Apuesta Segura
- Автор: Чайлд Морин
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Apuesta Segura». Краткое содержание книги:
Parecía como si hubiese estado evitando las llamadas de Maura Donohue, aunque no era así. De hecho, no podía olvidar la noche de pasión que habían compartido. Estaba dispuesto a organizar una boda digna de una reina para la futura mamá.
Pero Maura no quería un matrimonio sin amor… y Jefferson no pensaba ceder en ese punto.
Maura se cruzó de brazos y levantó la barbilla, orgullosa:
– Estoy embarazada. ¿Cómo vas a solucionar eso?
Seis
Un segundo después le daba con la puerta en las narices. Con el corazón latiendo a mil por hora, Maura se apoyó en la pared, intentando llevar aire a sus pulmones. Estaba temblando, pero no sabía si era por el frío de la calle o el que había visto en los ojos azules de Jefferson. Sólo sabía que verlo otra vez la había dejado tan trémula que no podía permitir que él se diera cuenta.
Había tenido que aparecer sin llamar por teléfono antes…
– Claro que Jefferson King no parece saber cómo usar un teléfono -dijo en voz alta-, porque llevo tres meses llamándolo y no he conseguido hablar con él.
Y, sin embargo, allí estaba. En la puerta de su casa, mojado y furioso… y aun así tenía que hacer un esfuerzo para no abrir la puerta y mirarlo de nuevo. Debería haber estado preparada para aquel momento, pensó. Debería haberlo sabido.
Por supuesto que había vuelto a Irlanda, pero no para verla si no para comprobar cómo iba el rodaje.
– Es un cerdo -murmuró, esperando que llamase a la puerta.
Jefferson no era la clase de hombre que recibía una noticia así y desaparecía sin dejar rastro. Oh, no, Jefferson King pediría explicaciones. Aunque ella llevaba meses intentando hacer justamente eso, en aquel momento no estaba de humor. Sobre todo porque no sabía si darle una bofetada o abrazarlo, no estaba segura. Era horrible. Por enfadada que estuviera con él, su corazón seguía latiendo como loco sólo con verlo. Y eso la ponía de los nervios.
Un segundo después, Jefferson empezó a llamar a la puerta. Su corazón, de nuevo, se volvió loco y más abajo, en su vientre, sintió un cosquilleo que no había sentido en mucho tiempo. Como un miembro que se le hubiera dormido y que despertaba a la vida provocando un extraño hormigueo.
– ¡Maldita sea, Maura, abre la puerta!
Podría haberlo hecho si no se lo hubiera ordenado de tan malos modos. Pero la rabia que la había acompañado durante los últimos meses fue más fuerte que ella.
– ¡Vete de aquí, Jefferson! -gritó.
– ¡No pienso irme a ningún sitio! ¿Quieres que tengamos esta conversación a gritos para que la oiga todo el mundo o podemos hablar en privado?
Eso hizo que se moviera a toda velocidad. Maura no estaba interesada en que la mitad de Hollywood supiera de sus asuntos. De modo que abrió la puerta y Jefferson entró, seguido de King… que se dispuso a sacudir el agua de su pelaje, empapándolos a los dos.
– Por el amor de Dios… -murmuró Maura mientras el perro corría por el largo pasillo hasta la cocina.
Cuando miró a Jefferson estuvo a punto de dar un paso atrás al ver un brillo de furia en sus ojos azules. Pero entonces recordó cuál de los dos tenía derecho a estar furioso.
– No me mires con esa cara.
– ¿Ah, no? -Jefferson se quitó la chaqueta empapada y la colgó en el perchero. Su camisa blanca, también mojada, se pegaba a su torso de una forma que la hizo salivar, aunque no lo admitiría aunque le pusieran un cuchillo en la garganta-, ¿Qué quieres decir con eso de que estás embarazada?
– ¿Cuántas cosas crees que puedo querer decir? -le espetó ella.
Oh, había imaginado aquella escena incontables veces y sus reacciones habían sido variadas. Pero en ninguna de ellas Jefferson parecía como si lo hubieran golpeado en la cabeza con un palo. Estaba atónito, así de sencillo. Como si nadie le hubiera dicho nada sobre los incontables mensajes que había dejado para él durante los últimos meses. ¿Para qué tenía tantos empleados si ninguno de ellos era capaz de pasarle un simple mensaje?
– Es muy fácil de entender: estoy embarazada. Esperando un hijo, encinta, preñada, con un bollo en el horno -Maura inclinó a un lado la cabeza-, ¿Quieres que te haga un dibujo?
Jefferson permaneció en silencio, el único sonido el de la lluvia golpeando los cristales y el viento moviendo las ramas de los árboles. Cuando por fin habló, su voz sonaba ronca:
– Si crees que esto es una broma, estás muy equivocada. ¿Y si estás embarazada de verdad por qué no me habías dicho nada?
– ¿Si estoy embrazada de verdad? -repitió Maura-, ¿En lugar de embarazada de mentira quieres decir?
– No, no quería decir eso… -Jefferson se pasó una mano por la cara-. ¿Por que no me lo habías dicho?
– Ja! He llamado a ese maldito estudio tuyo más veces de las que puedo recordar y he dejado un montón de mensajes…
– ¿Has llamado?
– Muchas veces -dijo Maura-, Y te digo una cosa: sería más fácil hablar con el Papa.
– Yo no he recibido ningún mensaje -suspiró Jefferson, mientras se quitaba la corbata.
¿Sería cierto?, se preguntó ella. Estaba convencida de que había recibido los mensajes, pero le daba igual, que había elegido distanciarse, como si aquello no fuera asunto suyo. Pero ahora… tenía que recapacitar. Debía considerar que tal vez Jefferson no sabía nada del embarazo.
– No es culpa mía que no te dieran los mensajes, ¿no?
– Estás embarazada.
– Ya te lo he dicho.
Él parecía a punto de decir algo, pero al final no lo hizo. En lugar de eso, se pasó una mano por la cara, mirándola como si no la hubiera visto antes.
– Y en el pueblo todo el mundo lo sabe, ¿verdad?
Maura suspiró. Su secreto no había tardado mucho en hacerse público, como ocurría siempre en los pueblos.
– Me temo que sí. La enfermera del doctor Rafferty tiene una lengua muy suelta.
– Deberías demandarla. Se supone que esas cosas son confidenciales.
– Ah, claro, típicamente americano. Una demanda judicial lo soluciona todo, ¿verdad? ¿De qué me serviría denunciar a una mujer que me conoce desde antes de que naciera? Además, intentar callar a Patty Doherty sería como intentar detener la marea con un montón de arena.
Había sabido desde que salió de la consulta del médico que la noticia correría como la pólvora por Craic. Y, aunque no se avergonzaba de su situación, de haber intuido que estaba embarazada seguramente habría ido al médico en Westport para evitar cotilleos.
– ¿Te encuentras bien? ¿Y el niño?
– Los dos estamos bien -le aseguró ella.
Ah, qué civilizados, pensó Maura. Dos adultos que habían creado un niño hablándose como si fueran extraños. El frío que había sentido antes se convirtió en hielo. Y también Jefferson parecía helado. Claro que seguramente era una noticia que dejaría helado a cualquiera. ¿Pero por qué no decía nada?
– ¿Tienes que quedarte ahí, mirándome como si me hubieran salido dos cabezas?
– Esto es algo que no me esperaba -dijo él.
– Ah, claro: ¿qué hago ahora con Maura? Imagino que te estarás preguntando eso.
Jefferson sacudió la cabeza, pensativo.
– Entonces, la razón por la que mi equipo está teniendo tantos problemas, la razón por la que Francés Boyle no ha querido alquilarme una habitación y Michael se ha negado a servirme en el pub…
– Todos están enfadados contigo. Todo el mundo sabe que estoy embarazada y que tú no has querido saber nada del asunto.
– Pero eso no es verdad… -Jefferson dio un paso adelante-, ¿Cómo iba a hacer nada si no te has molestado en contármelo?
– ¡Acabo de decir que te he llamado un montón de veces!
Maura se dirigió al salón, furiosa. Pero no tuvo que volverse para saber que él la había seguido.
– ¿De verdad intentaste ponerte en contacto conmigo? -Jefferson la tomó del brazo-. Un hombre tiene derecho a saber que va a convertirse en padre.
– Y también tiene la responsabilidad de devolver las llamadas para descubrir si alguien tiene algo que decirte.