos te envió en busca de aventuras.

Sin soltar el cubilete, Faile volvió a tomar asiento en la cama, a su lado. Lo miró intensamente.

—Mis dos hermanos mayores murieron, Perrin. Uno, luchando contra los trollocs y el otro, al caer de su caballo en una cacería. Eso me convirtió en la mayor, lo que significaba que tenía que aprender comercio y llevar los libros de cuentas. Mientras mis hermanos más pequeños aprendían a ser soldados, mientras se preparaban para una vida de aventuras, tuve que aprender a dirigir las haciendas. Es la obligación del mayor. ¡El deber! Resulta monótono, pesado y aburrido. Estás enterrado entre papeles y rodeado de amanuenses y burócratas.

»La gota que colmó el vaso fue cuando padre se llevó con él a Maedin, que es dos años menor que yo, a la Frontera de la Llaga. En Saldaea a las chicas no les enseñan el manejo de la espada ni las artes de la guerra, pero padre designó a un viejo veterano de su primer cuerpo de tropas como mi guardia personal. Evan, así se llama, se mostró más que dispuesto a enseñarme el manejo de cuchillos y la lucha cuerpo a cuerpo. Creo que le divertía. Fuere como fuere, cuando padre se llevó a Maedin acababa de llegar la noticia de que se había convocado la Gran Cacería del Cuerno, así que me marché. Escribí una carta a madre explicándolo y… me fui. Llegué a Illian justo a tiempo de prestar el juramento del cazador. —Cogió el paño y enjugó de nuevo el sudoroso rostro del joven—. Realmente deberías dormir un poco.

—Deduzco, pues, que eres lady Bashere o algo por el estilo, ¿no? ¿Cómo llegó a gustarte un simple herrero?

—La palabra es «amar», Perrin Aybara. —El timbre firme de su voz marcaba un raro y agudo contraste con la suave gentileza con que el paño se movía sobre su cara—. Y, a mi entender, no eres un simple herrero. —El paño se detuvo de repente—. Perrin, ¿qué quiso decir ese tipo con lo de que corres con lobos? También Raen mencionó al tal Elyas.

El joven se quedó paralizado, conteniendo la respiración. Acababa de reprocharle a ella que le había ocultado cosas. Esto le pasaba por encolerizarse y no pensar antes de hablar. Cuando se golpea con el martillo con precipitación, por lo general uno acababa aplastándose el pulgar. Soltó lentamente el aire y se lo contó todo. Cómo había conocido a Elyas Machera y cómo descubrió que podía hablar con los lobos. Cómo sus ojos habían cambiado paulatinamente de color y se habían agudizado sus sentidos de la vista, del olfato y del oído, igual a los de un lobo. Le contó lo del sueño de los lobos. Y lo que le ocurriría si en algún momento llegaba a olvidarse de su condición humana.

1 ... 213 214 215 216 217 218 219 220 221 ... 341
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)