Diosa Por Elección
- Автор: Каст Филис Кристина
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
Yo posé una mano sobre mi vientre, y Alanna y yo sonreímos.
– Algunas veces, la gente tiene una afinidad con los elementos. En las Llanuras de los Centauros se reverencia a los que pueden oír la llamada del agua oculta. Tienen afinidad con el elemento del agua, y siempre saben cuál es el lugar perfecto para construir un pozo. Nuestros herreros tienen un vínculo especial con el metal. A menudo las mujeres que tienen el don de la música o de la danza pueden tocar y moldear el viento con el alma, y tienen afinidad con el espíritu del fuego.
– Entonces, ¿hay personas que sienten una afinidad especial con la piedra? -pregunté yo.
– Sí, pero normalmente, la gente que está vinculada a la piedra también está vinculada a la misma tierra. Están sintonizados con ella y con todo lo que produce. Algunas de esas personas tienen, además, un talento especial para esculpir la piedra. Dedican la vida al arte de la mampostería. A través de ellos, las formas ocultas en la piedra toman vida. Son llamados Maestros Escultores.
– ¿Y tenemos a una de esas personas trabajando para nosotros? -pregunté, mirando hacia los trabajadores. No sabía cómo podía ser una persona vinculada a la piedra.
– Sí. Ha venido desde lo más profundo de las Cuevas de los Sidethas, para encontrar las piedras perfectas con las que construir el nuevo edificio. Se quedará aquí hasta el fin de la obra. Te lo hubiera presentado antes, pero no te encontrabas bien.
– Cuéntame cosas sobre él -murmuré-. Bueno, preséntamelo ahora. Tengo curiosidad por conocerlo.
Cuando llegamos a la obra, todos se detuvieron momentáneamente para saludarme y felicitarme. Los vítores llamaron la atención de un pequeño grupo que salía del interior de la estructura del edificio. La persona más alta de aquel grupo era mi marido, que recibió varias palmadas en la espalda por parte de los albañiles, a modo de enhorabuena. Dougal y Victoria estaban con él.
Alanna me dio un suave codazo y arqueó las cejas.
– Conque tenía cosas que hacer en la obra, también -me dijo, repitiendo lo que nos había contado Victoria.
– Se está convirtiendo en una desvergonzada -le respondí en un susurro a Alanna.
Junto a ClanFintan, Dougal y Victoria había un hombre alto y desgarbado a quien yo no conocía. A medida que el grupo se acercaba, me di cuenta de que era mucho más joven de lo que había pensado en un principio. Tenía el pelo castaño, recogido en una coleta, lo que le confería un aire de artista bohemio que estaba en contradicción con el hecho de que no tuviera más de dieciséis años.
– Buenos días, Rhea -me dijo ClanFintan, mientras me tomaba la mano y me besaba suavemente el dorso-. ¿Cómo te encuentras esta mañana?
– Mejor -respondí con una sonrisa. Él me estrechó la mano.
– ¡Enhorabuena, Amada de Epona! -me dijo Dougal.
Tenía una expresión radiante, y yo sabía que no sólo era por la noticia de mi embarazo. Me parecía maravilloso verlo tan feliz. Había estado preocupada por el hecho de que su personalidad sociable se convirtiera en algo oscuro y triste después de la muerte de su amado hermano, sucedida varios meses antes. Sin embargo, ahora me daba cuenta de que en su rostro se reflejaban su naturaleza dulce y su amor por la vida.
– Gracias, Dougal. Y enhorabuena a ti también, por haber conseguido que Victoria entrara en razón.
Victoria me dedicó un resoplido, pero tomó a Dougal del brazo con suavidad, y él respondió con una sonrisa de adoración.
– Nos gustaría que vos celebrarais nuestro matrimonio, lady Rhea -me pidió Dougal.
– No sentiríamos muy felices -corroboró Victoria con una sonrisa.
Me sentí tan conmovida que se me llenaron los ojos de lágrimas. Sin duda, mis hormonas estaban revolucionadas.
– Sería un honor para mí.
Los dos me dedicaron una sonrisa resplandeciente. Yo tragué saliva, aunque tenía un nudo en la garganta. Alanna estaba a punto de llorar. Éramos repugnantes. No me resultaba extraño que hubiera estado vomitando.
– Lady Rhea -me dijo Alanna cuando se recuperó-. Permitid que os presente al Maestro de la Piedra, Kai. Kai, lady Rhea, la Encarnación de Epona.
El joven dio un paso adelante y ejecutó una respetuosa reverencia.
– Lady Rhea, me siento honrado por estar al servicio de Epona.
Tenía una voz única, no demasiado grave ni tampoco aguda, y demasiado joven para ser profundamente masculina. Sin embargo, tenía una cualidad que me intrigaba. Pensé que me gustaría oírlo leer en voz alta.
– ¿Quizá es más importante que las piedras se sientan honradas por estar al servicio de Epona?
– ¡Por supuesto, lady Rhea! -respondió el muchacho con el rostro iluminado, y con un entusiasmo que yo hubiera deseado para mis estudiantes en clase. Suspiré-. He buscado sin descanso en las Cuevas de los Sidethas, hasta que encontré una veta de mármol que susurraba el nombre de la diosa. Las columnas que soportan el edificio se están construyendo con él.
– Me encantaría ver ese mármol -respondí llena de intriga ante la idea de que una piedra pudiera tener ciertas preferencias.
– Seguidme, mi señora. Os lo mostraré.
– Rhea, Dougal y yo hemos terminado aquí. Vamos a supervisar la provisión de grano para el invierno -me dijo ClanFintan, y volvió a besarme la mano.
– De acuerdo, yo voy a ver el mármol, y después iré a visitar a Epi. Últimamente ha estado inquieta. Voy a sacarla a cabalgar. Parece que el ejercicio le resulta relajante.
– Muy bien. Entonces nos veremos en el establo.
– Que tenga un buen día, lady Rhea -me dijo Dougal. Después le hizo una caricia en la mejilla a Victoria, y siguió a mi marido.
– Si esperáis aquí, les diré a los albañiles que aparten algún andamio para que podáis disfrutar de una buena vista de la principal viga maestra -me dijo Kai con evidente emoción ante la oportunidad de compartir con alguien su amor por el mármol. Yo asentí para darle ánimos.
Después de que se fuera, Alanna me dio un golpecito con el codo y señaló a Victoria con la cabeza. La Cazadora todavía estaba allí, mirando a Dougal mientras se alejaba, como si fuera una adolescente enamorada. Yo miré a Alanna, y rápidamente las dos rodeamos a la Cazadora.
– Chica, te ha dado fuerte -le dije yo, para tomarle el pelo.
Victoria pestañeó y nos miró.
– No sé de qué estáis hablando -respondió remilgadamente, aunque con las mejillas muy ruborizadas.
– Lo único que puedo decir es que me alegro de que Dougal sea joven -comenté con una sonrisa.
– Dicen que los jóvenes tienen una energía ilimitada -añadió Alanna.
– No es tan joven -respondió Victoria, que intentó mostrarse ofendida. Sin embargo, yo percibía una sonrisa escondida detrás de su fachada grave de Jefa de las Cazadoras.
– Bueno, cuéntame -le dije.
Me incliné hacia ella y hablé en tono de conspiración. Llevaba meses queriendo preguntarle a Victoria cómo era el sexo entre los centauros. Aquel momento era la oportunidad perfecta.
– ¿Y qué tipo, y cuánta energía, va a necesitar el pobre Dougal? -le pregunté mientras le daba un suave codazo y le guiñaba un ojo-. En vuestra noche de bodas.
Victoria me miró con una sonrisita.
– Sí -dijo Alanna, en un tono inocente-. Cuéntanos.
– Bueno… -Victoria nos hizo una señal para que nos acercáramos a ella, cosa que hicimos alegremente-. ¿Habéis visto alguna vez aparearse a los caballos?
Nosotras asentimos.
– Entonces, ¿sabéis que muerden, y gritan, y dan coces cuando su pasión está en el punto más alto?
Nosotras asentimos con entusiasmo.
– ¿Y sabéis que, algunas veces, su deseo es tan fiero que el apareamiento está lleno de lujuria violenta e incontrolada? -su voz temblaba de intensidad.
Nosotras asentimos con mucho entusiasmo.
Con la respiración acelerada, ella se detuvo. Mientras nos miraba a Alanna y a mí, su sonrisa se ensanchó.