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El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino

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El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino
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—Yo no lo hice —gruñó el lobo, poniéndose de pie.

—¿Quieres contar tú la historia?

—No, ama —contestó el animal, sentándose de nuevo.

—Brophy prefirió que una Confesora lo tocara con su poder a que lo creyeran un asesino de niños, por no mencionar todas las cosas que le hicieron al niño antes de matarlo. Así pues, pidió una Confesora. Es algo muy poco común, pues la mayoría de los condenados prefiere al verdugo. Pero para él era muy importante. Ya te dije que las Confesoras siempre oímos las confesiones acompañadas de un mago. Una razón es para que nos proteja, aunque hay otra más. En un caso como éste, la persona ha sido injustamente acusada y demuestra su inocencia, pero ya ha sido tocada por nuestro poder y no puede volver a ser quien era antes. Entonces, el mago la transforma en otra criatura. La transformación anula parte de la magia de la Confesora y la persona transformada recupera el suficiente interés por sí misma para iniciar una nueva vida.

—¿Eras inocente? —inquirió Richard, incrédulo—. ¿Y, siendo inocente, te dejaron así? ¿De por vida?

—Era completamente inocente —le confirmó Brophy.

—Brophy. —Kahlan pronunció el nombre con una entonación ascendente que Richard ya conocía.

—Soy inocente del crimen del que me acusaban —declaró el lobo, dejándose caer de nuevo al suelo. Entonces alzó temeroso la vista hacia Kahlan, que lo observaba—. Sólo quería decir esto: que yo no maté a ese niño.

—Pero ¿de qué habla? —inquirió un ceñudo Richard.

—Cuando confesó, admitió haber cometido otro tipo de delitos —le explicó Kahlan—. Verás, Brophy se había dedicado a asuntos de dudosa naturaleza, asuntos que se movían en la raya de la ilegalidad —añadió, mirando al lobo.

—Yo era un honrado hombre de negocios —protestó Brophy.

—Brophy era un comerciante —explicó Kahlan a Richard, lanzando una ojeada a Brophy.

—Mi padre también era un comerciante —repuso Richard, cada vez más enfadado.

—No sé con qué trafican los comerciantes en la Tierra Occidental, pero en la Tierra Central algunos comerciantes trafican con objetos mágicos.

—¿Y qué? —Richard pensaba en el Libro de las Sombras Contadas.

—Resulta que algunos de esos objetos están vivos —explicó Kahlan, enarcando una ceja.

—¿Y yo cómo voy a saberlo? —se defendió Brophy, alzando las patas delanteras—. Eso no siempre se sabe. A veces, uno cree que algo no es más que un objeto inanimado, por ejemplo un libro, por el que un coleccionista pagaría una bonita suma. Pero otras veces es algo más, una piedra, una estatua o una vara o… Bueno, ¿cómo voy a saber yo si están vivas?

—Tu traficabas con otras cosas además de con libros mágicos y estatuas —le reprendió Kahlan, sin apartar los ojos del lobo—. En este negocio, supuestamente inocente, surgían desacuerdos entre él y otras personas, por ejemplo por derechos de propiedad. Cuando Brophy era humano, era un hombre tan grande como ahora es grande como lobo. A veces usaba su tamaño para «convencer» a los demás de que hicieran lo que él quería ¿Verdad, Brophy?

El lobo dobló las orejas hacia abajo.

—Es cierto, ama. Tengo mucho genio. Un genio tan fuerte como mis músculos. Pero sólo me salía cuando alguien me trataba injustamente. Mucha gente cree que puede estafar a un comerciante. Muchos creen que no somos más que una panda de ladrones y que no sabemos defendernos. Cuando yo zanjaba los desacuerdos con mi genio, normalmente quedaban zanjados para siempre.

Kahlan dirigió al lobo una débil sonrisa.

—Brophy gozaba de una reputación exagerada, aunque se la había ganado. Sus negocios eran peligrosos y, justamente por eso, también muy provechosos. Brophy ganaba dinero suficiente para costearse su «pasatiempo». Casi nadie sabía nada de eso hasta que yo lo toqué y él confesó.

—¡Ama, por favor! —suplicó el lobo, llevándose las patas de delante a la cabeza—. ¿Es preciso?

—¿Qué pasatiempo era ése? —quiso saber Richard.

La sonrisa de Kahlan se hizo más amplia.

—La debilidad de Brophy eran los niños. Cuando viajaba en busca de objetos con los que comerciar, solía visitar los orfanatos para asegurarse de que contaban con lo necesario para atender debidamente a los niños. Todo el oro que ganaba acababa invertido en diferentes orfanatos, para que cuidaran de los niños y éstos no pasaran hambre. Brophy hacía jurar por la fuerza a los encargados de los hospicios que guardarían el secreto. No quería que nadie se enterara. Claro que no le costaba mucho convencerlos.

—Por favor, ama. Tengo una reputación —gimoteó Brophy, con las patas delanteras todavía sobre la cabeza y los ojos bien apretados. Entonces abrió los ojos y se levantó sobre las patas delanteras—. ¡Me ha costado mucho ganarla! ¡He roto un montón de brazos y narices! ¡He cometido actos realmente despreciables!

Kahlan enarcó una ceja en su dirección.

—Sí, lo has hecho. Algunos de esos actos eran razón suficiente para tenerte prisionero un tiempo, pero ninguno de ellos merecía que te cortaran la cabeza. Verás —añadió, dirigiéndose ahora a Richard—, puesto que Brophy fue visto con frecuencia rondando orfanatos, y también debido a su reputación, a nadie le sorprendió que fuese acusado de asesinar a un niño.

—Demmin Nass —gruñó el lobo—. Quien me acusó fue Demmin Nass. —Brophy retrajo los labios, revelando unos largos colmillos, mientras seguía gruñendo.

—¿Por qué no te defendió la gente de los orfanatos?

—Demmin Nass amenazó con rebanarles el pescuezo —gruñó de nuevo Brophy.

—¿Quién es ese Demmin Nass?

Kahlan y el lobo intercambiaron una mirada.

—¿Recuerdas que Rahl el Oscuro raptó a Siddin de la aldea de la gente barro? ¿Y recuerdas que dijo que era un regalo para un amigo? Pues Demmin Nass es ese amigo. —Kahlan dirigió a Richard una mirada muy elocuente y añadió—: A Demmin Nass le atraen los niños de manera enfermiza.

Richard sintió una punzada de miedo y dolor por Siddin y también por Savidlin y Weselan. Asimismo recordó que había prometido recuperar a su pequeño. Nunca se había sentido tan impotente.

—Si algún día lo encuentro, le ajustaré las cuentas —gruñó Brophy ferozmente—. No merece morir. Primero tendrá que pagar por sus crímenes.

—No te acerques a él —le advirtió Kahlan—. Demmin Nass es un hombre peligroso. No quiero que te haga más daño todavía.

Los ojos amarillos del lobo refulgieron hacia Kahlan por un instante antes de serenarse.

—Sí, ama. —El lobo volvió a tumbarse—. Me hubiera enfrentado al verdugo con la cabeza bien alta, los espíritus saben que seguramente me lo tenía merecido, pero no por ese asesinato. No podía permitir que me ejecutaran creyendo que yo había hecho esas cosas a niños. Así pues, pedí una Confesora.

—Yo me resistía a oírlo en confesión. —Kahlan cogió una ramita con la que fue abriendo surcos en la tierra—. Sabía que, de ser culpable, Brophy nunca hubiera pedido una Confesora. Hablé con el juez, que me dijo que en vista del crimen no podía anular la sentencia. Era la muerte o una confesión, y Brophy insistió en confesar. —A la luz de las llamas Richard vio que la mujer tenía los ojos húmedos—. Después, le pregunté en qué tipo de criatura quería que el mago lo transformara. Brophy eligió ser lobo. No sé por qué. Supongo que va bien con su carácter —agregó con una leve sonrisa.

—Los lobos son criaturas nobles. —Richard sonrió—. Se nota que no has vivido nunca en el bosque; sólo entre otras personas. Los lobos son animales muy sociales, con fuertes lazos. También son extremadamente protectores con sus lobeznos. Todos los miembros de la manada los cuidan y luchan por ellos.

—Ya veo que tú lo entiendes —susurró Brophy.

—¿Es eso cierto, Brophy? —preguntó Kahlan.

—Sí, ama. Ahora tengo una buena vida. ¡Tengo una compañera! —exclamó, sacudiendo la cola—. Es una loba estupenda, huele como los ángeles, tiene una manera de mordisquearme que me vuelve loco y tiene la cosita más… Bueno, no importa. Ella es la líder de la manada —siguió contando, alzando la vista hacia Kahlan—. Conmigo a su lado, claro está. Se siente muy complacida conmigo. Dice que soy el lobo más fuerte que ha visto en su vida. La primavera pasada tuvimos seis pequeños. Son buenos lobeznos. Bueno, ahora son ya casi adultos. Tengo una buena vida, dura pero agradable. Os doy las gracias por haberme liberado, ama.

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