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Un Hijo Para El Magnate

Электронная книга - «Un Hijo Para El Magnate». Краткое содержание книги:

Sergei Antonovich, multimillonario ruso, era famoso por estar rodeado permanentemente de supermodelos y aspirantes a actrices; pero ninguna de ellas era adecuada para convertirla en su esposa. ¿Podría cumplir el mayor deseo de su abuela y ofrecerle un nieto?
¿Por qué no tratar todo el asunto como si fuera un negocio? Sin emoción alguna; sólo con un contrato de conveniencia que le asegurara lo que quería: una esposa con la que acostarse, de la que disfrutar y a quien dejar embarazada para después… abandonarla.
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Maldijo para sus adentros y pensó que él era el único culpable del engaño. Debería haber pedido que la investigaran más a fondo, pero la deseaba tanto, que había olvidado hasta su instinto de supervivencia.

– ¿Eres consciente de que tu hermana y tú habéis cometido un fraude? -preguntó Sergei.

Alissa se quedó blanca como la nieve y lo miró con horror. No se le había ocurrido que podía ser culpable de un delito.

– ¿Fraude?

– ¿Quién pasó por el proceso de selección de candidatas?

– Alexa.

– ¿Por todo el proceso?

Alissa asintió.

– Sí.

– ¿Y quién firmó el contrato?

– Alexa… con mi nombre -respondió-. Como te he dicho hace un momento, hasta falsificó mi firma.

Sergei contuvo un grito de ira y se preguntó si, a la luz de lo que Alissa le acababa de contar, seguía siendo legalmente su esposa.

Sin embargo, había una cosa de la que estaba completamente seguro: tanto si sus intenciones habían sido buenas como si no, no permitiría que se alejara de él ni cinco minutos. No correría el riesgo de que huyera y se llevara todo el dinero que le había pagado.

Sacó el teléfono móvil, se metió en una habitación para impedir que Alissa lo oyera y llamó a Borya, su jefe de seguridad, a quien dio instrucciones detalladas sobre lo que debía hacer durante su ausencia, desde redactar un informe exhaustivo sobre las dos hermanas gemelas hasta grabar las conversaciones telefónicas de su esposa y seguirla a todas partes.

Alissa esperó a que Sergei volviera con ella. La posibilidad de haber cometido un fraude la aterrorizaba.

– Eres una impostora -dijo él con frialdad.

Alissa se mordió el labio inferior.

– Sí.

– Y una mentirosa.

– ¡No te he mentido nunca!

– ¿Que no me has mentido nunca? Desde la primera vez que nos vimos, has fingido ser tu hermana. ¿Acaso te parece que eso no es mentir? -declaró el-. ¿Por qué, Alissa? ¿Por qué lo has hecho?

Alissa intentó tranquilizarse y respiró profundamente. La ira de Sergei era tan obvia, que la podía sentir como si fuera algo físico.

– Cuando Alexa ya había presentado la instancia, conoció a un hombre, se enamoró de él y se quedó embarazada. Después de eso, ya no se podía casar contigo; pero se había gastado el dinero y…

– ¿Cómo? ¿Se ha gastado todo el dinero?

Sergei la miró con incredulidad y añadió:

– Ni la mayor derrochadora del mundo podría gastarse una cantidad como ésa en tan poco tiempo.

– ¿Una cantidad como ésa? Vamos, Sergei, no sé cuánto le diste, pero seguro que no fue para tanto…

– No te hagas la inocente, por favor. Tu hermana y tú habéis jugado fuerte para quedaros con ese dinero, pero será mejor que reconsideres tu actitud. Nunca he permitido que alguien me estafe y se marche sin más -dijo él con voz peligrosamente suave.

Ella se estremeció, alarmada.

– Yo no pretendía engañarte…

– Claro, no pretendías engañarme -se burló-. Entonces, ¿cómo es posible que haya pagado una fortuna a una impostora y a una mentirosa que espera que la crea cuando afirma que ni siquiera sabía lo que decía el contrato que su propia hermana firmó?

– No lo sabía, Sergei. No llegué a leer ese contrato -respondió a la defensiva.

Sergei abrió el cajón de un mueble, sacó su ordenador portátil, lo encendió y abrió un documento.

– Aquí tienes tu lectura recomendada para esta noche. Es el contrato, Alissa. Si me estás diciendo la verdad, de lo cual dudo bastante, ¿no crees que sería extraño que firmaras el contrato sin leerlo antes?

– Pero si ya te he dicho que yo no lo firmé…

– ¿Quién se quedó el dinero?

– Alexa. Lo usó para pagar las deudas de mi madre, que debía dar una parte de la casa y del negocio a mi padre -contestó.

– ¡Oh, vaya! ¡Al final va a resultar que es una santa? -ironizó Sergei-. Pues si vas a decir lo mismo de ti, ahórratelo… Sinceramente, las historias tristes y lacrimógenas me dejan frío.

Alissa alzó la barbilla, desafiante.

– No iba a decir lo mismo de mí. Pero lo de Alexa es verdad; quería ese dinero para ayudar a mi madre -declaró-. De hecho, habría cumplido su parte del contrato y se habría casado contigo si no se hubiera quedado embarazada antes.

– Será mejor que te inventes otra historia, Alissa.

– ¿Qué quieres decir con eso?

– Según has dicho tú misma, tu hermana falsificó tu firma y puso tus datos personales en la instancia; pero si los datos eran falsos, si se estaba haciendo pasar por ti… ¡jamás podría haberse casado conmigo! -estalló-. Desde un punto de vista legal, habría sido imposible.

Alissa no podía pensar con claridad. Las acusaciones de Sergei y la evidencia de que su hermana la había engañado, eran demasiado para ella. Tenía que marcharse de allí.

– Ya has dicho bastante, Sergei…

– No, sólo acabo de empezar.

– ¿Y qué vas a hacer ahora? -preguntó ella, nerviosa.

– Sólo te puedo decir que yo no soy quien va a salir perdiendo de todo esto. Te lo advierto, Alissa… es muy posible que os denuncie a tu hermana y a ti por fraude -afirmó.

Alissa se frotó las manos, aterrorizada.

– Sergei… nadie intentaba engañarte. Las cosas se complicaron, eso es todo. A Alexa le entró miedo y…

Él la miró con frialdad.

– Si no estás dispuesta a acatar los términos del contrato, me estarás engañando y no lo aceptaré. Mañana, cuando haya tomado una decisión al respecto, te lo haré saber -la amenazó.

Alissa sintió que la sangre se le helaba en las venas.

– ¿Es verdad que Alexa aceptó tener un hijo contigo? -se atrevió a preguntar.

– No aceptó tener un hijo conmigo, sino tener un hijo para mí -puntualizó él-. Estudia detenidamente el contrato. Y no pongas esa cara… tienes suerte de que no te eche a patadas ahora mismo. Por lo que sé hasta ahora, no eres más que una ladrona especialista en estafas.

Sergei abrió la puerta que comunicaba su suite con el dormitorio de Alissa y ella se marchó con el ordenador portátil.

La puerta se cerró de golpe a sus espaldas. Caminó hasta la cama, se sentó y estudió el documento. Era un contrato muy largo, y cuando terminó de leerlo, estaba pálida y asombrada por las mentiras que su hermana Alexa había usado para convencerla de que ocupara su lugar.

Sergei había sido absolutamente sincero con ella. Había pagado a Alexa una suma asombrosa, muchísimo más de lo que jamás habría imaginado. De hecho. La malicia de su hermana llegaba hasta el extremo de que sólo había gastado una tercera parte en las deudas de Jenny; el resto se lo había quedado ella. Ahora era una mujer rica a su costa.

Aquello era terrible desde cualquier punto de vista. Incluso se preguntó si Alexa no lo habría planeado todo desde el principio para engañarla y quedarse con el dinero. Pero por muy dura que fuera esa posibilidad, la lectura del contrato la dejó aún más alterada.

El documento decía claramente que Sergei no buscaba sólo una esposa para dar una alegría a su abuela, sino también un hijo. Por eso se había tomado tantas molestias. Por eso había pagado tanto dinero.

Alissa se tumbó en la cama y se estremeció. Se había metido en un lío terrible, en un lío del que no sabía cómo salir.

Hasta entonces había creído que su hermana había mejorado mucho con el paso de los años. Pero evidentemente, se había equivocado. Alexa era tan irresponsable, que ni siquiera se había planteado la posibilidad de que, al firmar un contrato con datos falsos, pudiera estar violando la ley. Y hasta ella misma lo había pasado por alto. Ahora no tenía más remedio que dar un hijo a Sergei.

Aquella noche, cuando Alissa ya había sucumbido al cansancio y se había hundido en un mar de pesadillas, Sergei seguía pensando en lo sucedido.

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