Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Última Oportunidad». Краткое содержание книги:

Sterling Brooks no ha tenido una vida ejemplar. Por ello lleva esperando más de cincuenta años en la antesala del cielo. Unos días antes de Navidad, el consejo celestial decide proponerle un trato: entrará en el cielo si antes consigue hacer una buena obra en la tierra. Se trata de su última oportunidad. No le especifican cuál es su misión, y de pronto se ven en pleno Rockefeller Center, en medio de una multitud de patinadores, en busca de alguien que necesite un ángel. Así encuentra a Marissa, una niña de siete años, apenada por la desaparición de su padre y su abuela, que se han visto obligados a…
1 ... 12 13 14 15 16 17 18 19 20 ... 31
Перейти на страницу:

A los hermanos no debía de haberles gustado su versión en valonio del «Cumpleaños feliz», dedujo Charlie. De mala gana, apagó el contacto, se apeó del coche y apretó el símbolo «cerrar» en su llavero. Fue arrastrando los pies hasta el edificio y tomó el ascensor hasta la cuarta planta, que estaba dedicada a las empresas «casi» legales de los hermanos Badgett.

El motivo de una reunión tan de mañana era que Junior quería comprar un concesionario de coches que estaba empezando a hacerle la competencia. La secretaria de Junior no había llegado aún.

Mientras Charlie murmuraba un buenos días a la recepcionista y esperaba que le anunciasen, se preguntó cuánto tardarían en cerrar el trato, cuánto tardaría el propietario del concesionario en recibir el mensaje de que no tenía otra alternativa que vender el negocio a los Badgett.

– Dile que entre. -La voz jovial de Junior atronó por el intercomunicador.

La oficina era obra del mismo decorador que había dado rienda suelta a sus excesos en la mansión. Escritorio de recargada talla y acabado brillante, papel pintado a franjas doradas, alfombra marrón oscuro con las iniciales de los hermanos en letras doradas, gruesos cortinajes de raso marrón y, en una pequeña vitrina, una miniatura del pueblo con una placa que rezaba NUESTRO HOGAR JUVENIL, eran solo algunos de los puntos de interés.

A la izquierda de la puerta, un sofá y varias butacas tapizados con estampados de cebra miraban a un televisor de cuarenta pulgadas colgado de la pared.

Los hermanos estaban tomando café y viendo la cadena local. Junior le hizo señas de que entrara y le señaló una silla.

– Van a dar las noticias. Tengo ganas de verlo.

– Después de seis horas, el incendio en un almacén de Syosset sigue sin poder extinguirse -empezó a decir el presentador de las noticias-. Dos bomberos han tenido que ser atendidos por asfixia. El propietario del almacén, Hans Kramer, sufrió un ataque al corazón al ver el fuego y ha sido trasladado a la unidad de cuidados intensivos del hospital Saint Francis…

Impactantes imágenes del edificio en llamas aparecieron en la pantalla. En una esquina se reproducía el momento en que un bombero le hacía la respiración asistida a Hans Kramer, que estaba tendido en el suelo con una mascarilla de oxígeno sobre la cara.

– Es suficiente, Eddie. Apaga. -Junior se puso en pie-. Parece que sigue ardiendo, ¿eh? Menudo incendio…

– Un cortocircuito, seguro. -Eddie meneó la cabeza-. A veces pasa, ¿no, Junior?

Hans Kramer. A Charlie le sonaba. Había ido a ver a Junior a la mansión. Era uno de los que recibía «préstamos privados» de los hermanos Badgett. El incendio era obra de ellos. Como no pagó a tiempo, se dijo Charlie con absoluta convicción, le han quemado el negocio.

No era la primera vez que ocurría. Si la policía puede demostrar que Junior y Eddie tuvieron que ver con lo de ese almacén, pensó rápidamente Charlie, los acusarán una vez más de incendio provocado. Y si Kramer muere, podrían acusarlos de asesinato.

Pero, naturalmente, nadie demostraría la vinculación de los Badgett con el incendio. Eran muy cuidadosos. El préstamo firmado por Kramer debía de tener una tasa de interés normal en el dorso del pagaré. Nadie sabría que previamente se había añadido un cincuenta por ciento de interés sobre el capital. Y, por supuesto, el autor material del incendio no sería uno de los matones que tenían a sueldo. Habrían contratado a un autónomo.

Pero si por un casual este incendio pudiera relacionarse con Junior y Eddie, mi trabajo consiste en hacer que la gente olvide lo que sabe o lo que cree saber, pensó desesperado Charlie.

– Eh, Charlie, ¿a qué viene esa cara de pena? -preguntó Junior-. Hace un día precioso.

– Es verdad, precioso -repitió Eddie, poniéndose en pie.

– Y, como dijo Jewel, mamá estaba hermosa como un capullo -añadió Junior-. Siempre le gustó beber grappa. Ya lo dice Jewel, después de que Eddie y yo nos fuéramos al despacho, todo el mundo comentaba que mamá había estado adorable.

– Sí -dijo Eddie, y su sonrisa adoptó un aire nostálgico.

– Y esos músicos eran realmente buenos. Buenísimos.

Charlie no veía a Junior de tan buen humor desde hacía meses. Bueno, decidió, Jewel no es la cabeza de chorlito que yo creía. Si ha conseguido convencer a este par de que a todos les encantó su madre, deberían nombrarla embajadora de Estados Unidos en Valonia.

– Me alegro de que os gustaran Nor Kelly y Billy Campbell -dijo-. Estaban tan pálidos cuando salieron de tu despacho que creí que les habríais dicho que no os había gustado su actuación.

Charlie captó de inmediato el drástico cambio que se operó en el ambiente. Junior le miró con dos ojos como dos rendijas, las mejillas arreboladas, los músculos del cuello hinchados.

– ¿Qué has dicho? -preguntó con una voz como hielo en astillas.

Charlie miró nervioso a Eddie, cuyas mejillas de toro se habían quedado rígidas. La dulzura que había evocado en él la mención de la madre se había evaporado de sus ojos. Ahora sus labios eran un tajo de color rojo grisáceo en la parte inferior de su cara.

– Solo he dicho que… -Charlie se atragantó-… que Nor Kelly y Billy Campbell estaban un poco pálidos cuando salieron del despacho después de la conexión vía satélite.

– ¿Por qué no nos dijiste que los habías visto allí?

– No había ningún motivo, Junior. ¿Por qué iba a hacerla? Pensaba que vosotros ya lo sabíais.

– Eddie, la puerta que da a la recepción estaba abierta, ¿no? -preguntó Junior.

– Sí.

– Muy bien, Charlie. Deberías habernos dicho que estaban allí. Deberías haber sabido que era importante que lo supiéramos. Ahora vas a tener que hacer unas llamadas a ese par de ruiseñores.

– Hizo una pausa estudiada-. Creo que ya sabes de qué estoy hablando.

Supongo que ahí terminan las preguntas y los testimonios, pensó Sterling viendo que el personal del FBI estrechaba la mano de Nor, Billy, Dennis y Sean. Eran las once. El FBI había estado tomando declaración a los cuatro durante dos horas. Habían pedido incluso a Billy y Nor que dibujaran un plano mostrándoles cuál había sido su situación cuando oyeron la voz de Hans Kramer en el contestador automático y la orden de quemar el almacén.

– Señora Kelly, ¿está usted segura de que los Badgett no sospechaban que estaba en la habitación contigua al despacho? -preguntó de nuevo Rich Meyers, el investigador jefe, mientras recogía su maletín-. Ya le he explicado que si ellos saben que estaban escuchando, necesitarán ustedes protección con carácter inmediato.

– No creo que lo supieran. Por lo que me han contado de los Badgett, si ellos nos hubieran visto habrían renunciado a sus planes de incendiar el almacén. -Nor se ajustó la peineta que sostenía sus cabellos-. Bien, como se suele decir, estoy hecha unos zorros.

Mi madre también lo decía, pensó Sterling.

– Si han terminado conmigo, me voy a ir a casa, me meteré en el jacuzzi, y luego a dormir dos o tres horas.

– Muy buena idea -dijo Meyers-. Está bien. Nos pondremos en contacto con usted. Mientras tanto, siga con sus asuntos como de ordinario.

Es fácil decir eso, pensó Sterling. Por desgracia, las cosas son más complicadas.

Sean O'Brien se quedó apenas un minuto en cuanto se marcharon los federales.

– Os tendré informados -prometió.

– Dennis, ¿por qué no te tomas el día libre? -sugirió Nor-. Pete se ocupará de la barra.

– ¿Y perderme las propinas navideñas? Ni hablar. -Dennis bostezó-. Tengo que irme. Hoy tenemos otro grupo grande a almorzar, ¿sabes?

– No lo he olvidado -dijo Nor-. Pero tendrán que apañárselas sin mí, Hasta luego.

1 ... 12 13 14 15 16 17 18 19 20 ... 31
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)