Un Amor Escondido
- Автор: Д'Алессандро Джеки
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Amor Escondido». Краткое содержание книги:
Su guardián es Andrew Stanton, el mejor amigo de su hermano, un plebeyo.
Pero, sin saberlo, está obligando a la hermosa e independiente Catherine, que reniega del amor, a reconsiderar su posición. Así los secretos, pasiones y un amor escondido están convirtiendo al hombre que ha prometido proteger a la vizcondesa, en el más dulce de los peligros…
– Maravilloso. Tampoco yo… veo el momento.
En vez de ofenderse por su tono desinflado, la sonrisa asomó a los labios de Andrew.
– Le ruego que no se esfuerce usted dando muestras de entusiasmo por mí.
Bah. ¿Cómo se atrevía a estar de buen humor cuando se suponía que debía de estar abatido? Debía de ser el norteamericano que había en él. Bueno, quizá tuviera en mente que se conocieran mejor durante su estancia en su casa, pero, como bien sabía la mujer moderna actual, ella no tenía por qué acceder a los planes de ningún hombre si no lo deseaba.
Y, a juzgar por los secretos que debía salvaguardar, Catherine no tenía la menor intención de hacerlo.
Capítulo 5
La mujer moderna actual debe admitir que en ocasiones las restrictivas normas de la sociedad deberían ser clara y rotundamente ignoradas. Y, cuanto más atractivo sea el caballero en cuestión, más clara y rotundamente debería ser tal muestra de ignorancia… en toda su discreción, naturalmente.
Guía femenina para la consecución
de la felicidad personal y la satisfacción íntima
CHARLES BRIGHTMORE
– Villa Bickley aparecerá a la vista en cualquier momento -dijo lady Catherine dos horas más tarde, señalando a la izquierda-. Justo tras esa arboleda.
«Gracias a Dios.» Andrew esperaba que esa sensación de alivio no resultara demasiado obvia. Las cuatro horas de viaje habían alternado silencios incómodos y una absurda conversación. Ella se había concentrado en su labor, pero Andrew se tenía por un hombre que sabía leer en la actitud de la gente y Catherine estaba claramente preocupada por algo. El instinto le decía que estaba pensando en el incidente de la noche anterior, que, según sospechaba, la preocupaba más de lo que ella había querido reconocer.
Concentró su atención en el paisaje que se veía al otro lado de la ventanilla, deleitándose con la verde campiña. No veía la hora de salir del pequeño espacio del carruaje, donde había estado encerrado las últimas cuatro torturantes horas, respirando la delicada fragancia floral de Catherine. Dejó escapar un largo y discreto suspiro. Dios, ¿existía en el mundo una mujer que oliera mejor? No. Imposible. Había tenido que hacer acopio de cada gramo de sus fuerzas para no tocarla, inclinarse hacia ella y aspirar el olor de su piel. Sí, había cedido a la atormentadora tentación, acercándose a ella en una ocasión, y el esfuerzo que había tenido que hacer para no besarla había sido terrible.
Paciencia. Tenía que recordar que su plan para cortejarla debía ser sutil y pausado. Presentía que si se movía demasiado deprisa, ella se retiraría como una liebre asustada. Naturalmente, el hecho de que Catherine estuviera claramente irritada con él a causa de la Guía le hacía un flaco favor, aunque cierto era que también a él le resultaba irritante el entusiasmo que Catherine mostraba por el libro de Brightmore y por toda esa basura de la mujer moderna actual. Sospechaba que a ella no iba a hacerle ninguna gracia descubrir que le habían contratado para que encontrara y desenmascarara a su ídolo literario, Charles Brightmore.
A pesar de que su misión de encontrar al hombre había quedado temporalmente suspendida mientras estuviera en Little Longstone, se aplicaría por entero a la tarea en cuando regresara a Londres. Charles Brightmore quedaría al descubierto, Andrew recibiría por ello una buena gratificación y todas esas tonterías sobre la mujer moderna actual se desvanecerían, a la vez que desaparecería la tensión que había surgido entre lady Catherine y él. Mientras tanto, aprovecharía la oportunidad para pasar tiempo con ella y poner en marcha su plan para cortejarla.
Menos de un minuto más tarde, al dar una curva del camino, apareció ante sus ojos una majestuosa casa de ladrillo y columnas blancas cómodamente anidada contra un fondo de árboles enormes, suaves colinas y verdes prados. Las distintas tonalidades de verde quedaban rotas por serpenteantes senderos de vividos violetas y rosas, entremezclados con mantos de flores silvestres de tonos pastel. Retazos del sol de última hora de la tarde quedaban reflejados en las brillantes ventanas abovedadas, sumiendo la suavizada fachada de ladrillo en un resplandor dorado. La escena al completo denotaba una pintoresca y campestre tranquilidad. Un puerto tranquilo y seguro para ella y su hijo, lejos de la cruel mezquindad de la sociedad.
– Ahora entiendo por qué le gusta tanto esto -manifestó él.
– Es mi casa -respondió ella en voz baja.
– Es mucho más grande y majestuosa de lo que había imaginado. Llamarla «villa» es como llamar barca de remos a un barco.
– Quizá. Pero el entorno, el entrañable ambiente y los convencionalismos mucho menos formales que imperan aquí dotan a la casa de una comodidad que contradice su tamaño. Me enamoré de ella en cuanto la vi.
Andrew se volvió y paseó la mirada por el delicado perfil de Catherine. La blanda curva de su pálida mejilla, la suave línea de su mandíbula. La leve inclinación ascendente de la nariz. La lujuriosa carnosidad de sus labios. «Enamorarte en el instante mismo en que ves algo… sí, sé exactamente lo que es eso.»
– Comprar esta propiedad, donde Spencer dispone de un acceso fácil y privado a los curativos manantiales de agua caliente de la zona, fue el único gesto de generosidad que Bickley mostró con su hijo. -Catherine hablaba suavemente, con una voz totalmente desprovista de expresión. Se volvió a mirarle y Andrew se quedó perplejo al ver que sus ojos parecían totalmente vacíos. Maldición, cómo deseaba borrar todas las sombras que los años de infeliz matrimonio habían dejado en ella.
– Naturalmente, como sabe todo el mundo, la verdadera razón que llevó a Bickley a comprar la casa fue simplemente la de instalar a Spencer -y a mí- lejos, donde no tuviera que ver a su hijo imperfecto ni ser visto con él. Ni con la mujer que, según sus propias palabras, le había impuesto ese hijo.
Gracias a su íntima amistad con Philip, Andrew estaba al corriente del egoísta, insensible e indiferente bastardo en el que se había convertido el marido de lady Catherine con su cálida y vibrante esposa, y en el precario progenitor que había sido para un niño que tan desesperadamente necesitado estaba de un padre. Apenas pudo contenerse y decir: «Nada me habría gustado más que poder vérmelas durante cinco minutos con el bastardo con el que estuvo casada». En vez de eso, dijo:
– Lamento que su matrimonio no fuera feliz.
– También yo. Empezó con grandes promesas. Sin embargo, tras el nacimiento de Spencer… -Su voz se apagó y durante varios segundos sus ojos se colmaron con las sombras que sin duda seguían acechándola. A Andrew le picaban los dedos, tal era la necesidad de alargar la mano y tocarla. Reparar todo aquel dolor. Aliviarla y consolarla del mismo modo que para él era ya un consuelo pensar en ella.
Sin embargo, antes de que pudiera moverse, ella se recompuso y sonrió.
– Pero eso forma parte del pasado -dijo-. A Spencer y a mí nos encanta Little Longstone. Espero que disfrute de su estancia.
– No me cabe duda de que así será.
– Y debe usted disfrutar de las aguas calientes mientras esté aquí. Son muy terapéuticas. No veo llegado el momento de tomarlas yo misma para calmar la rigidez de mi hombro.
Andrew se tragó la aprensión que iba subiéndole por la garganta. No le atraía el plan de pasar tiempo cerca del agua. Descartado quedaba imaginarse dentro.
Se vio libre de responder cuando el carruaje se detuvo con un remezón, indicando que habían llegado a su destino.
– Antes de que bajemos -dijo Catherine, bajando la voz y hablando deprisa-, tengo que pedirle algo. Le agradecería que no le comentara el incidente de anoche a Spencer. No quiero alarmarle.
Andrew no pudo ocultar su sorpresa.
– Pero sin duda verá que está usted herida.