La reina en el palacio de las corrientes de aire [Luftslottet som sprängdes - es]
- Автор: Ларссон Стиг
- Язык: испанский
- Переводчик: Martin Lexell
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «La reina en el palacio de las corrientes de aire [Luftslottet som sprängdes - es]». Краткое содержание книги:
Como ya imaginábamos, Lisbeth no está muerta, aunque no hay muchas razones para cantar victoria: con una bala en el cerebro, necesita un milagro, o el más habilidoso cirujano, para salvar la vida. Le esperan semanas de confinamiento en el mismo centro donde un paciente muy peligroso sigue acechándola: Alexander Zalachcnko, Zala. Desde la cama del hospital, y pese a su gravísimo estado, Lisbeth hace esfuerzos sobrehumanos para mantenerse alerta, porque sabe que sus impresionantes habilidades informáticas han a ser, una vez más, su mejor defensa.
Entre tanto, con una Erika Berger totalmente inmersa en las luchas de poder y las estrategias comerciales del poderoso periódico Svenska Morgon-Posten, en horas bajas tras el descenso de las ventas y de los anunciantes, Mikael se siente muy solo. Quizás Lisbeth le haya apartado de su vida, pero a medida que sus investigaciones avanzan y las oscuras razones que están tras el complot contra Salander van tomando forma, Mikael sabe que no puede dejar en manos de la Justicia y del Estado la vida y la libertad de Lisbeth. Pesan sobre ella durísimas acusaciones que hacen que la policía mantenga la orden de aislamiento, así que Kalle Blomkvist tendrá que ingeniárselas para llegar hasta ella, ayudarla, incluso a su pesar, y hacerle saber que sigue allí, a su lado, para siempre.
A las doce, le dieron a Lisbeth un almuerzo sencillo, y la siguiente hora la dedicó a resolver ecuaciones en su mente. Se centró en un pasaje de astronomía esférica de un libro que había leído hacía ya dos años.
A las dos y media la volvieron a llevar a la sala de interrogatorios. El guardia que la acompañó esta vez era una mujer joven. La sala estaba vacía. Se sentó en una silla y siguió meditando sobre una ecuación particularmente compleja.
Al cabo de diez minutos se abrió la puerta.
– Hola, Lisbeth -saludó amablemente Teleborian.
Él sonrió. Lisbeth Salander se quedó helada. Los elementos de la ecuación que había formulado en el aire se le cayeron al suelo y se le desperdigaron. Oyó como los números y los signos rebotaban y tintineaban como si hubiesen cobrado forma física.
Peter Teleborian se quedó quieto y la observó durante uno o dos minutos antes de sentarse frente a ella. Lisbeth seguía con la mirada fija en la pared.
Al cabo de un rato, desplazó la mirada y lo miró a los ojos.
– Lamento que hayas acabado así -dijo Peter Teleborian-. Haré todo cuanto esté en mi mano para ayudarte. Espero que consigamos crear un ambiente de confianza mutua.
Lisbeth examinó cada centímetro de la persona que tenía enfrente. El pelo enmarañado. La barba. Esa pequeña separación entre sus dos dientes delanteros. Sus finos labios. La americana marrón. La camisa con el cuello abierto. Oyó la pérfida amabilidad de su suave voz:
– También espero poder ayudarte mejor que la última vez que nos vimos.
Dejó sobre la mesa un pequeño cuaderno y un bolígrafo. Lisbeth bajó la mirada y observó el bolígrafo. Era un tubo afilado de color plata.
Análisis de consecuencias.
Reprimió el impulso de extender la mano y coger el bolígrafo.
Sus ojos buscaron el dedo meñique izquierdo de él. Descubrió una débil línea blanca justo donde ella, quince años antes, le había clavado los dientes y cerrado la mandíbula con tanta rabia que casi le cortó el dedo. Fueron necesarios tres enfermeros para inmovilizarla y abrirle la mandíbula a la fuerza.
En aquella ocasión yo era una pequeña y asustada niña que apenas había alcanzado la pubertad. Ahora soy adulta. Ahora puedo matarte cuando quiera.
Fijó la mirada en un punto de la pared situado por detrás de Teleborian, recogió los números y los signos matemáticos que se le habían caído al suelo y empezó a recomponer la ecuación.
El doctor Peter Teleborian contempló a Lisbeth Salander con una expresión neutra en el rostro. No se había convertido en un psiquiatra de renombre mundial por carecer de conocimientos sobre el ser humano, todo lo contrario: poseía una gran capacidad para leer sentimientos y estados de ánimo. Tuvo la impresión de que una gélida sombra atravesó la sala, pero lo interpretó como un signo de que la paciente sentía miedo y vergüenza bajo su inmutable apariencia. Lo vio como una buena señal de que ella, a pesar de todo, reaccionaba ante su presencia. También se mostró satisfecho con el hecho de que ella no hubiera modificado su comportamiento. Se ahorcará ella sólita.
La última medida que Erika Berger tomó en el SMP fue sentarse en su cubo de cristal y redactar un comunicado para los colaboradores. Se encontraba bastante irritada cuando se puso a escribirlo y, aun a sabiendas de que se trataba de un error, le salieron dos folios enteros en los que explicaba por qué abandonaba el SMP y lo que pensaba de ciertas personas. Borró todo el texto y volvió a empezar empleando un tono más objetivo.
No mencionó a Peter Fredriksson. Si lo hiciera, todo el interés se centraría en él, y las verdaderas razones se ahogarían en un mar de titulares sobre el acoso sexual.
Alegó dos motivos. El más importante era que se había encontrado con una masiva oposición dentro de la dirección al presentar su propuesta de que los jefes y los propietarios redujeran sus sueldos y sus bonificaciones. Por culpa de eso, se vería obligada a iniciar su época en el SMP con drásticas reducciones de personal, algo que no sólo constituía un incumplimiento de las perspectivas presentadas cuando la convencieron para que aceptara el cargo, sino que también imposibilitaría cualquier intento de cambiar y reforzar el periódico a largo plazo.
El segundo motivo fue el reportaje que revelaba las actividades de Borgsjö. Erika explicó que éste le había ordenado que silenciara la historia y que eso no formaba parte de su trabajo. De modo que, al no tener elección, se veía obligada a abandonar la redacción. Terminó diciendo que los problemas del SMP no había que buscarlos en el personal sino en la dirección.
Leyó su escrito sólo una vez, corrigió un error de ortografía y se lo envió a todos los colaboradores del grupo. Hizo dos copias y le mandó una al Pressens tidning y otra al órgano sindical Journalisten. Luego metió su laptop en la bolsa y fue a ver a Anders Holm.
– Hasta luego -dijo.
– Hasta luego, Berger. Ha sido un horror trabajar contigo.
Se sonrieron.
– Una última cosa -dijo.
– ¿Qué?
– Johannes Frisk ha estado trabajando en un reportaje por encargo mío.
– Nadie sabe en qué diablos anda metido.
– Apóyalo. Ya ha llegado bastante lejos y yo voy a estar en contacto con él. Déjaselo terminar. Te prometo que saldrás ganando.
Pareció pensativo. Luego asintió.
No se dieron la mano. Ella dejó el pase de la redacción sobre la mesa de Holm y bajó al garaje a por su BMW. Poco después de las cuatro estaba aparcando cerca de la redacción de Millennium.
CUARTA PARTE: Rebooting System
A pesar de la rica flora de leyendas que circula sobre las amazonas de la Grecia antigua, de América del sur, de África y de otros lugares, tan sólo existe un único ejemplo histórico de mujeres guerreras que esté documentado. Se trata del ejército del pueblo fon, en Dahomey, al oeste de África, la actual Benin.
Estas mujeres guerreras nunca han sido mencionadas en la historia militar oficial. Tampoco se ha rodado ninguna película romántica sobre ellas, y si hoy en día aparecen en algún lugar lo hacen, como mucho, en forma de históricas y borradas notas a pie de página. El único trabajo científico que se ha hecho sobre estas mujeres es Amazons of Black Sparta, del historiador Stanley B. Alpern (Hurst & Co.Ltd, Londres, 1998). Aun así, se trataba de un ejército que se podía medir con cualquiera de los ejércitos de soldados de élite que las fuerzas invasoras tuvieran.
No ha quedado del todo claro cuándo se creó el ejército femenino del pueblo fon, pero ciertas fuentes lo fechan en el siglo XVII. En un principio era una guardia real, pero evolucionó hasta convertirse en un colectivo militar compuesto por seis mil soldados mujeres que tenían un estatus semidivino. Su objetivo no era decorativo. Durante más de doscientos años constituyeron la punta de lanza que los fon utilizaron contra los colonizadores europeos que los invadieron. Eran temidas por los militares franceses, que fueron derrotados en varias batallas campales. El ejército femenino no pudo ser vencido hasta 1892, cuando Francia envió por mar tropas modernas compuestas por artilleros, legionarios, un regimiento de la infantería de marina y la caballería.
Se desconoce cuántas de esas guerreras cayeron en el campo de batalla. Durante varios años las supervivientes continuaron haciendo su particular guerrilla y algunas veteranas de ese ejército fueron entrevistadas y fotografiadas en una década tan reciente como la de los años cuarenta.
Capítulo 23 Viernes, 1 de julio – Domingo, 10 de julio