Un regalo en mi puerta
- Автор: Морган Рэй
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un regalo en mi puerta». Краткое содержание книги:
Mitchell Caine era un soltero convencido, pero supuso que podría echarle una mano a su vecina en esas circunstancias. Lo extraño del caso fue que después de un largo fin de semana de pañales y biberones, Mitchell empezó a pensar que sería muy divertido que los dos pudieran cuidar juntos a sus propios bebés.
– No podemos quedarnos sin hacer nada -gritó-. ¿No puedes llamar a tus amigos de la comisaría?
Mitch podía hacerlo, pero no sabía qué iba a decirles. Sin embargo, debía intentarlo. Él tenía su propia idea de lo que podía estarles ocurriéndoles a las dos niñas.
– Llamaré a Jerry -anunció mientras buscaba el teléfono, pero antes que marcara el número, la puerta de entrada se abrió.
– Hola -Jimmy entró con una de las niñas en el hombro-. ¿Ya habéis vuelto?
Britt se adelantó cuando Lani entró detrás de Jimmy con Danni en brazos. Sin decir nada, le quitó a la criatura.
– ¿Dónde habéis estado? -preguntó Mitch muy serio.
– Hemos bajado al patio para dar un paseo -Jimmy pareció sorprendido.
– Las niñas necesitan vitamina D -les recordó Lani tranquila-. Miradlas. ¿No veis qué contentas están?
– Tranquila -le susurró Mitch a Britt-. Podíais habernos dejado una nota -continuó en voz alta, intentando dominar su enfado-. Creíamos que os habían secuestrado a todos.
– ¿Secuestrado? Jimmy pareció intrigado-. Ay, lo siento no sabíamos que ibais a volver tan pronto. Después de todo… -señaló los paquetes que estaban en el suelo-. Parece que habéis comprado toda la tienda.
Britt se movió y Mitch le rodeó los hombros con el brazo.
– No tienen la menor idea del problema que tenemos -le recordó Mitch a Britt-. No saben que Sonny y Janine existen.
Britt asintió con un movimiento brusco de cabeza, sabía que Mitch tenía razón. Estaba volcando todas sus fuerzas en controlarse y lo lograría, era indispensable que lo hiciera. Y por el bien de las criaturas debía mantenerse tranquila.
Sabía que el dolor que acababa de experimentar era una advertencia. No debería encariñarse tanto con las gemelas. ¿Por qué no se valía de su experiencia? ¿Qué diablos le pasaba?
Fuera lo que fuese, en ese momento podía detenerse. Para calmarse tuvo que abrazar fuerte a cada criatura, durante unos minutos.
– Gracias por vuestra ayuda -logró decir cuando los jóvenes se disponían a salir.
Mitch trató de pagarles, pero Jimmy no quiso aceptar el dinero.
– En vez de eso llévanos a cenar una de estas noches -sugirió-. Sabes que somos estudiantes hambrientos. Nos sentaría bien una comida gratis.
Mitch los acompañó a la puerta, se despidió de ellos y se volvió. Después abrazó con fuerza a Britt que llevaba en brazos a las dos criaturas.
– Menos mal que estáis bien -les susurró a las niñas, aunque miraba a Britt.
Sorprendida, Britt se lo quedó mirando. No se había dado cuenta antes de lo mucho que le había asustado a Mitch no ver a las criaturas. Saber que ella había sentido lo mismo le proporcionó un agradable sentimiento de simpatía. Cuando al final Mitch la soltó, Britt se sintió un poco triste. Le gustaba que él la abrazara.
Mientras Britt permanecía sentada con las niñas, Mitch reunió las compras y comenzó a sacarlas de las bolsas y paquetes.
– Ropa, niñas -les anunció levantando una prenda-. De haber sido niños, yo estaría pidiéndoles disculpas. Pero se dice que a las niñas les gusta la ropa -movió la cabeza-. Estamos llegando a las cosas mejores -arrastró una caja grande, la abrió y comenzó a sacar piezas de metal.
– Mirad qué columpio nuevo -le dijo Mitch a Donna mientras armaba un columpio para bebés-. Dentro de un rato estaréis meciéndoos, si no me equivoco al seguir las instrucciones. Es una pena que a nadie se le ocurra utilizar un inglés claro en las instrucciones.
Britt se echó a reír y levantó a una chiquilla y luego a la otra para que vieran lo que hacía Mitch. Luego éste tomó la siguiente bolsa.
– Aquí están los dados de espuma, niñas -anunció colocándolos en el suelo.
Britt colocó a las niñas boca abajo, cerca de ellos.
Pero los dados no les gustaron tanto como los sonajeros. Britt no sabía lo mucho que les gustaba a las criaturas golpear objetos que hacían ruido, pero pronto se enteró. Jugó con las niñas mientras Mitch terminaba de armar el columpio y colocaba unos móviles sobre las camitas. Britt tenía a las niñas en brazos cuando Mitch volvió.
– Hola, Donna. Hola, Danny -susurraba Britt-. ¿Nos habéis echado de menos cuando hemos salido?
Mitch la observó y tuvo que dominar el deseo de hacerle una advertencia. Era evidente que se estaba encariñando demasiado con las pequeñas. Pero seguía sin saber qué podía hacer al respecto. También él estaba encariñado con ellas.
– Listo -anunció al acercarse-. Todo lo que una niña puede desear. Así que no quiero oír más lloros, niñas, ¿de acuerdo? De ahora en adelante estaréis demasiado ocupadas para quejaros.
Al cabo de un rato a las niñas empezaron a cerrárseles los ojos. Luego Britt calentó dos biberones, después de dárselos, las acostaron y para entonces, los dos estaban agotados. Britt invitó a Mitch a la cocina para que tomara una taza de té. Se sentaron a la mesa, uno frente al otro.
– Me ha gustado conocer a Jimmy -comentó Britt después de darle un sorbo al té-. Me ha gustado mucho.
– Es un gran chico, ¿no? -Mitchell sonrió.
– Eso parece.
– El resto de mi familia también es muy agradable -comentó Mitch, inclinándose y sonriendo de manera afectuosa-. Algún día los conocerás. De vez en cuando ofrecemos reuniones familiares en la Isla Grande. Te llevaré a una.
A Britt le entusiasmó aquella propuesta.
– ¿Creciste allí? -le preguntó a Mitch.
– Sí.
Britt titubeó. Generalmente cambiaba de tema cuando llegaban a ese punto. La familia y la niñez de las personas no eran los temas que más le agradaban. Hablar de ello la hacía recordar cosas muy dolorosas. Pero después de conocer a Jimmy y de haber oído hablar de sus parientes tenía mucha curiosidad.
– ¿Cómo se vive dentro del seno de una familia cariñosa como la tuya? -preguntó abrazándose con fuerza.
– ¿Cómo? -Mitch se encogió de hombros sin saber lo difícil que le había resultado a Britt formular la pregunta-. No lo sé. Entonces, me parecía una vida normal. Reñíamos. Teníamos nuestros altibajos. Pero siempre salíamos adelante porque nos queríamos y respetábamos.
– Ah -murmuró Britt. Parecía demasiado bueno para que fuera verdad-. Pero tus padres no siempre estaban con vosotros, ¿verdad?
– No. Shawnee fue la que nos cuidó. Y la pobre tuvo mucho trabajo -sonrió al recordarlo-. Por ejemplo, mi hermano mayor, Mack, siempre estaba metido en algún lío. Tuvo problemas serios con la policía.
– Pero ése es el que tiene el servicio aéreo.
– Así es. Terminó siendo trabajador y honrado. Pero hubo momentos, muchos de ellos, en los que pensamos que iba a terminar mal.
Britt murmuró algo banal. Ella tenía muchas cosas que contarle sobre lo que era vivir en la adversidad, pero no lo haría, no podría.
– El siguiente en edad es Kam -continuó-. Kam era demasiado serio para meterse en algún lío. El siguiente soy yo… -sonrió abiertamente-. Yo era malditamente adorable.
Britt soltó una carcajada.
– Crees que tu encanto te despejará el camino en la vida, ¿no?
– Hasta ahora me ha dado muy buen resultado -contestó no muy serio.
– No comprendo por qué no has formado una familia propia después de haber tenido una vida familiar tan agradable.
– Tengo tiempo, no soy tan viejo.
– ¿Qué edad tienes?
– Treinta y dos años.
Britt arqueó una ceja e hizo una pregunta que sabía era muy indiscreta.
– ¿Qué edad tenía tu última amiguita?
– Oye -fingió estar enfadado-. Eso ha sido un golpe bajo.
– Es decir, era demasiado joven.
– No, de hecho, hace bastante tiempo que no tengo lo que podría catalogarse como una novia…
– ¿No? ¿Ahora no estás saliendo con nadie?
Mitch la observó fijamente. Britt se ruborizó y él sonrió.
– En estos momentos no -dijo con firmeza, sin querer pensar en Chenille-. Soy un hombre libre.