El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #1
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino». Краткое содержание книги:
Zedd le dirigió una sonrisa cómplice, pero inmediatamente endureció el gesto.
—Madre Confesora, no te lo pido, te lo ordeno, y espero que obedezcas.
Kahlan se cruzó de brazos, ofendida, y giró un poco el cuerpo para alejarse del mago. No podía creer lo que Zedd le estaba haciendo. Ella ya no tenía voz ni voto.
—Shota dijo que Richard es el único que puede detener a Rahl el Oscuro. No sabe cómo ni por qué, pero sólo él tiene una oportunidad.
—Prosigue —ordenó Zedd, en vista de que la mujer guardaba silencio.
Kahlan apretó los dientes.
—También dijo que tú tratarías de matarlo, que usarías el fuego mágico contra él y que tenía una oportunidad de derrotarte. Hay una posibilidad de que falles.
El silencio se instaló de nuevo entre ambos. Zedd lo rompió.
—Madre Confesora…
—También dijo que yo usaría mi poder con él, y que a esto no podría resistirse. Si sigo viva, yo no fallaré.
Zedd respiró hondo.
—Ahora comprendo por qué se negó a decírmelo. —El mago reflexionó en silencio unos minutos—. ¿Por qué no te mató Shota?
—Ésa era su idea inicial —contestó Kahlan, deseosa de que el mago dejara de hacerle preguntas—. Tú también estabas allí —añadió, volviéndose ligeramente hacia el anciano—. Bueno, no eras realmente tú, no era más que una ilusión, pero Richard y yo creíamos que eras tú realmente. Tú, quiero decir tu imagen, trató de matar a Shota. Pero Richard sabía que sólo ella podía ayudarnos a encontrar la caja, por lo que… bueno, la protegió. Richard… te devolvió el fuego mágico, dando así la oportunidad a Shota para… que te atacara.
—No me digas… —comentó Zedd, enarcando una ceja.
Kahlan hizo un gesto de asentimiento.
—A cambio de «salvarla», Shota le concedió un deseo. Richard lo usó para salvarnos, para que no nos matara. A Shota no le hizo ni pizca de gracia, pero Richard se mantuvo en sus trece. La bruja lo amenazó con matarlo si algún día se le ocurría volver a las Fuentes del Agaden.
—Ese muchacho nunca deja de sorprenderme. ¿Realmente escogió la información antes que mi vida?
La sonrisa de Zedd desconcertó un tanto a Kahlan.
—Sí. No dudó en cruzarse en la trayectoria del fuego mágico y usó la espada para que rebotara contra ella.
—Maravilloso —sentenció Zedd, frotándose la barbilla—. Hizo lo que debía. Siempre he temido que fuera incapaz de hacerlo, si se daba el caso. Supongo que ya no debo temer más. ¿Y luego qué pasó?
—Yo pedí a Shota que me matara —siguió contando Kahlan, clavando la vista en sus manos—. Pero ella se negó porque le había concedido a Richard su deseo. Zedd, yo… yo no podía soportar la idea de que usaría mi poder con él, por lo que le supliqué que me quitara la vida. No quería seguir viviendo para cumplir la profecía y hacerle daño.
La mujer enmudeció. Por un instante el silencio flotó entre ellos.
—Como Richard se negó, intenté suicidarme. Lo intenté durante días. Richard me quitó el cuchillo, me ataba por la noche y no me quitaba ojo de encima durante el día. Me sentía como si hubiera enloquecido. Tal vez enloquecí, por un tiempo. Finalmente me convenció de que no podíamos saber qué significa esa profecía, ni si no será él quien se acabe volviendo contra nosotros y debamos matarlo para poder vencer a Rahl. Richard me hizo comprender que no podemos actuar guiándonos por una profecía que ni siquiera entendemos.
—Siento mucho haberte obligado a contármelo, querida, y también siento que hayas tenido que pasar por todo eso. Richard tiene razón. Es peligroso tomarse las profecías al pie de la letra.
—Pero las profecías de una bruja siempre se cumplen, ¿verdad?
—Sí. —Zedd se encogió de hombros y añadió suavemente—: Pero no siempre se cumplen como tú crees. A veces, las profecías acarrean su propio cumplimiento.
—¿Cómo es eso? —inquirió Kahlan, perpleja.
—Imagina, por ejemplo, que yo tratara de matarte para impedir que la profecía se cumpliera y proteger así a Richard. Él se da cuenta, luchamos y uno de los dos vence, por ejemplo él. Como esa parte de la profecía se ha cumplido, teme que la otra parte también se hará realidad, por lo que piensa que debe matarte. Para impedir que te mate, tú lo tocas para protegerte. Y ya está: profecía cumplida.
»El problema es que es una profecía que acarrea su propio cumplimiento. Sin ella, ninguna de estas cosas habría ocurrido. La única influencia externa es la predicción en sí. Las profecías siempre se cumplen, pero raras veces sabemos cómo. —Con la mirada preguntó a la mujer si lo entendía.
—Yo siempre creí que uno debía tomárselas muy en serio.
—Y así es, pero solamente quienes entienden de tales cosas, pues son peligrosas. Como sabes, los magos custodian libros proféticos. Cuando estaba en mi alcázar solía releer algunos, pero la mayor parte de ellos me resultaba incomprensible. En el pasado existían magos que no hacían otra cosa que estudiar los libros proféticos. He leído algunas predicciones que te pondrían los pelos de punta, como mínimo, si las conocieras. A veces, incluso yo me despierto bañado en sudor. Hay algunas cosas que creo que pueden referirse a Richard y que me asustan, y hay otras cosas que sé con seguridad que se refieren a él, pero que no sé qué significado adquirirán, por lo que no me atrevo a actuar basándome en su conocimiento. No siempre podemos saber qué significan las profecías y por esa razón deben permanecer en secreto. Algunas podrían causar mucha inquietud si se conocieran.
Kahlan lo escuchaba con ojos muy abiertos.
—¿Richard aparece en los libros proféticos? Jamás he conocido a nadie que se mencionara en esos libros.
—Tú también apareces —añadió Zedd, muy sereno.
—¡Yo! ¿Mi nombre se menciona en las profecías?
—Bueno, sí y no. No es así como funciona. Uno no puede estar seguro casi nunca, pero, en este caso, lo estoy. Las profecías hablan de «la última Madre Confesora», y no hay duda de quién es la última Madre Confesora: tú, Kahlan. Tampoco hay duda de quién es «el Buscador que gobierna los vientos contra el heredero de D’Hara». Es Richard, y el heredero de D’Hara es Rahl.
—¿Qué significa «que gobierna los vientos»?
—No tengo ni idea.
Kahlan frunció el entrecejo y bajó los ojos, mientras rascaba la roca.
—Zedd, ¿qué se dice de mí en los libros proféticos? —La mujer alzó la mirada y descubrió los ojos de Zedd observándola.
—Lo siento, querida, eso no puedo decírtelo. Te asustarías tanto que no podrías volver a pegar ojo.
—Ya entiendo. Ahora me siento muy estúpida por haber intentado matarme a causa de la profecía de Shota. Para evitar que llegara a cumplirse, quiero decir. Tú también debes de creer que soy estúpida.
—Kahlan, hasta que llegue el momento no sabremos qué significa. Pero no debes sentirte estúpida. Es posible que sea cierto; que Richard sea el único que tiene una oportunidad, que tú nos traiciones, que lo tomes y des así la victoria a Rahl. Hay una oportunidad de que lo hagas para salvarnos a todos.
—Tus palabras no me hacen sentir mejor.
—También entra dentro de lo posible que Richard, de un modo u otro, se convierta en un traidor y que tú nos salves a todos.
—No sé qué es peor —comentó ella, dirigiéndole una hosca mirada.
—Las profecías no pretenden mostrar el camino. En realidad, pueden causar muchos más problemas de los que te imaginas, incluso han llegado a desatar guerras. Yo no comprendo la mayoría de ellas. Si aún quedara algún mago de esos del pasado, expertos en profecías, tal vez podría ayudarnos. Pero, sin un experto en predicciones que nos guíe, es mejor que no demos demasiadas vueltas a las palabras de Shota. La primera página de uno de los libros proféticos dice, escrito en letras doradas: «Lee estas profecías con los ojos de la mente y no del corazón». Imagínate lo importante que es esa frase que no hay nada más escrito en la página. Y eso que el libro mide la mitad de una mesa.