Jinetes Del Mundo Incógnito
- Автор: Абрамов Александр Иванович, Абрамов Сергей Александрович
- Язык: испанский
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Jinetes Del Mundo Incógnito». Краткое содержание книги:
Las “nubes” remueven la capa de hielo de la Antártica y la envían al espacio. Son capaces de reproducir cualquier tipo de estructura atómica, incluyendo al hombre. Los héroes de la historia encuentran a sus “dobles”, ven aviones duplicados y viven muchas aventuras en una ciudad copiada. Incluso combaten contra agentes de la Gestapo reproducidos del pasado por las misteriosas “nubes”.
Los científicos no pueden explicarse con que objeto se duplica la vida terrestre. Todos los intentos por lograr tener contactos con los visitantes del espacio cósmico terminan en un fracaso. Sin embargo, los científicos soviéticos -héroes de la novela- llegan a desentrañar el enigma de las “nubes” rosadas y establecer contacto con una civilización superdesarrollada existente fuera de nuestra galaxia
Lamentablemente, todo lo que sucedió posteriormente no pudo ser fotografiado por nadie. A Lisovski se le terminó el rollo de la cámara de películas, y yo no recordé a tiempo sobre la existencia de mi cámara de filmar, tanto más que ésta se encontraba en su estuche y era difícil prepararla a tiempo. Ante nosotros se desarrollaba velozmente un milagro aéreo cuyos creadores eran invisibles. El familiar capullo de color de frambuesa envolvió al avión-doble, se alargó enrojeciéndose y tornándose violeta, hasta que finalmente se desvaneció. No quedó nada: ni el avión ni el capullo, solamente la misma bruma blanquecina allá abajo.
El piloto entró en el compartimiento de pasajeros y tímidamente inquirió:
– ¿Podría alguien explicar lo que acaba de suceder?
Nadie respondió. El piloto esperó un rato y luego en tono irónico prosiguió:
– Señores científicos, ¿qué ha ocurrido? ¿Un fenómeno inexplicable? ¿Un milagro? Los milagros no existen.
– Por lo tanto, existen -respondió alguien.
Todos se rieron. Entonces Lisovski se dirigió a Zernov:
– Tal vez el camarada Zernov pueda explicarlo.
– Yo no soy Dios ni tampoco el oráculo de Delfos -farfulló Zernov-. Las "nubes" fueron las creadoras del avión-doble; todos han podido verlo. Por lo demás, ignoro tanto como ustedes el motivo y el objetivo de las duplicaciones.
– Entonces, ¿podría yo escribir textualmente todo lo que ha dicho? -preguntó Lisovsk.
– Sí, escríbalo -cortó Zernov y calló.
Volvió a este tema en Karachi donde aterrizó nuestro aeroplano. Un sinnúmero de periodistas, enterados por el radista de nuestro avión sobre lo acontecido en el aire, nos daba la bienvenida. En tanto que los periodistas atacaban a la tripulación del avión llevando en sus manos las cámaras fotográficas y los aparatos de cine, Zernov y yo nos colamos furtivamente entre ellos y llegamos al café a fin de saborear algún refresco. Recuerdo que le hice a Zernov una pregunta, mas no me respondió; luego, como si no me contestara a mí, sino a la idea que le intranquilizaba, afirmó:
– Este fue un método de simulación totalmente diferente de los otros.
– ¿Se refiere a los "jinetes"? -le pregunté.
– Esa palabrita no me deja tranquilo -manifestó irónicamente-. Aparece por todas partes. Respecto a la simulación tengo que decirle que fue completamente diferente.
Sin entenderle, pregunté:
– ¿Está usted hablando sobre el avión?
– No, no hablo del avión. El avión posiblemente fue copiado por completo del mismo modo que antes. Primeramente lo copiaron inmaterial e ilusoriamente y, luego, materialmente, o sea, repitiendo con exactitud toda su estructura atómica. La gente, sin embargo, fue copiada de otro modo: sólo crearon su aspecto exterior, su caparazón, su función de pasajero. ¿Qué es lo que hace un pasajero? Se sienta en el sillón del avión, mira por la ventanilla, toma refrescos y hojea libros o revistas. Dudo mucho que la vida psíquica del individuo haya sido reproducida en toda su complejidad. Por lo demás, esto no era necesario; lo fundamental era la copia real y activa del avión con sus pasajeros reales y activos. Estoy haciendo conjeturas, naturalmente.
– Pero, ¿por qué ellos destruyen la copia?
– Y, ¿por qué ellos destruyen a los dobles? -inquirió él a modo de respuesta-. ¿Recuerda usted la despedida de mi doble? Hasta hoy día no lo he podido olvidar.
Hizo mutis y dejó de responder a mis preguntas. Sólo cuando nos dirigíamos a la salida y pasábamos por el lado de Lisovski, a quien rodeaban los periodistas, Zemov se sonrió y dijo:
– Tengo la plena convicción de que él les lanzará algunos "jinetes" y de que aquéllos los atraparán y traerán a la memoria el Apocalipsis. ¡Oh, habrá de todo: un caballo pálido, un caballo negro y jinetes portadores de la muerte! ¿Leyó la biblia? ¿No? Entonces léala y parangónela con lo que vendrá.
Las predicciones de Zernov fueron exactas en todos sus detalles. Estuve a punto de saltar de la cama cuando, junto con los telegramas que informaban sobre la aparición de las "nubes" rosadas en Alaska y en el Himalaya, Diachuk me leyó la traducción del artículo del almirante Thompson publicado en un periódico de Nueva York. Hasta la terminología que Zernov había empleado bromeando coincidía plenamente con la del almirante.
"Alguien las llamó con acierto, "jinetes" -escribía el almirante-. Pese a todo, no dio en el blanco. Estas nubes no son simplemente jinetes, sino jinetes del Apocalipsis. Y no es una comparación accidental. Recordemos las palabras del profeta: "…y apareció un caballo pálido. El que lo monta se llama La Muerte y un poder le fue dado para hacer perecer a los hombres por la espada, por el hambre, por la peste y por las bestias salvajes…" Perdónenme todos mis lectores por utilizar la terminología que más convendría a un cardenal católico que a un marinero militar retirado. Empero, yo estoy compelido a hacerlo, debido a que la humanidad está recibiendo a estos intrusos con demasiada despreocupación". El almirante no estaba interesado en saber de dónde venían ellos, si de Sirio o del Alfa de Centauro y no le inquietaba que el hielo de la Tierra fuese transportado al espacio cósmico; lo que le molestaba eran los dobles. Ya en Mirni había expuesto su duda con relación a que se destruía: el hombre o el doble. Ahora, esa duda se manifestaba en una forma agresiva y convincente: "…los dobles y las personas suelen ser idénticos en todo: la misma fisonomía, la misma memoria y el mismo proceso de pensamiento. Pero, quién me puede probar que la afinidad en el pensamiento no tiene un límite tras el cual se manifieste el sometimiento a los creadores". Cuanto más escuchaba a Diachuk, tanto más me asombraba de la convicción fanática del almirante. El hasta rechazaba la realización de un estudio y de una observación objetivos, y exigía la expulsión de los intrusos con la ayuda de todos los medios disponibles. El artículo concluía con una sugerencia extraordinariamente fantástica: "Si de repente cambio de opinión y desdigo mis propias palabras, entonces yo soy el doble y he sido sustituido. En ese caso, les ruego que me ahorquen en el primer farol".
Lo curioso de este artículo no era solamente su contenido, sino también su tono que sembraba pánico y alarma. Era esto precisamente lo que inquietaba. Ya que personas incautas, acostumbradas a tomar en serio cualquier palabrería propagandística, podrían atemorizarse seriamente al conocer este artículo producto de un individuo inteligente, pero prejuiciado en sus ideas. Y lo que es peor, este artículo podría ser utilizado con propósitos malévolos en la ciencia y en la política por individuos inescrupulosos.
Felizmente debemos agradecer al almirante que no haya pedido el apoyo de estos últimos y que no haya competido con ellos en palabras anticomunistas.
Cuando le expuse a Anatoli mis razonamientos, éste dijo:
– El artículo del almirante es sólo una cuestión particular. El problema que surge ahora es otro. Hasta el momento presente, cuando los científicos o escritores de ciencia-ficción han escrito sobre la posibilidad de un encuentro con otro raciocinio del cosmos, lo que les interesaba era la cuestión de si sería amistosa u hostil la actitud de este raciocinio para con los hombres. Mas nadie pensó siquiera en la posibilidad de una actitud hostil de los hombres respecto a este raciocinio. He ahí el quid de la cuestión. Ahora todo el mundo está excitado. Si encendieras la radio por la noche, te enloquecerías. El mundo grita por todas las ondas: los clérigos, los ministros, los senadores y los astrólogos. Los platillos voladores son insignificantes comparado con esto. Hasta en los Parlamentos hubo interpelaciones con relación a este problema.
Esto era algo en lo que se debía pensar. Anatoli a veces expresaba juicios razonables.
Capítulo 11 – Ellos ven, escuchan y sienten