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El arca de la redención [Redemption Ark - es]

Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:

Estamos a comienzos del siglo XXVII. Hace cincuenta años, el hombre puso en marcha un antiguo sistema alienígena que detectaba el nacimiento de formas de vida inteligentes. Los inhibidores llevan mucho tiempo esperando, pero ahora se preparan para volver…
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
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Skade, comprendió, estaba utilizando los descortezadores con la única intención de aumentar la precisión de sus otras armas a la hora de fijar el objetivo; inundaban la nave de Clavain de destellos estroboscópicos que fijaban al instante su posición y velocidad. Las otras minas estarían husmeando el espacio en busca de los restos de los fotones reflejados que partían de su casco. Era una forma de compensar el hecho de que las minas de Skade eran demasiado pequeñas para llevar detectores de neutrinos, y por tanto tenían que fiarse de los cálculos de posición anticuados que transmitía la Sombra Nocturna, que ya estaba a muchas horas luz en el espacio interestelar. El humo de los descortezadores sacaba la nave de Clavain de la oscuridad y permitía que lo localizaran las armas de energía dirigida de Skade. Clavain no veía los haces de esas armas, solo el destello de las explosiones que provocaban. Los rendimientos era más o menos una centésima parte del estallido de una explosión descortezadora, suficiente para impulsar un haz de partículas o un gráser con un alcance extremo de cinco segundos luz. Si el haz no lo alcanzaba, Clavain no llegaba a verlo. En el espacio interestelar había tan pocos granos de polvo ambiente que incluso un haz que pasara a kilómetros de la nave sufría una dispersión insuficiente para revelarse. Clavain era un hombre ciego y sordo que cruzaba tropezando la tierra de nadie, sin darse cuenta de las balas que pasaban silbando a su lado, sin ni siquiera sentir el viento de su paso.

Lo irónico era que, con toda probabilidad, ni siquiera sabría si un haz les daba.

Desarrolló una estrategia que esperaba que funcionase. Si las armas de Skade estaban disparando desde una distancia típica de cinco segundos luz, dependían de cálculos de posición que tenían una antigüedad de al menos diez segundos, y que con toda probabilidad era algo así como treinta segundos. Los algoritmos de fijación de objetivos estarían extrapolando su rumbo, localizando su probable posición futura con un diferencial de cálculos menos probables. Pero treinta segundos proporcionaban a Clavain un margen suficiente para hacer que esa estrategia fuera de una enorme ineficacia para Skade. En treinta segundos, bajo una propulsión constante de dos gravedades, una nave cambiaba su posición relativa en nueve kilómetros, más del doble de la longitud de su casco. Sin embargo, si Clavain hiciera vacilar al azar la propulsión, Skade no sabría con seguridad hacia qué lugar dentro de ese enclave de nueve kilómetros tendría que dirigir sus armas. Tendría que asignar más recursos a la obtención de la misma probabilidad de un impacto. Era un juego de números, no un método garantizado para evitar que te mataran; pero Clavain había sido soldado el tiempo suficiente para saber que, en última instancia, la mayor parte de las situaciones de combate se reducía a eso.

Pareció funcionar. Pasó una semana, y luego otra, y luego las explosiones más pequeñas de los haces de partículas cesaron. Solo quedó el destello ocasional y mucho más lejano de un descortezador. Seguía vigilándolo, pero por ahora había abandonado la idea de acabar con él con algo tan sencillo como un haz de partículas.

Clavain siguió alerta y nervioso. Conocía a Skade.

No se daría por vencida con tanta facilidad.

Tenía razón. Dos meses más tarde, una quinta parte del ejército estaba muerta, y había muchos más heridos y con posibilidades de morir durante las semanas siguientes. La primera insinuación de problemas había sido de lo más inocua: un diminuto cambio en la pauta de luz que detectaban en la Sombra Nocturna. Parecía imposible que un cambio tan insignificante pudiera tener algún impacto en su propia nave, pero Clavain sabía que Skade no haría nada sin tener una razón excelente. Así que una vez que se verificó el cambio y se demostró que era deliberado, reunió a su tripulación de mayor grado en el puente de la abrazadora lumínica robada.

La nave, a la que Escorpio la había llamado Luz del Zodíaco por alguna extraña razón, era una abrazadora lumínica comercial típica, fabricada más de doscientos años antes. Desde entonces, la nave había experimentado varios ciclos de reparaciones y nuevos diseños, pero el núcleo no había sufrido grandes cambios. Con cuatro kilómetros de longitud, la abrazadora lumínica era mucho más grande que la Sombra Nocturna, con un casco ahuecado por cavernosas zonas de carga lo bastante grandes para tragarse una flotilla de naves espaciales de tamaño medio. El casco en sí tenía una forma más o menos cónica que se afilaba hacia una proa con forma de aguja en la dirección del vuelo, y una cola más roma en la popa. Había dos motores interestelares acoplados al casco a través de vergas rebordeadas que salían del punto más ancho del cono. Los motores estaban recubiertos por doscientos años de secreciones posteriores, pero la forma básica de la tecnología combinada era evidente bajo las capas de crecimiento. El resto del casco tenía la suavidad oscura del mármol mojado, salvo por la proa, que estaba revestida por una matriz de hielo ablativo cosido con filamentos hiperdiamantinos. Como H había dicho, la nave en sí estaba bastante sana, eran los métodos comerciales de la tripulación anterior lo que los había hecho insolventes. El ejército de cerdos, entrenados para no dañar nada irremplazable, había conseguido minimizar el daño durante la captura.

El puente estaba a un tercio del camino de proa, a uno coma treinta y cinco kilómetros de distancia vertical cuando la nave estaba acelerando. La mayor parte de la tecnología de su interior, de hecho, la mayor parte de la tecnología que había a bordo de la nave, era antigua, tanto al tacto como en su función. Nada de ello sorprendió a Clavain; los ultras eran famosos por su conservadurismo, y era precisamente porque no habían adoptado la nanotecnología a gran nivel por lo que seguían teniendo un papel en esos tiempos posteriores a la plaga. Había fábricas generales en el vientre de la nave que ahora se dedicaban a la producción de armas a tiempo completo, no se podía perder capacidad en la mejora del material y la infraestructura de la Luz del Zodíaco. A Clavain no le había llevado demasiado tiempo acostumbrarse al ambiente de museo de la enorme y antigua nave; sabía que esa robustez les haría un buen servicio en cualquier batalla contra la triunviro Volyova.

El puente en sí era una cámara esférica dentro de una estructura de cardán que le permitía girar según lo que hiciera la nave, propulsarse o rotar. Las paredes estaban acolchadas con sistemas de proyección que mostraban vistas exteriores de la nave capturadas por zánganos, representaciones tácticas del volumen inmediato de espacio y simulaciones de varias estrategias de acercamiento para la llegada al sistema de Resurgam. Otras partes de las paredes estaban llenas de textos que se desplazaban, escritos con la anticuada letra norte, una letanía constante de averías de la nave y de los sistemas automáticos que se disparaban para arreglarlos.

Había un estrado rodeado de una barandilla. Estaba hecho de metal rojo y tenía forma de parrilla. Albergaba asientos, pantallas y sistemas de control. El estrado podía alojar unas veinte personas antes de resultar incómodo; Clavain supuso que en ese momento estaba casi al límite de su capacidad. Escorpio estaba allí, por supuesto, con Lasher, Sombra, Sangre y Cruz: tres de sus cerdos adjuntos y una mujer humana con un solo ojo procedente del mismo mundo del hampa. Antoinette Bax y Xavier Liu, mugrientos tras abandonar a toda prisa unas reparaciones, se sentaban cerca de la parte de atrás, y el resto del estrado estaba ocupado por una amplia mezcla de cerdos y humanos de referencia, muchos de los cuales habían salido directamente de sus empleos del Cháteau. Eran expertos en la tecnología que H había reconstruido y, al igual que Escorpio y sus colegas, estaban convencidos de que les iría mucho mejor uniéndose a la expedición de Clavain que quedándose en Ciudad Abismo o en el Cinturón Oxidado. Hasta Pauline Sukhoi estaba allí, lista para volver al trabajo que había destrozado su realidad personal. A Clavain le parecía una mujer que acababa de salir entre tropezones de una casa encantada.

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