Momentos del Pasado
- Автор: Hart Jessica
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Momentos del Pasado». Краткое содержание книги:
Y Copper no había olvidado, pero no era la misma joven a la que había conocido siete años atrás. De hecho, tenía una propuesta de negocios muy pragmática que hacerle…
– Entonces era diferente -objetó desesperada-. Los dos éramos diferentes. Tú no estabas casado, y yo todavía no había conocido a Glyn. Nunca podría ser igual que entonces.
Un extraño brillo apareció en los ojos de Mal al escuchar el nombre de Glyn.
– No estaba diciendo que fuera a ser lo mismo -explicó, un tanto impaciente-. Sólo te estoy sugiriendo que ya que vamos a compartir un mismo lecho durante los tres próximos años, deberíamos disfrutar tanto del aspecto físico de nuestra relación como de su aspecto, digamos, profesional o de negocios. Sin embargo, eso es decisión tuya. No moveré ni un solo dedo para tocarte a no ser que tú misma me invites a ello. Todo lo que tienes que hacer es pedírmelo… ¡adecuadamente, por supuesto!
Copper se tensó al detectar el tono burlón de su voz.
– ¿Tendré que hacerte un requerimiento formal? -le espetó.
– Estoy convencido de que sabrás decírmelo cuando la ocasión se presente -repuso Mal, suspirando-. Mira, me doy cuenta de que no te atrae la idea. De acuerdo, lo respeto. Incluso podemos hacer que figure en el contrato, si de esa forma te parece mejor. Por lo que a mí respecta el asunto está cerrado, pero si cambias de idea, sólo tienes que decírmelo. Hasta que lo hagas, no tendrás ninguna necesidad de sentirte nerviosa acerca de acostarte conmigo. ¿Está claro?
– Sí -respondió Copper, tensa-. Gracias.
La seguridad que Mal le daba de que no se acercaría a ella a no ser que ella misma se lo pidiera debería resultarle reconfortante, pero de alguna manera se sentía incluso peor que antes. Se había expresado con una absoluta indiferencia con respecto a ese tema. ¿Realmente esperaría Mal que ella le pidiera tranquilamente que le hiciera el amor?
Copper intentó imaginarse la situación: «Oh, Mal, quiero que esta noche me hagas el amor». ¿O quizá había pensado en una tácita invitación? Tal vez esperaba que se le echara encima cuando estuvieran en la cama… Ardía de humillación al pensarlo. ¡Jamás sería capaz de hacer algo parecido! Pero ¿cómo podría pasar tres años durmiendo a su lado sin tocarlo, atormentada por sus recuerdos?
– Entonces -dijo Mal, irguiéndose-, ¿hacemos el trato?
¿Tres años conviviendo con Mal, o regresar a su casa para confesarle a su padre que había fracasado?, se preguntó Copper.
– Sí -respondió después de una pausa.
– Tu negocio debe de significar mucho para ti -comentó Mal casi de inmediato, lanzándole una sardónica mirada.
Por su expresión, Copper comprendió que estaba pensando en Lisa, quien siempre había antepuesto su trabajo a cualquier otra cosa. Pero ¿qué le importaba a ella que él pensara que era igual que su mujer? ¿No era eso mejor que dejarlo saber que temía más sus propias reacciones ante él que lo que pudiera hacerle?
– Así es -asintió, reuniendo los pedazos de su orgullo destrozado-. De otra manera no habría consentido en casarme contigo, ¿no?
– No, supongo que no.
Siguió otro incómodo y penoso silencio. ¿Cómo podía no darse cuenta Mal de lo mucho que necesitaba su consuelo? ¿Por qué no la abrazaba y le decía que todo saldría bien? ¿Cómo podía seguir allí, de pie, limitándose a mirarla, cuando todo lo que quería era que la estrechara entre sus brazos?
– Vamos -dijo Mal con un tono repentinamente brusco. Se quitó el sombrero, se pasó una mano por el pelo y después volvió a ponérselo-. No tiene sentido que nos quedemos aquí toda la tarde.
Empezaron a caminar hacia la casa, guardando una prudente distancia entre ellos.
– ¿Cuándo nos casaremos? -le preguntó ella con una temblorosa sonrisa.
– Por lo que a mí respecta, cuanto antes mejor -respondió Mal-. No querrás celebrar una boda por todo lo alto, ¿verdad?
– Yo no, pero voy a tener que convencer a mis padres de que me caso por amor, y creo que una boda formal ayudaría. Estoy segura de que podré conseguir algo apropiado que ponerme. Megan podría hacer de dama de honor, también.
– Estupendo, tú te encargarás de eso. Sólo dime cuándo y dónde tengo que organizar la boda.
– Es agradable saber lo mucho que significa para ti esta boda -comentó ella con tono sarcástico-. ¡Nadie pensará que nuestro matrimonio es sincero a juzgar por tu actitud!
– Oh, no te preocupes. Me mostraré convenientemente cariñoso cuando la ocasión lo requiera -le prometió.
– ¿Crees que alguien se creerá que nos hemos casado de verdad? -le preguntó bruscamente Copper, casi a su pesar.
– ¿Por qué no habría de creérselo?
– Bueno… sólo llevo dos semanas aquí. Les parecería demasiado precipitado…
– Entonces, tendremos que convencerlos de que nos enamoramos a primera vista, ¿no te parece?
«Ya lo hicimos antes»; esas palabras, que Mal estuvo a punto de pronunciar, permanecieron durante unos segundos como flotando en el aire.
– Brett no se lo tragará -dijo ella, cuidando de desviar la mirada-. Lleva todo este tiempo con nosotros y a estas alturas sabe perfectamente bien que no nos hemos enamorado. Yo misma se lo dije la otra noche.
– Lo recuerdo -repuso Mal con tono seco-. Pero Brett no te creyó. Me dijo que te había traicionado tu propia insistencia al negarlo.
– ¿Eso te dijo? -preguntó furiosa, deteniéndose bruscamente en medio del camino.
– A juzgar por los comentarios que soltó después de que pasáramos tanto tiempo encerrados en mi despacho aquella tarde, yo diría que casi está esperando a que se lo confesemos nosotros mismos -continuó Mal con tono tranquilo-. Todo lo que necesitas hacer es entrar ahora mismo en la casa como si acabara de besarte apasionadamente…
– ¿Y cómo se supone que voy a hacer eso? -Preguntó Copper, contrariada -¡No es tan fácil!
– Oh, no sé -un súbito brillo especulativo apareció en los ojos de Mal mientras extendía una mano para acariciarle tentadoramente una mejilla-. Yo no creo que sea tan difícil.
A Copper se le encogió el corazón, y casi se olvidó de respirar. Toda su furia anterior, su incomodidad, cualquier otro sentimiento se había evaporado ante su contacto. Incapaz de apartarse, sólo pudo mirarlo con los ojos muy abiertos. Y cuando Mal extendió la otra mano para acercarla hacia sí, cedió sin resistirse.
– Según mi experiencia, lo más sencillo es generalmente lo mejor -murmuró Mal-. Y la manera más sencilla es besándote -añadió muy suavemente, y la besó.
Al primer contacto de su boca, Copper suspiró levemente y entreabrió los labios. Aquello era como volver a casa, como reconciliarse con el pasado. Su lengua era tan excitante, sus labios tan cálidos y persuasivos como recordaba…
Indefensa, aterrada por la intensidad de su propia respuesta, Copper se agarró a la camisa de Mal en un esfuerzo por anclarse a la firme seguridad de su cuerpo. Todo a su alrededor se había evaporado y sólo existía él…, el sabor de sus labios, el contacto de sus manos, la abrasadora intensidad de su beso. La cabeza le daba vueltas, su cuerpo pulsaba de emoción, y cuando Mal dejó de besarla para estrecharla entre sus brazos, ni siquiera pensó en protestar. En vez de ello, dejó de agarrarle la camisa y deslizó las manos por su espalda y su cintura, como impelida por una fuerza irresistible.
Se besaron apasionadamente, sin aliento, casi desesperados mientras las dudas y la confusión que Copper había sentido durante las dos últimas semanas desaparecían de repente. Se sentía perdida, pero no le importaba, Sólo le importaban aquellos brazos que se cerraban en torno a ella, aquellos besos… y la convicción de que nunca más quería volver a separarse de Mal.
Capítulo 6
– ¿Mal? ¿Eres tú…? -la voz de Brett interrumpió aquel momento de pasión. El joven se detuvo bruscamente en la puerta de la casa mientras contemplaba la escena-. ¡Oh, oh! -exclamó sonriendo.