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READ-E-BOOK » Научная фантастика » Jinetes Del Mundo Incógnito

Электронная книга - «Jinetes Del Mundo Incógnito». Краткое содержание книги:

Novela de ciencia ficción acerca de la aparición sobre la Tierra de misteriosas “nubes” rosadas, que resultan ser visitantes inteligentes del espacio cósmico. Los miembros de una expedición antártica soviética son los primeros en tener contacto con ellas en una serie de aventuras inexplicables.
Las “nubes” remueven la capa de hielo de la Antártica y la envían al espacio. Son capaces de reproducir cualquier tipo de estructura atómica, incluyendo al hombre. Los héroes de la historia encuentran a sus “dobles”, ven aviones duplicados y viven muchas aventuras en una ciudad copiada. Incluso combaten contra agentes de la Gestapo reproducidos del pasado por las misteriosas “nubes”.
Los científicos no pueden explicarse con que objeto se duplica la vida terrestre. Todos los intentos por lograr tener contactos con los visitantes del espacio cósmico terminan en un fracaso. Sin embargo, los científicos soviéticos -héroes de la novela- llegan a desentrañar el enigma de las “nubes” rosadas y establecer contacto con una civilización superdesarrollada existente fuera de nuestra galaxia
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El problema que Anatoli había tocado fue discutido en una reunión especial de la Academia de Ciencias, en cuyo debate yo estaba presente por ser quien filmó a los visitantes del cosmos. Se habló mucho de todo, pero especialmente de la naturaleza del fenómeno y de sus peculiaridades. Esto me llevó de nuevo a la órbita de las "nubes" rosadas.

Llegué al edificio de la Academia de Ciencias donde se debía realizar la reunión, una hora antes, aproximadamente, de la apertura de ésta, pues debía comprobar el proyector, la pantalla y el sonido: la película se proyectaba ya acompañada de texto. En la sala de conferencias encontré solamente a la taquígrafa Irina Fateieva, de la cual me habían dicho que sería la futura secretaria de una comisión especial que se formaría después de la reunión. Yo había sido advertido de que ella era una cobra, una políglota y una sabelotodo. Me habían dicho: "Si le preguntaras, qué resultaría si se mojara un cerebro abierto con una solución de cloruro potásico, recibirías de ella la respuesta exacta. Lo mismo resultaría si le preguntaras algo sobre el cuarto estado de la materia. Aun más, si tú desearas saber el significado de la palabra topología, podrías consultarle a ella". Pero no inquirí nada, lo único que hice fue mirarla, lo que me bastó para convencerme de la veracidad de las advertencias.

Ella llevaba un suéter de color azul oscuro con una ornamentación abstracta muy estricta, sus cabellos se hallaban recogidos en un moño sobre la cabeza, aunque no al estilo del siglo XIX. Sobre su nariz descansaban unos espejuelos ahumados sin montura de lentes rectangulares, a través de los cuales notábanse unos ojos inteligentes, penetrantes y exigentes. Ella escribía en su cuaderno de apuntes y cuando yo entré ni siquiera levantó la cabeza para mirarme.

Tosí.

– No tosa, Anojin, y no se pare en el medio de la sala -dijo ella sin mirarme-. Yo le conozco y sé todo lo relacionado con su persona. Así que, creo superflua la presentación. Siéntese en cualquier lugar y espere que yo termine esta sinopsis.

– ¿Qué es una sinopsis? -inquirí.

– No trate de mostrarse más ignorante de lo que es en realidad. Usted no necesita conocer la sinopsis de la reunión, si no fue invitado a ella.

– ¿A qué reunión? -quise saber.

– A la reunión del Consejo de Ministros. Ayer mostramos allí su película.

Yo estaba enterado de ello, pero no dije nada. Sus espejuelos rectangulares se dieron la vuelta hacia mí. "¡Qué bueno sería si ella se quitara esos espejuelos!" pensé.

Y se los quitó.

– Ahora empiezo a creer en la telepatía -le dije. Ella se levantó. Era alta como una basketbolista de primera clase.

– Anojin, ¿ha venido usted para examinar el aparato, la tensión de la pantalla y el regulador del sonido? Ya todo eso ha sido comprobado.

– Escuche, ¿qué es la topología? -le pregunté.

Sus ojos sin espejuelos no tuvieron tiempo de incinerarme, porque en esos momentos empezaron a llegar los invitados a la reunión. Nadie quería llegar tarde. El quorum fue reunido en un cuarto de hora. No hubo introitos. El presidente de la reunión le preguntó a Zernov que si habría algunas palabras de introducción. "¿Para qué?" preguntó a su vez aquél. A poco, la luz se apagó y en el cielo azul de la Antártida, proyectado sobre la pantalla, empezó a inflarse la campana morada.

Esta vez no tuve necesidad de comentar la película, porque la voz del locutor en la grabadora lo hacía en mi lugar. A diferencia de aquella reunión tensa que tuvo lugar en Mirni durante la proyección de la película por primera vez, ésta parecía una reunión de amigos ante la pantalla del televisor. De tiempo en tiempo las réplicas le "pisaban los talones" al locutor, eran alegres en su mayoría, algunas eran comprensibles sólo para los iniciados en las ciencias que dominaban aquí; otras eran punzantes como las estocadas de los esgrimistas y, en ocasiones, eran tan ingeniosas como las expresadas en un club de bromistas. Yo recuerdo algo de esto. Cuando la flor morada se tragó a mi doble junto con su cruzanieves, alguien, con una voz de bajo, gritó:

– ¡Que levante la mano el que considere al hombre como la cúspide de la creación!

Se oyó una risotada. La misma voz prosiguió:

– Debemos tener en cuenta una cosa irrefutable: ningún sistema creador de copias es capaz de construir una copia estructural más compleja que él mismo.

Cuando el borde de la flor, doblándose, empezó a desprender espuma oí:

– Es la espuma líquida, ¿verdad? ¿Cuáles serán sus componentes? ¿Gas? ¿Líquido? ¿O una sustancia capaz de formar espuma?

– ¿Está usted seguro de que eso es espuma?

– Yo no estoy seguro de nada.

– Quizás sea plasma a baja temperatura, ¿verdad?

– El plasma es un gas. Siendo así, ¿qué lo retiene?

– La trampa magnética. El campo magnético puede generar las paredes necesarias.

– Tonterías, colega. ¿Por qué ese gas disperso y efímero no se desintegra ni se esfuma bajo la presión de este campo? Pues éste no sería un campo privado de fuerza en el sentido de que no tiende a cambiar la forma.

– ¿Cómo, a su juicio, las nubes de gases interestelares forman campos magnéticos?

Otra voz se mezcló en la conversación:

– La presión del campo es variable, por cuya causa varía también la forma.

– La forma sí, pero, ¿por qué varía el color?

Lamenté no haber traído conmigo el magnetófono. La sala calló por unos minutos: en la pantalla apareció la flor gigante tragándose el avión, y el tentáculo-serpiente violeta engulléndose el modelo insensible de Martin. Aún estaba pulsando sobre la nieve, cuando una voz dijo:

– Quisiera hacerles una pregunta a los autores de la hipótesis del plasma. ¿Creen ustedes que ambos, el avión y el hombre, se fundieron en el chorro de gas dentro de la "botella" magnética?

Una risotada proveniente de la primera fila llenó la sala. Yo lamenté de nuevo no haber traído conmigo el magnetófono: ya empezaban a intercambiarse "disparos".

– En esto hay mística. Considero que es improbable.

– Para reconocer como posible la existencia de lo improbable no es necesaria la mística, sólo bastan las matemáticas.

– Eso es paradójico.

– Aquí, los matemáticos hacen más falta que los físicos. El matemático encontraría resoluciones más positivas que las que podrían lograr los físicos.

– Sería interesante saber qué es lo que encontraría.

– El matemático no necesitaría ningún tipo de muestras, sino más fotos. ¿Qué observaría en ellas? Observaría figuras geométricas distorsionándose a voluntad, sin desgarros y sin pliegues. Ese es un problema que se encuentra en el curso de topología.

– Perdone usted, pero, ¿quién resolvería entonces el "pequeñísimo" problema sobre la composición de esa biomasa rosada?

– ¿La considera usted una masa?

– Yo no puedo, a base de esos cuadros de color, considerarla un organismo pensante.

– Pero es evidente que puede elaborar información.

– Eso no es sinónimo de raciocinio.

Las réplicas se continuaban. La sala se excitó grandemente cuando en la pantalla apareció la sinfonía de hielo: nubes trabajando a modo de serruchos y gigantescas barras de hielo colgando sobre el fondo del cielo azul.

– ¡Mirad cómo se alargan! ¡Una nube de tres metros de longitud crece hasta el tamaño de un kilómetro y aseméjase a un buñuelo!

– Eso no es un buñuelo, sino un cuchillo.

– No entiendo nada.

– ¿Por qué no? Un solo gramo de cualquier sustancia en un estado de dispersión coloidal poseería una superficie enorme.

– Entonces, ¿es una sustancia?

– Es difícil hacer ahora una conclusión definitiva. ¿Cuáles son los datos que poseemos? ¿Qué nos dicen estos datos sobre este biosistema? ¿Cómo reacciona éste bajo la influencia del medio ambiente? ¿Creando un campo de fuerza? ¿Y quién o qué controla a este biosistema?

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