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El arca de la redención [Redemption Ark - es]

Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:

Estamos a comienzos del siglo XXVII. Hace cincuenta años, el hombre puso en marcha un antiguo sistema alienígena que detectaba el nacimiento de formas de vida inteligentes. Los inhibidores llevan mucho tiempo esperando, pero ahora se preparan para volver…
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
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—Puedes desearme lo que tú quieras, joder. No va a importar. Si importara, eso significaría que no me he preparado lo bastante bien.

—Buena suerte, Escorpio. Buena suerte para ti y todo tu ejército.

Estaban empujando el tercer trasbordador hacia el punto de salida. La joven lo vio partir junto con los triciclos restantes, junto con Escorpio, y luego le dijo a su nave que sellara la entrada y se alejara de la batalla.

Volyova llegó ilesa al arma diecisiete. Aunque la batalla por su nave continuaba bramando a su alrededor, era evidente que Clavain se estaba tomando muchas molestias para asegurarse de que sus premios permanecían intactos. Antes de partir, la mujer estudió las pautas de ataque de sus triciclos, trasbordadores y corbetas, y llegó a la conclusión de que su nave podría llegar al arma diecisiete con solo un quince por ciento de posibilidades de que le dispararan. Por lo común las probabilidades le habrían parecido inaceptablemente bajas, pero ahora, un tanto horrorizada, descubrió que las consideraba bastante favorables.

El arma diecisiete era la única de las cinco que no había vuelto a meter en la seguridad y aislamiento de la Nostalgia por el Infinito. Estacionó el trasbordador a su lado, amarrado lo bastante cerca para que no hubiera posibilidad de atacar el trasbordador sin dañar el arma. Luego despresurizó la cabina entera: no le apetecía pasar por el agotador lío de realizar los ciclos de la cámara estanca. El motor del traje la ayudó a moverse, dándole una falsa sensación de fuerza y vitalidad. Pero quizá no todo debía achacarse al traje.

Volyova se aupó a la esclusa abierta del trasbordador y durante un momento se quedó a medio camino entre la nave y el amenazante costado del arma diecisiete. Se sentía muy vulnerable, pero el espectáculo de la batalla era hipnótico. Mirara donde mirara, lo único que veía eran naves veloces, las chispas bailarinas de las llamas del escape y las breves flores de bordes azules de las explosiones nucleares y de materia-antimateria. En su radio crujían las interferencias constantes. El sensor de radiación de su traje trinaba y se salía de la escala. Desconectó ambos, prefería la paz y el silencio.

Volyova había estacionado el trasbordador justo sobre la trampilla del costado del arma diecisiete. Tenía los dedos torpes cuando introdujo las órdenes en los gruesos tachones del brazalete de su traje, pero trabajó con lentitud y no cometió errores. Dada la orden de cierre que Clavain le había transmitido al arma, Ilia no esperaba que se obedeciera ninguna de sus órdenes.

Pero la trampilla se deslizó y se abrió, y el interior vomitó una luz verde y enfermiza.

—Gracias —dijo Ilia Volyova a nadie en particular.

La mujer se hundió de cabeza en el pozo verde. Todo indicio de la guerra se desvaneció como un mal sueño. Sobre ella, Volyova solo podía ver la esclusa del vientre blindado de su trasbordador y todo lo que distinguía a su alrededor era la maquinaría interior del arma, bañada en el mismo e insípido fulgor verde.

Llevó a cabo el mismo procedimiento que ya había realizado antes. A cada paso esperaba un fracaso, pero también sabía que no tenía nada en absoluto que perder. Los generadores de miedo de la máquina seguían disparando a toda velocidad, pero esta vez la ansiedad le pareció tranquilizadora más que inquietante. Significaba que las funciones críticas del arma seguían activas y que Clavain solo había atontado más que asesinado al arma diecisiete. Jamás se había planteado en serio lo contrario, pero siempre había habido un rastro de duda en su mente. ¿Y si el propio Clavain no había entendido bien el código?

Pero el arma no estaba muerta, solo dormida.

Y entonces ocurrió, tal y como había pasado la primera vez. La escotilla se cerró de golpe, el interior del arma comenzó a girar de una forma alarmante e Ilia sintió que se acercaba algo, una malevolencia incalificable que se precipitaba hacia ella. Se preparó. Saber que a lo único que se estaba enfrentando era a una sofisticada subpersona no hacía que la experiencia fuese menos inquietante.

Allí estaba. La presencia rezumó tras ella, una sombra que siempre planeaba justo al borde de su visión periférica. Una vez más se quedó paralizada, y como antes, el miedo fue diez veces peor que lo que acababa de experimentar.

[No hay descanso para los malvados, ¿eh, Ilia?].

Volyova recordó que el arma podía leer sus pensamientos.

Pensé que podía pasarme por aquí para ver cómo te iba. No te importa, ¿verdad?

[Entonces, ¿eso es todo? ¿Una visita de cumplido?].

Bueno, en realidad es un poco más que eso.

[Ya decía yo. Tú solo vienes cuando quieres algo, ¿no?].

No es que tú te molestes mucho para hacerme sentir bienvenida, Diecisiete.

[¿Qué, la parálisis impuesta y la sensación de terror progresivo? ¿Quieres decir que no te gusta?].

No me parece que tuviera que gustarme, Diecisiete.

La mujer detectó una levísima insinuación de enfurruñamiento en la respuesta del arma.

[Quizá].

Diecisiete… Hay un asunto del que tenemos que hablar, si no te importa…

[Yo no me voy a ningún sitio. Y tú tampoco].

No. Supongo que no. ¿Eres consciente de la dificultad, Diecisiete? ¿Del código que no te permite disparar?

Entonces el enfurruñamiento, si eso es lo que había sido, pasó a ser algo más parecido a la indignación.

[¿Cómo podría no saberlo?].

Solo era una comprobación, eso es todo. En cuanto a ese código, Diecisiete…

[¿Sí?].

Supongo que no hay ninguna posibilidad de que hagas caso omiso de él, ¿verdad?

[¿Hacer caso omiso del código?].

Algo así, sí. Ya que tienes un cierto grado de libre albedrío y todo eso, pensé que podría merecer la pena plantearlo como, digamos, cuestión por debatir, aunque solo sea eso. Por supuesto, sé que no es muy razonable esperar que seas capaz de algo así…

[¿No muy razonable, Ilia?].

Bueno, seguro que tienes tus limitaciones. Y si, como dice Clavain, este código está provocando una interrupción del sistema en el nivel básico… bueno, no puedo esperar que hagas mucho sobre el tema, ¿no?

[¿Qué iba a saber Clavain?].

Bastante más que tú o yo, sospecho…

[No seas tonta, Ilia].

Entonces, ¿podría ser posible…?

Hubo una pausa antes de que el arma se dignara contestar. Volyova pensó por un momento que quizá lo había conseguido. Incluso el grado de miedo se redujo y se convirtió en poco más que un intenso chillido de histeria.

Pero entonces el arma grabó la respuesta en su cabeza.

[Sé lo que estás intentando hacer, Ilia].

¿Sí?

[Y no va a funcionar. No te imaginarás en serio que soy tan manipulable, ¿verdad? Así de dócil. Así de ridículo e infantil].

No lo sé. Creí detectar por un momento un rastro de mí misma en ti, Diecisiete. Eso fue todo.

[Te estás muriendo, ¿verdad?].

Eso la escandalizó.

¿Cómo ibas a saberlo tú?

[Yo puedo saber mucho más sobre ti que tú sobre mí, Ilia].

Me estoy muriendo, sí. ¿Qué importancia tiene eso? Tú solo eres una máquina, Diecisiete. No entiendes lo que es.

[No voy a ayudarte].

¿No?

[No puedo. Tienes razón. El código está en el nivel básico. No hay nada que yo pueda hacer].

¿Y toda esa charla sobre el libre albedrío?

La parálisis terminó en un instante, sin previo aviso. El miedo permaneció, pero no era tan extremo como había sido antes. Y a su alrededor el arma volvía a cambiar de posición, la puerta que daba al espacio se abría sobre ella y revelaba el vientre del trasbordador.

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