Las Baladas Del Ajo
- Автор: Янь Мо
- Язык: испанский
- Переводчик: Carlos Osses Torron
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Las Baladas Del Ajo». Краткое содержание книги:
La trama tiene lugar en el Condado Paraíso, una zona rural de China que apenas ha conocido cambios sociales en las últimas generaciones. Pero la pobreza desatará pasiones feroces que rompen con las antiguas tradiciones.
El Gobierno ha animado a los granjeros a plantar grandes campos de ajo. Éstos recorren enormes distancias con su cosecha, pagan elevados impuestos y, al final, descubren que es imposible venderlo porque los almacenes estatales están repletos. Los campesinos se sublevan y la represión se acentúa pero, incluso encarcelados, aún florecen entre ellos el amor y la lealtad.
– Vete y vive tu vida. No necesito una esposa. Seguiré soltero hasta el día que me muera…
La madre caminó hacia él.
– Levantaos los dos -dijo-. ¿Qué van a pensar los vecinos si os ven peleando como perros y gatos?
– ¡Levantaos! -repitió el padre severamente.
Hermano Mayor, obediente, hizo que las zarzas crujieran mientras se levantaba.
– Padre, madre -dijo entre sollozos-, haré lo que vosotros digáis.
Jinju permaneció un poco más sobre la valla antes de ponerse de pie.
Mientras tanto, Segundo Hermano entró en la casa y encendió la radio a todo volumen. Un cantante de ópera estaba gritando: Wah-wah.
Hermano Mayor colocó un taburete detrás de Jinju y extendió las manos sobre sus hombros.
– Siéntate, hermana. «Los vientos huracanados siempre cesan y las familias pronto regresan a la paz». No puedes confiar en los extraños, pero tus hermanos siempre estarán a tu lado.
Demasiado débil como para mantenerse en pie, Jinju cedió a la amable presión de sus manos y se sentó. Y lo mismo hicieron el padre y la madre, él para volver a turnar su pipa y ella para encontrar una manera de hacer entrar en razón a su hija. Mientras tanto, Hermano Mayor entró en la casa con la intención de mezclar un poco de pasta de fideos para extenderla en la cabeza herida de su hermana. Pero ella lo rechazó cuando éste trató de embadurnarla.
– Sé una buena chica -dijo-, y déjame que te aplique un poco de esto.
– ¿Por qué la tratas así? -preguntó el padre-. ¡No tiene el menor sentido de la vergüenza!
– Mira quién habla -replicó Jinju.
– Vigila esa boca -amenazó su madre.
Hermano Mayor agarró su taburete y se sentó junto con los demás.
Una estrella fugaz asomó mientras atravesaba la Vía Láctea.
– Jinju, ¿recuerdas cuando tenías dos años y te llevé a ti y a nuestro hermano a pescar al río? Cuando llegamos te senté en la orilla para que él y yo pudiéramos echar las redes y, cuando me di la vuelta, ya te habías ido. Casi me muero del susto. Pero Segundo Hermano gritó: «¡Ahí está!». Y cuando miré, estabas revoleándote en el agua. Así que agarré la red y te atrapé de un solo intento. ¿Recuerdas lo que dijo Segundo Hermano? «¡Esta vez sí que has atrapado a un pez enorme!» Por entonces, mi pierna todavía estaba sana. El hueso no empezó a reblandecerse hasta al año siguiente…
A continuación, se detuvo y suspiró. Luego continuó con una risa desdeñosa:
– Han pasado casi veinte años y ahora ya eres toda una mujer.
Más suspiros.
Jinju escuchó las agudas pisadas del potro castaño mientras corría por delante de la puerta y bajaba hasta el borde de la era y percibió los chillidos de los periquitos que procedían del patio de Gao Zhileng, pero eso no le hizo reír ni llorar.
El padre se levantó después de golpear su pipa contra la planta de su zapato y tosió unas cuantas veces.
– Es hora de acostarse -dijo, mientras se dirigía hacia el interior de la casa. Unos minutos más tarde, apareció con una enorme llave de latón para cerrar la puerta. Zas. La atrancó.
A la noche siguiente, la propiedad de los Fang era un hervidero. Los dos hijos habían sacado una mesa octogonal y tomaron prestados cuatro bancos de la escuela elemental. La madre se encontraba en la cocina, donde el wok chisporroteaba con fuerza. Jinju se encontraba dentro de la casa -su pequeña habitación estaba aparte de la de sus hermanos- escuchando el jaleo que había fuera. No había salido de su cuarto en todo el día y Hermano Mayor, que permaneció en casa en lugar de ir a atender los campos, entraba cada cierto tiempo para mantener una breve conversación con su hermana, pero ésta se tapaba con la manta por encima de la cabeza y no le recompensaba ni con una sola palabra como respuesta.
El padre y la madre se encontraban hablando entre susurros en la habitación exterior.
– Todos están marchitos y amarillos -dijo ella-, y envolverlos en plástico no va a servir de nada.
Jinju percibía el olor del ajo.
– No los has sellado lo suficientemente bien -dijo el padre-. No se habrían secado o puesto amarillos si hubieras sacado todo el aire.
– No sé cómo el gobierno se las arregla para mantenerlos tan verdes y bonitos durante todo el invierno, como si los acabaran de arrancar de la tierra -comentó la madre.
– Almacenamiento en frío, así es como lo hacen. Cuando estás dentro de uno de esos congeladores tienes que llevar abrigo y pantalones forrados, incluso en pleno verano. Así ¿cómo se van a estropear?
– Deja que sea el gobierno quien haga las cosas -dijo la madre con un suspiro de admiración.
– Siempre y cuando puedan seguir exprimiendo al pueblo.
El zuok chisporroteaba todavía más, inundando la casa con el olor del ajo.
– ¿Por qué no pedimos a Segundo Hermano que vaya a hablar con el adjunto Yang a la oficina municipal?
– No -rechazó el padre-. Podría hartarse de que recurramos siempre a él y no volver jamás.
– Vendrá, Si no lo hace por nosotros, al menos lo hará por su sobrino.
– En realidad no es su sobrino -dijo el padre pesadamente.
Más tarde, cuando las lámparas se encendieron, Jinju escuchó voces en el patio y, por los fragmentos de conversación que pudo percibir, dedujo que entre los invitados estaban su futuro suegro, Liu Jiaqing, y Cao Jinzhu, el padre de su futura cuñada, Cao Wenling. Los demás miembros de la futura familia estaban presentes, al igual que el adjunto Yang, que trabajaba en el gobierno municipal. Una vez que se dispensaron las debidas formalidades, llegó la hora de beber.
Hermano Mayor se dirigió hacia la habitación de Jinju con un humeante pastel y un plato de cerdo con ajo frito.
– Hermana -dijo suavemente-, come algo. Luego lávate, cámbiate de ropa y ven a saludar a tu futura familia política. Tu abuelo político está preguntando por ti.
Ni una palabra, ni un sonido.
– No seas tonta -continuó diciendo en voz baja-. Alguien tan rico como el señor liu seguramente no vendrá con las manos vacías en un día como hoy.
Ni una palabra, ni un sonido.
Colocó la comida sobre el kang y salió invadido por el desanimo. Fuera, en el patio, habían comenzado a beber y la fiesta empezaba a caldearse. Se podía escuchar la voz del adjunto Yang por encima de la ie los demás. A continuación, Jinju escuchó a su madre y a Hermano Mayor susurrar en la habitación de al lado.
– ¿Cuánto falta? -preguntó el hermano.
– Todavía media botella… Doscientos gramos o más. ¿Es suficiente?
– De sobra. El adjunto Yang y el anciano Liu pueden pulirse una botella entera ellos solos.
– ¿Y si pedimos prestado un poco?
– ¿A estas horas de la noche? Vete a por una botella vacía. Diluiremos lo que nos queda con agua e intentaremos que cuele.
– ¿Qué pasa si no sabe igual? Seremos el hazmerreír.
– En este momento ya tendrán las papilas gustativas entumecidas. Serán incapaces de saborear nada.
– Aun así, no me parece correcto.
– ¿Qué es lo que no te parece correcto? En estos tiempos, allá donde mires siempre hay alguien que trata de engañarnos con algo. El que no devuelve el engaño es que es idiota. Pero si hasta el funcionario del gobierno es deshonesto, ¿por qué no vamos a poder serlo os pobres campesinos?
La madre no dijo nada y, un minuto después, Jinju escuchó el sonido del líquido derramado en el interior de una botella.
– ¿No tenemos DDT?
– ¡Bestia inmunda! -la madre trató de mantener la voz baja. -¿Cómo puedes tener esos pensamientos tan malvados?
– Dicen que un poco de DDT hace que sepa como el verdadero Maotai.
– Vas a matar a alguien.
– No te preocupes. Sólo añadiré una gota y es una botella muy grande. Lo peor que podría suceder es que vomiten las lombrices.