Un Hijo Para El Magnate
- Автор: Graham Lynne
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Hijo Para El Magnate». Краткое содержание книги:
¿Por qué no tratar todo el asunto como si fuera un negocio? Sin emoción alguna; sólo con un contrato de conveniencia que le asegurara lo que quería: una esposa con la que acostarse, de la que disfrutar y a quien dejar embarazada para después… abandonarla.
– Eso es imposible, Sergei. Por lo que tengo entendido. Alexa se ha gastado una buena parte de la cantidad que le diste.
– ¿Por lo que tienes entendido? -preguntó él con sarcasmo-. ¿Insinúas que no tienes acceso al dinero?
– Lo tiene Alexa, aunque sobra decir que hablaré con ella.
Sergei miró a su esposa con incredulidad.
– ¿Tu hermana lo organizó todo, se quedó con el dinero y te convenció para que cumplieras su contrato sin darte nada a cambio? ¿Cómo es posible que se lo hayas permitido? ¡Es obvio que no me he quedado con la gemela inteligente, sino con la más estúpida de las dos!
Alissa se ruborizó de nuevo.
– No, no ha sido así. Admito que Alexa puede ser extravagante e irresponsable, pero no es una ladrona… ¿es que no has oído nada de lo que te he dicho? -preguntó con desesperación.
– Alissa, lo que dices sólo encaja en dos categorías: o es algo completamente absurdo o no me interesa.
– ¡Nadie ha intentado tenderte una trampa! -insistió.
– Pues si no ha sido una trampa, ¿qué ha sido? ¿Dónde está el dinero? ¿Y dónde está la mujer que firmó realmente el contrato? -preguntó con sequedad-. Tu hermana usó tu nombre, se retiró en el último momento y se quedó con el dinero. Tú eres el único rehén que tengo. ¿No te parece que ya es hora de que dejes de excusarte y aceptes tu responsabilidad?
Alissa tragó saliva. Su dolor de cabeza empeoraba por momentos.
– Intentare que te devuelva el dinero y…
– No quiero que lo intentes, quiero que lo consigas -bramó-. Y por si lo habías pensado, ni se te ocurra vender alguno de los regalos que te he hecho para devolverme mi propio dinero.
– Yo nunca haría eso. Sé que no me crees, pero te aseguro que soy una persona honesta.
Sergei se preguntó si sería posible que Alexa hubiera engañado tan fácilmente a su hermana como a sus propios abogados. Su esposa parecía sinceramente impactada con lo sucedido; además, se notaba que no había dormido bien y estaba tan nerviosa que casi temblaba.
Sin embargo, decidió no tener clemencia con ella. Seguramente, su nerviosismo se debía a que la habían descubierto y a que tenía miedo de que acudiera a las autoridades.
– Si no me dejas otra salida, llamaré a la policía -insistió.
– No lo dudo. Pero acabas de decir que quieres que siga siendo tu esposa durante al menos un año…
– Sí, lo he dicho y lo repito. No me gustaría que Yelena se llevara un disgusto. A fin de cuentas, acabamos de casarnos.
– Está bien… entonces, me quedaré.
Sergei contempló sus labios y cómo su jersey remarcaba sus generosos senos. A pesar de lo ocurrido, la deseaba con toda su alma. Alissa tenía un poder increíble sobre su libido.
– Mis prioridades han cambiado -le informó.
– ¿En qué sentido?
– Vendrás a mi cama cuando a mí me apetezca. Se acabaron todas estas tonterías de que no quieres estar conmigo -afirmó, mirándola con arrogancia-. No voy a salir de todo esto sin una compensación.
Alissa notó que la miraba con deseo y se ruborizó todavía más, pero no dijo nada. No tenía fuerzas.
– Y eso no es negociable -continuó él-. Sólo recuperarás tu libertad si devuelves el dinero.
Ella lo miró con angustia.
– ¡No puedo hacer el amor contigo como si no hubiera pasado nada!
Sergei se encogió de hombros.
– Estoy seguro de que encontrarás la forma de sobrellevarlo. Ya lo hiciste ayer, cuando tú eras la única persona que estaba al tanto del engaño, y no parece que te costara mucho -le recordó con una sonrisa irónica-. Me voy a Londres dentro de una hora, pero tú te quedas aquí.
– ¿Por qué?
– Te concedo tres días para que tomes una decisión. Y si aceptas mi propuesta, estarás esperándome en mi cama cuando regrese, milaya moya.
Alissa dio un paso adelante con debilidad.
Sergei caminó hacia ella, la tomó entre sus brazos y la besó con la fuerza de una tormenta. Ella se estremeció contra la dureza de su cuerpo masculino, apretando los senos contra su pecho, dominada por el deseo.
– Creo que, cuando hayas valorado detenidamente mi proposición, me darás una luna de miel inolvidable -añadió él, satisfecho.
– ¿Una luna de miel?
– Sí, una luna de miel en mi yate, donde estaremos completamente solos -respondió-. Y no pongas esa cara: sonríe un poco… te he dado la posibilidad de elegir entre la cárcel y mi cama. Es una oferta muy generosa. Mucho más generosa de lo que mereces.
Alissa supo que Sergei no estaba bromeando. Su amenaza era real. Tenía todo el derecho del mundo a presentar esa denuncia, que sin duda acabaría con su hermana embarazada y con ella misma en la cárcel. Y aunque Alexa recibiría la condena más dura, dado que había sido la instigadora, eso no sería ningún consuelo.
Tenía que hablar con su hermana y convencerla para que devolviera el dinero que Sergei le había dado. No había otra solución.
– ¿Por qué quieres tener un hijo? ¿Para que Yelena sea feliz?
Sergei la miró con sorpresa.
– Sí, ésa era mi motivación principal cuando se me ocurrió la idea -le confesó-. Pero los niños me gustan de verdad y me gustaría tener hijos de todas formas.
Alissa volvió al dormitorio y llamó a su hermana otra vez. Como no le contestó, llamó a su madre. Jenny se puso a hablar inmediatamente sobre la lista de invitados para la celebración que Sergei y ella habían prometido organizar en Londres.
– Me temo que hay un problema -continuó Jenny-. Harry y Alexa están de vacaciones en Turquía y me ha dicho que no volverá a tiempo.
Aquella noche, cuando ya estaba en la cama, Alissa se puso a pensar en Sergei, en su empeño en tener un hijo con ella y en la forma de mantener una relación sexual con él sin involucrarse desde un punto de vista emocional. Sólo tenía una esperanza: que se aburriera de ella en algún momento y dejara de desearla.
Por primera vez, cayó en la cuenta de que Sergei y sus abogados no creían haberla elegido a ella, a una mujer normal y corriente, sino a la refinada y experimentada Alexa. En consecuencia, cabía la posibilidad de que Sergei no la deseara a ella de verdad, sino a su hermana.
Era un pensamiento tan perturbador que tardó un buen rato en poder conciliar el sueño.
Capítulo 8
– ¿A qué viene tanta insistencia? -preguntó Alexa al otro lado de la línea. Tras una espera de casi treinta y seis horas, Alexa se había dignado a responder a sus múltiples mensajes y llamadas telefónicas. Cuando oyó su voz, Alissa se sintió tan aliviada, que se mareó y tuvo que sentarse en la cama del dormitorio.
– ¡Por Dios! ¿Es que no has oído mis mensajes? ¡Sergei ha descubierto la verdad! -exclamó.
– Sabía que serías incapaz de cerrar la boca.
– ¡Eso no tiene nada que ver! ¿Cómo es posible que no me dijeras que estaba obligada a darle un hijo? -preguntó, profundamente enfadada con su hermana-. Te lo callaste porque sabías que no aceptaría nunca.
– Dijiste que estabas dispuesta a hacer cualquier cosa por mamá. Pero no veo por qué te preocupa tanto; toma la píldora y así no te quedarás embarazada -declaró.
Alissa suspiró, exasperada.
– ¿Que tome la píldora? ¿Crees que eso servirá para salir de este lío? ¡Me has engañado, Alexa! ¡Lo planeaste todo para que me casara con Sergei sin saber a lo que me exponía! ¡Has sido terriblemente injusta conmigo! ¡Y con él!
– ¿Desde cuándo te preocupa que alguien sea injusto con Sergei? -se burló su hermana.
– Ya veo que no te lo tomas muy en serio… Pues será mejor que cambies de actitud, porque Sergei está dispuesto a acudir a la policía y denunciarnos por fraude. Has hecho algo ilegal, Alexa.
Alexa soltó una risita.
– ¡Jamás permitiría que este asunto se haga público! ¿No comprendes que sería demasiado embarazoso para él?