Momentos del Pasado
- Автор: Hart Jessica
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Momentos del Pasado». Краткое содержание книги:
Y Copper no había olvidado, pero no era la misma joven a la que había conocido siete años atrás. De hecho, tenía una propuesta de negocios muy pragmática que hacerle…
El prado donde se encontraban pastando los caballos estaba regado, y a la luz del crepúsculo su verdor contrastaba vívidamente con el terreno árido y rojizo que lo rodeaba. De repente descubrió a Mal, que se acercaba hacia ella montado en Red, su enorme caballo pardo. Había estado esperando dos días para hablar con él y, ahora que estaba allí, no se le ocurría nada que decirle.
– Hola -lo saludó, protegiéndose con una mano los ojos del sol mientras Mal detenía su montura frente a ella.
Montado en el caballo, Mal parecía imposiblemente remoto e inabordable mientras miraba a Copper, que permanecía frente a él vestida con unos vaqueros y una camiseta clara. La luz del sol arrancaba reflejos a su melena de color castaño cobrizo, salpicando de oro sus largas pestañas. Muy consciente de la intensidad de su mirada, la joven se sorprendió a sí misma sin poder dejar de mirarlo. En vez de ello, acarició la nariz de Red mientras lo sujetaba de la brida.
– ¿Dónde está Megan? -le preguntó Mal al cabo de un momento.
– La he dejado con Naomi. Yo… quería hablar contigo a solas.
– ¿Acerca de lo del matrimonio?
– Sí.
Sin decir una palabra, Mal hizo girar su montura y se dirigió hacia el prado. Copper tuvo que esperar a que desmontara y colgara la silla en la cerca. Sólo entonces, después de darle una palmada cariñosa al animal y dejarlo en libertad, volvió a reunirse con ella.
– ¿Y bien? -le preguntó, con los brazos apoyados en la valla.
– No hay necesidad de que te muestres tan ansioso de saber lo que he decidido -le comentó Copper, irónica.
– ¿Qué sentido tendría eso? -le preguntó él, suspirando-. No puedo obligarte a cambiar de idea, sea cual sea tu decisión.
– ¡Tiene gracia que digas eso después de haberme sometido a chantaje!
– No fue chantaje -replicó Mal-. Que te cases o no es solamente asunto de tu elección.
– ¡Como si pudiera elegir! -musitó Copper.
– ¿Quieres decir que tu respuesta es no? -le preguntó Mal, mirando a los caballos que pastaban bajo los árboles.
– ¿Estás seguro de que quieres molestarte en escucharla?
– ¿Qué quieres decir con eso? -inquirió él, frunciendo el ceño.
– Me hiciste una extravagante propuesta de matrimonio para luego ignorarme durante dos días enteros -lo acusó-. ¡No me parece un comportamiento normal para un hombre que esté realmente interesado en mi decisión!
– He estado reflexionando durante los dos últimos días -señaló Mal-. ¿Cómo podía ignorarte cuando ni siquiera estaba aquí? Ya sabes que he estado muy ocupado con el ganado, y he tenido que pasar una noche con los muchachos en el monte.
– Me ignoraste durante toda la última tarde, antes de que te marcharas. ¡Y esta tarde también! ¡Hace horas que has vuelto, pero no se te ocurrió ir a buscarme!
– Llevo aquí apenas media hora -repuso Mal-. Hace unos minutos que he terminado de encerrar el ganado, así que no he dispuesto de muchas posibilidades de ignorarte. Pero, ya que me lo preguntas, incluso aunque hubiera regresado antes no habría salido corriendo a buscarte para saber tu respuesta… ¡para que luego tú me acusaras de presionarte! Pensé que necesitarías tiempo para reflexionar y yo estaba dispuesto a esperar hasta que tomaras una decisión -su voz adquirió un tono de especial dureza-. Ahora que ya estás lista, al parecer, quizá puedas contármelo. ¿O es que esperas que lo adivine?
– Teniendo en cuenta las circunstancias, eso no te resultaría demasiado difícil -replicó Copper; al menos podía sentirse satisfecha de haber exasperado a Mal.
– Mira, Copper, ¿por qué no me dices de una vez qué es lo que has decidido? -suspiró-. ¿Vas a casarte conmigo sí o no?
– Sí -musitó, aclarándose la garganta-. Sí, me casaré contigo -explicó con mayor claridad-. Pero sólo si firmas un acuerdo formal consintiendo que Viajes Copley disponga del acceso y del control de Birraminda.
– Bien -respondió Mal.
Copper esperó durante un momento, pero al parecer eso era todo.
– ¿Bien? -repitió, ofendida-. ¿Bien? ¿Es eso lo único que tienes que decir?
– ¿Qué más quieres que diga? No tengo ninguna objeción a firmar un acuerdo formal… todo lo contrario. Te sugiero que antes de que nos casemos, firmemos un contrato legal que especifique las condiciones en las que ambos estamos de acuerdo. No me arriesgaré a pasar por otro divorcio como el que tuve, a fin de que cuando acordemos una fecha para el fin del matrimonio, pueda estar de acuerdo también con las condiciones económicas.
– Yo no quiero tu dinero -replicó Copper con desdén-. Lo único que quiero es la seguridad de que Viajes Copley pueda continuar utilizando Birraminda después de que termine nuestro matrimonio.
– Eso es algo de lo que podremos discutir cuando preparemos el contrato -repuso Mal, indiferente-. Lo que quiero decirte es que deberíamos conocer exactamente la situación en que nos encontramos antes de casarnos. Estoy seguro de que una mujer de negocios tan práctica como tú comprenderá el sentido de un contrato legal.
La perspectiva de reducir su matrimonio a una serie de cláusulas no pudo menos que estremecer a Copper, pero teniendo en cuenta que la idea había sido suya, no se encontraba en situación de protestar.
– Creo que ahora mismo tengo cosas más importantes que hacer que discutir sobre un contrato prenupcial.
– ¿Como cuáles?
– Como… bueno, ¡como todo, cualquier cosa! -respondió Copper, frustrada; levantó los brazos para luego dejarlos caer a los lados, desolada-. Para empezar. ¿Qué vamos a decirle a todo el mundo?
– Les diremos que nos vamos a casar -se limitó a contestar Mal.
– ¡Necesitaremos hacer algo más que eso para convencer a mis padres de que pretendo seriamente convivir con un completo desconocido! Se quedarían horrorizados si supieran por qué nos vamos a casar… -señaló-. Sólo me casaré contigo con la condición de que nunca lleguen a saber lo que estoy haciendo…, y eso requerirá convencerlos de que formamos una pareja de verdad.
– ¿Qué es una «pareja de verdad»? -Preguntó Mal, lanzándole una mirada sardónica-. Cada matrimonio es diferente, así que… ¿por qué nosotros habríamos de ser menos «de verdad» que los demás?
– ¡Ya sabes lo que quiero decir! -estalló Copper, contrariada-. Mis padres necesitan creer que nos casamos porque estarnos desesperadamente enamorados, y no porque hayamos firmado un frío contrato de negocios.
– Eso no es un problema, ¿no? -la miró Mal, enganchando los pulgares en los bolsillos de sus viejos vaqueros.
– No -respondió Copper, resentida por la frialdad e indiferencia que demostraba-, ¡pero me pregunto hasta qué punto podrá ser buena tu actuación!
– Los dos tendremos que acostumbrarnos a actuar -repuso Mal, imperturbable-. Todo esto no merecerá la pena a no ser que todo el mundo crea que te has convertido en una cariñosa esposa… especialmente Brett. ¿Crees que serás capaz de convencerlo de que estás más interesada en mí que en tu propio negocio? depende de que, a tu vez, lo convenzas a él de que eres un cariñoso marido… -replicó ella con tono cortante.
– Creo que me las arreglaré.
Copper estaba impresionada por su indiferente actitud. Era como si estuvieran hablando del tiempo, o de la lluvia…, aunque, pensándolo mejor, Mal se animaría mucho más hablando de eso.
– ¿Sabes? ¡El matrimonio es algo más que aparentar delante de la gente que quieres a tu pareja! Creo que deberíamos dejar claro ahora… hasta qué punto vamos a casarnos. Las esposas de verdad no son simplemente amas de llaves con un anillo de matrimonio en el dedo -continuó Copper con alguna dificultad-. Comparten cosas con su marido tanto en privado como en público… un dormitorio, por ejemplo.
– No podremos convencer a Brett si no compartimos un mismo dormitorio -asintió Mal con tono seco-. Y una misma cama -miró significativamente a Copper, que en ese momento bajó la mirada -¿O es ése el problema?