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El Primer Hombre De Roma

Электронная книга - «El Primer Hombre De Roma». Краткое содержание книги:

Collen McCullough nos traslada a los primeros siglos de la civilización occidental y traza un espléndido cuadro de la Roma republicana. La historia se inicia con dos grandes ambiciosos cuyo único y decidido objetivo es llegar a ser el primer hombre de Roma: Mario y Sila. Uno es un plebeyo de mediana edad, enardecido por la comfianza en sus dotes y el enriquecimiento que ha logrado. El otro, un joven y apuesto aristócrata corrompido por la pobreza. Aquél, un militar disciplinado y soberbio, y éste, un desvergonzado epicúreo. Mario se casa por interés para favorecer su carrera política. Sila, por amor. Ambos luchan por el poder y la gloria.
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– ¿A qué tantas complicaciones? -replicó Sila, sorprendido-. Pienso matarlos.

– Excelente idea. Pero perderás dinero.

– No es una fortuna. Digamos que es mi contribución al éxito de la campaña contra los germanos -respondió Sila sin inmutarse.

– Haré que los maten en cuanto salgáis.

– No -replicó Sila meneando la cabeza-, yo mismo haré el trabajo sucio. Y en seguida. A Quinto Sertorio le han enseñado todo lo que pueden. Mañana los enviaré a Massilia con una encomienda. -Se estiró y bostezó voluptuosamente-. Tiro muy bien con arco, Cayo Mario, y los marjales de las salinas están desiertos. Todos pensarán que han escapado. Incluso Quinto Sertorio.

Me siento muy apegado a la tierra, pensó Mario. No es que me importe mandar a hombres a la muerte a sangre fría; forma parte de la vida, lo sabemos y no ofende a los dioses, pero él es un patricio romano de vieja alcurnia, claro. Muy por encima de la tierra. Un semidiós. Y Mario se encontró pensando en las palabras de la adivina Marta, que en aquel instante se hallaba lujosamente instalada en su casa de Roma como huésped de honor. Un romano mucho más grande que él, también un Cayo, pero un Julio, no un Mario… ¿Era eso lo que hacía falta? ¿Una gota semidivina de sangre patricia?

* * *

En una carta fechada a finales de septiembre, decía Rutilio Rufo a Cayo Mario:

Publio Licinio Nerva se ha decidido por fin a escribir al Senado con absoluto candor a propósito de la situación en Sicilia. Como primer cónsul que eres, te envían los despachos, desde luego, pero sabrás mi versión primero, porque sé que optarás por leer antes mi carta que los aburridos despachos, y mi carta va en la bolsa del correo oficial.

Pero antes de hablarte de Sicilia, es preciso retroceder a primeros de año, cuando, como sabes, la cámara recomendó a las tribus del pueblo que redactaran una ley poniendo en libertad en todo el mundo a los esclavos procedentes de los pueblos itálicos aliados. Pero no sabrás que tuvo una repercusión imprevista: los esclavos de otras nacionalidades, en particular los de naciones oficialmente denominadas amigas y aliadas del pueblo romano, o asumieron la ley como si los afectase a ellos o se sintieron muy ofendidos porque no los incluyese. Esto es sobre todo notorio entre los esclavos griegos, que constituyen la mayoría de la mano de obra que se utiliza en el granero de Sicilia y la mayoría de los esclavos de todo tipo en Campania.

En febrero, el hijo de un caballero de Campania y ciudadano romano, llamado Tito Vetio, de veinte años, se volvió loco, al parecer. La causa de la locura fueron las deudas; se había comprometido a pagar siete talentos de plata por -¡figúrate!- una esclava escita. Pero como Tito Vetio padre es un cicatero de mucho cuidado, y demasiado viejo, además, para ser padre de un muchacho de veinte años, el joven pidió el dinero prestado a un interés exorbitante, dando como aval su herencia. Naturalmente, se vio más indefenso que un pollo en manos de los usureros, que le exigieron el pago en un plazo de treinta días. Como al pobre le era imposible, consiguió una prórroga de otros treinta días. Pero como no tenía posibilidades de pagarles, los usureros fueron a exigírselo al padre con un interés exorbitante. El padre se negó y repudió al hijo, que se volvió loco.

A continuación, el joven Tito Vetio se revistió de una toga púrpura con diadema y se proclamó rey de Campania, sublevando a todos los esclavos de la región. Me apresuro a decirte que el padre es un importante granjero al estilo tradicional, que trata bien a sus esclavos y no tiene ninguno de origen itálico. Pero cerca de su casa había uno de esos granjeros recién enriquecidos, un hombre horrendo que compra esclavos de los más baratos sin hacer preguntas sobre su origen, los encadena para el trabajo y los encierra en un ergastulum para dormir. Este despreciable individuo se llamaba Marco Macrino Mactator y resulta que era gran amigo de tu joven colega de consulado, nuestro recto y honrado Cayo Flavio Fimbria.

El día en que el joven Tito Vetio se volvió loco, armó a sus esclavos comprando quinientos equipos de panoplias antiguas de exposición que una escuela de gladiadores tenía a la venta y con su pequeño ejército se dirigió a casa de Marco Macrino Mactator, torturó y mató a éste y a su familia y liberó a gran número de esclavos, muchos de los cuales resultaron ser itálicos y, por lo tanto, ilegales.

En cuestión de nada, Tito Vetio, rey de Campania, contaba con un ejército de más de cuatro mil esclavos y se había hecho fuerte en el campamento de un promontorio. ¡Y los reclutas-esclavos seguían llegando! Capua cerró sus puertas, convocó a todas las escuelas de gladiadores y pidió ayuda al Senado de Roma.

Fimbria habló largo y tendido sobre el asunto y lamentó la pérdida de su amigo Mactator el Carnicero, hasta que los padres conscriptos, hartos, delegaron en el praetor peregrinus, Lucio Licinio Lúculo, para que organizase un ejército y aplastase la rebelión. Pues bien, ya sabes qué engreido aristócrata es Lucio Licinio Lúculo, y no le gustó nada que una cucaracha como Fimbria le ordenase limpiar Campania.

Y valga una pequeña digresión. Supongo que sabes que Lúculo está casado con la hermana de Metelo, Metela Calva. Tienen dos hijos de catorce y doce años, de los que se dice que prometen mucho, y dado que el hijo de Metelo es incapaz de decir dos palabras seguidas, toda la familia tiene depositadas sus esperanzas en los jóvenes Lucio y Marco Lúculo. ¡Basta ya, Cayo Mario, se te oye refunfuñar desde Roma! Todo esto es importante, por increíble que te parezca. ¿Cómo vas a desenvolverte dignamente en medio del laberinto de la vida social romana si no te molestas en saber todas las ramificaciones familiares y chismorreos? La mujer de Lúculo, que es hermana de Metelo, tiene fama por su inmoralidad. Para empezar, lleva sus historias amorosas a plena luz del día con absoluto descaro, sin ahorrar escenas de histeria delante de conocidas tiendas de joyeros y hasta ha llegado a tratar de suicidarse desnudándose para arrojarse al Tíber. Pero es que, además, Metela Calva no corteja a hombres de su clase y eso es lo que más le duele a Metelo. Y no hablemos del altivo Lúculo. Sí, a Metela Calva le gustan los esclavos hermosos y los trabajadores fornidos que recoge en los muelles del puerto de Roma. Por eso es una insufrible carga para Metelo y Lúculo, aunque creo que es una madre sin igual para sus hijos.

Se acabó la digresión. Lo mencioné para dar un poco de pimienta a esta lamentable historia, y para hacerte comprender por qué Lúculo fue a Campania resentido por recibir órdenes de precisamente la clase de hombre a quien Metela Calva le habría gustado dar sus favores. Por cierto, hay un asunto turbio en relación con Fimbria. Se ha hecho amigo de Cayo Memio, figúrate, los dos son ahora uña y carne y hay mucho movimiento de dinero, aunque no se sabe claramente con qué objetivo.

En fin, Lúculo limpió rápidamente Campania y el joven Tito Vetio fue ejecutado con sus oficiales y su ejército de esclavos. Se le encomendó la tarea a Lúculo y éste presidió el tribunal en sitios como Reate.

¿No te dije ya hace tiempo, el año pasado, que eran previsibles esas revueltas de esclavos en Campania? ¡Pues ahora tenemos una auténtica guerra de esclavos en Sicilia!

Siempre he pensado que Públio Licinio Nerva parecía y actuaba como un ratón de biblioteca, pero ¿quién iba a imaginarse que resultaría tan peligroso enviarle a Sicilia de pretor-gobernador? Siendo tan puntilloso, el cargo habría debido cuadrarle perfectamente. No para de un sitio para otro, prepara sus cuarteles de invierno y escribe prolijos informes de todo lo que hace.

Claro, todo habría ido bien de no haber sido por esa maldita ley de libertad para los esclavos de origen itálico. El pretor-gobernador se aprestó a marchar a Sicilia y empezó a manumitir esclavos itálicos, que son aproximadamente la cuarta parte de todos los que trabajan en el abastecimiento de cereal. Comenzó por Siracusa, mientras que su cuestor empezaba por el otro extremo de la isla, en Lilybaeum. Se fue haciendo despacio y con todo detalle, sabiendo cómo es Nerva, y, por cierto, implantó un excelente método para descubrir a los esclavos que alegaban ser itálicos sin serlo, haciéndoles un examen en osco de la geografía regional de la península. El decreto, sin embargo, lo publicó en latín, con el propósito de eliminar a los posibles impostores; pero los que sólo leen griego tuvieron que recurrir a otros para la traducción y el lío que se organizó fue colosal…

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