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El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino

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El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino
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Richard se sacó el colmillo de debajo de la camisa y se quitó el cordel de cuero por la cabeza. Acto seguido, sostuvo en la mano el colmillo de forma triangular, notando su peso y observándolo a la luz de la luna, mientras pensaba en su padre. El colmillo era la única prueba que Richard tenía para demostrar a Zedd que su padre había sido un héroe, que había dado su vida para detener a Rahl el Oscuro y que había muerto como un héroe para protegerlos a todos. Richard deseaba que su padre fuera recordado por lo que había hecho. Deseaba contarle a Zedd lo que había hecho.

Pero no podía.

El mago quería destruir el Libro de las Sombras Contadas. Pero Richard era ahora el libro. Shota le había advertido que Zedd usaría su fuego de mago contra él, pero que tenía una oportunidad de derrotarlo. Quizás ése era el modo. Para destruir el libro, Zedd tendría que matarlo. Lo que preocupaba a Richard no era su propia vida —ya no le quedaba ninguna razón para vivir y le era indiferente morir—, sino la vida de Kahlan. Si Zedd averiguaba que Richard tenía dentro de sí el libro, lo obligaría a decirle lo que sabía y así se enteraría de que, para asegurarse de que el libro era auténtico, Rahl necesitaba una Confesora. Sólo quedaba una Confesora viva: Kahlan. Si Zedd lo averiguaba, mataría a Kahlan para impedir que Rahl consiguiera la información del libro.

Richard no podía correr el riesgo de que Zedd se enterara y de que matara a Kahlan.

Richard enrolló el cordel de cuero alrededor del pedazo de rama y embutió el colmillo en una hendidura, de modo que quedara bien incrustada en la madera. El joven quería alejarse del colmillo lo más posible.

—Perdóname, padre —susurró.

Entonces lanzó la rama con el colmillo con todas sus fuerzas. La rama describió un arco en el aire y se sumergió en las negras aguas apenas haciendo ruido. A la luz de la luna el joven la vio aflorar a la superficie. Richard contempló con un nudo en la garganta cómo la corriente se la llevaba. El joven se sentía desnudo sin el colmillo.

Cuando ya no pudo verla, regresó al campamento. Lo embargaba una sensación de aturdimiento y vacío. Richard se sentó en el afloramiento rocoso, donde había dicho a sus amigos que montaría guardia, y bajó la mirada hacia el campamento.

Odiaba lo que había hecho, odiaba tener que mentir a Zedd, sentir que no podía confiar en él. ¿En qué tipo de persona se estaba convirtiendo que ya no podía confiar en su más viejo amigo? Era Rahl quien le hacía eso, quien lo obligaba a hacer cosas que él no quería.

Cuando todo acabara, y Kahlan estuviera a salvo, y si él sobrevivía, regresaría a su casa.

Mediada ya la guardia, se dio cuenta de pronto de la presencia de algo. No podía ver los ojos de esa criatura que los perseguía, pero sentía su mirada. Se encontraba en la colina situada al otro lado del campamento y vigilaba. Un escalofrío recorrió a Richard al sentirse observado.

Un sonido en la lejanía lo sobresaltó. Fue un gruñido animal seguido por un aullido. Luego, silencio de nuevo. Algo acababa de morir. Richard abrió mucho los ojos, tratando de ver algo, pero la oscuridad era absoluta. La cosa que los seguía había matado algo, o algo la había matado a ella. Curiosamente, el joven se sintió inquieto por la suerte de su perseguidor. Durante todo el tiempo que los llevaba siguiendo, nunca había intentado hacerles daño. Claro que eso no quería decir nada. Era posible que, simplemente, estuviera esperando su oportunidad, aunque, por alguna razón, Richard no creía que les quisiera ningún mal.

El joven sintió de nuevo que unos ojos se posaban en él y sonrió; su perseguidor seguía vivo. En un impulso pensó en ir tras él para averiguar qué tipo de criatura era, pero desechó la idea. No era el momento oportuno. Fuera lo que fuese, era una criatura nocturna, por lo que sería mejor enfrentársele durante el día.

Antes de que finalizara su guardia, oyó nuevamente la muerte de algo. Esta vez más cerca.

Zedd apareció para el relevo sin que Richard tuviera que despertarlo. El anciano mago tenía un aspecto descansado y fresco, y comía un pedazo de carne seca. Al sentarse junto al joven, le ofreció un poco, pero Richard rehusó.

—Zedd, ¿qué me dices de Chase? ¿Se encuentra bien?

—Muy bien. Por lo que sé, regresó a la Tierra Occidental para seguir tus instrucciones.

—Perfecto. Me alegro de que esté bien. —Richard se bajó de un brinco de la peña, deseoso de dormir un poco.

—Richard, ¿qué te dijo Shota?

El joven escrutó la faz de su amigo a la tenue luz de la luna.

—Lo que Shota me dijo es privado. A nadie más le interesa. Y privado seguirá siendo. —A él mismo le sorprendió su tono cortante.

Zedd dio un mordisco a la carne mientras estudiaba a Richard.

—La espada ha acumulado mucha ira en este asunto. Veo que te cuesta controlarla.

—Muy bien, muy bien, te diré una cosa que Shota me dijo. ¡Me dijo que debería tener una pequeña charla contigo sobre Samuel!

—¿Samuel?

Richard apretó los dientes y se inclinó hacia el mago.

—¡Mi predecesor!

—Oh, ese Samuel.

—Sí, ese Samuel. ¿Me lo podrías explicar, por favor? ¿No deberías decirme que yo acabaré como él? ¿O tenías previsto ocultármelo hasta que acabara mi misión y tú tuvieras que entregar la espada a otro idiota? —Zedd lo miraba con calma. Richard se excitaba por momentos. Finalmente, agarró a Zedd por la túnica y lo atrajo hacia sí—. ¡La Primera Norma de un mago! ¿Es así como los magos conseguís hallar a quien empuñe la espada? ¿Buscáis a alguien tan estúpido que se lo cree todo? ¡Un nuevo Buscador! ¿Te has olvidado de decirme alguna cosilla más? ¿Hay algún otro detalle desagradable que debería saber?

Richard soltó al mago dándole un empellón. Tenía que hacer verdaderos esfuerzos para no desenvainar la espada. El pecho le subía y bajaba por la furia que sentía. Zedd lo observaba serenamente.

—Lo siento de verdad, hijo —susurró—. Siento que Shota te haya hecho tanto daño.

Richard le devolvió la mirada. De pronto, revivió en su mente todo lo ocurrido y la furia que lo invadía se extinguió. No parecía quedar ninguna esperanza. El joven prorrumpió en lágrimas y se abrazó a Zedd. Sollozaba inconsolablemente, incapaz de controlarse.

—Zedd, yo sólo quiero volver a casa.

—Lo sé, Richard, lo sé —replicó el mago con dulzura a la vez que le daba cariñosas palmaditas en la espalda.

—Ojalá te hubiese escuchado. No puedo evitarlo. Por mucho que lo intente, no puedo evitar sentirme como me siento. Es como si me estuviera ahogando y no pudiera respirar. Quiero que esta pesadilla se acabe. Odio la Tierra Central, odio la magia. Lo único que quiero es volver a casa, Zedd. Quiero desembarazarme de esta espada y de su magia. No quiero volver a oír hablar de magia nunca más.

Zedd lo abrazó, dejando que se desahogara.

—Nada es sencillo.

—Quizá no sería tan duro si Kahlan me odiara, pero sé que yo también le importo. Es la magia lo que nos separa.

—Créeme, Richard, te entiendo.

El joven se dejó caer al suelo y se apoyó en la roca, aún llorando. Zedd se sentó a su lado.

—¿Qué va a ser de mí?

—Seguirás adelante. No puedes hacer nada más.

—Yo no quiero seguir adelante. ¿Y qué me dices de Samuel? ¿Estoy condenado a acabar como él?

Zedd meneó la cabeza.

—Lo siento, Richard, no lo sé. Tuve que entregarte a ti la espada porque no podía hacer otra cosa, por el bien de todos los demás. La magia de la Espada de la Verdad acaba por alienar al Buscador. Según las profecías, solamente se librará de ese destino el Buscador que realmente controle la magia de la espada, lo que se demostrará porque la hoja se vuelve blanca. Pero lo que no dicen las profecías es cómo se consigue eso. Ni siquiera sé qué significa que la hoja se vuelva blanca. No tenía valor para decírtelo. Lo siento. Mátame si quieres, pero debes prometerme que seguirás adelante y pararás los pies a Rahl el Oscuro.

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