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Momentos del Pasado

Электронная книга - «Momentos del Pasado». Краткое содержание книги:

Cuando, después de algunos años, Matthew Standish volvió a la vida de Copper traía una propuesta de matrimonio muy poco romántica bajo el brazo. Según el, la situación requería soluciones prácticas: Matthew necesitaba una madre para su hija de corta edad y un ama de llaves para Birraminda. La solución parecía fácil, sencilla, lógica… sobre todo teniendo en cuenta que Matthew estaba seguro de que la pequeña Copper no podía haber olvidado los momentos que compartieron en el pasado.
Y Copper no había olvidado, pero no era la misma joven a la que había conocido siete años atrás. De hecho, tenía una propuesta de negocios muy pragmática que hacerle…
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– Lo sé -repuso Mal con irritante tranquilidad-. Pensé que éste sería un buen momento para que me explicases tu proyecto del campamento turístico.

– ¡Oh! -Copper se sentó sobre los talones, sujetándose un mechón de pelo detrás de la oreja con gesto nervioso. Se había arremangado la camisa y el vaso de plástico le había dejado un círculo rojizo en torno a la boca-. ¿Ahora?

– Después de ducharme acostaré a Megan; así mientras tanto tú podrás preparar los documentos que necesites. Luego, podremos discutir tranquilamente sobre ello.

– Bien.

Copper se dijo que si Mal iba a tomar una ducha, ella también. No podía enfrentarse con él tal como estaba, cansada y sudorosa después de una jornada de duro trabajo. Aquélla era su gran oportunidad y no podía desaprovecharla.

Poco después, mientras se duchaba, intentó fortalecer aun más su resolución. Pensó en su padre, que estaría esperando ansioso la decisión de Mal, y en la manera en que estaba decayendo la demanda de Viajes Copley. Necesitaban desesperadamente un nuevo proyecto que cautivara la imaginación de la gente, y las excursiones a Birraminda podrían colocarlos a la cabeza del negocio turístico. Si Mal se negaba, podrían hablar con otros propietarios, pero su padre había puesto todo su corazón en Birraminda… y, en cualquier caso, a esas alturas tardarían demasiado tiempo en cerrar un trato con otros granjeros. ¡Mal tenía que aceptar!

Copper se puso un vestido de color crema, compuesto de una falda plisada y una chaqueta corta. Cuando se miró en el espejo pensó que ofrecía un aspecto fresco y a la vez profesional. Desde su habitación podía escuchar a Mal acostando a Megan, y salió al pasillo con sus carpetas bajo el brazo con la idea de revisar antes su proyecto.

– ¡Estás impresionante! -le comentó Brett silbando de admiración, cuando Copper entró en la cocina para sacar la cena del horno.

Copper pensó que le resultaba imposible que Brett no le cayera bien. Era egoísta, frívolo e irresponsable, pero incluso cuando flirteaba con ella, Copper no podía menos que echarse a reír cuando precisamente más quería expresarle su desaprobación. Cada vez que lo veía se quedaba impresionada por su atractivo, pero sus súbitas apariciones jamás surtían el más ligero efecto sobre ella, y no se le aceleraba el pulso del corazón…, lo cual era bastante extraño, teniendo en cuenta la manera en que reaccionaba ante Mal.

Después de cerrar la puerta del horno, Copper se volvió para sonreír a Brett.

– ¿Habéis tenido mucho trabajo hoy?

– Ha sido un día frenético -respondió Brett con tono perezoso-. Mal no parece darse cuenta de que los días sólo tienen veinticuatro horas -levantó la tapa de la olla para oler satisfecho el guisado-. A propósito, ¿dónde está el negrero?

– Acostando a Megan.

– Oh, bien, así que por el momento lo tenemos fuera de juego -exclamó con expresión radiante, y deslizó un brazo por la cintura de Copper-. Nunca tenemos la oportunidad de hablar a solas tú y yo. Mal siempre anda por ahí y no le gusta que me acerque a ti. ¿No lo has notado?

Copper sí lo había advertido. Mal había decidido no dejarla sola con Brett, aunque resultaba obvio que ella no estaba interesada en él. En cualquier otro hombre, aquel comportamiento habría sido considerado como celoso, pero Copper albergaba la penosa impresión de que ella la última mujer por la que podría estar interesado.

– Tiene muchas cosas en la cabeza -le dijo a Brett.

– Yo también -repuso él-. Unos ojos verdes tan preciosos como los tuyos son capaces de hacer estragos en el ritmo cardíaco de un hombre como yo. ¿Te ha dicho alguien alguna vez que tienes una sonrisa encantadora, Copper?

Copper pensó que si Mal le hubiera puesto la mano en la cintura de esa manera, se habría derretido de emoción; con Brett, sin embargo, la sensación era muy diferente y se echó a reír.

– ¿Por qué tengo la extraña sensación de que ya has usado esa táctica antes?

– Pero si nunca la he utilizado antes, de verdad. -Sonrió Brett-. Te lo juro, eres la chica más bonita que ha pasado por esta casa y estoy desesperadamente enamorado de ti. ¿Por qué no correspondes a mis sentimientos?

– Es una cuestión de gustos -repuso Copper, sacudiendo la cabeza con gesto burlón-. Triste, ¿no?

– Sí, es una pena -asintió Brett-. Una chica tan preciosa como tú debería estar enamorada de alguien. ¿No habrás cometido la estupidez de enamorarte de Mal, verdad? El es un tipo duro, ¡y te lo pasarías mucho mejor conmigo!

Resultaba evidente que estaba bromeando, pero Copper se apartó de él como si le hubiera quemado su contacto.

– ¿Enamorarme de Mal? -Le espetó con innecesaria vehemencia-. ¡Qué idea tan ridícula! ¡Por supuesto que no me he enamorado de Mal!

– Ahora que ya hemos aclarado eso, ¿crees que podrías ir a darle a Megan un beso de buenas noches?

Al oír la fría voz de Mal desde el umbral de la puerta, Copper giró sobre sus talones, ruborizada.

– Luego, si quieres, podríamos hablar de tu proyecto… ¿o es que estás ocupada con Brett?

– No… No, claro que no -balbuceó Copper, pero Brett se limitó a sonreír.

– Pues sí, estamos ocupados -comentó alegremente-. Estoy extremadamente ocupado intentando convencer a Copper de que se enamore de mí… ¡pero por el momento sólo hemos dejado en claro que no lo está de ti!

– Eso he oído -repuso Mal con expresión inescrutable.

– Yo… ¡ejem!… voy a darle el beso de buenas noches a Megan -se apresuró a decir ella. Intentó recoger sus carpetas de la mesa de la cocina, pero estaba tan nerviosa que se le cayó al suelo la mayor parte.

Mal le sostuvo la puerta abierta con irónica cortesía.

– Estaré en mi despacho -le dijo.

Poco después, cuando se inclinaba para besar a Megan en la mejilla, Copper se preguntó qué tenía de malo que Mal la hubiera oído decirle a Brett que no estaba enamorada de él.

Era algo completamente cierto. De acuerdo, estaba lo de Turquía, pero aquello había sido un amor de juventud, y en cualquier caso, ya eran personas diferentes. Mal no estaba enamorado de ella y ella tampoco de él.

Pero entonces ¿por qué sentía ese extraño temor de verlo, de enfrentarse con él?, le preguntaba una voz interior. Copper suspiró profundamente. El futuro entero de Viajes Copley estaba en juego mientras ella estaba allí, vacilando, titubeante. «Deja de comportarte de una manera tan patética. Simplemente entra en su despacho y demuéstrale a Mal lo que eres capaz.», se amonestó.

– Adelante -le dijo él cuando Copper llamó al despacho reuniendo toda la confianza de que fue capaz. Luego rodeó su escritorio para cerrar la puerta a su espalda-. Siéntate.

Aquellas formalidades resultaban un tanto desconcertantes, pero Copper hizo acopio de coraje. Intentando ignorar el ambiente de tensión, abrió una carpeta y sacó el proyecto de campamento que había diseñado su padre para el abrevadero y un fajo de dibujos artísticos sobre el mismo.

Copper estuvo hablando durante cerca de una hora. Y durante todo ese tiempo, fue demasiado consciente, a su pesar, de la presencia de Mal inclinado sobre los planos, de su poderoso cuerpo tan cerca del suyo, de su excitante perfil mientras contemplaba los proyectos. Al final, se quedó callada. Había hecho todo lo posible y sólo le quedaba escuchar su decisión.

– No estoy segura de que pueda explicarte nada más a estas alturas -añadió con cautela mientras comenzaba a recoger los documentos-. Evidentemente, todavía hay muchos detalles que resolver, pero en esta etapa realmente nos gustaría llegar a un acuerdo contigo desde el principio.

Copper no tenía forma de adivinar lo que pensaba Mal acerca de todo eso. Con expresión inescrutable, se levantó del escritorio para acercarse a la ventana.

– Este proyecto significa mucho para ti, ¿verdad? -le preguntó cuando se volvió al fin para mirarla.

– Sí, así es -respondió sincera.

– Sólo me estaba preguntando hasta dónde estarías dispuesta a llegar para convencerme de que lo aprobase.

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