Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino
El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino

Электронная книга - «El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino». Краткое содержание книги:

El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino
1 ... 175 176 177 178 179 180 181 182 183 ... 228
Перейти на страницу:

—Me lo vas a poner difícil, ¿verdad? —le espetó la mujer, lanzándole una mirada impaciente. Pero entonces dulcificó el gesto y esbozó de nuevo una suave sonrisa—. Claro que a mí me gusta que un hombre me lo ponga difícil. Mira, lo estás haciendo mal. Te dije que para que el dolor cesara tenías que pensar algo agradable sobre mí, y no es eso lo que estás haciendo. Estás pensando en unos estúpidos árboles. Éste es mi último aviso: o piensas algo agradable sobre mí y así detienes el dolor de la magia, o dejaré que sufras toda la noche. ¿Entendido?

—Sí, ama Denna.

—Muy bien, muy bien. —La sonrisa de la mord-sith se hizo más amplia—. ¿Lo ves? Eres una buena mascota. Pero recuerda, piensa algo agradable sobre mí. —La mujer le cogió las manos y clavó los ojos en los de Richard al mismo tiempo que presionaba las manos del joven contra sus pechos—. He descubierto que la mayoría de los hombres centran aquí sus pensamientos agradables. —Denna se inclinó hacia él, sin apartar las manos de Richard de sus pechos, y añadió en tono displicente—: Pero si hay alguna otra cosa que te inspire más, por favor, no dudes en pensar en ella.

Richard decidió que el cabello de Denna le parecía bonito y que eso era en lo único agradable de la mord-sith en lo que iba a pensar. Súbitamente, el dolor lo atenazó y lo obligó a ponerse de rodillas, haciéndose más y más intenso hasta que no pudo respirar. Abrió la boca, pero no pudo coger aire. Los ojos se le querían salir de las órbitas.

—Vamos, demuéstrame que puedes hacer lo que te dicen. Puedes detener el dolor siempre que quieras, pero debes hacerlo como yo te digo.

El joven alzó la vista hacia ella, hacia su cabello. Lo veía todo borroso. Se concentró en pensar lo atractiva que le parecía la trenza de Denna. El dolor desapareció de inmediato y Richard se desplomó en el suelo, jadeando.

—Levántate. —El joven hizo lo que la mord-sith le ordenaba, aún pugnando por respirar—. Muy bien, así es como debes hacerlo. A partir de ahora, será mejor que únicamente trates de eliminar el dolor de este modo, o modificaré la magia y tendrás que sufrirlo continuamente. ¿Entendido?

—Sí, ama Denna. —Richard todavía trataba de recuperar el resuello—. Ama Denna, dijisteis que alguien me traicionó. ¿Quién?

—Uno de los tuyos.

—Ninguno de mis amigos haría algo así, ama Denna.

—Entonces diría que no son realmente amigos, ¿no? —le espetó la mord-sith, mirándolo con desdén.

Richard clavó los ojos en el suelo, sintiendo un nudo en la garganta.

—Tenéis razón, ama Denna. Pero ¿quién fue?

—El amo Rahl no lo consideró de suficiente importancia para comunicármelo —contestó la mujer, encogiéndose de hombros—. La única cosa importante que debes saber es que nadie va a rescatarte. Nunca volverás a ser libre. Cuando antes lo asimiles, más sencillo te resultará, y más fácil será tu entrenamiento.

—¿Y cuál es el objetivo de mi entrenamiento, ama Denna?

—Enseñarte qué significa el dolor —repuso la mord-sith, nuevamente con una sonrisa en los labios—. Enseñarte que tu vida ya no te pertenece, que es mía y que puedo hacer con ella lo que me plazca. Cualquier cosa. Puedo hacerte daño en la forma que elija, durante tanto tiempo como guste, y nadie va a ayudarte, excepto yo. Voy a enseñarte que solamente yo puedo concederte un instante sin dolor. Vas a aprender a obedecerme, en todo, sin preguntas ni vacilaciones. Vas a aprender a suplicar por todo lo que necesites.

»Primero te entrenaré aquí unos días y, cuando considere que ya has progresado lo suficiente, te llevaré a otro lugar donde viven más mord-sith. Allí continuaremos el entrenamiento hasta el final, por mucho tiempo que me lleve. Dejaré que otras mord-sith jueguen contigo para demostrarte lo afortunado que eres de que yo sea tu entrenadora. A mí no me caen del todo mal los hombres, pero algunas de mis compañeras los odian. Te dejaré que otras te tengan un rato para que entiendas lo amable que estoy siendo contigo.

—¿Y cuál es el objetivo de este entrenamiento, ama Denna? ¿Qué propósito perseguís? ¿Qué queréis?

La mord-sith parecía disfrutar respondiendo a esas preguntas.

—Tú eres alguien especial. Fue el mismo amo Rahl quien decidió que te sometieras al entrenamiento. —La sonrisa de Denna se hizo más amplia para añadir—: Quiso que yo fuese tu entrenadora. Supongo que quiere preguntarte algo. No permitiré que me dejes mal delante de él. Cuando acabe contigo, me estarás suplicando que te lleve ante él para decirle todo lo que quiera saber. Y, cuando él acabe contigo, serás mi esclavo por el resto de tu vida, dure lo que dure ésta.

Richard tenía que concentrarse en su cabello mientras se esforzaba por no dejarse llevar por la cólera. Sabía qué quería saber Rahl el Oscuro: el paradero del Libro de las Sombras Contadas. El libro estaba a salvo, al igual que Kahlan. Eso era lo único importante. Por él, Denna podía matarlo. Le haría un favor.

Denna caminó a su alrededor, mirándolo de arriba abajo.

—Si demuestras que eres una buena mascota, es posible que te tome como compañero. —La mord-sith se detuvo frente a él, acercó su rostro al de Richard y le dirigió una sonrisa tímida y coqueta—. Las mord-sith somos monógamas. Yo he tenido muchos compañeros. —Ahora sonreía mostrando los dientes—. Pero no te dejes llevar por el entusiasmo, cielito —musitó—. Dudo que para ti sea una experiencia agradable, en caso de sobrevivir, claro está. Ninguno de los demás lo consiguió; todos ellos murieron poco después de convertirse en mis compañeros.

A Richard no le pareció un motivo de preocupación. Rahl el Oscuro quería el libro y, si no hallaba el modo de escaparse, lo mataría como había matado a su padre y a Giller. Pero lo único que averiguaría leyendo sus entrañas era dónde se encontraba el libro: dentro de su cabeza. Por mucho que leyera sus entrañas, nunca averiguaría el contenido del Libro de las Sombras Contadas. Richard solamente esperaba poder vivir lo suficiente para ver la expresión de sorpresa en la faz de Rahl el Oscuro cuando se diera cuenta de que acababa de cometer un error fatal.

Si no había libro, no había caja. Rahl el Oscuro podía darse por muerto. Eso era lo único importante.

En cuanto a que había sido traicionado, Richard decidió que no se lo creía. Rahl el Oscuro conocía las normas de los magos y estaba poniendo en práctica la Primera Norma para tratar de asustarlo. Era el primer paso que lleva a creer. Richard decidió que no pensaba dejarse engañar por la Primera Norma de un mago. Conocía a Zedd, a Chase y a Kahlan, y no iba a creer a Rahl el Oscuro antes que a sus amigos.

—Por cierto, ¿dónde conseguiste la Espada de la Verdad?

—Se la compré al último Buscador, ama Denna —contestó Richard, mirándola directamente a los ojos.

—¿De veras? ¿Qué le diste a cambio?

El joven le sostuvo la mirada.

—Todo lo que tenía. Al parecer, va a costarme la libertad y, probablemente, también la vida.

La mord-sith se echó a reír.

—Tienes mucho carácter. Me encanta quebrar a un hombre con mucho carácter. ¿Sabes por qué Rahl el Oscuro me eligió a mí?

—No, ama Denna.

—Porque soy implacable. Es posible que no sea tan cruel como algunas de mis compañeras, pero disfruto quebrando a un hombre mucho más que ninguna de ellas. Me encanta dar dolor a mis mascotas; vivo para ello. —Denna arqueó una ceja y sonrió—. Yo nunca abandono, no me canso y nunca aflojo. Jamás.

—Es un honor estar en manos de la mejor, ama Denna.

La mujer le aplicó el agiel sobre el corte en el labio y lo sostuvo allí hasta que Richard cayó de rodillas, llorando.

—Que sea el último comentario frívolo que oigo de tus labios. —La mujer retiró el agiel y se lo introdujo en la boca, haciéndolo caer al suelo de espaldas, despatarrado. Entonces, presionó el instrumento de tortura contra el estómago del joven. Justo antes de desmayarse, Denna lo retiró—. ¿Qué dices a eso?

1 ... 175 176 177 178 179 180 181 182 183 ... 228
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)