El arca de la redención [Redemption Ark - es]
- Автор: Рейнольдс Аластер
- Год: 2006
- Язык: испанский
- Год: La Factor
- ISBN: 84-9800-283-4
- Переводчик: Aitor Solar
- Жанр: Космическая фантастика
Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
—¿Ilia…? ¿Ilia…? ¿Me…?
—Te oigo, Khouri. ¿Pasa algo?
—No pasa nada, Ilia. Es solo que al parecer has conseguido lo que saliste a hacer. El arma del alijo ha hecho caer un impacto directo en la Luz del Zodíaco.
Volyova cerró los ojos y saboreó el momento, se preguntó por qué le parecía una victoria mucho menor de lo que se había imaginado.
—¿Un impacto directo?
—Sí.
—No puede ser. No vi el destello cuando estallaron los motores combinados.
—He dicho que fue un impacto directo. No he dicho que fuese un impacto letal.
Para entonces, Volyova había conseguido abrir en el panel del trasbordador una instantánea de largo alcance de la Luz del Zodíaco. La transmitió a la visera de su casco y estudió los daños con una fascinación maravillada. El haz había rebanado el casco de la nave de Clavain como si fuera un cuchillo partiendo pan, y le había recortado quizá una tercera parte de su longitud. La proa con su morro de aguja, en la que relucían las facetas talladas de un trozo de hielo bordado con diamantes, se estaba desprendiendo del resto del casco con un movimiento lento y espantoso, como una torre que se cayera. La herida que el haz había abierto seguía brillando con un tono lívido de color rojo, y había explosiones a ambos lados del casco partido. Era lo más hermoso y acongojante que había visto en bastante tiempo. Era una pena que no lo estuviera viendo con sus propios ojos.
Fue entonces cuando el trasbordador se sacudió hacia un lado. Volyova se dio un golpe contra una pared porque no había tenido tiempo para volver a sujetarse al asiento de control. ¿Qué había ocurrido? ¿El arma había ajustado su puntería y le había dado un empujón a su trasbordador en el proceso? Se sujetó y dirigió los anteojos a la ventanilla, pero el arma tenía la misma orientación que había tenido cuando dejó de disparar. El trasbordador volvió a sacudirse hacia un lado y esta vez Volyova sintió, a través del tejido transmisor de sus guantes, el roce agudo del metal contra el metal. Era como si otra nave estuviera rozando la suya, la sensación era la misma.
Llegó a esta conclusión solo un momento antes de que la primera figura entrara por la puerta todavía abierta de la cámara estanca. Ilia se maldijo por no cerrar la cámara tras ella, pero le había inspirado una falsa sensación de seguridad el hecho de llevar puesto el traje. Debería haber pensado en intrusos más que en sus propias necesidades vitales. Ese era justo el tipo de errores que jamás habría cometido si se hubiera encontrado bien, pero suponía que podía permitirse uno o dos fallos a estas alturas del juego. Después de todo, había asestado algo parecido a un movimiento ganador contra la nave de Clavain. El casco roto se alejaba flotando, arrastrando tras él intrincadas hebras de entrañas mecánicas.
—¿Triunviro? —La figura estaba hablando, su voz le entraba como un zumbido por el casco. Volyova estudió la armadura del intruso, observó la barroca ornamentación y las deslumbrantes yuxtaposiciones de pintura luminosa y superficie espejada.
—Tiene usted el placer —le dijo ella.
La figura le apuntaba con un arma de cañón ancho. Detrás, dos especímenes más, ataviados con armaduras parecidas, se habían apretado en la cabina. El primero se levantó de un tirón una visera antidestellos negra; a través del grueso y oscuro cristal del casco de él, la triunviro percibió la anatomía facial, no del todo humana, de un hipercerdo.
—Me llamo Escorpio —le informó el cerdo—, y estoy aquí para aceptar su rendición, triunviro.
Ella lanzó una risita sorprendida.
—¿Mi rendición?
—Sí, triunviro.
—¿Ha mirado por la ventanilla últimamente, Escorpio? Creo que debería, de verdad.
Hubo una pausa mientras los intrusos se consultaban entre sí. Volyova percibió el momento justo en que comprendían lo que acababa de pasar. Hubo una mínima bajada del cañón del arma, una chispa de vacilación en los ojos de Escorpio.
—Sigue siendo nuestra prisionera —dijo el cerdo, pero con un tono mucho menos convencido que antes.
Volyova sonrió con gesto indulgente.
—Bueno, eso es muy interesante. ¿Dónde cree que deberíamos llevar a cabo las formalidades? ¿En su nave o en la mía?
¿Y eso es todo? ¿Esa es la alternativa que me dan? ¿Que incluso si ganamos, incluso si vencemos a los lobos, no significará una mierda a largo plazo? ¿Que lo mejor que podemos hacer en interés de la conservación de la vida en sí, si adoptamos una perspectiva a largo plazo, es acurrucamos y morir ahora? ¿Que lo que deberíamos estar haciendo es rendirnos a les lobos, no prepararnos para luchar contra ellos?
[No lo sé, Clavain].
Podría ser mentira. Podría ser propaganda que te enseñó el lobo, retórica para justificarse. Quizá no hay ninguna causa superior. Quizá todo lo que están haciendo en realidad es aniquilar la inteligencia sin más razón, solo porque eso es lo que hacen. E incluso si lo que te mostraron es cierto, eso no hace que esté bien, en absoluto. La causa quizá sea justa, Felka, pero la historia está plagada de atrocidades cometidas en nombre de la justicia. Te lo digo yo. No puedes excusar el asesinato de miles de millones de individuos inteligentes por un remoto sueño utópico, poco importa cuál sea la alternativa.
[Pero es que sabes con toda precisión cuál es la alternativa, Clavain. La extinción absoluta].
Sí, O eso dicen. Pero, ¿y si no es así de sencillo? Y si lo que te contaron es cierto, entonces la presencia de los lobos ha influido en toda la historia futura de la galaxia. Jamás sabremos lo que habría pasado si no hubieran surgido los lobos para acompañar la vida a través de la crisis. El experimento ha cambiado. Y ahora hay un nuevo factor: la propia debilidad de los lobos, el hecho de que están fracasando poco a poco. Quizá nunca quisieron ser tan brutales, Felka, ¿te has planteado eso? ¿Que en otro tiempo quizá fueran más pastores y menos cazadores furtivos? Quizá ese que fue el primer fracaso, hace ya tanto tiempo que nadie lo recuerda. Los lobos continuaron siguiendo las reglas que les habían ordenado imponer, pero cada vez con menos inteligencia. Cada vez con menos piedad. Lo que comenzó como una suave contención se convirtió en genocidio. Lo que comenzó como autoridad se convirtió en tiranía, una tiranía que se perpetúa e impone sola. Piénsalo, Felka. Quizás haya una causa superior para lo que están haciendo, pero eso no lo convierte en correcto.
[Yo solo sé lo que me mostró. Elegir no es mi trabajo, Clavain. No es mi trabajo mostrarte lo que deberías hacer. Solo pensé que habría que decírtelo].
Lo sé. Y no te culpo por ello.
[¿Qué vas a hacer, Clavain?].
El hombre pensó en el cruel equilibrio de las cosas: la perspectiva de luchas cósmicas (batallas que durante milenios vibran por la faz de la galaxia), comparada con la perspectiva infinitamente más magnífica del silencio cósmico. Pensó en mundos y lunas que no cesan de girar, sus días incontables, sus estaciones que nadie recuerda. Pensó en estrellas que viven y mueren sin la presencia de observadores inteligentes, ardiendo en medio de una oscuridad sin sentido hasta el final del propio tiempo, ni un solo pensamiento consciente que alterase la calma helada, de aquí a la eternidad. Quizá las máquinas todavía acechasen en esas cósmicas estepas, y en cierto sentido quizá continuasen procesando e interpretando los datos, pero no habría reconocimiento, no habría amor, dolor, pérdida, dolor, solo análisis, hasta que el último chispazo de energía se desvaneciera del último circuito y dejara un último algoritmo detenido y a medio ejecutar.
Su actitud era completamente antropomórfica, por supuesto. Todo este drama concernía solo al grupo de galaxias local. Ahí fuera (no solo a decenas, sino a cientos de millones de años luz de distancia) había otros grupos parecidos, racimos de una o dos decenas de galaxias vinculadas en medio de la oscuridad por una gravedad mutua. Demasiado lejos para imaginarse que las pudieran alcanzar, pero allí estaban de todos modos. Su silencio era ominoso, pero eso no significaba que estuvieran necesariamente desprovistas de inteligencia. Quizás habían aprendido el valor del silencio. La grandiosa historia de la vida en la Vía Láctea (en todo el grupo local) quizá solo fuera una hebra de algo cuya inmensidad nos hace humildes. Quizá, después de todo, en realidad no importaba lo que había pasado aquí. Tras ejecutar a ciegas las instrucciones que les habían dado en el remoto pasado galáctico, los lobos quizá estrangulasen ahora la existencia, o es posible que conservaran una hebra de la misma para que sobreviviera a la crisis más grave. O quizá no importaba ninguno de los dos resultados, no tenía más importancia que un puñado de extinciones locales en una sola isla comparadas con el rico y tumultuoso flujo y reflujo de la vida en un mundo entero.