El arca de la redención [Redemption Ark - es]
- Автор: Рейнольдс Аластер
- Год: 2006
- Язык: испанский
- Год: La Factor
- ISBN: 84-9800-283-4
- Переводчик: Aitor Solar
- Жанр: Космическая фантастика
Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
Todo era una distracción, por supuesto. Skade quizá se hubiera deslizado a través de la última línea defensiva demarquista, pero en los últimos tres días había comenzado a ser consciente de que quizá sus dificultades podrían no haber terminado del todo. Había algo siguiéndola, algo que salía del sistema de Yellowstone con una trayectoria muy parecida.
Ya era hora, decidió, de que compartiera la noticia con Felka.
La Sombra Nocturna estaba en silencio. Las pisadas de Skade eran todo lo que oía al dirigirse hacia la bodega de sueño. Sonaban fuertes y regulares, como martillos en una fundición. La nave estaba acelerando a dos gravedades, la maquinaria de supresión de inercia funcionaba en silencio y con suavidad, pero para Skade caminar no requería mayor esfuerzo.
Había congelado a Felka poco después de que le llegara la noticia de su más reciente fracaso. En ese momento había quedado claro, tras realizar un escrutinio de los nuevos objetos que rodeaban Yellowstone, que Clavain la había esquivado de nuevo; que Remontoire y el cerdo no solo no habían conseguido capturarlo, sino que además ellos también habían sido víctimas de bandidos locales. Habría sido atractivo en ese punto asumir que el propio Clavain estaba muerto, pero ya había cometido ese error con anterioridad y no estaba dispuesta a caer otra vez en la misma trampa. Por eso precisamente había conservado a Felka, como moneda de cambio que pudiera utilizar en futuras negociaciones con Clavain. Sabía lo que pensaba él de Felka.
No era cierto, pero no importaba.
Skade había tenido intención de volver al Nido Madre tras completar su misión pero su fracaso a la hora de matar a Clavain la había obligado a reconsiderar su postura. La Sombra Nocturna era capaz de continuar hacia el espacio interestelar, y cualquier problema técnico menor se podía solucionar de camino a Delta Pavonis. El maestro de obra tampoco necesitaba su supervisión directa para terminar de construir la flota de evacuación. Una vez que la flota estuviera lista para el vuelo y equipada con maquinaria de supresión de inercia, parte de ella seguiría a Skade hacia el sistema de Resurgam, mientras que el resto tomaría una dirección diferente cargada con evacuados dormidos. Una única cabeza nuclear descortezadora terminaría con el Nido Madre.
Skade intentaría recuperar las armas. Si fracasaba en su primer intento, solo tendría que esperar a que llegase su flota de apoyo. Serían naves estelares mucho más grandes que podrían llevar armamentos mayores que la Sombra Nocturna, incluso cañones pesados de aceleración. Una vez que entrara en posesión de las armas perdidas, se encontraría con el resto de la flota de evacuación en un sistema diferente, en la otra mitad del cielo, al otro lado de Delta Pavonis, tan lejos como pudieran llegar de la usurpación de los inhibidores.
Luego pondrían rumbo a un espacio incluso más profundo, a muchas docenas, quizá incluso cientos de años luz hacia el interior del plano galáctico. Era hora de decirle adiós al espacio solar local. No era muy probable que lo volvieran a ver jamás.
Las constelaciones cambiarán, pensó Skade, no solo por unos cuantos grados, sino lo suficiente para deformarlas por completo. Por primera vez en la historia, vivirían bajo cielos auténticamente alienígenas, sin que pudieran consolarlos las formas míticas de su infancia, esos alineamientos aleatorios de estrellas en los que la conciencia humana había grabado un significado. Y al mismo tiempo sabrían que esos cielos eran crueles, tan infestados de monstruos como cualquier bosque encantado.
Sintió que su peso cambiaba, como si estuviera en un navío bajo una repentina tempestad. Se estabilizó apretándose contra la pared y estableció un enlace con Jastrusiak y Molenka, sus dos expertos en el sistema de supresión de inercia.
¿Pasa algo?
Molenka, la mujer, respondió a la pregunta de Skade.
[Nada, Skade. Solo una pequeña burbuja de inestabilidad. Nada inesperado].
Quiero saberlo si ocurre algo extraño, Molenka. Quizá necesitemos mucho más de este equipo, y quiero tener una confianza absoluta en él.
Ahora le tocó a Jastrusiak.
[Lo tenemos todo bajo control, Skade. La maquinaria está en condiciones de estado dos, perfectamente estable. Las pequeñas estabilidades se reducen a la media].
Bien. Pero intentad mantener esas inestabilidades bajo control, ¿queréis?
Skade estuvo a punto de añadir que le aterraban, pero se lo pensó mejor. No debía revelarles sus miedos a los demás, no cuando tantas cosas dependían de que aceptaran su liderazgo. Ya era bastante difícil hacer que los miembros de una mentalidad de colmena se sometieran a su voluntad, y su control se habría visto socavado ante la más leve insinuación de duda sobre sus habilidades.
No hubo más irregularidades en el campo. Satisfecha, continuó su camino hacia la bodega de sueño.
Solo estaban ocupadas dos de las arquetas de sueño frigorífico. Skade había instigado el ciclo del despertar de Felka seis horas antes. Ahora empezaba a abrirse la más cercana de las dos arquetas, la que exponía la forma inconsciente de la mujer. Skade se acercó más despacio a la arqueta y se agachó sobre sus piernas metálicas, hasta que estuvo al mismo nivel que Felka. El aura de diagnóstico de la arqueta le dijo que ya estaba solo durmiendo, sumida en un moderado estado REM. Observó que le temblaban los párpados y colocó la mano de acero en el antebrazo de Felka. La apretó con suavidad, y Felka gimió y cambió de postura.
Felka. Felka. Despierta ya.
Felka se fue recuperando poco a poco. Skade esperó con paciencia, contemplándola con algo parecido al afecto.
Felka. Tienes que entenderme. Estás saliendo de un sueño frigorífico. Llevas seis semanas congelada. Te sen tiras incómoda y desorientada, pero desaparecerá. No tienes nada que temer.
Felka abrió los ojos y los guiñó con una mueca de dolor, ofendida incluso por la escasa iluminación azul de la bodega de sueño. Gimió de nuevo e intentó salir de la arqueta, pero el esfuerzo era demasiado para ella, sobre todo por debajo de las dos gravedades.
Tranquila.
Felka murmuró y balbució una serie de sonidos, una y otra vez, hasta que formaron palabras reconocibles.
—¿Dónde estoy?
A bordo de la Sombra Nocturna. Te acuerdas, ¿no? Fuimos tras Clavain, al sistema interno.
—Clavain… —No dijo nada más durante diez o quince segundos, antes de añadir—: ¿Muerto?
No creo, no.
Felka consiguió abrir los ojos un poco más.
—Cuéntame… qué pasó.
Clavain nos engañó con la corbeta. Consiguió llegar al Cinturón Oxidado. Eso lo recuerdas, creo. Remontoire y Escorpio entraron tras él. Nadie más pudo ir, ellos eran los únicos que tenían alguna posibilidad de moverse por el espacio de Yellowstone sin que los descubrieran. No quise dejarte ir por razones obvias. A Clavain le importas, y eso hace que para mí seas muy valiosa.
—¿Rehén?
No, por supuesto que no. Solo una de nosotros. Clavain es el cordero que ha dejado el redil, no tú. El que queremos que vuelva es Clavain, Felka. Clavain es el hijo pródigo.
Fueron a la cubierta de vuelo de la Sombra Nocturna. Felka sorbía un caldo con sabor a chocolate en el que se habían vertido varias medichinas reconstituyentes.
—¿Dónde estamos?
Skade le mostró una imagen del campo estelar posterior, con una tenue estrella de un color amarillo rojizo destacada en verde. Esa era Épsilon Eridani, doscientas veces más apagada de lo que lo había estado desde la remota atalaya del Nido Madre. Ahora estaba diez millones de veces más apagada que el sol que ardía en el cielo de Yellowstone. Estaban en el auténtico espacio interestelar, por primera vez en la vida de Skade.