Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Apuesta Segura». Краткое содержание книги:

La inapropiada novia de King… ¿y un niño?.Todo el mundo hacía lo que Jefferson King ordenaba. Salvo la gente de cierto pueblo irlandés que había “comprado” para su última producción. Y, cuando el magnate cinematográfico llegó al pueblo, descubrió por qué todos se habían vuelto contra él: había dejado embarazada a una de los suyos.
Parecía como si hubiese estado evitando las llamadas de Maura Donohue, aunque no era así. De hecho, no podía olvidar la noche de pasión que habían compartido. Estaba dispuesto a organizar una boda digna de una reina para la futura mamá.
Pero Maura no quería un matrimonio sin amor… y Jefferson no pensaba ceder en ese punto.
1 ... 11 12 13 14 15 16 17 18 19 ... 25
Перейти на страницу:

– Yo me voy a Westport -la interrumpió su hermana-. Me quedaré a dormir en casa de Mary Dooley porque mañana tengo el turno de mañana en el café. Que lo paséis bien -dijo luego, miro a Jefferson-. El cordero tiene que tomarse todo el biberón.

Un segundo después había desaparecido y el único sonido que se oía en el establo era el balido de los animales.

– Nunca le he dado el biberón a un corderito -suspiró Jefferson, dejándose caer sobre una vieja caja de madera-. Pero sí se lo he dado a algún ternero en el rancho y no creo que sea muy diferente.

Maura tragó saliva. Su cordero había terminado de comer, de modo que lo dejó en el suelo, tomó al siguiente y empezó con el proceso otra vez. Sin mirar a Jefferson. Aunque le llegaba el aroma de su colonia y eso nublaba sus pensamientos… pero no tanto como para acceder a las demandas de alguien que intentaba imponerle sus decisiones.

– No hay ninguna razón para que te quedes.

– Estoy ayudando.

– No necesito tu ayuda y no necesito que me digas que voy a casarme.

– Aparentemente -dijo él-, sí lo necesitas.

– No voy a casarme contigo.

– ¿Por qué no? -Jefferson apartó la mirada del corderito, que estaba tomando el biberón como si fuera la última gota de leche que iba a ver en su vida-. Es lo que debemos hacer. Vamos a tener un hijo y, en mi familia, cuando alguien va a tener un hijo se casa. Además, quiero que ese niño lleve mi apellido.

– De modo que esto no tiene nada que ver conmigo -dijo Maura entonces-. Es sólo lo que tú crees que se debe hacer, tu responsabilidad, tus derechos, tu apellido. Pues muy bien, cásate, pero no será conmigo.

– Si dejaras de ser tan cabezota y pensaras de manera racional verías que tengo razón. Debemos casarnos por el niño. Nuestro hijo merece tener un padre y una madre.

– Y los tendrá, estemos casados o no. ¿De verdad crees que me casaría contigo porque crees que debes protegerme o algo así? Soy una mujer adulta, Jefferson, y no estamos en el siglo XIX. Incluso en Irlanda una mujer soltera es respetada. Y el apellido Donohue le irá perfectamente a mi hijo.

– A nuestro hijo -la corrigió él-. Y no hay ninguna necesidad de que lo críes sola. Yo acepto mi responsabilidad, Maura.

– Ah, qué bien, ahora me siento querida e idolatrada. «Una responsabilidad», eso es lo que una mujer quiere escuchar del hombre que le pide en matrimonio.

– Hace unas horas estabas enfadada conmigo porque creías que no quería hacer frente a mis responsabilidades.

– No quiero que lo hagas

– Pues es una pena.

Las ovejas se movían inquietas en el establo, como si notasen la tensión en el ambiente.

– Y una vez que estemos casados -siguió Jefferson-, te llevaré a Los Ángeles y te compraré una casa en Beverly Hills…

Maura estuvo a punto de soltar una carcajada. Aunque muchas veces había soñado con una proposición, jamás se le había ocurrido la idea de marcharse de Irlanda. Claro que Jefferson no querría quedarse allí porque su negocio estaba en Los Ángeles. De repente, sintió pena por un sueño que nunca había tenido una sola oportunidad de hacerse realidad.

– Mi casa está aquí.

– Puedes vender la granja, así no tendrás que trabajar tanto. Podrás quedarte en la cama hasta las doce en lugar de levantarte al amanecer. Vivir rodeada de lujos, hacer lo que quieras, viajar, ir de compras…

Parecía tan contento consigo mismo… ¿no se daba cuenta de lo vacía que era la vida que estaba describiendo? Si no tuviera su granja y su trabajo, ella no sería nada.

– Así que voy a abandonar mi hogar -empezó a decir Maura-, a vender la granja que ha sido de mi familia durante generaciones y luego me voy a ir a Hollywood a gastarme tu dinero. ¿Es eso? ¿Esa es la vida que tienes planeada para mí?

Algo en su tono le advirtió que había metido la pata. Cuando la miró, estaba dejando al corderito en el suelo para tomar a otro y sus ojos se habían oscurecido. Pero él no veía el problema. Estaba ofreciéndole una vida que muchas mujeres matarían por tener.

– Piénsalo, Maura. Podrías disfrutar en la piscina, salir a comer con tus amigas, tendrías todo el tiempo del mundo para estar con el niño. No tendrías que trabajar. Podrías descansar por primera vez en tu vida.

– Sólo tendría que atenderte a ti, ¿no? -murmuró ella, acariciando tiernamente la cabecita del animal.

– No tendrías que atenderme -suspiró Jefferson- Estás sacando conclusiones precipitadas y poniéndomelo más difícil de lo que deberías.

– ¿Así que vender mi granja sería fácil? Dejar a mis amigos, a la gente que conozco de toda la vida, mi país, sería muy sencillo, ¿no?

– Yo no…

– Siento mucho decírtelo, pero no tengo la menor intención de irme a vivir a Hollywood. Y te aseguro que no voy a cambiar de opinión, haga lo que haga tu ayudante.

Jefferson intentó contener su frustración. No serviría de nada insistir por el momento. En lugar de eso, tendría que intentar convencerla poco a poco.

– Piénsalo, ¿de acuerdo? Puedes elegir la casa que más te guste… y no tiene por qué estar en la ciudad. Podemos comprar algo en las montañas. Incluso te compraré ovejas… y podemos contratar a alguien que haga el trabajo. Yo puedo hacer que tu vida sea mucho más fácil de lo que es ahora. ¿Qué hay de malo en eso?

Jefferson se felicitó a sí mismo por explicarlo con tal claridad. Estaba seguro de que ahora Maura lo entendería.

– ¿Así es como crees que vas a convencerme? -le preguntó ella, sacudiendo la cabeza-. ¿De verdad creías que ibas a impresionarme? ¿La gente está tan dispuesta a dejarse comprar que tú lo esperas de todo el mundo?

– ¿Comprar? Yo no estoy intentando comprarte, Maura, estoy intentando…

– ¿Tu vida es mejor que la mía? -lo interrumpió ella-, ¿Qué es esto, el príncipe contándole al mendigo todo lo que se está perdiendo? ¿Debería sentirme agradecida, emocionada?

– ¿Por qué dices eso? -aquello no estaba yendo como esperaba y Jefferson no sabía qué había hecho mal.

– Me hablas como si fuera una niña a la que ofreces un caramelo. Tú, con tu dinero, tus casas en Beverly Hills y tus jets privados. ¿De verdad creías que te diría que sí? -le espetó Maura, quitándole al corderito y el biberón de las manos-. Pues no, Jefferson. Me gusta mi vida y tu dinero me da exactamente igual. Por mí puedes quemarlo si quieres.

Absolutamente atónito, Jefferson sacudió la cabeza.

– ¿Sólo te has quedado con lo del dinero?

– No soy yo la que habla de mansiones en Beverly Hills. Eres tú quien intenta convencerme para que deje mi casa -replicó ella-. Tú, con tu dinero, con tus trajes caros y tus jets privados. Como todos los hombres ricos, utilizas el poder como mejor te conviene sin dejar que nadie se interponga en tu camino. No tienes ni idea de cómo vive la gente de verdad, ¿no?

– ¿La gente de verdad? -repitió él. Aquello era absurdo y Jefferson se levantó, enfadado-. No sé de qué estás hablando, Maura. Sólo estoy intentando hacer lo que debo hacer para ti y para el niño.

– Y resulta que yo no estoy cooperando, ¿eh?

– Esto es ridículo -Jefferson la tomó por los hombros-. No vas a hacerme sentir culpable por ofrecerte a ti y a mi hijo una vida mejor.

– ¿Y quién ha dicho que sea una vida mejor? -le espetó Maura.

– No mejor, más fácil.

– Lo más fácil no siempre es lo mejor. Cuando me case, si me caso algún día, será por amor, Jefferson King… y aún no he escuchado esa palabra de tus labios.

Él la soltó como si lo hubiera quemado.

– Esto no tiene nada que ver con el amor.

– Eso es lo que estoy diciendo.

– No estábamos enamorados cuando hicimos a ese niño. ¿Por qué tenemos que estar enamorados para criarlo?

1 ... 11 12 13 14 15 16 17 18 19 ... 25
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)