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Momentos del Pasado

Электронная книга - «Momentos del Pasado». Краткое содержание книги:

Cuando, después de algunos años, Matthew Standish volvió a la vida de Copper traía una propuesta de matrimonio muy poco romántica bajo el brazo. Según el, la situación requería soluciones prácticas: Matthew necesitaba una madre para su hija de corta edad y un ama de llaves para Birraminda. La solución parecía fácil, sencilla, lógica… sobre todo teniendo en cuenta que Matthew estaba seguro de que la pequeña Copper no podía haber olvidado los momentos que compartieron en el pasado.
Y Copper no había olvidado, pero no era la misma joven a la que había conocido siete años atrás. De hecho, tenía una propuesta de negocios muy pragmática que hacerle…
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Durante toda la cena Copper, permaneció distraída, ignorando los burlones comentarios de Brett acerca de su larga entrevista con su hermano, solamente consciente de la presencia de Mal sentado a la cabecera de la mesa. Si estaba preocupado acerca de la decisión que iba a tomar, evidentemente no daba ninguna muestra de ello. No le sonrió, ni siquiera hizo esfuerzo alguno por incluirla en la conversación. Simplemente se sentó allí y se puso a hablar… ¡de vacas!

Copper estaba tan irritada que decidió no pensar siquiera en su propuesta. El problema era que no podía evitarlo; tomó perfecta conciencia de ello cuando se acostó aquella noche con la yana intención de conciliar el sueño. Poco antes, cuando se dirigía a su habitación, pasó un momento por la de Megan con la intención de arroparla, al ver que se había destapado. Mientras le acariciaba tiernamente el cabello la oyó suspirar y murmurar algo en sueños, y sintió que se le encogía el corazón. Y pensó que quizá hubiera peores maneras de pasar los próximos tres años… que asegurándose de que aquella pequeña recibiera todo el amor y la seguridad que tanto necesitaba.

En un principio, había pensado en volver a Inglaterra para pasar un par de años trabajando allí, una vez que el proyecto de Birraminda empezara a funcionar. Recientemente habían contratado a una nueva persona, muy prometedora, para que se hiciera cargo de las tareas de administración de la empresa, así que su partida no le dolería tanto a su padre… Eso significaría un conveniente cambio de aires, y le proporcionaría una oportunidad para librarse de la humillante simpatía de sus amigos. ¿Por qué, en vez de eso, habría de pasar los siguientes tres años en Birraminda? ¿Qué diferencia podría suponer para ella?

La diferencia estaba en Mal. El solo pensamiento de casarse con él le provocaba escalofríos. «Un trato de negocios», había dicho Mal, pero ¿cómo podía pretender que un matrimonio se transformara en eso? ¿Dormirían tranquilamente en habitaciones separadas por las noches, como lo hacían ahora, o compartirían un dormitorio? ¿Esperaría Mal que ella durmiera cada noche a su lado, en la misma cama?

Una ama de llaves o una esposa; ¿qué era lo que realmente deseaba Mal? ¿Y hasta qué punto podría ella soportar serlo?

Agotada, al fin se durmió, y al despertarse se quedó sorprendida al descubrir que se sentía mucho más tranquila. Incluso fue capaz de sostener una tranquila conversación con Mal acerca de las tareas de la granja. Por la mañana, tomó conciencia de que lo único que le importaba no era si Mal dormiría o no con ella, sino el efecto que le causaría a su padre si se negaba a casarse con él y, en consecuencia, fracasaba su ansiado proyecto en Birraminda.

Dan experimentaría una amarga decepción al perder aquella granja, a la que había considerado el lugar ideal. Se quedaría frustrado al ver retrasado su proyecto, y deprimido por la perspectiva de tener que empezar otra vez desde cero. Era lo último que necesitaba en aquel momento, cuando el futuro de su empresa se hallaba en peligro. Si Copper volvía a su casa sin haber conseguido el consentimiento de Mal, tendría la sensación de haberle fallado.

En cierta ocasión, cuando terminó sus estudios en la universidad, Copper había tenido que elegir entre pasar dos días trabajando y estudiando en Europa, o ayudar a su padre en la empresa durante un período particularmente difícil. Dan la había animado a marcharse mientras pudiera, ya que era el momento más adecuado de su vida, pero al tener que hacer frente a tantas dificultades solo, había sufrido su primer ataque al corazón. Y Copper, cuando volvió de Inglaterra jamás pudo perdonarse a sí misma haberlo abandonado. No; ya le había fallado a su padre una vez, y no volvería a hacerlo de nuevo.

En aquel momento, Megan se encontraba cómodamente sentada ante la mesa de la cocina, observando un dibujo de su propia creación titulado Dos caballos en un prado. La niña le había explicado el significado de un garabato casi idéntico, en el que Copper había creído ver un tercer caballo; lo había hecho de manera desdeñosa, como si la sorprendiera su ignorancia en cuestiones artísticas:

– No es una casa, ni tampoco un cocodrilo… Es papá. ¿No te das cuenta?

Copper no pudo evitar pensar que habría preferido mil veces enfrentarse a un cocodrilo antes que con su padre. Estas eran sus reflexiones mientras marcaba el número de sus padres en su teléfono móvil. No tenía intención de pedirles consejo… ya que se quedarían de piedra si supieran lo que pretendía hacer…, pero necesitaba hablar con ellos antes de tomar una u otra decisión.

– Papá está mucho mejor -le informó su madre, Jill. Había bajado la voz para que Dan no pudiera oírla desde el dormitorio, donde se hallaba descansando-. Ya sabes que se preocupa demasiado, y estaba muy inquieto por el resultado de tus gestiones en Birraminda… Pero desde que nos llamaste para decirnos que ibas a quedarte allí una temporada, se encuentra mucho más tranquilo. Creo que piensa que eso es una buena señal, y ya me está volviendo loca con sus planes. Hacía mucho tiempo que no lo veía tan optimista -le confió-. Eso le ha hecho mucho bien y los dos te estamos muy agradecidos, querida.

– Mal… el señor Standish… todavía no se ha comprometido a firmar nada -dijo Copper. Sentía la necesidad de advertirla, pero aparentemente su madre se mostraba tan confiada como su padre.

– No podría negarse cuando tú ya llevas allí cerca de dos semanas, ¿verdad? Y a propósito, ¿cómo es él?

– continuó, antes de que Copper pudiera contestar-. Tu padre no es muy locuaz. Simplemente dice que no es ningún estúpido. ¿Está casado?

– No -respondió Copper, después de una breve vacilación.

– Ah -exclamó su madre, de manera especialmente significativa.

– No seas tonta, mamá -repuso Copper, molesta-. ¿Quieres pasarme con papá?

Dan se mostró encantado de hablar con ella, y tanto le habló de sus planes que Copper apenas pudo abrir la boca.

– Bueno, ¿cómo te está yendo con Mathew Standish?

– le preguntó al fin, optimista-. ¿Ya habéis llegado a la etapa en que podemos hablar de firmar un contrato?

Copper miró entonces a Megan, inclinada sobre su dibujo, y luego al teléfono que tenía en la mano.

– Sólo quedan un par de detalles por arreglar, papá -dijo lentamente-, y luego podremos firmar ese contrato.

– ¡Buena chica! -exclamó Dan, exultante -¡Sabía que no me fallarías!

– No -pronunció Copper casi para sí misma mientras cortaba la conexión-. No te fallaré, papá -cuidadosamente recogió la antena y dejó el móvil sobre la mesa.

Al parecer, ya había tomado una decisión.

Capítulo 5

Copper caminaba rodeando el cercado, contemplando impresionada la inmensa cantidad de reses. Un par de horas antes, desde la veranda, se había preocupado al distinguirlas a lo lejos, dirigiéndose tumultuosamente hacia la casa y levantando a su paso una gran nube de polvo rojizo. Le resultaba difícil creer que tantos animales podían ser conducidos por tan sólo seis hombres, pero allí estaban todos dentro del cercado, desaparecido todo el mido y la confusión anteriores.

Dos jackarooes se hallaban encaramados en la valla, satisfechos del trabajo real izado.

– ¿Habéis visto a Mal? -les preguntó.

– La última vez que lo vi se dirigía hacia el prado -le contestó uno de ellos, sonriendo.

Así que había vuelto, pensó Copper, tensa. Habían transcurrido dos días desde que Mal le presentó su propuesta… o, más bien, su ultimátum, y desde entonces no había hecho ningún esfuerzo por acercarse a ella. Tenía que aprovechar aquella oportunidad que se le presentaba de hablar con él.

Durante todo aquel día. Copper había estado muy nerviosa, esperando a que Mal volviera a la casa. Pero al parecer no tenía ninguna prisa por saber qué había decidido, y al final tendría que ser ella quien acudiera en su busca, incapaz de soportar la espera por más tiempo.

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