La reina en el palacio de las corrientes de aire [Luftslottet som sprängdes - es]
- Автор: Ларссон Стиг
- Язык: испанский
- Переводчик: Martin Lexell
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «La reina en el palacio de las corrientes de aire [Luftslottet som sprängdes - es]». Краткое содержание книги:
Como ya imaginábamos, Lisbeth no está muerta, aunque no hay muchas razones para cantar victoria: con una bala en el cerebro, necesita un milagro, o el más habilidoso cirujano, para salvar la vida. Le esperan semanas de confinamiento en el mismo centro donde un paciente muy peligroso sigue acechándola: Alexander Zalachcnko, Zala. Desde la cama del hospital, y pese a su gravísimo estado, Lisbeth hace esfuerzos sobrehumanos para mantenerse alerta, porque sabe que sus impresionantes habilidades informáticas han a ser, una vez más, su mejor defensa.
Entre tanto, con una Erika Berger totalmente inmersa en las luchas de poder y las estrategias comerciales del poderoso periódico Svenska Morgon-Posten, en horas bajas tras el descenso de las ventas y de los anunciantes, Mikael se siente muy solo. Quizás Lisbeth le haya apartado de su vida, pero a medida que sus investigaciones avanzan y las oscuras razones que están tras el complot contra Salander van tomando forma, Mikael sabe que no puede dejar en manos de la Justicia y del Estado la vida y la libertad de Lisbeth. Pesan sobre ella durísimas acusaciones que hacen que la policía mantenga la orden de aislamiento, así que Kalle Blomkvist tendrá que ingeniárselas para llegar hasta ella, ayudarla, incluso a su pesar, y hacerle saber que sigue allí, a su lado, para siempre.
– Me aseguraré de que me pasa la factura.
Erika Berger se levantó y le dio un largo abrazo a Susanne Linder.
– Gracias, Susanne. Si alguna vez necesitas ayuda, aquí tienes a una amiga. Sea lo que sea.
– Gracias. No dejes esas fotos en cualquier lugar. Por cierto, Milton Security te puede instalar unos armarios de seguridad muy chulos.
Erika Berger sonrió.
Capítulo 22 Lunes, 6 de junio
El lunes, Erika Berger se despertó a las seis de la mañana. A pesar de no haber dormido más que un par de horas se sentía extrañamente descansada. Supuso que se trataba de algún tipo de reacción física. Por primera vez en muchos meses, se puso ropa de hacer footing y salió a correr a un ritmo furioso hasta el muelle del barco de vapor. Sin embargo, lo de furioso sólo fue verdad durante unos cuantos centenares de metros; luego su lesionado talón empezó a dolerle tanto que aminoró la marcha y continuó corriendo con más parsimonia. Disfrutaba del dolor del pie a cada paso que daba.
Se sentía renacida. Era como si el Hombre de la guadaña hubiera pasado por delante de su puerta y, en el último momento, hubiera cambiado de opinión y continuado hasta la casa del vecino. No le entraba en la cabeza la suerte que había tenido: Peter Fredriksson había tenido sus fotos durante cuatro días y no había hecho nada con ellas. El escaneado que había realizado daba a entender que tenía algo en mente pero que aún no lo había llevado a cabo.
Pasase lo que pasara, este año sorprendería a Susanne Linder con un regalo de Navidad caro. Pensaría en algo especial.
A las siete y media dejó que Greger siguiera durmiendo, se sentó en su BMW y condujo hasta la redacción del SMP, en Norrtull. Aparcó en el garaje, cogió el ascensor hasta la redacción y se instaló en su cubo de cristal. La primera medida que tomó fue llamar a un conserje.
– Peter Fredriksson ha dimitido del SMP a efectos inmediatos -dijo-. Coge sus pertenencias personales de su mesa, mételas en una caja y envíasela a su casa esta misma mañana.
Contempló el mostrador de noticias. Anders Holm acababa de llegar. Sus miradas se encontraron y él la saludó con un movimiento de cabeza.
Ella le devolvió el saludo.
Holm era un cabrón, pero tras el enfrentamiento que tuvieron unas cuantas semanas atrás había dejado de crear problemas. Si continuara mostrando esa misma actitud, quizá sobreviviera como jefe de Noticias. Quizá.
Sintió que era capaz de cambiar el rumbo del barco.
A las 8.45 divisó a Borgsjö cuando éste salió del ascensor y desapareció por la escalera interna para dirigirse a su despacho, en la planta de arriba. Tengo que hablar, con él hoy mismo.
Fue a por café y le dedicó un rato a la agenda de la mañana: se presentaba pobre en noticias. El único texto interesante lo constituía una noticia breve que comunicaba de forma aséptica que el domingo Lisbeth Salander había abandonado el hospital y que ya se le había aplicado la prisión preventiva. Dio su visto bueno y se lo envió a Anders Holm.
A las 8.59 Borgsjö la llamó.
– Berger: sube ahora mismo a mi despacho.
Luego colgó.
Magnus Borgsjö estaba lívido cuando Erika Berger abrió la puerta. Se puso de pie, se la quedó mirando y dio un buen golpe en la mesa con una pila de papeles.
– ¿Qué coño es esto? -le gritó.
A Erika Berger se le encogió el corazón. Le bastó con echarle un vistazo a la portada para saber qué era lo que Borgsjö se había encontrado esa mañana en su correo.
A Fredriksson no le había dado tiempo a hacer nada con las fotos de Erika. Pero sí a enviarle el reportaje de Henry Cortez a Borgsjö.
Erika se sentó tranquilamente delante de él.
– Eso es un texto que el reportero Henry Cortez ha escrito y que la revista Millennium tenía intención de publicar en el número que salió hace una semana.
Borgsjö daba la impresión de estar desesperado.
– ¿Cómo coño te atreves? Yo te traigo al SMP y lo primero que haces es empezar a conspirar contra mí. ¿Qué tipo de puta mediática eres?
Erika Berger entornó levemente los ojos y se quedó gélida. Ya estaba harta de la palabra «puta».
– ¿Piensas realmente que esto le importa a alguien? ¿Crees que vas a poder acabar conmigo echándome mierda encima? ¿Y por qué cojones me lo has enviado de forma anónima?
– No es así, Borgsjö.
– Entonces cuéntame cómo es.
– El que te ha enviado el texto de forma anónima ha sido Peter Fredriksson. Está despedido del SMP desde ayer.
– ¿Qué coño estás diciendo?
– Es una larga historia. Pero llevo dos semanas con ese texto intentando pensar en alguna manera apropiada para sacar el tema contigo.
– ¿Tú estás detrás de este texto?
– No, no lo estoy. Henry Cortez investigó y escribió toda la historia. Yo no tenía ni idea.
– ¿Y esperas que me lo crea?
– En cuanto mis colegas de Millennium se dieron cuenta de que tú aparecías en el reportaje, Mikael Blomkvist paró la publicación. Me llamó y me dio una copia. Por consideración hacia mí. Me robaron el texto y al final ha terminado en tus manos. Millennium quiso brindarme la oportunidad de hablar contigo antes de publicarlo. Algo que piensan hacer en el número de agosto.
– Jamás he conocido a nadie en el mundo del periodismo con menos escrúpulos. Te llevas la palma.
– Vale. Ya lo has leído, y tal vez también le hayas echado un vistazo a la parte de la investigación. Cortez tiene un reportaje sin fisuras; para ir derechito a imprenta, vamos. Y tú lo sabes.
– ¿Y eso qué cojones significa?
– Que si continúas siendo el presidente de la junta del SMP cuando Millennium publique el artículo, le harás daño al periódico. Me he devanado los sesos intentando encontrar una salida, pero no he encontrado ninguna.
– ¿Qué quieres decir?
– Que tienes que dimitir.
– ¿Me estás tomando el pelo? Yo no he hecho nada que viole ninguna ley.
– Magnus, ¿en serio no eres consciente de la envergadura de esta denuncia? No me hagas convocar a la junta. Resultará vergonzoso.
– Tú no vas a convocar a nadie. Tu trabajo en el SMP ha terminado.
– Sorry. Tan sólo la junta puede despedirme. Deberás convocar una reunión extraordinaria. Sugeriría que esta misma tarde.
Borgsjö rodeó la mesa y se acercó tanto a Erika Berger que ella pudo sentir su aliento.
– Berger: tienes una sola oportunidad de sobrevivir a esto. Vas a ir a ver a tus malditos amigos de Millennium y te asegurarás de que esta historia no vaya a la imprenta nunca jamás. Si juegas bien tus cartas, puede que me plantee olvidar todo este asunto.
Erika Berger suspiró.
– Magnus, no entiendes la gravedad del asunto. Yo no tengo ningún tipo de influencia sobre lo que Millennium vaya a publicar. Esta historia verá la luz con independencia de lo que yo diga. Lo único que a mí me interesa es cómo va a afectar al SMP. Por eso debes dimitir.
Borgsjö agarró el respaldo de la silla con las dos manos y se inclinó hacia ella.
– Tal vez tus amiguitos de Millennium se lo piensen mejor si se enteran de que tú serás despedida en el mismo instante en el que filtren esas putas difamaciones.
Él se incorporó.
– Hoy voy a ir a Norrköping a una reunión -dijo.
Se quedó mirándola y luego añadió con énfasis:
– SveaBygg.
– Ajá.
– Mañana, a mi regreso, me informarás de que este asunto está ya zanjado. ¿Entendido?
Se puso la americana. Erika Berger lo observó con los ojos entornados.
– Arregla esto con discreción y quizá sobrevivas en el SMP. Ahora, fuera de mi vista.