El whisky de los poetas
- Автор: Edwards Jorge
- Год: 1994
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «El whisky de los poetas». Краткое содержание книги:
Con motivo del centenario de su muerte, he descubierto a un gran excéntrico del pasado: Victor Hugo. Hasta hace un tiempo, a pesar de lecturas ocasionales, Victor Hugo era para mi, para la mayoría de la gente de mi generación, un habitante de todos los Panteones de Hombres Ilustres, una estatua, un nombre de plaza o de avenida, una cita recurrente en labios de personajes de la República parlamentaria, la de don Valentín Letelier o don Arturo Alessandri Palma. Se podía trazar una línea cultural directa: Victor Hugo, Castelar, Alessandri, que le hablaba al pueblo de Chile "con el corazón en la mano".
Ahora, a través de la lectura de sus diarios, compruebo que Hugo es un excéntrico actualísimo, aun cuando solía emborracharse con su propia retórica. Sale Victor Hugo de su nicho marmóreo, en las páginas de Choses vues (Cosas vistas), y se presenta ante las miradas modernas. Nos encontramos con un personaje enteramente desconocido. ¡Qué anciano más joven, más vigoroso, más delirante! Cuando estalla la guerra franco-prusiana, en 1870, lleva cerca de veinte años desterrado en la isla de Guernesey. No es un destierro común y corriente. Media Europa ha pasado a visitar al maestro. Desde la isla, los dardos contra el usurpador, contra el Bonaparte republicano que dio un golpe de Estado y se hizo coronar Napoleón III, son demoledores. Es una lucha entre Victor Hugo el grande, el solitario, y el gobernante que él bautizo para la posteridad como Napoleón el Pequeño. Las noticias lo hacen movilizarse con toda su familia, con sus hijos y nietos, con numerosos amigos, con la compañía cercana de Juliette Drouet, su antigua amante, al continente. Primero se instala en Bruselas. Anuncia que entrará pronto a París a combatir contra los prusianos. Como había recibido hacia tiempo el titulo de Par de Francia, los diarios belgas lo llaman "el Par conscripto". Napoleón III "entrega su espada" después de la derrota de Sedán y él viaja de inmediato a París. Declara que acompañará a sus hijos, enrolados en la milicia, cuando salgan a romper el cerco de la capital. Él tiene en ese momento 68 años. Siempre hay multitudes reunidas frente a su ventana. Algunos generales franceses, en la ausencia del Emperador, llegan a pedirle instrucciones. "¡Yo no soy nadie!", exclama él, aunque todos lo vean como encarnación última de la autoridad.
Desde su casa, desde su mesa llena de invitados, el poeta participa en los febriles debates públicos, en los intentos de formar un gobierno que pueda combatir y, a la vez, negociar la paz. Le queda tiempo para escribir poemas y redactar proclamas. El día 13 de septiembre del año 70 está solo en su habitación. Los batallones pasan frente a su ventana cantando la Marsellesa y la Canción del Adiós. "Un francés debe vivir por ella/por ella un francés debe morir". "Yo escucho", anota este anotador notable, que pertenece a la categoría de los escritores anotadores, "y lloro. ¡Adelante, valientes! Iré donde vosotros vayáis." En seguida, en la misma fecha, en párrafo aparte: "Vi a Enjolras (L. Michel). "n." Enjolras era la poetisa revolucionaria Louise Michel, y esa n, en la clave hugoliana, descifrada hoy por sus concienzudos críticos, significaba que la vio "nue", desnuda…
El maestro, excéntrico mayor, anota sus experiencias eróticas con símbolos, con cifras, con medias palabras. El 20 de enero de 1871 socorre a la viuda Matil, madre de cuatro hijos. Agrega las palabras enigmáticas: "poële (paila), suisse (suiza), osc." Henri Guillemin, hugoliano connotado, piensa que "poële" debe interpretarse de acuerdo con el sonido, por el parecido con "poil" (pelo). Ya se ha comprobado, prosigue, que "suisse" alude a los pechos femeninos (¡vaca suiza!). "Osc." significa "osculum" (beso).
Ese 20 de enero visita también a la viuda Godot. Otra vez, "osc., poële" El 21 de enero anota: "Sec. a C. Tauban. Aristote, 15 frs." Explica el inefable y eficiente Guillemin: "Aristóteles designa las incomodidades mensuales de la mujer" (porque obligaban a una momentánea sabiduría filosófica). "C. Tauban" era Constanza Montauban, una de sus amigas predilectas.
Entrar en la lectura de Victor Hugo es iniciarse en un mundo vastísimo que escapa a toda medianía y, por momentos, a toda "normalidad". El poeta se dedica de pronto al espiritismo. Siente llamados sobrenaturales. Escucha golpes en el respaldo de su cama. Las voces de sus hijos muertos le susurran palabras al oído. Tiene intuiciones proféticas. Se propone, con La leyenda de los siglos, escribir la historia de la humanidad en verso. Influye en la política de la mitad de Europa desde su comedor. Le da consejos al joven Emperador del Brasil. Las prensas trabajan 24 horas para imprimir sus libros, sus opúsculos, sus discursos, sus proclamas. Cuando se entusiasma con una persona, la invita a cenar a su casa "todos los días".
¿Por que no interrumpir la grafomanía y dedicarse, al menos por un momento, a traducir a los viejos poetas? He aquí un fragmento del diario de Victor Hugo, adecuado, me parece, para una antología de excéntricos de todos los tiempos: "Escuchadme, y si, por casualidad, no pensáis como yo, decid para vosotros: -es un anciano. ¡Su cerebro esta perturbado! Quiere la paz entre los pueblos, y la armonía entre los hombres. Quiere que los gobiernos sean inteligentes. Exige que las naciones no elijan ser guiadas por gente ciega. Es un loco. Perdonémoslo…"
Futurología
Aquí y en otros lados, la palabra "transición" lleva muchos años de moda. Se organizan seminarios sobre la transición, se estudian trasiciones ajenas, y hasta las autoridades reconocen que preparan una transición aun cuando parecen preparar, de hecho, un estado de inmovilidad definitivo más parecido a una regresión que a cualquier otra cosa.
Parece, en todo caso, que soportamos mejor nuestros presentes precarios misérrimos, cuando sentimos, y cuando proclamamos ostentosamente, que vamos en tránsito hacia otra parte. De esta manera, la palabra "transición adquiere poderes mágicos, cuasi religiosos. Vamos rumbo a un futuro mejor, a una utopía realizable, y podemos tolerar el presente con la conciencia tranquila. El espejismo de la transición equivale a la vieja promesa del paraíso para los creyentes.
Sabemos, y más lo sabemos por viejos que por diablos, que ese paraíso aparentemente perdido y esperanzadamente recobrado, se parecerá más bien, en el mejor de los casos, a un purgatorio moderado, tolerable. Será, cuando mucho, una democracia pobre, una convivencia humana un poco más civilizada, o un poco menos bárbara, una modernidad provinciana, agobiada por un horizonte de computadoras de segunda mano.
Hace algunos días, a propósito de las democracias novatas de América del Sur, trataba de sustentar mi optimismo a golpes de pura voluntad, a pesar de todas las evidencias negativas. Hablaba de los fundadores de nuestra República, que no fueron bien imitados en el resto del continente, con la excepción, añadiría ahora, del Brasil, que seguía otro proceso histórico. Nosotros, en nuestros comienzos como República, habíamos oscilado entre dos extremos, el cesarismo y la anarquía, la dictadura de Bernardo O'Higgins o los experimentos irreales, tétricos, de los ideólogos de laboratorio, pero de pronto habíamos encontrado una salida original y nos habíamos convertido en un Estado moderno para la época, un Estado que funcionaba, donde la transmisión del poder se hacia con relativa calma, en periodos regulares, dentro de márgenes de representatividad popular que eran aceptables entonces y que se ampliaron de un modo bastante rápido a lo largo del siglo XIX.
¿Podemos creer, ahora, que la historia se repite? La verdad es que las dificultades de hoy, los peligros que enfrenta cualquier intento de salida democrática, parecen abrumadores. Vuelve la democracia al Brasil, a Uruguay, a la Argentina, traída por una reacción popular profunda, por un deseo generalizado de libertad, porque la gente se cansó de vivir tanto tiempo en la limitación, en el miedo, pero junto con ella se presenta de inmediato la hiperinflación, la anarquía financiera. La herencia de las dictaduras militares en este aspecto es como una piedra de molino atada al cuello. Uno sospecha que el desorden económico provocará, como secuela inevitable, alguna forma de anarquía política. Esto significaría que pronto, a la vuelta de la esquina, tendría que asomar la cabeza de un nuevo cesarismo. ¿De izquierda, de derecha? Frente a realidades tan negras, hasta las definiciones ideológicas pierden su sentido.