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Un Hijo Para El Magnate

Электронная книга - «Un Hijo Para El Magnate». Краткое содержание книги:

Sergei Antonovich, multimillonario ruso, era famoso por estar rodeado permanentemente de supermodelos y aspirantes a actrices; pero ninguna de ellas era adecuada para convertirla en su esposa. ¿Podría cumplir el mayor deseo de su abuela y ofrecerle un nieto?
¿Por qué no tratar todo el asunto como si fuera un negocio? Sin emoción alguna; sólo con un contrato de conveniencia que le asegurara lo que quería: una esposa con la que acostarse, de la que disfrutar y a quien dejar embarazada para después… abandonarla.
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Alissa hizo un esfuerzo por contener su enfado.

– De modo que mentiste para asegurarte de que me casaría con él…

– Bueno, no ha salido tan mal, ¿verdad? En el fondo te he hecho un favor. Es un hombre muy guapo y tiene un yate tan grande como el Titanic… Eso, sin contar el anillo de diamantes que llevas en el dedo. Sé sincera, Alissa. Admite que estás llevando la vida que desearían llevar la mayoría de las mujeres.

– ¡Porque no quiero a Sergei porque sea rico! -protestó-. Lo quiero por lo que es, no por lo que tiene. Lo querría aunque estuviera arruinado.

– No te creo. No puedes haber sido tan estúpida como para enamorarte de un hombre que se casó contigo por un contrato -dijo, mirándola con humor-. Espera un momento… ¡Lo dices en serio! ¿Es que no lo has pensado bien? No eres su esposa de verdad. Firmasteis un acuerdo y se separará de ti.

Alissa no dijo nada. Sabía que su hermana tenía razón.

– Bueno, si en algún momento quieres que te lo quite de encima, no te preocupes -continuó Alexa-. Podría seducirlo en cinco minutos… Al fin y al cabo, si te encuentra atractiva a ti, a mí me encontraría irresistible. ¿Quieres que te haga una demostración?

– No creo que llegues muy lejos con él mientras no le devuelvas el dinero que te quedaste -espetó.

– Oh, vamos, mírame bien… valgo mucho, Alissa. Él estaría encantado de que me quedara con el dinero. Yo sé cómo tener satisfecho a un hombre. Todas las relaciones empiezan y terminan en la cama -dijo con una sonrisa.

– Esto no tiene gracia, Alexa.

– Ni pretendo que la tenga. De no ser por mí, ni siquiera estarías con él. No lo olvides -declaró con frialdad.

Poco después, salieron de la casa y volvieron a la terraza, donde los dos hombres estaban charlando. En cuanto se quedó a solas con su esposo. Alissa preguntó:

– ¿Qué te parece mi hermana?

Sergei entrecerró los ojos.

– Muy diferente de ti. Sorprendentemente distinta, teniendo en cuenta que sois hermanas gemelas.

La respuesta de Sergei no fue precisamente la que esperaba, pero prefirió no insistir. Además, estaba embarazada y no quería llevarse disgustos, de modo que decidió disfrutar con la velada posterior. Pero todo se estropeó cuando Alexa empezó a coquetear descaradamente con Sergei.

Por supuesto, Harry se dio cuenta y se enfadó mucho. Para entonces, Alissa ya se estaba preguntando si Sergei encontraría más atractiva a su hermana que a ella. Estaba segura de que, si a Sergei le daban a elegir entre las dos, elegiría a su hermana.

– ¿Seguro que no te apetece tomar nada? ¿Tal vez un agua mineral? -preguntó Sergei en ese momento.

– ¡Alissa siempre ha sido el alma de las fiestas! -se burló Alexa.

– No estoy de humor para tomar nada -dijo Alissa.

– Últimamente no se encuentra muy bien -explicó Sergei.

– Qué lástima -ironizó Alexa-. Mira que ponerte enferma en plena luna de miel…

Alissa estaba tan asqueada con su hermana, que se levantó y se dirigió al cuarto de baño para tranquilizarse. Nunca olvidaría que había estado coqueteando con Sergei delante de sus narices.

Mientras estaba en el baño, decidió que lo mejor que podía hacer era marcharse; aquello era demasiado para ella. Llevaba el pasaporte en el bolso, así que sólo tenía que subir a un taxi y dirigirse al aeropuerto más cercano.

Sacó papel y un bolígrafo y escribió una nota a Sergei para despedirse; pero luego se acordó de Mattie y añadió un párrafo en el que le rogaba que le enviara el perro a Gran Bretaña. Dejó la nota a un camarero, junto con una propina generosa, y salió del local. El taxi sólo tardó cuarenta y cinco minutos en llegar a su destino, pero no pasó uno solo sin que Alissa estuviera a punto de arrepentirse y volver. Sergei le gustaba demasiado.

En cuanto llegó al aeropuerto, compró un billete a Londres. Sin embargo, faltaban varias horas para el vuelo y no tuvo más remedio que esperar.

Entró en el bar, pidió un refresco y se sentó. Se sentía tan desgraciada, que se inclinó sobre la mesa y rompió a llorar. Y todavía estaba así cuando notó una sombra, alzó la cabeza y vio a Sergei, que la miraba con enfado.

– ¿Por qué me has seguido? -preguntó-. Habría sido mejor que me dejaras marchar…

– Eso es lo único que no te puedo permitir. No dejaré que te vayas.

– Déjame, Sergei. Te lo ruego.

– No, Alissa. Y si intentas huir, te aseguro que te sacaré de aquí por la fuerza.

– No te atreverías -lo desafió.

– Imaginó que me arrestarían porque te pondrías a gritar pero lo haría sin dudarlo -afirmó-. No permitiré que te vayas sin luchar.

– ¿Por qué quieres luchar? -preguntó entre lágrimas-. Es evidente que mi hermana te gusta mucho más que yo.

Sergei la miró con intensidad.

– Se supone que tú eres la gemela inteligente, Alissa. Deberías conocerme mejor a estas alturas… pero en fin, tal vez haya cometido un error esta noche por no mostrarme más despreciativo con Alexa.

– ¿Despreciativo?

– Tu hermana no me interesa en absoluto. He sido amable con ella para que asumas la realidad de una vez por todas y te des cuenta de lo que Alexa es capaz de hacer. Porque si no reaccionas, te intentará manipular una y otra vez… y yo no lo voy a permitir.

Alissa frunció el ceño.

– Jamás permitiría que mi hermana me manipulara -declaró.

Sergei soltó una carcajada irónica.

– Seguro que te ha estado manipulando desde la infancia. Y seguro que tus padres la mimaron demasiado porque era la forma más fácil de afrontar su mal genio.

– ¿Insinúas que me prefieres a mí? -preguntó, asombrada.

– Preferiría acostarme con un tiburón antes que con tu hermana. Alexa me da asco; tiene todos los defectos que detesto en una mujer. Además, ¿cómo podría gustarme? No tiene gusto con la ropa, se pone toneladas de maquillaje, carece de modales y está obsesionada con ser el centro de atención. ¿No has notado cómo ha humillado a su marido esta noche?

– Claro que lo he notado.

– He sido amable con ella por lo que ya te he dicho, Alexa. Pero tenía otro motivo: quería que Harry se diera cuenta de la clase de mujer con la que se ha casado -le confesó.

– Pobre Harry…

– Bueno, dudo que su matrimonio dure mucho. Estaban discutiendo acaloradamente cuando los dejé. Seguro que Alexa intenta echarte la culpa de todo. Pero dejemos de hablar de tu hermana… ¿te parece que vayamos a algún lugar más privado?

– Sí, claro… ¿adónde?

– Al yate.

Alissa frunció el ceño.

– No sé si…

– O vienes conmigo o te llevaré a rastras, angil moy -dijo con determinación.

Alissa se echó a reír. Después, respiró a fondo y lo acompañó al exterior. La noche era fresca, así que él se quitó la chaqueta y se la puso sobre los hombros.

– Sergei, no me he marchado únicamente por lo que ha pasado con mi hermana -le confesó.

Sergei la ayudó a entrar en el todoterreno que los estaba esperando y dijo:

– Ni yo me habría casado contigo si hubieras resultado ser la mujer de los informes. De hecho, estaba a punto de olvidar lo del contrato de matrimonio cuando apareciste… pero me quedé fascinado contigo.

– ¿Lo dices en serio?

Él asintió.

– Entonces, también hablabas en serio cuando has dicho que mi hermana y yo somos muy diferentes…

Sergei le pasó un brazo por encima de los hombros y la atrajo hacia sí.

– Por supuesto. Tú eres irresistible, solnyshko moyo… Además, si te marchas, me quedaré con Mattie -dijo con suavidad-. La nota que me has dejado no tenía precio; me has dedicado una simple línea para decirme que te marchabas, pero a él le has dedicado un párrafo entero.

– No permitiré que te lo quedes -bromeó.

– Bueno, podrías visitarlo de cuando en cuando…

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