Jinetes Del Mundo Incógnito
- Автор: Абрамов Александр Иванович, Абрамов Сергей Александрович
- Язык: испанский
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Jinetes Del Mundo Incógnito». Краткое содержание книги:
Las “nubes” remueven la capa de hielo de la Antártica y la envían al espacio. Son capaces de reproducir cualquier tipo de estructura atómica, incluyendo al hombre. Los héroes de la historia encuentran a sus “dobles”, ven aviones duplicados y viven muchas aventuras en una ciudad copiada. Incluso combaten contra agentes de la Gestapo reproducidos del pasado por las misteriosas “nubes”.
Los científicos no pueden explicarse con que objeto se duplica la vida terrestre. Todos los intentos por lograr tener contactos con los visitantes del espacio cósmico terminan en un fracaso. Sin embargo, los científicos soviéticos -héroes de la novela- llegan a desentrañar el enigma de las “nubes” rosadas y establecer contacto con una civilización superdesarrollada existente fuera de nuestra galaxia
– Agregue, además, ¿de dónde este biosistema toma la energía? ¿En qué acumuladores la conserva? ¿Qué transformadores aseguran su conversión?
– Añada, entonces…
Pero nadie añadió nada: la película terminó, las luces se encendieron y todos callaron, como si la claridad hubiese traído la habitual cautela en la exposición de los juicios. El presidente de la reunión, académico Osovets, lo percibió:
– Camaradas, no estamos en un simposio, ni tampoco en una asamblea académica -dijo pausadamente-. Nosotros, todos los aquí presentes, representamos un comité especial creado por el Gobierno con los objetivos siguientes: determinar la naturaleza de las "nubes" rosadas, el objeto de su llegada a la Tierra, la agresividad o amistad de sus intenciones y el contacto posible con ellas, caso de que sean seres racionales. Desgraciadamente, lo que hemos visto no nos permite aún llegar a conclusiones o decisiones determinadas.
– ¿Por qué no? -le interrumpió la conocida voz de bajo-. ¿Y la película? Podemos hacer ya la primera conclusión, y es que esta película es una excelente joya científica y un material inapreciable para empezar a trabajar. Propongo la primera decisión: que sea exhibida en todo el mundo.
Me era bastante agradable escuchar todo lo expresado; lo reconozco. Agradable era también escuchar las palabras del presidente:
– La película fue valorada por el Gobierno como se lo merecía. Y ha sido tomada una resolución muy similar a la expresada por usted. El colega Anojin ha sido incluido en el grupo de trabajo de nuestro comité. Pero, a pesar de todo -continuó el académico-, la película no puede responder a un sinnúmero de preguntas e interrogantes que nos interesan. Por ejemplo, ¿de dónde, de qué región del universo han venido esos seres? ¿Qué forma de vida representan? (Dudo mucho que se base en proteínas.) ¿Cuál es su estructura físico-química? ¿Son seres animados y racionales o simplemente biorrobots con un programa específico de acción? Podemos formular un sinnúmero más de preguntas que somos incapaces de responder. Por lo menos, por ahora. Sin embargo, nosotros podríamos hacer algunas conjeturas y exponer hipótesis de trabajo que se publicarían no solamente en las revistas científicas, sino también en todos los periódicos del mundo. La humanidad quiere saber la verdad sobre las "nubes" rosadas, quiere escuchar, no disparates y cacareos de vaticinadores imbéciles, sino una información científica competente y seria, por lo menos, dentro de los límites de lo que hemos conocido y de lo que podemos conjeturar. Nosotros podemos informar, por ejemplo, sobre la posibilidad y los proyectos para el contacto, sobre los cambios del clima terrestre debidos a la pérdida del hielo y, fundamentalmente, podemos oponer un argumento sólido a la idea en boga de la hostilidad de esa civilización hasta ahora desconocida; demostrar con hechos y pruebas fehacientes la lealtad de ésta para con la humanidad.
– Quisiera añadir algo más, para completar lo que ya han escrito los periódicos -señaló un científico sentado junto a Zernov-. La proporción de deuterio o hidrógeno pesado en el agua corriente es muy insignificante y más insignificante aún en el hielo y en el agua derretida. Esto demuestra que estos últimos elementos son más activos biológicamente. Es también un hecho conocido, que el agua cambia sus principales propiedades físico-químicas bajo la acción del campo magnético. Y los glaciares terrestres, son, hablando con propiedad, agua ya expuesta a la acción del campo magnético de la Tierra. Tal vez esto derrame alguna luz sobre los objetivos de los visitantes.
– Me interesa más otro objetivo de los visitantes, a pesar de que soy glaciólogo -intervino Zernov-. Se sabe que ellos copian todas las cosas que ven para estudiar mejor la Tierra. Ahora bien, lo que no se comprende es por qué destruyen esas copias.
– Yo correré el riesgo de contestarle -dijo Osovets mirando a la sala. Se disponía a contestar a toda la sala y no sólo a Zernov-: Considero que ellos se llevan no la copia, sino solamente la grabación de la estructura de la copia. Para hacer tal grabación se necesita destruir esas copias, o mejor dicho, descomponerlas hasta el nivel molecular, o tal vez, hasta el atómico. Ellos no quieren destruir a los humanos, hacerles daño, como tampoco desean destruir las obras de los humanos. De todo esto resulta la sintetización y, posteriormente a la prueba, la eliminación subsiguiente de la copia.
– Esa actitud manifiesta su amistad y no su hostilidad, ¿verdad? -inquirió alguien.
– Sí, eso es lo que creo -respondió con cautela el académico-. Ya veremos.
Hubo muchas preguntas, algunas no las comprendí, otras las olvidé. Pero recuerdo muy bien la pregunta de Irina dirigida a Zernov:
– Profesor, usted ha expuesto que ellos copian todas las cosas que ven. Pero, ¿dónde están sus ojos? ¿Cómo ven?
Respondió no Zernov, sino el físico que estaba a su lado:
– Los ojos no son necesarios -aclaró él-. Ellos podrán reproducir cualquier objeto con la ayuda de la fotografía. Podrán, por ejemplo, crear una superficie sensible a la luz del mismo modo que crean cualquier campo magnético y grabar en esta superficie la luz reflejada por el objeto. Y nada más. Esta es, naturalmente, una de las posibilidades entre un sinnúmero de suposiciones probables. Con el mismo grado de probabilidad se puede suponer una "sintonización" acústica o aromática.
– Tengo la firme convicción de que ellos ven, oyen y perciben todas las cosas mucho mejor que nosotros -afirmó Zernov con una extraña solemnidad.
Esta vez no se rió nadie. Las palabras de Zernov parecían haber hecho un balance de lo que todos habían visto y escuchado; parecían revelarles a todos los presentes el significado de lo que necesitaban meditar y entender.
Capítulo 12 – La carta de Martin
Después de la salida de Anatoli, permanecí largo rato junto a la ventana, observando detenidamente el camino de asfalto cubierto de nieve que unía mi entrada con los límites de la calle. Tenía la esperanza de que Irina llegara. Ella podía venir, no por ternura, naturalmente, sino porque de otro modo no me podría informar sobre las noticias ni transmitir los encargos: yo no tenía teléfono. A nosotros nos unía ahora un mismo trabajo, pues ella era la secretaria del Comité especial y yo un colaborador del mismo, con una variedad de obligaciones, desde agregado de prensa hasta mecánico de cine. Por lo demás, a nosotros nos esperaba un trabajo mancomunado en Paris, ciudad a la que iríamos a fin de tomar parte en el Congreso internacional de científicos dedicado a las "nubes" rosadas: ese fenómeno incomprensible que inquietaba a todo el mundo. El académico Osovets encabezaría la delegación; Zernov y yo iríamos en calidad de testigos oculares; Irina, en cambio, nos acompañaría con un cargo más modesto, pero probablemente más importante que el nuestro, el de secretaria-traductora, dominando seis idiomas. En la delegación se incluyó también a Rogovin, físico de fama mundial, dueño de aquella voz de bajo que me intrigaba tanto durante la proyección de la película en la sala de conferencias. La designación ya estaba preparada, todos los documentos necesarios habían sido recibidos y sólo quedaban días contados para nuestra partida y teníamos aún que discutir muchas cosas. Zernov se encontraba en Leningrado despidiéndose de la familia y debía llegar de un día a otro…
Pero, hablando honestamente, ésa no era la razón por la que deseaba ver a Irina. Yo simplemente añoraba su presencia durante esta semana de confinamiento involuntario. Quería escuchar sus palabras irónicas y ver sus espejuelos ahumados, rectangulares, que le privaban en parte de encanto y feminidad. Me empujaba hacia ella, no la amistad ni el amor, sino algo vago e imperceptible que nos obliga a veces a buscar la presencia de alguien y que se esfuma cuando ese alguien aparece ante nosotros.
“¿Qué? Te gusta ella?" me pregunté a sí mismo. "Sí, mucho". "¿Estás enamorado?" "No lo sé". A veces ella me resultaba difícil y otras veces me hacía enfadar. A veces la simpatía que le profeso se vuelve repulsión y me dan ganas de hablar palabras ofensivas. Quizás se deba a que somos completamente diferentes y esa diferencia se aguza a veces como una navaja de afeitar. Cuando tal cosa ocurre, ella dice que mi cultura no es más que una ensalada hecha de Kafka, Hemingway y Bradbury; y mi respuesta es que la de ella es una sopa hecha con la revista "Técnica para la juventud" del año antepasado. Pero a pesar de todo tenemos algo de común que hace que nuestros encuentros sean interesantes y agradables.