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El castillo de lord Valentine [Lord Valentine's Castle (part I) - es]

Электронная книга - «El castillo de lord Valentine [Lord Valentine's Castle (part I) - es]». Краткое содержание книги:

Miles de años después de nuestra era, en el planeta Majipur existe un arcaico imperio feudal en el que, no obstante persisten restos de una avanzada tecnología. En este marco Valentine, un juglar itinerante, descubre a través de sueños y portentos su verdadera identidad: él es Lord Valentine, la Corona. Su cuerpo y su trono han sido ocupados por un usurpador.
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—Es increíble que empezaras a aprender el Día Segundo.

—Sleet y Carabella son buenos maestros.

—De todas maneras, nunca he visto una persona que aprenda algo con tanta rapidez —dijo Shanamir—. Debes tener una mente extraordinaria. Apuesto a que eras una persona importante antes de convertirte en vagabundo, sí. Pareces tan alegre, tan… sencillo, y por otra parte… y por otra parte…

—Profundidades ocultas —dijo afablemente Valentine, mientras intentaba arrojar la maza desde detrás… El objeto le produjo un doloroso golpe en el codo izquierdo. Las tres mazas cayeron al húmedo suelo y levantaron salpicaduras. Valentine se sobresaltó y se frotó el codo—. Un malabarista experto. ¿Has visto? ¡Aprender a golpearte el codo de esta forma suele costar semanas de entrenamiento!

—Lo has hecho para cambiar de tema —dijo Shanamir, y no precisamente en tono de broma.

8

La mañana del Día Estelar, el día del desfile, el día de la Corona, el primer día de la gran fiesta de Pidruid, Valentine yacía encogido mientras dormía y tenía un reposado sueño, lujuriantes colinas y límpidos estanques salpicados de anémonas azules y amarillas. En ese momento unos dedos punzaron sus costillas y le despertaron. Se incorporó, parpadeando y murmurando. Oscuridad: faltaba mucho para el alba. Carabella estaba agachada junto a éclass="underline" Valentine percibió la felina gracia de la mujer, oyó su suave risa, captó la cremosa fragancia de su piel.

—¿Por qué tan temprano? —preguntó.

—Para tener un buen sitio cuando la Corona pase. ¡Apresúrate! Todos se han levantado ya.

Se levantó, tambaleándose. Tenía las muñecas un poco doloridas a causa de los ejercicios con las mazas, y extendió los brazos. Agitó las manos, las dejó caer fláccidamente. Carabella sonrió, le cogió las manos y le miró.

—Hoy harás unos malabares magníficos —dijo en voz baja.

—Así lo espero.

—Es indudable, Valentine. Haces extremadamente bien cualquier cosa que te propones realizar. Tú perteneces a ese tipo de personas.

—¿Sabes qué clase de persona soy?

—Naturalmente que lo sé. Mejor que tú, sospecho. Valentine, ¿sabes qué diferencia hay entre dormir y estar despierto? Valentine frunció el ceño.

—No te comprendo.

—A veces creo que para ti es lo mismo, que estás viviendo un sueño o soñando una vida. En realidad yo no pensaba así. Era Sleet. Le fascinas y difícilmente hay algo que fascine a Sleet. Ha estado en todas partes, ha visto muchas cosas, sabe todo lo que hay que saber, y sin embargo habla constantemente de ti, intenta comprenderte, analizar el interior de tu mente.

—No pensaba que yo fuera tan interesante. Creo más bien que soy aburrido.

—Otras personas no opinan así. —Los ojos de Carabella chispeaban—. Vamos. Vístete, desayuna, prepárate para el desfile. Por la mañana veremos pasar la Corona, por la tarde actuaremos, y por la noche… por la noche…

—¿Sí? ¿Por la noche?

—¡Por la noche tendremos fiesta! —gritó Carabella. Se alejó brincando y cruzó la puerta.

Entre la nieve matutina, la compañía de malabaristas se dirigió al lugar que Zalzan Kavol había conseguido en la ruta del gran desfile. El recorrido de la Corona se iniciaba en la Plaza Dorada, donde se alojaba el príncipe. Desde ahí seguiría hacia el este por una tortuosa avenida que conducía a una de las puertas secundarias de la ciudad y a la gran carretera que utilizaron Valentine y Shanamir para entrar en Pidruid. La ruta estaba bordeada por columnas gemelas de palmeras flamígeras en flor. A continuación volvería a entrar en la ciudad por la Puerta de Falkynkip para seguir por la calle del Mar, Arco de los Sueños, Puerta del Dragón y a la zona marítima, hasta llegar a la orilla de la bahía; allí, en el principal estadio de Pidruid, se había erigido una tribuna para el príncipe. Así pues el desfile tenía una doble naturaleza: en primer lugar la Corona pasaba ante el pueblo, y después el pueblo pasaba ante la Corona. Se trataba de un acontecimiento que duraría todo el día y toda la noche, y seguramente se prolongaría hasta el amanecer del Día Solar.

Dado que estaban incluidos en el espectáculo real, era preciso que los malabaristas se situaran cerca de la zona marítima; de lo contrario no podrían cruzar la congestionada ciudad a tiempo para llegar al estadio y actuar. Zalzan Kavol había conseguido un buen sitio cerca del Arco de los Sueños, pero ello significaba que iban a pasar casi todo el día aguardando la llegada del desfile. Era irremediable. Marcharon a pie, atravesaron diagonalmente la zona a través de calles poco transitadas de ordinario y finalmente salieron al extremo inferior de la Calle del Mar. Tal como había dicho Shanamir, la ciudad aparecía profundamente engalanada, atestada de ornamentos, pancartas y banderas que colgaban de todas las casas, de todos los globos de la iluminación urbana. La misma calzada estaba recién pintada con los colores de la Corona, verde reluciente bordeado por franjas doradas.

A pesar de la temprana hora el recorrido ya estaba lleno de espectadores, y no había espacios vacíos, pero no tardó en abrirse un hueco en cuanto aparecieron los malabaristas skandars y Zalzan Kavol mostró su fajo de pases. Los habitantes de Majipur tendían, en general, a ser corteses, a adaptarse de un modo elegante. Además, pocos se habrían atrevido a discutir su prioridad frente a seis ariscos skandars.

Y luego la espera. La mañana era cálida y el calor aumentaba con rapidez. Valentine no tenía otra cosa que hacer aparte de aguardar, con la mirada fija en la vacía carretera, la negra piedra pulida del ornamentado Arco de los Sueños, con Carabella apretada a su costado izquierdo y Shanamir pegado al otro lado. El tiempo transcurrió con infinita lentitud esa mañana. Los pozos de conversación no tardaron en secarse. Hubo un momento de diversión cuando Valentine captó una sorprendente frase entre el murmullo de las filas a su espalda:

—… no comprendo todo este jaleo. No confío un pelo en él.

Valentine agudizó el oído. Dos espectadores —gayrogs, a juzgar por el movedizo tono de sus voces— estaban conversando sobre la Corona, y no de un modo muy halagador.

—…no para de emitir decretos, eso opino. Que si regular esto, que si regular lo otro… siempre metiendo los dedos en todas partes. ¡Es innecesario!

—Quiere demostrar que trabaja —dijo benignamente el otro.

—¡Es innecesario! ¡Es innecesario! Las cosas iban bastante bien con lord Voriax, y con lord Malibor antes que él, sin tantos remilgos, sin tantas leyes. Indicios de inseguridad, esa es mi opinión.

—¡Calla! No es forma de hablar, precisamente hoy.

—Si te interesa mi opinión, el muchacho aún no está seguro de que es la Corona, así que quiere asegurarse de que todos le hacemos caso. Esa es mi opinión.

—No he pedido tu opinión —fue la preocupada respuesta.

—Y otra cosa. Esos agentes imperiales por todas partes, de repente. ¿Qué está haciendo él? ¿Fundar un cuerpo de policía mundial? ¿Son espías de la Corona, lo son? ¿Para qué? ¿Qué pretenden?

—Si la Corona pretende algo, tú serás el primer detenido. ¿Quieres callar?

—No hago daño a nadie —dijo el primer gayrog—. Fíjate, llevo la bandera del estallido estelar como cualquier otra persona. ¿Soy o no soy leal? Pero no me gusta cómo van las cosas. Un ciudadano tiene derecho a preocuparse por el estado del reino, ¿no es cierto? Si las cosas no van a nuestro gusto, debemos hablar claro. Esa es nuestra tradición, ¿no? Si ahora permitimos pequeños abusos, ¡quién sabe las cosas que hará él dentro de cinco años!

Interesante, pensó Valentine. Pese a la frenética alegría y agitación, la nueva Corona no era amada y admirada universalmente. ¿Cuántos espectadores, se pregunto Valentine, estarán demostrando entusiasmo simplemente por miedo o intereses personales?

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