Un Hijo Para El Magnate
- Автор: Graham Lynne
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Hijo Para El Magnate». Краткое содержание книги:
¿Por qué no tratar todo el asunto como si fuera un negocio? Sin emoción alguna; sólo con un contrato de conveniencia que le asegurara lo que quería: una esposa con la que acostarse, de la que disfrutar y a quien dejar embarazada para después… abandonarla.
Sergei la besó en la boca con sensualidad y hundió los dedos en su cabello.
Mientras la besaba, bajó una mano y la cerró sobre sus senos, que a continuación empezó a acariciar. En pocos segundos, Alissa estaba tan fuera de sí que gemía de placer. Sergei suspiró entonces, la tomó entre sus brazos y la llevó al interior de la embarcación.
Ya habían llegado al camarote y le estaba separando las piernas para levantarle el vestido y explorar su sexo con los dedos cuando le preguntó:
– ¿Tendré que atarte?
Ella volvió a gemir cuando sintió que le acariciaba el clítoris.
– Sí, creo que será lo mejor… -acertó a contestar
Sergei la alzó en vilo y la sentó en una mesa.
– Patse lux min-ya… bésame -ordenó él, sentándola en el borde de la mesa.
Ella obedeció su orden, encantada. La mesa estaba fría, pero no le importó en absoluto. Estaba demasiado ocupada intentando quitarle el cinturón para desnudarlo rápidamente y sentirlo dentro.
Sergei decidió ayudarla y se desabrochó los pantalones. Después, con un suspiro de placer, la penetró sin más preámbulos. Ella empezó a jadear a medida que los movimientos de Sergei la iban acercando al clímax.
– No te pares… ¡No te pares! -le rogó.
Sergei la agarró con fuerza y aumentó el ritmo y la intensidad de las acometidas. Cuando Alissa llegó por fin al orgasmo, fue como si todo su cuerpo ardiera por dentro. Y Sergei la acompañó segundos después.
– Nunca me cansaré de ti, angil moy -dijo él cuando apenas habían transcurrido un par de minutos-. Acabamos de hacerlo y ya me has excitado otra vez…
Alissa todavía sentía las últimas olas de placer cuando se dio cuenta de que habían hecho el amor sobre una mesa, y parcialmente vestidos. Sergei se apartó un momento para dejar en una silla la ropa que se había quitado, pero la amontonó sin orden ni concierto.
– Deberías ser más cuidadoso -dijo ella.
– Tengo cosas más importantes que hacer que ser cuidadoso con la ropa -dijo él, mirándola con humor-. Pero me sorprendes, Alissa… no puedo creer que ya te comportes como una esposa.
– ¿Quieres que me comporte como una esposa? -preguntó, sorprendida.
– Da… Sí. Quiero el paquete completo. Pero lo que verdaderamente quiero en este momento es una ducha.
Sergei la tomó en brazos otra vez.
– Ya sabes que no puedo concederte todo lo que quieras. No te atrevas a dejarme embarazada.
Sergei frunció el ceño.
– No sin tu consentimiento. Además, siempre he usado preservativo… menos la primera vez, por supuesto. Y entonces pensaba que habías leído el contrato y que estabas de acuerdo en darme un hijo.
Cuando Sergei la desnudó y la metió en la ducha, Alissa se había quedado pálida. Ni siquiera había caído en la cuenta de que la primera vez no habían usado protección. Estaba demasiado excitada para notarlo.
– Espero que no pase nada…
– Yo también, Alissa. Al principio había pensado en esperar un año, y ahora ya sé que no quieres tener un hijo conmigo. Aunque es posible que más tarde, cuando me conozcas mejor, cambies de idea…
– ¡De ningún modo! No cambiaré de idea. Un hijo necesita una madre.
Sergei abrió el grifo de la ducha y se metió con ella bajo el agua.
– Eres tan sexy… pero dime una cosa: ¿qué harías con mi hijo? ¿Usarlo como arma contra mí? ¿Obligarme a afrontar una serie interminable de juicios por la custodia del niño para sacarme todo el dinero que puedas?
– No tienes muy buena imagen de las mujeres, según veo,
– Me temo que algunos de mis amigos han pasado por un infierno por culpa de sus ex esposas. Yo no cometeré el mismo error. Las mujeres tienden a ser muy vengativas cuando sus relaciones amorosas se rompen.
Alissa sacudió la cabeza.
– No sé cómo serán las demás, pero yo no haría eso nunca. Tomaría las decisiones en función de lo que fuera mejor para mi hijo.
– Siempre dices lo correcto, milaya moya. Y sé que también le has dicho lo correcto a tu hermana, aunque no haya servido de mucho.
Sergei salió de la ducha.
Alissa tardó un momento en darse cuenta de lo que había pasado.
– ¿Cómo sabes que he hablado con mi hermana?
– Porque ordené que grabaran tus conversaciones. Quería saber si me estabas diciendo la verdad.
– ¿Me has espiado? ¡Eso es horrible! -protestó.
– A diferencia de ti, yo no miento ni engaño ni estafo a nadie. Siempre te diré la verdad, Alissa; de eso puedes estar segura. Pero no voy a mantenerme en la ignorancia en lo relativo a las cosas que me importan.
Alissa se secó y entró en el dormitorio, donde eligió un pijama y se lo puso antes de meterse en la cama.
– ¿Vamos a dormir juntos todas las noches? -preguntó ella-. Dijiste que no eres un romántico…
– Pero has conseguido que aprecie cosas que antes no apreciaba. Durante las próximas semanas lo compartiremos todo, como los recién casados que somos -declaró.
Alissa no entendió lo que pretendía; sí no iba a darle un hijo, carecía de sentido que se mostrara tan amable. Y Sergei demostró conocerla mucho mejor de lo que ella pensaba, porque adivinó sus pensamientos y dijo:
– Deja de darle vueltas y más vueltas a todo. No eres perfecta, es verdad, pero nunca esperé que lo fueras. Y por otra parte, te deseo tanto que me he vuelto más tolerante. Anda, cierra los ojos y duerme un ralo.
Alissa se durmió enseguida. Despertó en mitad de la noche y se descubrió entre sus brazos, así que intentó liberarse; pero sus movimientos despertaron a Sergei, que se excitó enseguida y no tardó en quitarle el pijama y hacerle el amor otra vez.
Durmió hasta el alba, cuando volvió a sentir el contacto de las manos de Sergei en sus pezones hipersensibilizados. Él la penetró enseguida y le hizo el amor de un modo tan maravilloso que la dejó completamente satisfecha.
Después, se abrazó a él y aspiró el aroma de su sudor, que de repente le parecía el olor más bello del mundo. Su cuerpo ya no era suyo; era de él. Cuando la tocaba, no se podía resistir a sus caricias.
Sólo esperaba que no se hubiera quedado embarazada durante el primer encuentro, lo cual era desgraciada y perfectamente posible, por muy seguro que estuviera Sergei de lo contrario. Un embarazo lo complicaría todo.
Capítulo 9
– ¿Te encuentras bien? -Sergei frunció el ceño con preocupación e intentó entrar en el cuarto de baño, pero ella hizo gestos desesperados para que se mantuviera a distancia.
– Mira, voy a llamar a un médico -continuó él-. Puede que te hayas resfriado.
– No necesito un médico -protestó.
La voz de Alissa sonó extrañamente aguda porque cada día que pasaba estaba más nerviosa. La regla tendría que haberle llegado una semana antes, sus pechos estaban hinchados y sentía náuseas que la asaltaban en cualquier momento del día o de la noche. Los síntomas eran tan aparentemente claros que ya había llegado a una conclusión.
Sergei hizo caso omiso de sus objeciones. Sacó el teléfono, llamó a un médico y le pidió que se presentara inmediatamente en el yate.
Después, miró a Mattie, el perrito que estaba entre sus piernas y lo acarició.
Habían pasado tres semanas desde que Alissa fue a tierra firme y encontró al perrito, que había metido una pata en la reja de una alcantarilla y se la había roto. Antes de que pudiera evitarlo, corrió hacia el animal y lo sacó de allí. Lo llevaron a un veterinario, que lo vacunó y tuvo que amputarle la pata porque no se podía hacer nada al respecto; y como era un perro vagabundo y no pertenecía al yate, se lo llevaron con ellos.
Sergei apartó a Mattie para poder tomar en brazos a su esposa y llevarla al camarote, a pesar de sus protestas.
– Túmbate aquí, angil moy -dijo él-. ¡Y deja de ser tan obstinada! Estás enferma y tienes que descansar.